Monchie
La cabeza era redonda con espejos en la solapa, callada voz subterránea atorada en los cabellos, dedos de botón con 10 cm.
De grosor, la boca atenuaba el roce del rotor que destrozaba sus labios.
Rupelstinskinsopranobossanovangela vivía en la esquina de un Cabaret, a la edad de 10 años compuso su primer canción en piano, le llamo:
El Rupelstinskinsopranobossanovangela preludio sinfónico bohemio Hip Hop R&B; fue un fracaso comercial, ninguna disquera creyó en ella, y entonces Rupelstinskinsopranobossanovangela abandono la música. Los días pre-adolescentes fueron duros, cuando R… tuvo su primera regla no fue como la de todas las demás niñas, R… tuvo un flujo sanguíneo de un litro parcialmente coagulado y un sangrado incesante durante diez días, decían los sabios del recinto que “ella poseía un espíritu perverso que deseaba ser liberado”, R… permaneció encerrada en el cuarto de baño hasta que dejo de sangrar. Después todo fue peor, el siguiente mes, R… no presento la regla, pero en cambio tuvo un vomito incontrolable que la mantuvo en cama; algunos monjes la alimentaban con orquídeas y jazmines, pero R… vomitaba solamente ratas y tréboles sin parar, R… corría de un lado a otro mientras la noche se mantenía nublada y el piso se conservaba intacto, sin rastro alguno del desastre que emergía de su boca.
Al día siguiente un pequeño koala arribo al recinto, decía tener la cura para cualquier mal provocado por un demonio, los monjes apresurados lo llevaron a la habitación de R… Ahí estaba ella media deshilachada con su cara sonriente y el vomito recorriéndole el vientre; el koala sacó un antiquísimo jarrón de su morral y lo colocó dentro de un tazón situado a la orilla de la cama de R… Ella estaba tirada en el centro con las piernas en forma de Z escuchando a Blondie comiendo un melón, el koala cerró los ojos y mantuvo un mantra, separo su respiración durante 87 minutos y se atrevió finalmente a despejar su mirada, dijo:
Eso que mantiene atada a esta pequeña es algo perverso y delicado, es un hinchazón aletargado de su débil corazón, algo impuro ha entrado en su sutil emerger, ¡Que el cielo se apiade de nosotros si “eso” llega a manifestarse en su totalidad a través de ella!…
El koala brindó a R… un sorbo de la cristalina bebida sustraída del jarrón, colocó sus dedos entre las cejas de la infantil cara despreocupada de R… Esta se desprendió de la sabana enmarañada en la cama, dio dos vueltas y media antes de pararse y devorar al koala.
5 años después R… compró su primer auto, era pequeñito dislocado y anticuado pero llevaba unos dados en forma de Z a cada lado, el radio era una Barbie gigante con un delantal. A sus 18 años R… había estado ocultando sus orígenes cuidadosamente, vivía en una ciudad tosca y fulminante, breve y caprichosa, ahí ella se dedicaba a vender teléfonos celulares de casa en casa, cuando de vez en cuando algunos vecinos maliciosos le incendiaban la cabellera con un fósforo azul de un metro, y ella sólo se sentaba en el jardín a rezar un poco,
“Llegara el día en que de tu boca penderá la ceniza luminosa ventilada”…
Un día después (perdido), la sombra que chispaba de sus espinas se colocaba en la esquina, una imagen rasposa que musitaba, R… se preparaba para desistir de la tenue tortura que la haría descender.
Siempre que R… veía un koala se movía algo en su interior, cada disco en la Sinfonola era una profecía: “La niña de los cabellos de granola nos liberara…”
R… fue esa tarde a pasear al parque, había nubes descendiendo al césped y ella ascendía sin pies…
La noche fue violeta esa vez, no hubo un disturbio que mantuviera la calma, las estrellas brotaron de 3 en tres y cayeron agotadas, la noche más corta del invierno (tan sólo duro tres horas).
Fin.
