Sólo Dios puede crear un árbol,
la boca es sólo un pretexto para la angustia
de los gritos muriendo en la garganta;
cuando niños saboreamos nuestros labios
resbalando sobre la pared: la superficie era áspera,
un color espumoso es el placer de la química
y mientras nos perdemos en el placer de la nostalgia
las madres de familia matan cucarachas,
ahora no puedo recordar ese sabor,
era tan suave como una caricia de madera,
como un animal de la estepa
acurrucándose bajo nuestro regazo
justo cuando nos dirigimos a un salón;
hay cortinas largas y manteles lascivos,
el perfume no alcanza a disfrazar los latidos
del piso de parket
denunciando al imbécil,
desvistiendo al insidioso que escupe al ponche
y roba las monedas del anciano ciego
para tirarlas a la alcantarilla.
Juntos vemos salir al sol,
es bonito cuando compruebas
que también morirá,
pues solo nos quedan las palabras
para recordarlo…
¿te gusta acurrucar las piernas
sobre una almohada estampada?
