March 1, 2006

DIALOGO ENTRE DOS LOCOS, (SOLO ELLOS)

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Twiggy

Un hombre y una mujer se entregan el uno al otro en una alcoba con vista hacia el mar… cubiertos bajo el manto de la blanca luna y las estrellas, la noche se limita a derretirse en compañía de una veladora.

Un brindis con vino tinto, una mirada de locura, de deseo, un beso, una metamorfosis, una flagelación, una entrega incondicional, un acto sexual…

El: A través de tu esencia has transmitido el verdadero mensaje de la vida: EL AMOR.

Ella: Tu sexo masculino invade los poros de mi piel.

El: La nitidez de tu voz extasía lo más intimo de mi ser.

Ella: Alba, aurora de mil praderas, quietud eternizada en medio de la desolación. ¡Amor, fuente de toda sabiduría!.

El: Mariposa, altivo pétalo de terciopelo, libera la angustia de las frías noches en vela.

¡Hacerme compañía, que la distancia devora mis anhelos!

Ella: Tus ojos reflejan el brillo de la luna, el porvenir de nuestro destino.

El: Pinta mis ecos en tu memoria…

Ella: Bajo el cobijo de mis pensamientos estarás por siempre amor mío.

El: ¡Oh!, divino amor… ¡Shakespeare!, ¡Shakespeare!, inmortalizado seas escritor, poeta, trovador fiel al amor.

El: Tus muslos son rendición, son locura, son el frenesí encarnado en el placer, orgasmo… simplemente orgasmo…

Tanto el hombre como la mujer se abrazan el uno al otro, acostados en una cama king size, dejando que los cigarrillos se consuman como el paso de las manecillas del reloj.

ULTIMO ALIENTO

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Twiggy

Te observo postrado en tu cama una y otra vez.

Conversando con la muerte sobre tus penas y alegrías de esta vida cruel.

Tu rostro es imagen de sufrimiento para mis pupilas, que han derramado por ti un océano de lágrimas.

Tu cuerpo cada día más se encuentra holgando entre la cuerda floja sobre la profunda pendiente.

Tus manos, muestran yagas.
Tu espalda corva y envejecida.

No, soporto verte más así…

Por favor, deja de aferrarte a vivir, ¿Qué no ves, que tu agonía me cala hondo hasta el alma?

Por favor, querido viejo mío, entrega tu alma a dios, descansa eternamente en el cobijo de sus tiernas manos, que será el único que podrá sanar tu herida.

Cuánto temor corre por mis venas, el miedo esteriliza mi cerebro al escuchar tus gritos desesperados por el terrible dolor.

Maldigo esa enfermedad infernal que se apodero de tu cuerpo…

Cierra tus ojos, descansa y sólo imaginemos que entregaré a tu espíritu un nuevo renacimiento.

Qué el mundo me perdoné.

Qué la humanidad sea testigo de que el amor es incondicional, por hacerte entrega de tu trascender.

Qué dios me perdone.

Sólo… sólo… viejo mío… descansa que yo velaré por ti,
Que yo rezaré por ti.

La llama del fuego producida por parte de una veladora, disminuye su esencia.

El llanto de Jesús ha cesado, el infierno se ha acabado, la muerte con su vestido negro, y su funesto aroma se retira para visitar otra morada.

Viejo mío… mis plegarias te acompañan.

La música celestial de Chopin, y la melancolía de Wagner rendirán tributo al último aliento.

Descansa para siempre… Viejo mío.

February 23, 2006

BRITNEYKS

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Movimiento de Literatura Experimental de la Generación Britneyk

Marmalade Poetry (monchie)

Bubblegum Monogatari (Mario)

Stodge Lollipop (nomi)

CONVOCATORIA

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Marmalade poetry, bubblegum monogatari & stodge lollipop presents:

TALLER DE CUENTO EXPERIMENTAL 2006

(PROYECTO BRITNEYKS)

Este taller surge de la inquietud de 2 jóvenes por expandir la experiencia de la libertad al momento de crear una obra literaria; de la repulsión hacia los modelos localistas, y principalmente de la creación de un grupo intelectual y a la vez anti-intelectual que derrumbe el estereotipo del artista inmaculado; Para la realización de un trabajo honesto, sobresaliente y violento.

El taller es libre y gratuito, se lleva a cabo cada miércoles a partir de las 3pm, en la sala Matsushita, localizada en el 2º piso de la Biblioteca Central de la UABC.

Los únicos requisitos para incorporarse al taller son: apertura de mente, respeto, compromiso, pero sobre todo amor por la literatura.

El taller esta abierto en cualquier momento, e intenta ser una propuesta sólida de realización independiente para una nueva generación, lejos de modelos arcaicos y obsoletos, pero en mayor medida busca proponer nuevas formas de creación literaria lejos de ataduras.

Para cualquier información, aclaración e interes, pueden dirigirse a los e-mails de:

*Monchie: yuki.monogatari@gmail.com

*Mario: poyopsb@hotmail.com

Carlos Humberto Quintero Ríos (Twiggy)

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Nació el 24 de Julio de 1980, en la ciudad de Mexicali, Baja California.

En el período de su infancia le era totalmente indiferente el aspecto de la lectura, los libros y aborrecía la materia de las matemáticas, lo único que le importaba era la banda, la pandilla de cuates que se juntaban en su cuadra para jugar fútbol, para pasear en bicicleta, etc, etc, experiencias que fueron en su época y en su tiempo primordiales para el desarrollo psicológico y social (según la opinión de Vigotsky).

Cuando ingresa a la secundaria, tuvo la fortuna de conocer a un maestro amante de la lectura, el cuál, inyecta inquietudes por conocer el mundo de la literatura, iniciando sus primeras lecturas de Amado Nervo, Homero, Dante, Sabines, Vasconcelos, entre otros, sin embargo, no se interesaba del todo, debido a que empezaba a despertarse en su ser la necesidad de crear música, influenciado por bandas grunge como Soundgarden, los Pumpkins, Alice in chains, Nirvana, y por el género del rock metalero: Metallica, Megadeth, Sepultura, Pantera, Slayer, los Guns, lo único que deseaba era convertirse en un verdadero rock star, es ahí el punto de partida para sumergirse en el mundo de la rebeldía y del ambiente heavy, toma sus primeras cervezas, sus primeros cigarrillos, chicas y chicas y más chicas, eran el principal objetivo, sin embargo sentía un inmenso amor por la escuela y los estudios.

Al finalizar la secundaria obtiene una gran habilidad para tocar diversos instrumentos, como guitarra, bajo, batería, por tal motivo es invitado a tocar en la rondalla del COBACH, pero no importaba: “lo único era ROCK, que no entienden estos estúpidos, ROCK, ROCK, en mis venas, en mi sangre, en mi cabeza.

Influenciado por Saúl Hernández, la Maldita Vecindad y el Rocco, La Cuca y su Cuca tu madre, La Castañeda; inicia sus proyectos de crear su propia banda, la cuál creó en su tiempo mucha conmoción por sus letras y sonido estridente: “UÑA NEGRA…POR TODO EL MUNDO…. UÑA NEGRA TE ARRANCA CRUDO…”

Aún a pesar de las uñas negras y de la vestimenta heavy dark, en su corazón sentía nostalgia cuando leía clásicos como Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoivesky, Ignacio Manuel Altamirano, Turner, las poesías de Morrison, la tristeza y sentimiento del blues, Joplin, Hendrix y la poesía, filosofía y música de Pink Floyd.

Desde ese momento participó constantemente en la escena local del rock mexicalense, organizando diversas tocadas, perteneció a una de las bandas más creativas de Mexicali, (QUINKINERVIA), la cuál, integraba seis miembros con propuestas diversas para integrar poesía, actuación, psicodelia, rock pesado y una interesante filosofía de derrumbar etiquetas musicales al momento de experimentar con cualquier creación. Ingresa a la universidad, a la Facultad de Ciencias Humanas, para estudiar la Lic. Ciencias de la Educación, la creación musical forma parte de su vida, pero siente la necesidad de escribir poesía y cuento, (aunque ya en diversas ocasiones lo había realizado), se propone escribir y es impulsado por parte de su novia (actualmente esposa) quien lo anima.

Tuvo como maestro universitario al literato Jorge Ortega, el cuál critica su obra por falta de técnicas y formalidad, pero eso no fue el límite para que dejará de escribir, al contrario, cada vez se sumergía más y más a su propio mundo, a sus temas favoritos como la depresión, la muerte, el suicidio, el satanismo, el sexo mezquino y masoquista, etc… influenciado por Nietzche, Rimbaud.

Escribe ensayos (nunca antes dados a conocer, pero muy pronto para publicar) sobre Marx, Lenin y Engels y su mundillo utópico del comunismo, entre otros tópicos. Conoce a Mario Bogarín y a Monchie y otros colegas que comparten el gusto de la creación literaria.

A publicado en diversas revistas, participado en pláticas sobre literatura, participado en círculos de lectura, foros, ha formado parte del consejo universitario y consejo técnico, antologado por parte del departamento universitario sobre los jóvenes creadores nacidos en los años 80’s, ha sido maestro en el plantel Mexicali COBACH, egresado, entre otras cuestiones.

Actualmente participa en el movimiento experimental de los Britneyks. Y en el colectivo de exmiembros de la banda QUINKINERVIA para fusionar poesía, música y arte visual.

TRASCENDER

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Twiggy

Soy trinchera en el viento
Voy…
Vengo…
Me esfumo.

Todo se resume en una expresión:
-2X2 + 7Y3

BATRACIO ANURO

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Twiggy

Luna blanquecina,
Sumidero del oleaje por cantos y poesías.
Ambientas desde la infinita bóveda celestial
La voz que entrelaza proverbios y versos húmedos.

Batracio anuro… en el silencio,
Con la calma bajo el vientre…

Estampida de moscos nómadas,
Armonizan el ritual.
La trova de grillos ciegos
Refugian la misteriosa ceremonia.

Mientras… él…

Batracio anuro… bajo la cumbre de la sombras,
Espera el momento propicio.

Con sus ojos de linterna embarnece fotografías
Movimientos,
Oscilaciones,
Péndulos de conquista.

La víctima es percibida.

Mientras…

Batracio anuro…
Sumerge la emoción bajo su miembro.

ZARATUSTRA

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Twiggy

Una nube centrífuga
Se ha escapado de toda imaginación.

Corremos desesperados
Hacia la punta de la alta montaña.
Se elevan las miradas desconcertantes
Hacia el bosquejo azulado.

En la muchedumbre,
Se escucha un lamento, una voz,
Zaratustra exclama: ¡pobres de nosotros bufones moralistas!

February 18, 2006

MURCIELAGO EBRIO

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Twiggy

I

Una línea de coca
Arroyo de diamantes,
Inhalo nuestro entorno
Entre monumentos y horizontes.

Veladas narcóticas.

Murciélago ebrio,
Sonámbulo transparente.

II

Prematura la ninfa…
Extiende su brazo…
Me sostiene,
me invita… a trepar en los párpados del universo.

Pink floyd,
The Wall, The Dark side of the moon.
Producen en las arterias melodramas infantiles,
Esquizofrenia, paranoia, mal viaje,
A correr… a correr que viene el martillazo.

III

Alimentamos los despojos y pedazos de irrealidad
Con bebida color ámbar,
Seguimos nuestro camino, trascendemos,
Cortamos el trébol de cuatro hojas.

Un perro cogiendo a una vaca con pantaletas,
Mugiendo como puta fingida,
Brotan los murmullos por sus orificios nasales, por sus ojos,
Me excito, me masturbo…
Permito que fluyan mis espermas entre las manos.
Viborillas, pequeñas viborillas.

IV

Untamos nuestras huellas
En oleos de pintura blanca,
Placenta de días nublados.

Cubismo… cubista… cubito… J.GRIS.

Fingimos extásis en nuestros cuerpos…

Perfil incandescente…
se respira tu aire de nostalgia.

Lágrimas saladas.

V

Morrison a la puerta,
Tendido en la alfombra de lo infinito,
Con su sonrisa cadavérica rockeamos entre
Fanfarrias y campanas congeladas.

La ninfa me abandona,
Se tira a mi colega.

Sarcasmo depurado,
Arco iris en llanto,
Una sola respiración.

VI

Nubes híbridas…
Bosques de concreto…
Esperanzas rotas, raíces bajo tierra,
- THE MINUTE OF DECAY-
- MINUTE OF DECAY-.

VII

EL DILEMA

¿A dónde vas?, cuestionó la conciencia
Y la inconciencia respondió: a volar lejos de ti.

EL ROCIO DE TU CLITORIS NO ES COMO LO PINTAN

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Twiggy

I

Deseo volar lejos, muy lejos de toda quimera
Con mis alas hechas de fina porcelana,
Pero aún, en la frágil tentación suelo caer una y otra vez
Para observar tus labios, líneas perfectas y seductoras que proyectan el alba en el desierto.

II

La vieja imagen de tu clítoris,
espejismo diurno para un esteta,
Constelación tatuada en la memoria.

En el vientre desnudo, saboreo surcos y muslos,
soy niño perdido en tus campos.

III

El libido destello de tus ojos prometen a mis penas
Un rebozo acompañado de tiernas caricias,
Pero… aún a pesar de todo…
Las hojas del árbol más alto suelen escapar a su encanto.

Las palabras son simple distracción,
Melodías ausentes,…
estrofas que fluyen de la nada.

IV

Con pétalos y tallos de esperma adorno tu cuerpo,
Seducción inhalante…
Marea tropical…
Danza jovial en el arrecife de nuestro deseo.

V

¡Verga!,
¡Culo!,
¡Nalgas!,
¡Penetración, pene… traición!

VI

Florecemos en el sembradío de nuestro orgasmo,
De nuestro follaje,
De nuestro sexo,
de nuestro coito.

VII

Se viene la sensación…
y lo disfruto como el capitán en su nave
Se viene la miel que despliego en tu rostro…
En tu boca… en tu lengua… en tus dientes… en tus líneas de ensueño.

VIII

La excitación se desborda,
En las paredes de la habitación
Se imprimen nuestros ecos de placer…
Pupilas contraídas, lenguas descalzas en el insomnio púrpura.
Embriaguez pubica, catedral que enlutece mis venas.

IX

Tendidos los cuerpos…
Sumergimos nuestras lágrimas en la ceniza de los cigarrillos.

La muerte regresa:
Y vuelves a tu oficio.

Deseo volar lejos, muy lejos de toda quimera
Con mis alas hechas de fina porcelana,
Pero aún, en la frágil tentación suelo caer una y otra vez.

¡Nos vemos el Martes!.

February 15, 2006

UNA CONVERSACION FRENTE AL ESPEJO

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Twiggy

¿De qué tanto huimos nosotros los humanos?
¿A qué le temes tanto?
¿Al dolor?, ¿A la muerte?, ¿A la tristeza?, ¿A la soledad?.
Estúpida trivialidad errante que no permite experimentar nuestra imaginación.

Observa detenidamente mi rostro, petrifica en tus llagas el tatuaje del sufrimiento convertido en placer.

Devora junto conmigo el pecho materno de nuestros pecados, extasiemos nuestro apetito.

Quítate conmigo la máscara, no tienes que ser hipócrita, en ocasiones las paredes escuchan
Pero nosotros sabremos ocultar muy bien nuestro secreto, todo, todo quedará bajo nuestras manos.

¡Ves, qué tan profunda es nuestra alma!.

Las palabras son eternos letargos ausentes en el otoño.

January 14, 2006

Mario Javier Bogarín Quintana

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Soy un chico bueno y dulce que come Pop Tarts de fresa, usa Shampoo Caprice Naturals y torea gallinas chilampinas. Cuando me siento especialmente aburrido me masturbo sin moderación sólo porque no encuentro nada más divertido qué hacer en el momento; me quejo y me quejo porque definitivamente es poco probable que en esta ciudad un sol rozagante dé lugar a un cielo nublado, muy nublado, sin oponer resistencia. En la preparatoria me gustaba escuchar la música de KoRn y de sus discos mis favoritos son “Issues” y “Follow the leader”, que escuché muchas veces y aún así sigo siendo un jóven solemne y respetuoso. Soy menos inteligente de lo que aparenta mi bello estilo y el secreto radica en la cantidad de contraportadas que me he leido y sigo siendo muy pretencioso de los dientes para adentro, como siempre, y me considero un chiquitín absolutamente romántico y confío en el amor platónico, ese bello y absurdo invento de los griegos sodomitas, como el último recurso literario en el que puedo confiar para no tener que asomarme al mundo exterior de grandes aventuras ajustadas a ingeniosos esquemas Best-Seller a los que mi extriñida imaginación churrigueresca no puede aspirar y es por eso que me conformo con la riqueza de la corteza interior de las cascaras de plátano inútiles y tumefactas en que se han convertido mis historias que jamás voy a escribir, de ahí que sienta una particular debilidad por el amor más puro que podemos entregar a quien queramos sin mover un músculo ni expresar ninguna palabra, pues me interesa particularmente el hecho de que se trata de un amor que no tiende la ropa, no duerme junto a bultos apestosos, no lava calzones ni prepara fritangas y que para atraer a los céfiros poéticos en celo no ha de ataviarse con ajuares blancos que hagan juego con la lavadora, la secadora, el lavaplatos, la estufa, la plancha o el refrigerador y así transcurre mi vida, en el País De No Pasa Nada, hilvanando cositas, detallitos, guiñitos y palabritas que se despedazan en fragmentos de ideas más grandotototas (y fuertotototas) que nunca fructifican porque me faltan las fuerzas para levantarme de mi silla, el trono color gris desde el que dirijo mi Reino de 512 kbps, catorce horas diarias, en el rincón de la sala de una casa construida en los años sesenta, ya no las hacen como antes, las novelas ya no son lo que eran antes y TvyNovelas es mi revista favorita y me gusta ver películas japonesas, chinas y coreanas locas y quiero pretender que mis cuentos se musicalizan con J-Pop y yo soy puro pop y de pequeño yo alucinaba y moria, descendía, me elevaba y volvía a vivir mientras miraba un video de Disney que se llama “Pop & Rock” y que lleva veinte años conmigo y al que inconscientemente invoco con cada letra que escribo y la gente que dice estar loca es feliz y soñadora por dentro y la gente más decente está podrida del alma que nuevamente se acaba de comprobar que no pesa veintiún gramos y es más fácil que un guiñapo catatónico de ochenta años sobreviva a un quinto infarto a que una quinceañerita salga adelante luego de su primer taquicardia y el universo es cruel y, cuidado, allá afuera hay mucha gente escrutando los rostros de los demás buscando desgracias que equilibren su propio universo.

Aquí y ahora, la televisión suena, Juan Soriano aún existe, María Félix está muerta e Internet es un milagro. Y, a pesar de lo que puedan creer, la pintura suena, las imágenes lejanas están muertas, la elegancia es un milagro, y yo existo.

P.D.: Por cierto, de pequeñito me gustaba coleccionar billetes de banco de todo el Tercer Mundo, aún recuerdo la austera fortaleza de los Cedis ghaneses que no siempre empataba con la forzada reverencia de cada Riel camboyano en pugna con el espíritu bravío de los Meticales mozambiqueños que en su pasión desbocada de la sabana eran incapaces de percatarse de que las Lempiras hondureñas eran tremendas.

LOS DIECES -UN PROYECTO INACABADO E INABARCABLE-

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Mario

0.0

Cinco cabezas alineadas de lado a lado alcanzan a asomarse por encima del respaldo de la banca en que sus dueñas se encuentran sentadas esta mañana en una pose armoniosa que se puede observar cualquier día desde la ventana de la biblioteca. No se mueven mucho realmente, tal vez lo hagan tanto como los pajaritos cuando se detienen a descansar un rato en el frontispicio de la entrada del Departamento de Orientación y Vinculación, meneando el cogote de acá para allá cambiando de posición sin decidirse por la panorámica citadina de su preferencia, si la oriental o la occidental; y que en ocasiones, si han tenido suerte, alzan el vuelo con un pedacito de cualquier cosa en el pico, sobre la ciudad, con todas sus casas y sus escuelas y a veces sobrevolando las gradillas en que los alumnos sosiegan la mente mientras arrojan migas de porquería al piso. Hoy vemos a las jóvenes de siempre, pulcramente sentadas, piernas cerradas, brazos cruzados, mirada perdida, divagando mil simplezas de importancia capital, como siempre; lo bonito del momento es que se hace más disfrutable conforme se despepitan y solucionan varios asuntos a la vez sin necesidad de utilizar una lógica muy acabada ni de arquear gravemente las cejas, que es la manera en que se supone que se resuelven los problemas más serios, según dicen.

-Tanta gente que pasa por aquí…

-Sí, así es-Responde Laura, ojo izquierdo desviado, pelo negro, uñas cortas pero sucias, pestañas postizas y brazos largos, sin saber a qué o a quien, mientras rasga el empaque de las papitas fritas.

-…y yo sin mi pistola…

-Jijijijijijijijijiji…-Estalla Kitzia, manos pringosas, pelo negro, blusa arrugada y zapatones grotescos.

-¡Ay, Liliana, por favor!-Pide Mariana, labios partidos y pelo levemente trasquilado, mientras se guarda los últimos chicles en su bolsita de accesorios. El clima de esta mañana de primavera no ha sido el más benévolo y se parece tanto a los mediodías caniculares del verano pasado que nuevamente Elisa, la menor del grupo, se levanta para restregarse la falda sobre sus piernas, enjugando así el sudor acumulado y devolviendo las rayas de los patoles a su posición original; acostumbra hacer esas cosas frecuentemente, como hurgarse la nariz con cada dedo de la mano derecha consecutivamente o comprobarse el efecto del desodorante agachando la cabeza sobre la blusa cada vez que lo cree necesario, hasta convertirlas en un tic que preocupa a quienes se encuentran a su alrededor, pues muchas veces el exceso de movimientos violentos y desordenados hace sospechar de su buena salud mental, aunque sus amigas, las que esta tarde la acompañan, conocen ya bastante bien estas y otras de sus manías y por ello deciden ignorarla, como siempre.

La explanada central del plantel lucía repleta hasta hace unos cinco minutos, poco a poco ha ido vaciándose; el sol ha cambiado de posición y empiezan a percibirse los primeros juegos de sombras producidos por el vaivén de las ramas de los árboles que circundan todo el perímetro escolar. Con la llegada de una ligera polvareda anunciando el inicio de la tarde, las muchachas que reposan en la banca del último rincón del patio, empiezan a tensar sus cuerpos y dos de ellas, Kitzia y Laura, descruzan los brazos, colocando las palmas de las manos sobre sus muslos, mientras observan cómo los miembros más jóvenes del equipo varonil de voleibol terminan de desatar la red y el anciano maestro Archundia intenta mantenerse erguido sosteniendo sus libros y escuadras con una mano y el vasito de café con la otra, camino a su clase de Matemáticas de primer grado.

Cinco miradas femeninas fijas, penetrantes, ligeramente nerviosas; han pasado tres minutos desde el último timbrazo, una cuarteta de alumnos de sexto semestre riñe al fondo del pasillo del edificio “B” por decidir quien irá a recoger un proyector para una exposición, dos conserjes salen del cuartito de Intendencia para levantar rápidamente de la cancha de básquetbol algunas latas vacías de Boom, el refresco de naranja que se ha puesto de moda desde hace varias semanas y que por el momento ha salvado la precaria economía de la señora que atiende la tiendita. Van cinco minutos y el calor parece aumentar. Cuando el panorama se ha vaciado por completo de gente, da la impresión de que todo el mundo esta muy atareado en cosas de provecho, aunque en la solitaria banca junto al estacionamiento también hay acción; hay gotas de sudor escurriendo lentamente por las sienes de sus ocupantes. Por ahora no ha habido saludos, ni despedidas ni ojeadas lúbricas para ninguna de ellas. Todo el ambiente parece ensombrecerse bajo el sopor de la rutina que vuelve invisibles a los objetos más atrayentes y singulares. Eso ayuda.

-Ok, vámonos.-Un vistazo final por los rabillos de ambos ojos y Mariana se levanta, dándole un vuelo ligero a su mochila para colocársela sobre el hombro, las demás la siguen, desentumiéndose discretamente y acomodando cada una su bolsita de mano y tratando de desenmarañar un poco su cabello.

En esta ocasión hay algo en el ambiente que aletarga y que, al menos para Liliana, inspira cierta melancolía, como cuando ha estado muy afanada haciendo muchas cosas y de repente se encuentra con que las horas se le han ido volando y ya no tiene ningún quehacer pendiente y empieza a pensar muchas cositas que no la dejan dormir y le provocan esas ojeras tan características en ella y que se acentúan cuando lanza alguna pregunta impertinente:

-¿No se te hace que es muy temprano todavía?

-Es que primero vamos a pasar con Bushnell unos momentos y ya después cada quien para su casa, y no se les olvide ponerse el heliotropo en cuanto lleguen para que se les vaya adecuando al cuerpo.

Mariana concluye esa y cualquier otra intervención futura que sus amigas tuvieran inquietud de hacer con un tono presuroso: necesita concentrarse, verificar bien que no haya ningún metiche cerca, tanto tiempo de espera merece valer la pena y en el día de hoy no hay cabida para interrupciones ni cambios de planes.

Muy juntas y dando pasitos cortos, las chicas enfilan por el estacionamiento rumbo a la puerta trasera, siempre abierta y desprovista de toda vigilancia. Las cinco bracean a un mismo tiempo y guardan un silencio absoluto, que se mantiene hasta un rato después de que han salido de la escuela y circulan por la banqueta de la colonia vecina, cuando de pronto, un murmullito proveniente de alguna parte del grupo comienza a hacerse cada vez más intenso, hasta convertirse en una breve alharaca. Son risas. Han estado ocultándose en los vientres de Elisa y Laura desde que observaron al idiota prefecto Rosales derramar su café al ver pasar a la señorita Nubes, la bibliotecaria, cuya minifalda fue afectada por los imprudentes vientos. Ahora se han contagiado a las bocas de las demás conforme se alejan de su campo visual las instalaciones de la escuela mientras Kitzia pega brinquitos jubilosos sobre algunas pequeñas piedras que llenan de lodo sus zapatos. Atrás ha quedado el enorme edificio “A”, donde Archundia, parado frente al bote de basura de uno de los salones del segundo piso, da palmaditas llenas de Parkinson al recipiente de virutas del sacapuntas mecánico.

0.1

La pequeña Lili entra a toda velocidad al interior del establecimiento y se dirige hacia el anaquel donde están acomodados los relucientes ejemplares del nuevo tomo de Las aventuras de Kiki, recién llegados y desempacados, al tiempo que su madre intenta hacerle entrar en razón solicitándole que recapacite y mejor espere para la Navidad, cuando le podrían amanecer ese y algunos otros bonitos regalos; por el momento no es posible pensar en artículos de lujo como pudiera ser un libro, pues el presupuesto no da para mucho y esta tarde la mamá de Lili únicamente ha salido a la calle para comprar un galón de leche a una tienda de abarrotes que por fatalidades del destino se encuentra junto a la bien surtida librería a la que ha entrado sin desearlo y por la que ahora deambula detrás de su hija para convencerla de escribir a Santa Claus pidiéndole esa y las siguientes entregas de su historieta preferida para así salir de la manera más cauta y digna de la tienda.

-¡Pero apenas estamos en agosto!, y es uno semanal, ¿como le vas a hacer para comprarlos todos, mamá?, yo lo quiero ahora, ándale, ¡se van a acabar!-Exhorta Lilia Valenzuela a su angustiada madre, Lilia Manrique.

-No te preocupes, te amanecerán todos, ahora vámonos, Lili, que tenemos que ir por el mandado todavía-Mamá quisiera que su hija y todos los niños de hoy aún creyeran en Santa, en los Reyes, en el Coco y, si no es mucho pedir, en Dios también; eso le ahorraría bastantes problemas y trabajos a las señoras como ella a la hora de tratar de inculcar a sus hijos valores prácticos como la esperanza, el respeto y el miedo, tan necesarios para una buena educación convencional como la suya que, en este momento de bochorno, no le da ninguna clave para salir al paso del aprieto en que, sin saberlo, se acaba de meter…

-Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlas?-Inquiere un hombre barbón y de proporciones elefantíacas, salido de quién sabe donde, mientras esconde tras la espalda el dedo con el que ha estado hurgándose la nariz.

-Eh, no, muchas gracias, pero ya nos íbamos, solo estábamos mirando.

-¡Hola!, nos vamos a llevar este-Dice Lili alborozada, en tanto se abanica con una copia de la más reciente aventura de Kiki, el adorable delfín amistoso que de pronto clava su mirada burlona en la Lili mayor para confirmarle el gozoso desprecio que su autoridad materna acaba de sufrir.

-¡Excelente elección, nena!-Exclama el librero gordo-Qué bueno que has venido pronto, porque de seguro para pasado mañana no quedará ningún ejemplar.

-No, Lilia, vendremos después…-Mamá palidece rápidamente y su voz se va apagando con cada palabra; sabe que ha vuelto a pasar…

La pequeña Lili se paraliza y mira a su mamá con una severidad que congela el ambiente hasta que el botijón barbado le quita suavemente el libro de las manos y lo coloca sobre el sensor de la caja registradora para luego recitar las palabras que retumban como una sentencia brutal:

-Son ciento cincuenta con veinte, señora-Dice el mofletudo, nada más porque es la oferta de la semana, para suerte de todas las madres del mundo que tienen hijos miembros del Club de Kiki.

Mamá lleva sus manos temblorosas a su bolso tratando de no sucumbir al vacío que de pronto se ha formado en la boca de su estomago. Saca los billetes y las monedas y empieza a pensar en los restos de la cena de anoche y en la leche caduca que aún podría servir para calmar el hambre durante la merienda de hoy, en que no habrá productos nuevos y frescos pero sí una cantaleta novedosa en los labios de su niña, quien no parará de hablar de las divertidas peripecias de unos piratas y un delfín y una máquina del tiempo o algo así.

-Aquí tiene.

-Muchas gracias por su compra, señora, ¡vuelvan pronto!-Dice el gordo Bushnell a sus clientas y, tras guardar el dinero, dice a la más chica: Hey, peque, aquí entre nos, por si no lo sabes, la semana próxima llega una Edición Especial, con la recopilación de todos los números, ¡desde el primero y con posters de regalo!

La pequeña Lili pela los ojos como si quisiera expulsarlos ahí mismo, y abre su boca hasta límites inverosímiles, dejando su quijada trabada durante unos instantes, cuando su madre la jala rumbo a la calle.

Desde fuera de la librería es posible observar, tras el mostrador de esta, a un gigantón brindándole una cariñosa despedida con ambos brazos a una niña chiquita tomada de la mano de una mujer de rostro ojeroso y devastado.

0.2

Concluida la transacción, Marcelo Bushnell da cuenta de su soledad en el establecimiento jugando con las solapas de cuanto libro encuentra a su paso por la mesa de los saldos tras escuchar el timbre del horno de microondas que le indica que su burrito se ha cocinado.

La diminuta trastienda que comunica dos locales del modesto centro comercial La mariposa guarda en su interior bien pocos objetos que pudieran indicar qué clase de persona lo utiliza: una mesa sobre la que hay algunos botes de soda junto a un hato de periódicos atrasados, una credenza en cuya superficie descansa el horno y que en sus gavetas conserva varios gruesos álbumes de pasta negra escrupulosamente acomodados por fecha y que dan la impresión de haber permanecido sin abrirse durante bastante tiempo, y, al fondo, una sillita fatigada sobre la que el dueño reposa su descomunal humanidad cada vez que la agitación y el cansancio reverberan en su pecho o se dispone a comer, como en esta ocasión, un bocadillo rápido que le dé fuerzas para reintegrarse eficientemente a su diaria labor.

La tortilla luce un aspecto tieso y deforme y la salsa se ha chorreado por ambos lados, aún así, el gordo da una mordida y otra y otra al amplio taco hasta dejar tan sólo la servilleta húmeda en que venía envuelto para posteriormente tirarla con indolencia a un punto cualquiera en el piso manchado por mugre inmemorial que en algunas zonas forma verdaderas estalagmitas de suciedad. Bushnell reacomoda su trasero en la silla para alcanzar la puerta de madera que da hacia su otro negocio y observar rápidamente todas las cosas que en sus estantes acomoda, por el momento envueltos en una insondable penumbra que en una par de horas más será corregida por las luces de neón y los rayos del sol penetrando por las persianas, hasta ahora corridas y ansiosas por ser levantadas por su dueño, quien las mira desde la puertita del cuarto de servicio como parte de un ritual diario que, a esta misma hora, más o menos, realiza casi de manera automática, como la expresión de su prurito por abrir pronto ese changarro alternativo y novedoso cuya esencia y giro le parecen, en lo más profundo de su ser, la razón auténtica por la que ha venido a este mundo.

Cierra de pronto la puerta y recupera su posición habitual: atenta e inmóvil hacia la librería y su puerta de cristal que, en la inmovilidad de sus cascabeles, delata la poca actividad que tiene el negocio a unas semanas de que llegue la temporada febril de los libros de texto y los precios inflados.

Parece que hubo un tiempo, ya muy lejano, en que este hombre soñó con un empleo de fotógrafo en alguna agencia de publicidad o, mejor aún, de modelaje, en donde pudiera echar mano de su habilidad, pasión e ingenio para dominar la imagen, decorarla, mejorarla y ponerla al servicio de las necesidades de clientes y modelos y de las suyas también, pues la magia de un momento capturado no se compara, según el, con las emociones estériles de las historias que vende en papel, tinta y cartón. Él mismo ha sustituido los libros y revistas de su buró por las fotos más recientes que puede tomar con su cámara, que guarda amorosamente en la guantera de su vetusta combi. Nunca se sabe qué cosita interesante se puede encontrar en la calle una tarde cualquiera.

Sin embargo, por una cosa u otra, aquí está, en la rebotica de su librería, tratando de descansar un momento, entre escandalosos eructos con sabor a carne rancia, sentado al centro de su destino irremediable, al que se ha decidido sacar el mayor jugo posible, aguardando a la tarde, que suele reservar las más excitantes sorpresas.

Casi siempre.

0.3

Mientras Elisa avanza risueña por la solitaria carpeta vial de la avenida Migoni, las demás continúan caminando muy pegadas entre sí, subidas a la banqueta, y aunque a estas alturas ya han desacelerado el paso y respiran normalmente, siguen vigilantes del paisaje que han dejado tres cuadras atrás. Nunca ha ocurrido ningún contratiempo, pero tienen siempre en su mente una pesadillesca escena que ya se ha vuelto un lugar común durante las infrecuentes conversaciones en las que hablan en concreto de las cosas que hacen y de los artículos que quieren comprar próximamente: de improviso, se forma un contingente de conocidos y familiares que cierra la avenida y está capitaneado por los padres y maestros consentidos de cada una de ellas, silenciosos y socarrones, esperan a por ellas para hacerles la recriminación más odiosa, larga e hiriente que se les pueda ocurrir en ese momento.

Mariana tiembla siempre que semejante escena se instala en algún lugar de su cabeza y no deja de repetirse ante sus ojos como en una alucinación compulsiva, cada vez más completa y aderezada con más regaños, lagrimas y hasta insultos. En realidad, ella no tiene la culpa de nada, las cosas son como son y no hay motivo para sentir vergüenza; finalmente, a ella, como a sus amigas y a la mayoría de las personas a su alrededor, le enseñaron que se debe trabajar por aquello que se desea.

-¿Qué horas son?-Pregunta.

Laura se detiene un momento y levanta su muñeca izquierda: un delicado Bvlgari se asoma ante sus ojos para indicarle, entre destellos dorados que se confunden deliciosamente con el sol fulgurante, que son las doce y cuarto, pero no se lo informa a su amiga, quien esta tarde se ha conferido a sí misma el liderazgo del grupito; como que es ella quien tiene más habilidad para pasar desapercibida.

-Sigo creyendo que debimos esperar otro ratito-Insiste Liliana.

-Te digo que primero vamos con Marcy, y eso siempre se lleva tiempo, Lil-Mariana trata de calmarla, deseando tener cerca a alguien para que la calme a ella. Es cierto, las cosas han sucedido apresuradamente.

Suele ser más fácil dejar que pasen las horas y, al momento de terminar las clases, salir todas juntas, a donde Bushnell, o si no, a tomar chocolate al Café Nerval, dependiendo de la situación, para después irse cada una a hacer los Pendientes del día. Pero hoy, Mariana esta apurada, necesita más que nunca llegar a casa. Papá ha regresado, y eso vale más que ninguna otra cosa en el mundo.

-Oigan, ¿les platiqué lo que me encontré en el Internet?-Pregunta Elisa, juguetona.

-Jeje…-Kitzia se prepara para algo bueno, las demás aminoran el paso y se acercan todavía más-No, ¿qué te encontraste?

-¿Sabían que hay algo que se llama “La Ley de Murphy”?

Breve bufido de Kitzia, decepcionada.

-Ah, era eso…

-Sí, dice que si algo puede salir mal, saldrá mal, ¿no es increíble?-Saca la lengua al momento de pronunciar la última letra L. Sonríe.

-Ajá, y después, un tipo de apellido Bloch la metió en un libro, se hizo rico y convenció a muchos babosos como tú de que están perdidos-Mariana está más nerviosa que nunca, no cuenta con el tiempo de los demás, tal vez lo haga algún día, pero no por ahora.

Elisa no escucha nada de lo dicho y empieza a desear llegar a casa lo antes posible para llenar de mantequilla una tostada y arrojarla al suelo. Será interesante ver de qué lado cae.

Silencio; todas deambulan a paso veloz por la glorieta que parte en dos la zona residencial donde se encuentra ubicado el pequeño centro comercial al que hoy, como todas las semanas desde hace un año, cuando se conocieron, asisten para ponerse al tanto de las últimas novedades o necesidades por atender de inmediato, según lo considere prudente Marcy, el dueño de la librería Minerva, que hasta hace algunos años era el centro cultural más importante de la ciudad gracias a que había adoptado como su política aceptar vales de comida y gasolina y había puesto en marcha un programa de ventas por catálogo en el que los clientes podían solicitar libros importados que llegaban en cuestión de días, a precios altos, claro, pero en excelentes condiciones y con cupones de ofertas.

-¿Siguen aceptando vales de comida en la biblioteca?-Pregunta Liliana.

-¡Librería!, ¡es una librería!-Responde Kitzia, irritada por tal muestra de ignorancia.

-Eso, sí, eso quería decir.

-No, acuérdate de que le cerraron el establecimiento por dos semanas cuando lo descubrieron recibiéndolos…

-¡Ah, claro!, jijijiji, ¡cómo sufrimos aquella vez!, ¿verdad?-Concluye la atolondrada Liliana.

El subsecuente gruñido de Mariana revela su cansancio, ya se ha quitado el chalequito que indecentemente le exigen portar con el uniforme aún en esta temporada de calor y, mientras toma con sus manos húmedas el asa de la puerta de entrada, revisa que el nudo con que se lo ha ajustado a la cintura permanezca rígido.

Si no fuera porque es parte de todo el espectáculo, un día de estos se animaría a desafiar a la autoridad, abandonándolo sobre su cama, donde amanece, planchado e impecable, todas las mañanas.

0.4

Mariana abre la puerta de la librería y se deja envolver por el aroma a loción barata que el dueño utiliza y de la que ella misma pone algunas gotas bajo sus orejas cada mañana antes de partir rumbo a la escuela. Es como cuando se pone una corbata los días en que no hay mucho que hacer y llega al salón con un nudo Windsor estrangulando incontables hileras de bolitas rojas o cuadritos o pececitos de colores tropicales; siempre le ha atraído la amplia gama de ropa y accesorios masculinos que encuentra en el closet, a veces estrena los chalecos o las corbatas según el clima y a veces hasta tomando en cuenta la posición de las nubes y como incluyen en la luz solar que se filtra hasta el ángulo donde se encuentra la ventana de su cuarto y que en ocasiones tiende a mentir sobre el verdadero estado del tiempo, es entonces cuando decide ponerse una azul, que va con cualquier condición climática pero por desgracia tiene un efecto depresivo en su ánimo, por lo que suele desecharla a cambio de una roja o amarilla que brilla alegre en las mañanas exitosas de comba soleada pero que durante los días en que los vendavales se anuncian con pastos húmedos y panoramas grises hace sentir a su portadora fuera de lugar, como una manchita juguetona desentonando con el mediocre ambiente general que se siente diariamente forzado a desechar sus energías y su suavidad ante el inexorable y desmoralizante horizonte sepia. Aunque el día de hoy luce su blusa ceñida y con el cuello abierto, pues hay mucho por hacer.

-¡Hola!, buenas…-Saluda con tono precavido, mientras sostiene la puerta a sus compañeras que intentan entrar todas juntas.

Marcelo Bushnell, Marcy, para las amigas, abre en un relámpago la puerta de su trastienda, que azota estruendosamente contra un anaquel vacío y se coloca presuroso ante la vitrina donde despacha. Uno de los mejores momentos del día ha llegado.

-Hola muchachas, ¿qué las trae por aquí tan tempranito?

-¿Por qué la agitación, Marcy?-Pregunta Liliana.

-Ah, no, es que estaba almorzando, porque ya ves que a estas horas nunca hay nadie.

-Ah…

-Y me sobresalté, pero bueno, ¿qué desean ustedes?-Inquiere, agitado.

Kitzia, quien ha estado hojeando un libro que para su gusto tiene demasiadas letras y muy pocos dibujitos, voltea la cara y frunce el ceño.

-Se me acabó mi Amarige, Marcy

-Y a mí ya no me quedan mis jeans deslavados-Salta Elisa.

Bushnell sonríe nervioso, no había caído en la cuenta de que las cosas no duran para siempre. El semestre acaba de iniciarse y frente a él, cinco niñas, precoces y feroces, pero niñas al fin, abren la boca para desembuchar varias impertinencias que lo fastidian, una vez más, pero que le hacen recordar lo dulces que suelen ser las navidades y los veranos cuando, al comenzar las vacaciones, logra librarse de ellas por un rato, despidiéndolas abanicando un buen fajo de billetes y acariciando en su mente las infinitas posibilidades que se le han abierto para su negocio, nuevamente salvado por material fresco para distribuir a los clientes despistados que gustan de quedarse en sus casas, solos, ansiosos por probar algo diferente o de plano, entregarse de lleno a darle gusto al gusto.

-Es que estas engordando, ¿no?-Insinúa quedamente.

-¡Claro que no!-Aclara Mariana-Al contrario, ha estado bajando mucho de peso, ¡mírala!, puedo meter mi puño en el espacio que queda entre su abdomen y la pretina de su falda, Marcy.

Terminada una pequeña demostración, Marcy hace notar su preocupación.

-Pues eso no es normal, ¿no te ha visto el médico, Elisa?

-Eh…

-Tampoco es para tanto, hombre, además ahorita andamos apuradas, parece que estamos cortas de tiempo-Prorrumpe Laura.

-Así es-Dice Liliana, tras permanecer callada largo rato-Y queremos ver qué pendientes hay para hoy.

Marcy busca mentalmente alguna solicitud nueva, ha aprendido a no archivar nada en papel.

-Pues no, nada todavía, ya sabes, el negocio va flojo estos primeros días, supongo que muchos papás y algunos de sus hijos, quién sabe, apenas se están acomodando de nuevo a su rutina y no se acuerdan de Minerva, pero les aviso la próxima semana, ¿no?

Su mirada se encuentra con los ojos torvos, contrariados, de Mariana, quién reposa su mano derecha en el talle, mientras juguetea con la bolsita donde guarda unos pocos billetes de a veinte; desde luego que los tiempos han sido duros, de austeridad, que ha significado la reducción del presupuesto, y con el, la supresión de la bola complementaria en su cono de nieve de pistache o la de los accesorios que guarda Laura en su desgastada bolsa Prada o de los videojuegos de Elisa. Sin embargo, no pierde la esperanza, aún quedan muchos meses por delante.

-Bueno, ¿sabes?, hace falta platicar contigo de eso, ¿ok?, es que ya debemos irnos, luego volvemos-Promete, ligeramente descorazonada, dándose una media vuelta.

-¿Pronto, verdad?-Marcy sigue preocupado.

-Ajá…-Contesta, enfilando rumbo a la puerta. Las demás la siguen.

-Ah, ¡oye!-el rostro del librero rechoncho se ilumina-Ya volvió tu Papá, Mariana.

-Ya sabía.

Las bisagras giran y los cascabelitos se convulsionan, permaneciendo tintineantes por unos momentos e inundando el local con su musiquita rudimentaria.

0.5

Pisadas fuertes, vagamente iracundas, aunque más bien se trata de preocupación, premura; en el Macrotrade han inaugurado recientemente una estética donde se programa el tinte para el cabello con cualquier mezcla imposible que se desee, se aprieta un botón de la consola peinadora y en unos pocos minutos está listo; servicio de postres y revistas incluido, y todo a un precio especial, pero sólo por este mes. A unas pocas cuadras del distrito industrial, en las afueras de la ciudad, Jerky’s Now ha ampliado su barra de sabrosa carne seca con un surtido experimental de tocino glaseado con miel y costillitas bañadas en sal de ajo. Y el dinero es bien poco.

-¿Pretina?-Liliana no puede evitar que su ceja se levante al ritmo de las comisuras de sus labios en tono de burla juguetona y afilada-¿Dónde aprendiste esa palabra, Mariana?

-Hmm, no sé…

-¿Qué?, no te oí.

-¡Que no sé!, ¡ya!, esto no me está gustando, deberíamos movernos por nosotras mismas-Mariana se sonroja, probablemente por levantar la voz por vez primera en el día o porque en su rostro empiezan a asomarse los signos iniciales del cansancio.

-¿Cómo?, ¿poner una tienda nosotras?-Kitzia deja salir ese lado inocente y memo de su personalidad que siempre cautiva a todos aquellos con quienes acepta sostener una conversación y por cuyas características sabe que puede sacar algo de provecho.

-Jajajajajaja, no seas imbécil, ¿cómo crees que vamos a poner nosotras un negocio?-Mariana puede notar que la desesperación empieza a hacerla su presa.

-Bueno, se me ocurrió de repente, como dices que hay que movernos solas…

-Cuando lo dije me refería a que deberíamos tratar de hacer huecos en nuestra agenda, por decirlo así, para contactar más gente y sacarle más jugo al tiempo, para no depender tanto del Marcy, pues.

-Pero tenemos trabajo, Mariana, tampoco podemos descuidar las tareas.

La objeción de Liliana le quita de un plumazo el poco entusiasmo que le quedaba. ¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles?

-¿Qué dejó el de Biología para el lunes próximo?-Pregunta Elisa.

-La clasificación del león, la termita y la cucaracha por reino y especie, y además de ponerlos en una cartulina que se pegará en el salón-Contesta Laura.

No hay más comentarios, las cinco muchachas caminan lentamente adentrándose en una colonia clasemediera, desde ahí partirá cada una a su casa, faltan diez minutos para que el reloj marque la una de la tarde, el perfume se ha evaporado de sus cuerpos y un humor ligeramente ácido empieza a agriar el aire que van surcando con sus pequeñas y pesadas mochilas, llenas de cuadernos que solo han sido usados una vez, cuando la elaboración de alguna tarea importante o de una redacción inevitable hace imperativo mancillar las primeras hojas rayadas con la tinta de una pluma casi inservible que es utilizada con flojera y ligereza, como si cada letra representara un esfuerzo imposible que se debe realizar satisfactoriamente para poder seguir adelante con un estilo de vida descubierto hace poco y que se disfruta como si se tratase de la existencia reposada que siempre han soñado y que ha llegado antes de que se haya hecho nada para ganarse un poco de lo mucho que ahora gozan. Ese es el chiste del negocio.

-¿Y el ensayo sobre la Reforma para cuando?-Solicita Liliana.

-Para final de mes-El tono de Mariana es terminante y añade:-Pero ya dejen de hablar de eso, necesitamos concentrarnos en lo de hoy, ¿ok?

Siguen caminando hasta llegar a una cuchilla que conecta a la Avenida Principal con Jardines Calmos, el fraccionamiento del que salen la mayoría de los automóviles que por las mañanas se dirigen al sector maquilador para surtirlo a la industria local de los trabajadores que diariamente requiere para funcionar. Continúa Mariana:

-¿Qué van a hacer?

-Nos ponemos en remojo y nos llenamos de perfume también-Afirma Kitzia.

-¡Nos ponemos bonitas!-Finaliza Elisa, mientras reparte besos de despedida con sus amigas, que se comienzan a dispersar por los cuatro puntos cardinales.

0.6

Elisa emprende el camino por las angostas avenidas de la zona residencial, pisando suavemente sobre el encarpetado, subiéndose a veces a la banqueta y a veces poniendo el pie izquierdo en esta mientras apoya el derecho en aquel. No se le borra la sonrisa, que siempre muestra ampliamente la blanca dentadura que alberga orgullosa un par de caninos ligeramente desgastados por las largas sesiones en que la menor del grupo de amigas se tumba en el piso de su cuarto con una bolsa de caramelos entre los brazos a devorar docenas de dulces de mantequilla y fresa y jelly beans endurecidos. Chapotea con el agua nauseabunda que brota insolente de las fosas sépticas descompuestas de algunas casas que, sin embargo, lucen un impecable trabajo de jardinería en el mínimo patio que sus diseñadores han dejado para el esparcimiento de las familias pequeñas que no viven mejor sólo porque el cuarto de baño se encuentre a un paso de la minúscula salita. Tienta varias veces la bolsa trasera de su mochila para sentir satisfecha los bordes superiores de su revista favorita deslizarse por sus yemas a través de la mezclilla.

“Acompaña a Kiki en sus aventuras por los mares del sur para recuperar un enorme tesoro que el malvado pirata Avarón ha escondido en una isla llena de peligros desde donde controla el pasado y el futuro mediante una máquina del tiempo que su secuaz, el Doctor K-Kumen ha construido para borrar las pistas de cada fechoría de los forajidos y confundir a nuestro héroe y sus amigos, Estrellita Feliz, Gatinha y Cutie Crab, en su lucha porque el bien triunfe sobre el mal y porque la riqueza se reparta entre todos. ¡No te quedes fuera!, ¡Apúntate ya mismo a la gran aventura por el océano!, y recuerda, cuida el ambiente y el agua, colocando la basura en su lugar y cerrando la llave mientras te lavas los dientes!, ¡A LA CARGA!”

El gracioso magazine ostenta una portada colorida compuesta por varios tonos de azul que señorean cada imagen y recuadro donde Kiki y sus amigos anuncian sonrientes su nueva gran aventura resumida en pocas escenas de alegría, tensión y juego que prometen hacer vivir a sus pequeños lectores la experiencia de transitar por todos los estados de ánimo a lo largo de tan sólo treinta y dos páginas a todo color y con grandes letras negras y expresivas en las vírgulas que dan voz y vida a sus personajes. Siempre hay un final feliz y eso es lo que Elisa adora; los malos son capturados y regenerados y junto a los héroes desfilan sonrientes y algarábicos al filo de la última página, culminando el despliegue de alegría, excitación y luminosidad que los ha llevado hasta ahí; los rehenes y los tesoros regresan sanos y salvos haciendo las delicias de los amigos que los integran al festín, los buenos son recompensados con un garigoleado y triunfante letrero que dice “FIN” y con la más dulce de las sonrisas de la delicada Elisa quien, de pronto, se percata de que sus calcetas se han arrugado y forman bolsones antiestéticos alrededor de sus tobillos. Se agacha para componerlas y con dos rápidos estirones a cada una las ha colocado en su sitio, en sus menudas pantorrillas pálidas que siempre están en movimiento, como cuando oscilan juguetonas junto a las patas de las sillas en las salas de espera. Ha pasado ya algo de tiempo desde que Elisa se realizó su primer papanicolaou, en aquel entonces sus piernas lucían más nerviosas que nunca, al parecer su dueña había perdido todo dominio sobre sus movimientos y sus rodillas danzaban al ritmo del repiqueteo del corazón, tan lejano y sin embargo tan presente en cada rincón de su joven cuerpo con la fuerza retumbante de sus angustiados latidos. Un joven esposo, esperando a su pareja en la silla vecina, había percibido la zozobra de la niña observándola patear varias veces el piso mientras chasqueaba las falangetas de sus deditos, húmedos de tanto limpiarse las gotas de sudor frío; le había fijado los ojos encima durante largo rato, para después reconocerse incapaz de enfocarlos hacía otro punto libre del influjo de la mirada triste y tierna de una Elisa más asustada que nunca. La había analizado, desvestido y viviseccionado durante cerca de media hora y había gozado muy particularmente con la negrura acuosa de sus ojos, tal vez perdidos en la llanura infinitesimal de los intersticios de la loseta de las paredes, tal vez paralizados por el vaivén de puertas y personas, afirmados divinamente por la elegante combinación que hacían con la suavidad de sus pequeñas manos que, sujetas con fuerza a la arrugada falda de algodón prometían ser tan deliciosamente tersas como el resto de esa piel prístina y elegante que reflejaba puntualmente la palidez de las luces artificiales del consultorio dominado por blancos inmaculados y beiges apenas insinuados por los depósitos inmemoriales de suciedad en las esquinas de cada pared y división de triplay o de los pisos gastados forrados por distintas y coloridas carpetas de tile.

Aquel hombre había aparecido casi imperceptiblemente ante la mirada de Elisa y de la misma manera se esfumó, como otras tantas personas y objetos que son reales pero que son convertidos a la invisibilidad total por las pupilas poco avezadas, tal y como lo eran las de la distraída jovencita que, a punto de llegar a su casa, en un conjunto habitacional que en su interior alberga orgulloso e imponente una colección homogenea de viviendas iguales a tantos otros infiernos de tres habitaciones y una sala-comedor, no se percata de la proximidad de un camión revolvedor de cemento, primero, y de un camión de la Promotora Industrial atiborrado de repugnantes obreros de mirada perruna, después, que pasan rozándola peligrosamente, obligándola a dar un brinco musicalizado por un alarido especialmente agudo al final del cual aterriza en la banqueta, cimbrada y perturbada, abriendo los ojos y respirando con una agitación azorada y, en opinión de algunos, indiscutiblemente atractiva.

Sola, petrificada momentáneamente por un intento de recuperarse del susto, Elisa junta sus manos frente a su abdomen y aprieta fuertemente las asas de su mochila, hasta que le duelen los nudillos, mientras, una brisa inesperada acaricia su cuello y alborota su cabellera, al ritmo de la frenética danza tribal protagonizada por Sístole y Diástole.

0.7

Deslizándose suavemente por las áreas verdes de una escuela primaria que creía que aún no existía durante su último paseo por el rumbo, Liliana termina de componer en su mente la lista de ingredientes del maquillaje que habrá de usar esta noche: el Wonderwear Cream Make Up de Ultima II, con vitaminas antioxidantes A, E y FPS6, junto con un poco de Hydra Flex de Biotherm y unas gotitas de Parfum d´ été de Kenzo, hará el milagro de dejar atrás todo un día de exposición a los humores nocivos de gente, lugares y ambientes poco propicios para la armonía de una psique tan delicada como la suya, altamente receptiva a las cosas feas y mundanas que arruinan los panoramas que originalmente deberían ser hermosos y, por qué no, exquisitos; el crucero infestado de miserables por el que todas las mañanas debe pasar para ahorrar tiempo, la escuela repleta de juveniles alimañas de raquítico talante o de vomitiva gordura elefantíaca virtiendo cascadas de feromona hirviente sobre el cemento de los pasillos donde por igual deambulan frustradas bolsas andropáusicas disfrazadas de profesores y bastarditas barriobajeras apestosas a Avon, las calles inmundas mancilladas por cientos de puestos de sub-empleados grasientos expendiendo fritangas o chicles o raspados o elotes o tacos o periódicos o fayuca o drogas o dulces o pastelillos o navajas o llaveros, la colonia popular (Fraccionamiento de interés social, si me hacen el favor…) en donde vive, siempre pletórica de vecinos idiotas; todo eso en las narices de la gente de todos los días, todas esas esencias despreciables en la naricita de la pobre Liliana, y en sus ojos, y en su piel, y frente a su silueta entera, obligada a bregar con rapidez en ocasiones y con parsimonia resignada en otras, entre el mar de personas que van y vienen sin percatarse del asco y la desesperación de aquella jovencita en uniforme que, detenida en una esquina a la espera de que el semáforo se ponga en rojo, está consciente, a diferencia de los demás, de que hay seres que le harían un bien mayor a la humanidad bajo tres metros de tierra firmemente apisonada que de pie, ahí cerca, junto a ella, como el hombre que a veces se le empareja en la calle y la obliga a intercambiar miradas de hito en hito, con precaución, con nausea.

Ha decidido ignorar el consejo de Mariana: la vainilla nunca le ha sentado bien y, en su opinión, el olor del heliotropo se desvanece demasiado pronto y se parece muchísimo al sabor en el que las compañeras más insoportables de su clase de Historia se envuelven, formando en el techo una gruesa nube de vulgares fragancias amoniacadas. Absolutamente incompatible con la frágil Liliana quien, la última vez que sintió que las cosas marchaban satisfactoriamente puntuales y positivas, como impulsadas por una música celestial ensamblada a la perfección, fue cuando Monseñor Aquiles de Lara le dijo, entre efluvios alcohólicos bajo una noche sin luna, que sus ojos eran como dos océanos de cristal y que su cuello deliciosamente perfumado era una ambrosía inacabable y dispuesta.

-Quizá debería echarle una llamadita-Piensa Liliana mientras se quita su brazalete de ónix Roberto Coin a la puerta de su casa, en el 810 de Paseo de Las Palmas, y lo guarda en una bolsita interior de su mochila, junto a las revistas de actualidad que tanto irritan a su madre, quien con el paso de los años se ha acostumbrado a recibir a su hija solo de una manera:

-¡Liliana!, ¿qué carajos pasó contigo otra vez?-Modulación estentórea en la voz de una mujer que es muy señora de su casa, tal y como se sentía cuando, sentada en la bodega de una de las dos cocinas de su fabulosa mansión, aspiraba a ser parte de la familia Anduaga-Villalonga, en sus tiempos de sirvienta (Auxiliar doméstica, si no es mucha la molestia…).

-Nada, nada, ¿me tardé poquito, verdad?-Mano menuda y ligeramente húmeda torciéndose para doblar la perilla de la puerta con la intención de no hacer mucho ruido, Liliana suele moverse con rapidez una vez dentro de su casa, entre los muros de block hay más fealdad de la que sus sentidos pueden soportar.

-¿Poquito?, me has tenido como tu babosa esperándote, ni siquiera he podido servir la comida y tus hermanos y tu padre están hambrientos. ¡Eres una inconsciente!

-Pues si los haces aguantarse es porque quieres, ya sabes que no como a estas horas y que no hace falta mi presencia para que los demás almuercen, ¿o sí?.-Toma la mochila con la mano derecha y con la siniestra se abre paso a su cuarto.

-¡Niña!, claro que comes ahora, ¡cuando tu familia esté sentada a la mesa es tu obligación estar presente!

-Okey, pues, a ver, ¿cuál de tus suculencias nos tienes lista para hoy?.-Liliana empieza a impacientarse, pocas cosas le parecen tan ridículas como las comidas en familia, incluso en Nochebuena sustituye la teatral cena navideña por un plato de cualquier cosa frente a la televisión en su cuarto, encerrada bajo llave.

-Hay chimichangas y caldo de queso, con agua de jamaica, anda, ven y siéntate.

Liliana Mosso siente cómo una intensa agrura de repulsión le sube desde el vientre hasta apoderarse de todo su cuerpo, los ojos castigadores de su padre, el empequeñecido y derrotado don Zacarías y de sus hermanitos menores, Kevin y Ana, aguardan expectantes su respuesta, pero ella sólo atina a correr a su habitación y poner el cerrojo, mientras la bebé Anita empieza a berrear de hambre.

0.8

Sobre el pavimento del Boulevard Camilo Trespalacios, el más transitado de la ciudad, Kitzia y Laura se abren paso presurosamente entre bólidos apenas contenidos por la luz roja y multitudes de proletarios ansiosos por llegar a casa a exigir su comida y arrojar un platillo demasiado salado o deficientemente condimentado sobre las cabezas de la o el cocinero con quien les tocó en mala suerte compartir su vida. Las luces, los gritos, el sudor y la niebla de esmog mortecino amenazan con arruinar el porte radiante de Kitzia, quien la noche anterior ha pasado casi un cuarto de hora lavando ella misma el cuello percudido de su blusa, que siempre debe verse hermosa y limpia para que resalte su blancura con el azul profundo de la falda. Las uñas de Laura han perdido lo que les quedaba de belleza, o por lo menos, de simetría, pues su dueña ha cometido el grave error de limárselas contra el frío poste de un transformador eléctrico, tras dar un brinco y asirse a él en busca de equilibrio luego de que una luz verde sumamente inoportuna se hiciera presente mientras Laura aún se encontraba cruzando tranquilamente la Avenida Progreso.

-Oye, Laura, ¿tienes la invitación todavía?-Pregunta Kitzia, haciendo conversación.

-Eh, sí, mira-Rebusca en su mochila mientras toman camino rumbo a sus casas, muy cercanas una de la otra-Aquí está, pero dice el profesor Mendiola que el programa está mal, que primero entra Mariana, da su mensaje, y después empieza la obra de teatro…o algo así.

Kitzia toma el folleto entre sus manos y lo extiende totalmente para revisar el contenido tentativo del evento. Por la noche están citadas las cinco, junto con el resto de sus compañeros, a la ceremonia conmemorativa del septuagésimo aniversario de la Escuela Preparatoria Estatal Justo Sierra, el lugar en donde estas chicas socavan sus vidas entre libros rotos y aulas hediondas y en cuya Aula Magna se llevará a cabo un pequeño festival al que asistirán, entre otros ejemplares de la más variada y célebre fauna, el Gobernador del Estado (que siempre envía un representante a esa clase de acontecimientitos), el Presidente Municipal (quien para esa hora suele tener ya bastante rato de haberse quedado dormido, luego de una tarde como tantas otras, empinándose una botella de whisky), los directivos, la Asociación de Padres de Familia, miembros de generaciones pasadas (entre ellos el pintoresco señor Garmendia, uno de los pocos sobrevivientes del primer grupo de egresados de la institución), el alumnado en general y las estrellitas de la casa, de las que destaca muy especialmente Mariana, quien, en su calidad de Bachiller Modelo del Año dirigirá un mensaje que todos esperan sea absolutamente conmovedor y lacrimógeno para todos los babiecas sensibleros que se presentarán con sus mejores y a la vez más frágiles trajes que siempre los hacen pasar exitosamente por señores decentes y damas sofisticadas, y tanto Kitzia como Laura saben que cuando las chicas guapas aparecen sentadas junto a los esperpentos, el velo del uniforme que hace parecer a todas una sola masa excitante e intrigante de jovencitas de escuela empieza a trabajar para que el ambiente se enrarezca más, minuto a minuto, hasta que los elegantes caballeros convidados se aflojan los nudos de las corbatas para hacerle espacio al que se les forma en la garganta al tiempo que inician sus movimientos erráticos dentro de la estrechez de la butaca (Ya sabes, Kitzia, todas juntas, tan bien sentaditas, siempre me hacen sentir, ¿cómo decirlo?, je, je, algo así como maripositas en el estómago, ¡y zonas periféricas!), en pocas palabras, ese es el efecto que se busca, que seguramente es involuntario e incontrolable para los organizadores de ese y otros tantos eventos académicos cuya formalidad exige la presencia de las alumnas bien uniformadas sentadas en silencio en los asientos del frente. Aquí lo que importa es la cáscara.

-Vaya, da igual ,¿sabes qué?, el profesor Mendiola ya me dijo que a Mariana le escribieron el discurso.

-¿Qué?, ¿en serio?, se me hace raro, ella siempre se lanza solita a esos eventos donde hay que escribir ponencias y todo eso, ¿no?-Laura se desvía por una calle poco transitada, llegarán más tarde que lo acostumbrado, pero no quiere pasar otro susto parecido al del semáforo.

-Pues sí, pero esto es bien diferente, ya ves, supongo que no quieren que se ponga nerviosita, ¿no crees?, además, si te hacen el favor de prepararte algo desde tiempo atrás, mejor, menos líos para tí.

-Es cierto, pero no lo creo.

-Sí, mira, el profesor Saldivar le contó los pormenores de lo que debía decir, el otro día que estuvieron en el Café Nerval.

-Oh, ¿sí?, ¿y cómo le fue?-Algunas calles se angostan, otras se bifurcan en avenidas desconocidas y ambas chicas empiezan a trotar hacía la cerrada en donde son vecinas. Luego de trastabillar un instante sobre un montoncito de guijarros que algún travieso ha acomodado a propósito, Kitzia prosigue:

-No, pues todo tan aburrido como siempre con aquel hombre, si jamás invita nada más allá de una soda y luego ya van de regreso, es ridículo, se pasaron el rato platicando, ya ves que Saldivar es el que siempre anda en esos eventos y hasta es compadre del director, así que, imagínate, Mariana ya debe estar bien aleccionadita.

-Uy, claro.

Al llegar a la casa de Laura, de cerco destartalado y recién pintada, la más pequeña de la familia Arriaga se siente de pronto paralizada por una sensación ya familiar para ella y para su cuerpo, bien acostumbrado a los accesos de angustia cuando papá la invita a tomar un helado a Gadsby´s o cuando en el aparador de Bolsos Lorentz se encuentra con el último catálogo de Loewe o cuando por las mañanas descubre que un inmenso jardín de claveles y bugambilias escarlata ha florecido en su pantaleta, lo que indica que habrá de pasar el día completo en camita, sola, como casi siempre. Las cosas parecen perder su forma y volúmen cuando el desasosiego se apodera de su personita, aunque afortunadamente pasa rápido y el mundo recupera el significado y la poca cordura que puede ofrecer. Es cuando alcanza un hilito de voz para abrir una última conversación fugaz:

-Ah-abre exageradamente la boca-oye, Kitzia, ¿hasta qué horas te dieron permiso para ausentarte en tu casa?

-Hmm, como hasta las once, más o menos, mi mamá no se fija mucho, ¿y a tí?

-Pues yo creo que el suficiente para cumplir tranquilamente con todos los compromisos. Da igual.

-Okey, bueno, nos vemos-empieza a alejarse arrojando un beso rapídisimo e imperceptible a su amiga, impulsándolo por los aires con sus dedos bien pegados-ah, a propósito, ¿a qué horas cierran el Café Madreselva?

-No lo sé.

Laura, con el desesperante laconismo que la identifica y que incluso muchos encuentran jocoso, sube los escalones hacia la puerta principal de su residencia, arrastrando los pies y haciendo rebotar su mochila Everest por toda la escalinata, tan gris y mugrienta como las nubes que de improviso se han apoderado del cielo sobre su cabeza.

0.9

Las calles que conducen a la Segunda Sección de Residencial San Lino parecen más sinuosas y estrechas cada vez, o al menos eso piensa Mariana desde que le empezó a costar más trabajo que nunca avanzar por ellas de regreso a casa, como si su propio subconsciente la alejara más y más de su destino hasta hacerla desistir y obligarla a buscar otros horizontes, ajenos a todos esos olores y objetos que en tiempo pasado henchían su pecho de regocijo cuando cruzaba la puerta de entrada y la hacían sentirse gozosamente atada a aquella realidad y que hoy, varios años después y con el angustioso peso de saber que existen cosas mejores (cristal cortado y vajillas de porcelana estampada) y sabores más refinados (pollo con anacardos y Casillero del Diablo Cosecha 1986), la hacen sentirse agobiada, disminuida, al borde de la asfixia entre las cuatro paredes de la sala que para llevar a cabo su misión de inyectarle cada tarde su dosis de infelicidad (insatisfacción suena mejor) se confabulan con el tapetito de crochet encima de la televisión Aiwa, las colecciones de Quehacer político y El Libro Vaquero del abuelo acomodadas desordenadamente en el librero, el naquísimo retrato al óleo del tío muerto que luce coronado con su eterna texana gris y captado con un tétrico rostro de sorpresa, el póster de Los Panchos pegado junto a la puerta de la cocina, y los silloncitos forrados con plástico. Nada vale nada, en realidad; Mariana sabe, de la misma manera en que todos lo deberíamos tener presente, que sin belleza el mundo material no tiene sentido. Alguna vez se le ocurrió espetarle a su mamá que ella podría vender esa casa en diez pesos y aún así habría regateo. Pero todo adquiere una súbita luminosidad cuando aparece papá.

Papá es bueno. Papá abraza, besa, y sus manos son los aplicadores más hermosos por donde puede circular el bálsamo de la alegría y el consuelo, ese que cura las heridas y acaba con el miedo engendrado por la tristeza de la diaria rutina. Papá acaricia y juguetea. Papá dice cosas bonitas a su nena, quien, aunque sabe que no es la niña más hermosa de todo el universo, es feliz cuando papito le susurra eso y mucho, muchísimo más en el oído. ¿Qué mujer no sería feliz si el hombre de su vida le dijera esas cosas, todo el día, todos los días?

-¡Bebé!, ¡buenas tardes!, ¿cómo le fue hoy a mi chiquita?.-Francisco Batiz abraza a su hija única, levantándola del piso y girando 360, 720, 1080 grados… los que sean, siempre que tenga a su cachorra en el regazo, lista para una lluvia de besos.

-¡Muy bien, papi!, ¿me tardé?

-Hmm… no, mi amor-Papá ataca la mejilla izquierda, la derecha, y termina con un tenue besito esquimal que Mariana apenas alcanza a sentir en la punta de su nariz-…para nada.

-Qué bueno, es que ahora que estamos en periodo de exámenes salimos temprano de algunas clases y otras de plano no las tenemos, ya sabes, y me quedé con mis amigas platicando de lo de esta noche. Creo que perdí la noción del tiempo, ¿verdad?-Cachetes ligeramente encendidos, pupilas dilatadas; finalmente, es el mundo entero el que altera su estado de ánimo.

-Ah, no te preocupes, Marianita, pero, oye, ¿no estás nerviosa, cielito?-Papi guiña un ojo-¿ya preparaste tu discurso?

-Sí, bueno, más o menos, quisiera algo breve y lindo, pero no quiero llamar mucho la atención, la verdad.

-Le sigues teniendo miedito al micrófono, ¿eh?

Ahora que se dirigen abrazados a la cocina para comer algo, y que el sabroso calor que de pronto se ha apoderado de Mariana desde la coronilla hasta las plantas de sus pies se ha evaporado, puede pensar claramente y caer en la cuenta de que sus neuronas aún no han hilvanado una sola frase de la densa perogrullada que por la noche debe dirigir a un auditorio repleto de hidras impacientes y hambrientas.

-No, o más bien, lo que pasa es que…-Silencio.

-¿Sí?, dime, peque-Papá Paquito quiebra un par de huevos en el borde platinado de la sartén T-Fal que Mariana le regaló en su cumpleaños pasado y, ante la masa informe en que transforman, renuncia a prepararlos fritos para mejor convertirlos en tortilla.

Mariana, callada, se sienta en el taburete que hace las veces de sillón durante los días agitados y de silla de la cocina en los normales, y contempla las suaves danzas que las ramas de los árboles ejecutan ante el enorme ojo de la ventana, desde donde se puede apreciar el desluciminto de la comba celeste que poco a poquito va dando paso a una horda impenetrable de nubes gordas y opacas que intempestivamente han hecho perder al sol parte de su fulgor, como en un gigantesco bajón de la corriente eléctrica del cielo. De repente le han entrado unas ganas tremendas de comerse una barrita de chocolate.

-Bueno, nena, se supone que esta es una tortilla española, pero se puso a bailar flamenco, ¡y mira nada más cómo ha quedado!, jijijiji-Papa recibe un beso como única contestación mientras coloca frente a Marianita un plato con el huevo revuelto que luce muy poco apetitoso con los trozos de tomate y cebolla que su cocinero le ha añadido a última hora.

-No sé, creo que voy a tener que improvisar parte del discurso.

-¿No crees poder terminarlo hoy?-Papá da el primer bocado mientras Mariana contempla un punto cualquiera, con la mirada ausente.

“Es que con eso de que cambió de horario, me voy a perder Hamtaro”, le gustaría contestarle, pues sabe que cuando se ocupa en menesteres que requieren de su absoluta concentración, como ese, siempre pierde toda la tarde, y con ella, la barra de caricaturas de Canal 10; pero, desde luego, esa no es la clase de respuestas que se le deben dar a papito.

-Puesss… sí, yo creo que sí, papá.

De pronto, el tiempo empieza a correr más rápido, y Pancho, devorando su porción en silencio y Mariana, cortando pequeños trocitos mientras juguetea con el tenedor y observa cómo alejan algunas nubes accediendo a la presión de otras más grandes, perciben su soledad como uno de los tantos beneficios que les ha traído su relación, tan amorosa y única desde el primer momento, cuando la bebé Marianita lloraba inconsolable y sólo se calmaba cuando el jóven Francisco Batiz, padre primerizo y chico precoz, la tomaba en sus brazos y sjetaba sus manitas para acariciarlas con la punta de sus labios. Desde entonces, mamá no contó más, y padre e hija pudieron entregarse a su amor, tanto en los momentos más solemnes como en los ratitos de domésrtico e íntimo placer, como ese, cuando, entre los sabores prosaicos y olores rancios de la pequeña cocina integral, sus miradas se cruzan, sin ninguna razón más allá de la necesidad permanente de expresarse y decirse “Te quiero”, como uno de los rituales por los que viven como sujetos de ese lazo cósmico e indestructible que les da identidad y, mejor aún, sentido a su existencia.

1.0

Ernesto Vallejo termina de acomodar su billete de dos rupias en la vieja carpeta morada donde, desde los diez años, guarda su colección de billetes de banco de todo el mundo; no vale nada, desde luego, pero le gusta imaginar que tras seis años de manosear, arrugar y oler esos pedazos de papel algodonado, es ya todo un experto conocedor de los elementos básicos de diseño y seguridad del papel moneda y, en última instancia, del funcionamiento de los sistemas económicos internacionales. Juntas, todas las piezas conforman un mosaico multicolor que se despliega majestuoso ante la mirada orgullosa de Ernesto, quien hoy, como todas las tardes, se ha encerrado en su cuarto a hojear una y otra vez las páginas translúcidas de su carpeta, realizar un poco de calistenia, comer algún bocadillo industrial de su refrigeradorcito personal, leer un viejo ejemplar de ¡Linda! y masturbarse un par de veces mientras contempla a las jovencitas que desfilan por toda la revista luciendo los más variopintos accesorios de moda con qué complementar sus uniformes o su ropa casual; a veces, incluso, tiene tiempo de encargarse de sus tareas escolares, pero eso depende de su abultada agenda que por hoy ha restringido su actividades hasta las ocho de la noche, cuando deberá estar presente en las celebraciones de rigor por un aniversario más de la preparatoria, portando decorosamente su uniforme y su chaleco (reservado para las galas) que su abnegada madrecita ha planchado y colocado en un gancho de metal saobre una esquina de la cómoda, listo para vestirse.

Esta es una habitación sencilla, ideada al gusto de un agorafóbico particularmente interesado en llenar cada espacio vacío de las paredes pintadas de un azul que recuerda el cielo, con pósters, fotografías, publicidad y recortes de revistas y periódicos: “La chica Cuchi del mes” en una esquina, junto al minicomponente Fisher, “Los 10 errores más comunes de las películas de acción” pegado en la lámpara de su escritorio y “Chacal desalmado viola y descuartiza a su hijita pequeña” sobre su cabecera, en el lugar donde en tiempos pasados estuvo una foto enmarcada de Pablo VI, cuando su abuelo aún vivía y dormía ahí, en el tercer piso, exiliado, emberrinchado, ahogado por su propia bilis congestionada y reprimida, tras resignarse a ceder a las presiones de su esposa y permitir que a su casa llegase a vivir el gandul que acababa de embarazar a su única hija (Mi amor, el mal ya está hecho, y de lo que se trata es evitar habladurías que puedan dañar a nuestra niña).

Al fondo, pegada a la puerta del baño, una pecerita de plástico con tapadera color naranja alberga a un aburrido y viejo pez Betta; después de pasar más de un año encerrado en ese espacio reducido y pestilente, la tonalidad verdiazul de sus escamitas y su cola se ha opacado entre la turbulencia del agua que no ha sido cambiada desde hace tres meses y que ahora está llena de desechos y moho, ofreciendo una imagen deplorable que Ernesto no está dispuesto a tolerar: ya ha amanecido el mundo lo suficientemente nefando como para que su propio cuarto colabore con la repugnante realidad de todos los días, ya sea apestándose con ese tufo de agua podrida o deprimiendo el ánimo del recién coronado Campeón Nacional de Ajedrez en la Categoría Bachillerato.

De manera que Ernesto, con paso presuroso pero seguro, se dirige hacia la pequeña repisa en que descansa la pecerita, la destapa, mete su mano huesuda no sin cierto asco al sentir la textura gelatinosa del líquido, saca al pescadito y con unos cuantos pases entre sus hábiles dedos lo va deshaciendo hasta reducirlo a una masa pastosa en la que las entrañas y el carcaje explotan en un escalofriante y efímero instante de chispazos policromáticos sobre la palma de su mano derecha, que desliza sobre el borde del plástico removiendo los restos del animalito para que se diluyan entre la porquería del agua. Acto seguido, toma el recipiente con ambas manos y se dirige al cuarto de baño para vaciarlo en la taza del excusado y darse una sabrosa ducha que le regenere las energías que necesita para soportar el evento de la noche.

El papel moneda fue inventado por los chinos, quienes hicieron una primera prueba en 810, consiguiendo buenos resultados que permitieron que para 970 ya fuera de uso corriente. Los primeros billetes de banco (banco-sedler) del mundo fueron emitidos en Estocolmo, Suecia, en julio de 1661. El billete más antiguo que se conserva es uno de cinco dalers fechado el 6 de diciembre de 1662. Los billetes de banco en circulación de mayor valor nominal son los de diez mil dólares estadounidenses, llevan la efigie de Salmon Portland Chase y no se ha emitido ninguno desde 1944 y el Departamento del Tesoro anunció en 1969 que no emitiría billetes de más de cien dólares. El billete de valor nominal más bajo del mundo es el de un sen (una centésima de rupia) indonesio. A mediados de 1984 valían, al cambio, ciento cuarenta sens por una libra esterlina. Hoy están descontinuados.

1.1

Ha caído la noche, la gran mancha suburbana se ha vuelto aún más oscura y anodina, si es que eso es todavía posible, mientras las marquesinas encendidas lanzan dentelladas de neón a las tinieblas del cielo y las arterias principales de la ciudad, al borde del infarto, se congestionan de gente que tiene el dinero necesario para no quedarse en casa, lo que es poco menos que una bendición. Cada día hay más personas que coinciden en que las familias son una cosa asfixiante de la que se debe escapar a toda velocidad, al menos cada quincena, cuando hay oportunidad de jugar una sola vez en una de las maquinitas del Casino Continental, o de paladear un puñado de cacahuates mientras cualquier anónimo ñiquiñaque grazna una canción de ABBA o The Beatles, en uno de los bares karaoke que desfilan uno tras otro por la Avenida Huizar, cerca del Centro Comunitario. Imaginemos la perspectiva aérea, en esta noche de indescriptible negrura, circulando sobre la Zona Dorada, llena de bares, discotecas y boutiques presididas por el Casino, y desviándose hacía los deprimentes hacinamientos de complejos habitacionales de clase media baja que, junto con los parques industriales, circundan el febril distrito comercial para dar como gran total a la ciudad de Monrónica. Ahora, descendamos sobre una de tantas casitas que el Fondo para la Vivienda entrega a sus afiliados y podremos ver a Mariana saliendo por la puerta de la cocina a paso veloz y avanzando por la callecita que en pocos segundos la saca de su apacible fraccionamiento para darle acceso al excitante trajín nocturno de la ciudad; la chica es tan sólo un puntito que brilla intensamente bajo las luces titilantes del distrito de antros gracias a la dosis extra de Vidal Sasson con que ha consentido a su cabello, cubriéndolo con dos capas alternadas de shampoo y acondicionador, luego de haber terminado su pequeño pero efectivo discurso y de haber colocado su exhausto lápiz Lisa Frank entre sus plumines y gomas de borrar en su lapicero Ágatha Ruiz de la Prada; ha salido del baño, se ha puesto dificultosamente su ropa interior, su falda, su blusa y su chaleco, forzándolos sobre su cuerpo mojado y se ha despedido de su papá con el más húmedo de los besos que es capaz de dar (Papi, ¿en serio no me quieres acompañar?, no me mires así, ¿por qué siempre te quedas callado?), para dejarlo tumbado sobre su cama, descansando después de otro cansado día de trabajo y limpieza en el hogar y, tras acomodarse su corbatita de gancho, ha dado media vuelta rumbo a la puerta y de su ojo derecho ha escapado una lagrimita que escurre rápidamente hasta la punta de su labio inferior, donde se queda estacionada hasta secarse, cuando Mariana cruza el periférico para llegar hasta el boulevard Camilo Trespalacios, donde todo el trayecto se vuelve más fácil y ligero.

Ahora coloquemos la vista sobre el fraccionamiento residencial El Roble y podremos apreciar el cada vez más usual espectáculo de dos colegialas tomadas de los brazos de un individuo perfectamente conjuntado con un traje negro barato y una corbata gris barata, forzando una mueca de optimismo ante la triste escena de sus zapatos, unos viejísimos pero bien cuidados Salvatore Ferragamo, sumergiéndose chapoteantes en la laguna de lodo que ha rodeado a su Simca azul, en el que se montan sus jóvenes acompañantes, ni más ni menos que Kitzia y Laura, estrujándose y bufando entre la estrechez del vetusto cochecito, en cuyo interior colmado de humedad se manejarán temperaturas de entre cincuenta y sesenta grados en cuestión de minutos.

-¡Auch!, ¡arghh!, disculpe señor, es que esto está…

-Muy chiquito, ya sé, perdona, yo fui el que no se fijó, el año pasado metí una solicitud de préstamo para comprarme algo mejorcito pero ya ves, las cosas se ponen cada día peor, ¿verdad?, jejeje-El papá de Kitzia cierra su portezuela con una mano y con la otra se masajea la coronilla, que acaba de impactarse con la de Laura, cuando ambos se han lanzado sobre sus respectivos asientos minúsculos.

El auto arranca dejando atrás las calles polvosas y solitarias del fraccionamiento rumbo a la escuela, enclavada en el corazón de lo que los mamarrachos y los publicistas han dado por llamar “La Zona Comercial”.

-Bueno, bueno, ¿y para cuando se hace la próxima pijamada, chicas?, ¿eh?

Kitzia y Laura intercambian rápidas miradas de sorpresa ante una pregunta que las saca de balance.

-Este, huy, señor, quién sabe, eso va a depender de qué tanto trabajo tengamos pendiente y además, ya ve que a Elisa no la dejan sus papás más allá de las diez y Mariana se aburre bien pronto; así no tiene chiste, de plano.

-Ya se, y lo peor de todo es que se nos acaba el repertorio muy rápido, después de que nos contamos lo que hicimos en la escuela nos quedamos calladas, porque para colmo, nunca nos ponemos de acuerdo en qué película poner-Kitzia suelta una pequeña carcajada con la que espera zanjar tan ridícula conversación.

-Jejeje…son todas unas ñoñitas…-ambas chicas fruncen el seño, Laura se percata del inicio de un pequeño bochorno-…okey, pero supongo que también hablan de muchachos, ¿verdad?, ¿sí o no?, jijiji…

Un semáforo en rojo y un par de pitidos, pero el cochecito no se detiene, circula a la velocidad de la sangre caliente de don Lorenzo Vea, acompañado de dos chicas de mejillas color de tomate.
Un centro comercial.

-¡Hey!, ¡ya abrieron la nueva sucursal de Pretty Girl!-Exclama Laura.

-¡Yessss!, sí es cierto, bueno, detente, papá.-Ordena Kitzia.

-Pero es que, bomboncito…

-¡Qué te detengas, papá, por favor!, ¡ya!

Rápido volantazo y don Lorenzo empuña la palanca de cambios para meter reversa, colocándose de nuevo frente al establecimiento, en cuyos enormes escaparates se encuentran, imponentes y divinas, las colecciones completas de relojes Swatch y de bolsos Louis Vuitton, detrás de ellas, en el mostrador decorado con estrellitas y corazoncitos multicolores en los bordes, la nueva línea de Kiki’s Fashion: pulseras, aretitos, plumas, lapiceros, estilógrafos, plumones, calcomanías, lentes oscuros, fundas de almohada, cubiertas para celular, bolsitas de mano, espejos, calculadoras, jueguitos electrónicos…delfines, gatos, pececitos y monstruitos cariñosos para toda ocasión, gusto y ánimo.

-Jajaja, no le grites así a tu papá-Dice Laura, juguetona, mientras se esfuerza por salir de esa pequeña cafetera ambulante sin arrugarse la falda.

-Ay, Laura, ni te fijes, ¿qué quieres que te traiga, papi?-Pregunta Kitzia, melosa, mientras pasa tiernamente su cara sobre el hombro de su papá.

-Nada, Kitzia, por favor, apúrense-El hombre se limpia un par de gotas de sudor con el dorso de la mano derecha, que de inmediato se desplaza al sintonizador del pequeño estéreo Pioneer que su niña le ha regalado el mes pasado para buscar la estación de las canciones viejitas pero bonitas.

Las chicas trotan sonrientes rumbo al establecimiento sosteniendo sus pequeñas carteras Gucci de piel que han sacado discretamente de sus chalecos. En la puerta se hallan apostadas cuatro enormes bocinas Peavey amplificando poderosamente las notas digitales de un non-stop del sello dance alemán Bungalow y haciendo vibrar agradablemente los cuerpos de Laura y Kitzia mientras pasan frente al estroboscopio junto al escaparate de blusas Gap.

Olor a plástico, a limpio, a nuevo, a caro, sin duda; artificialmente pulcro y rebosante de colores excitantes; el olor indescifrable despedido por el muestrario de inciensos genéricos al lado de la caja registradora pica la nariz de Laura, quien va a estornudar cuando es interrumpida:

-A ver, a ver, ¿tienes de esto?-Kitzia le muestra una planilla de calcomanías de Hello Kitty! que al parecer su amiga aún no ha pegado en sus cuadernos, ya que se vuelve con sorpresa hacia el aparador plástico giratorio con una mueca de sobrecogimiento.

-Uff, no…-Laura le arrebata la tirita de las manos y observa el amplio muestrario de pegatinas en que la gatita protagoniza cantidad de aventuras desplegadas en no menos de dos docenas de cartoncillos engomados con chillantes tonos amarillo, fucsia, azul, verde.

-Hmm… también están las de Badtz Maru y la nueva serie de Kiki ¡con rasca-huele!

-Y mira, ¡las bolsitas tejidas Arcoiris!, a mi solo me falta la que tiene bolitas amarillas y verdes sobre el fondo doble-Acota Laura mientras se cuelga el morralito y mete dentro las calcomanias junto con su carterita, sin querer.

-¿Cómo que fondo doble?

-Sí, son todos los colores del arcoiris intercalados, así las bandas son del doble de grosor, el chiste es que no solo son los colores que conocemos, porque a veces son fosforescentes, depende de la temporada, ¿no?.

-Ah…

Las chicas creen oír el escándalo de un claxon perdido entre las reverberaciones sónicas de las bocinas instaladas a lo largo de todo el establecimiento, lo que las violenta y les acelera sus movimientos, desconcentrándolas y abotagándolas, como siempre sucede en el instante eterno en el que somos apresurados en público.

RECHAZO

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Mario

Sonia se levantó temprano, ganándole nuevamente la partida al despertador, aunque esta vez no se sintió aletargada o cansada, como solía ocurrirle (la melatonina llegó para quedarse…), sino feliz y dispuesta, pues consideraba que tanto la niebla gris y caliente que cada noche entraba a su habitación y la envolvía por completo, decidida a asfixiarla, como los aullidos que después de cierta hora empezaban a retumbar en su ventana agobiándola hasta las lágrimas estaban ya tan lejos que no serían capaces de encontrar el camino de regreso a ese departamento que aún no había terminado de ordenar, pero para asegurarse, tomó una Halcyon y se metió a bañar. El cambio de plaza como docente del Sistema Estatal de Bachillerato la había obligado a trasladarse al otro extremo de la provincia, perturbando su vida de una manera que hasta hace poco no se había atrevido a imaginar; ahora estaba sola, en otra ciudad, relativamente lejos de sus padres (recuerda que a donde quiera que vayas irás en representación del buen nombre de nuestra familia, querida…), pero rebosante de deseos de trabajar y realizarse en su carrera y, con el ánimo efervescente de la gente joven, se preparaba para convertirse en una mujer diferente a la que había sido, por ejemplo, su abuela (sí, a tu edad siempre queremos hacer muchas cosas y construimos grandes proyectos, pero ya se te pasará, hijita, solo espera un poco…), lo que, ciertamente, dadas las condiciones, no resultaría muy difícil.

Aquel torrente de agua a alta presión era grosero, incómodo, y a Sonia le dolía el impacto de cada gota sobre su espalda, sin embargo, lo realmente gozoso del momento era la sensación de cubrirse de una sutil película de polvillo ferruginoso, tal como revelaba el intenso vapor que se le adhería perniciosamente, bailando sobre sus poros y obligándola a colocar el otro pie en el mundo real, tal y como la realidad suele exigirlo cada mañana. Salió del baño ya vestida y acicalada, cargó sus implementos bajo el brazo y cogió un membrillo para mordisquear en el camino. Cerrando la puerta de su pequeña vivienda se percató de los movimientos de un par de empleados del condominio cambiando las bombillas exteriores por focos fluorescentes de alto rendimiento, y entre el trajín alcanzó a atisbar el detalle de su foquito convencional fundido, abandonado entre dos flamantes bulbos Philips, como si tal avanzada del progreso hubiese decidido obviar su modesta residencia por no contar Sonia con una familiaridad como la de los legítimos habitantes de ese territorio desconocido.

Pero, a despecho de esta ligera monserga, el sol ardía, cada ruido y cada inmundicia corrompiendo el ambiente de la ciudad encajaban en un molde perfecto que reclamaba toda la atención. Había energía, había vida resoplando un fuerte aliento que declaraba, a través de una amalgama de aceite de motor hirviente que carcomía el aire impregnado por la grasa animal podrida en un bache junto a un puesto nocturno de fritangas, que la realidad estaba tan llena de Todo, que se antojaba imposible quedarse en un mismo punto conviviendo con la Nada, y Sonia enfiló rumbo al estacionamiento pisando animosamente el cemento partido; el calor ascendente deprimía hasta a las más simples rutinas de los animalitos que retozaban en el parque contiguo, trastocando sus ciclos vitales en malignas carreras hacia la irremisible destrucción, bajo el fulgor ahora opaco de los anuncios de neón asomándose inquietos entre los edificios. Sin embargo Sonia llevaba un sol adentro, era un solecito ella misma una vez que la noche anterior había quedado atrás, liberándola de la losa del temor a la incertidumbre, un desasosiego del que sólo puede surgir el optimismo con que anotó en su diario:

“…sigo con los pendientes de la mudanza, pero con mucha alegría y empeño, esta zona es limpia y la panorámica también es muy bella. La gente de por aquí es muy seria, aunque se nota que son bondadosos y decentes y lo único que tengo que hacer es decidirme a romper el hielo. Realmente me siento ilusionada con este trabajo, hay muchas cosas por hacer y yo ya estoy lista para empezar a comerme esta ciudad a mordidas. Porque esto es como un rosario de pequeños sueños encadenados que quiero ir disfrutando uno a uno, a su debido tiempo…”

Cuando en su mente se hallaba ya hilvanado un apunte distinto y un poco más exacto:

“…no sé por dónde voy a empezar a acomodar tantas chácharas inútiles que se han venido conmigo, este departamento es feo, y muy chiquito, la verdad, y afuera las cosas no están mejor, esta ciudad está empapada de un penetrante olor al que no acabo de acostumbrarme, los vecinos se han portado fríos, no sé, como que no habían visto a nadie nuevo por aquí en mucho tiempo, además, no me ha hablado nadie de la escuela para darme instrucciones sobre mi asignación definitiva de horarios y desde antier estoy empezando a sentir los síntomas de un resfriado que ya está adquiriendo fuerza y cada día me parece más aburrido que el anterior. Tengo miedo…”

Aceleró un poco sus pasos y, unos metros antes de llegar a su pequeño Escort 1990, un potente pero delicado fulgor proveniente del contenedor de basura situado a la orilla de la banqueta la detuvo en seco.

Ahí estaba. Aún cubierta por el pliego de celofán arrugado coronado por un maltrecho moño escarlata, la taza estampada con dibujos de ositos rellena de dulces yacía ladeada sobre la brillante superficie del papel aluminio usado como envoltorio de perros calientes. El modesto obsequio que el día anterior le había hecho a su vecina de al lado lucía intacta la nota “De: Sonia. Para: Magda” adornada con tiernos garigoleos a dos tintas, completando un cuadro inesperado, por colorido, en la superficie de aquel bote de basura de la parte trasera del edificio.

Las voces durante la noche, los cambios en los registros de la voz, los soslayos, la roñosa pestilencia de una curiosidad insana matizada por la suavidad de una sonrisa. Ruiditos. Sonia sabía ya cómo funcionaba y de qué manera se distribuía por cada rincón del edificio el hálito que daba cuerda al gran organismo que afanosamente intentaba remover las partículas extrañas de su sistema circulatorio, pero siguió caminando, la fuerza del espíritu de la naturaleza viva y el candor que el sol proyectaba sobre su nuca eran demasiado potentes como para permitirse el lujo de arruinar el agradable paisaje con detalles ínfimos.

Se acercó a su automóvil e insertó la llave en la cerradura de su portezuela que, haciendo un ruido delicioso al girar la sacó de sus cavilaciones para enfrentarla a la concreción de un fabuloso rayón que surcaba la pintura amarillo huevo desde la base del faro delantero hasta el punto donde se inicia el intersticio entre la cajuela y las luces traseras.

La bebé Alondra, sobrina de la viejuca que vivía en el 1814, lanzó su enorme pelota verdiazul con un puñetazo tan desmesurado que la envió desde la esquina mas alejada del patio del condominio hasta el estacionamiento pasando junto al contenedor de basura y quedarse rodando unos instantes sobre el asfalto, imagen que causó en la niña un estupor que Sonia no pudo comprender pero que la llenó de horror durante un par de segundos y cuando pudo recuperarse, sobresaltada además por el sonsonete de la alarma de un auto lejano que acababa de activarse, pudo observar que Alondra se metía corriendo a su casa. Aún sonriente, subió al vehículo y, sin atreverse a parpadear, pudo observar que por el boulevard, a vuelta de rueda, el autobús de pasajeros que iniciaba su ruta precisamente por ahí, recogía a los últimos pasajeros que se apresuraban fatigosamente a abordar el carruaje del pueblo, entre ellos, un hombre que por la mata de cabello totalmente blanco y el rostro rugoso podría pasar por su bisabuelo y que por su mueca desvalida hacía notar una desesperación que aumentaba con cada metro que el camión dejaba atrás incrementando su velocidad, multiplicando la presión del viento oscilante entre la puerta corrediza y la mano del viejo que finalmente cayó con estrépito sobre el pavimento. Sonia, ahogada por un llanto que como tantos otros en diversos momentos de su vida estaba destinado a quedarse atorado entre su garganta y su pecho, contemplaba con espanto la quietud de ese cuerpo que, de no levantarse cuanto antes, empezaría a freírse sobre el calcinante encarpetado. La angustia desapareció por un momento y dio paso a una exquisita curiosidad que se regodeaba entre los pegajosos ardores del vientre de Sonia: ¿a qué olería aquel bulto de carne vieja y correosa al comenzar a cocinarse en sus propios jugos?, ¿de qué manera se dibujarían en su cara las nuevas facciones diseñadas según el antojo de la grasa hirviente? Sonia sintió de pronto el deseo de fundirse con ese cuerpo ridículo en un solo segundo de minuciosa disección, recorriendo cada fragmento de ponzoñosas vísceras en ebullición. Los rayos solares acababan de alcanzar su mayor poder y Sonia, entelerida, salió trastabillando de su cochecito, puso el seguro y activó la alarma, pero ésta no emitió ningún sonido, ni siquiera las luces intermitentes se encendieron, pero Sonia no se percató, pues en aquel momento no era capaz de percibir los murmullos de los de cuervos encaramados en el cerco de una casa del fraccionamiento residencial al otro lado de la calle ni la pelota de plástico que detrás de ella había sido puesta a botar nuevamente. Caminaba con la elegancia de una posesa, afirmando tranquilamente sus pasos desde el suelo herrumbroso hasta la suavidad de su alfombra. Una vez en su departamento, cerró las persianas, se descalzó y se dirigió a la cocina.

Se arremangó el saco para lavarse las manos; la súbita necesidad de dar un paso en auto para conocer los puntos más interesantes de la ciudad antes de presentarse a su nuevo trabajo ya se había esfumado entre la repentina humedad del ambiente. Abrió el grifo y entonces escuchó un golpe que cimbró las paredes, después, la tubería se estremeció y en vez de agua, pudo ver cómo escurría de la llave una baba amarillenta que fue seguida por una de tonalidad rojiza y refulgente que reproducía en su hermoso brillo el rostro descompuesto de Sonia quien, partida en dos, pugnaba por escapar de la parálisis y salir huyendo hasta el umbral de su desaparición, aunque desde luego, no consiguió apartar sus ojos ni por un momento del espectáculo de la babosa que de repente dejó de fluir para permitir el paso de un bello ciempiés que caía inquieto hasta el fondo del agujero del desagüe, veloz y consciente de que tras el aguardaban su turno los escarabajitos más redonditos y pringosos que nadie vería jamás, y que al caer en el pequeño resumidero provocó un sonido metálico cuyo eco crocante quedaría instalado para siempre en el cerebelo de Sonia, quien no se dio cuenta cuando ya estaba jalando con todas sus fuerzas la perilla de su puerta segura de que así quedaría ésta soldada con el marco de hormigón, dejando atrapadas para siempre a aquellas alimañas en sus nuevos dominios. Segura de que su hogar sería invadido por las sabandijas en cuestión de minutos, Sonia apretó la espalda contra la pared y soltó el grito más amplio y desgarrador que jamás habría creído que pudiese escapar de su garganta y que no resultó ser más que un gemido que se apagó en su lengua seca: la energía necesaria para lanzar por lo menos un discreto sollozo era algo que estaba ya muy alejado de sus capacidades, ahora sólo gimoteaba lastimeramente, trotando de un extremo a otro en el pasillo, infectando el aire con el humor ácido de su piel cansada.

Al fondo del corredor, en el apartamento 1810, las dos ancianas comadres conversaban:

-Está muy mona la nueva inquilina que acaba de llegar, ¿verdad, nenita?-Comentaba doña Gertrudis Zamarrita a doña Marielena Cobián, mientras colocaba su pedacito de strudel de frambuesa sobre el plato en el que apoyaba su taza de chocolate.

-Si, linda, ¡y no sabes con qué sentimiento llora!, como Marga López en La tercera palabra. Igualita.

RAPIDA DIVAGACION

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Mamá siempre está frente a mí, con todo y su fuerza, su decisión y su aburrimiento, ahora solo quiero que ella esté bien, lo suplico a gritos; sin miedo, calculando mis palabras y asumiendo su gravedad, puedo decir que haría cualquier cosa, absolutamente todo lo que fuera necesario para que ella estuviera siempre bien, siempre contenta, esa es la esencia de mis días, todo el tiempo es una persistente marea apabullante de sensaciones que desembocan siempre en el mismo punto; por lo demás, estoy bien, pasando el rato, soñando, ilusionándome, ideando, desechando sueños, eliminando ilusiones ridículas, desarrollando y sepultando ideas, todo es una constante y una variable al mismo tiempo, una vorágine de cosas que voy a hacer y que se que no voy a hacer, todo en el universo compacto de un día, frágil y perfectible; a veces pienso en el amor, pero la realidad de hoy es demasiado sólida como para divagar en ocurrencias fútiles, a veces pienso en el odio y en el terror, y es entonces cuando decido apagar todas las luces; no confío en la gente que usa lentes oscuros, ni en aquella que solo viste de negro, como en una grotesca charada gótica: la oscuridad debe llevarse dentro de uno mismo; a veces, también, me decido a no permitir que ninguna nube negra oscurezca mi día de sol (aunque, en realidad, los que a mí me fascinan son los días nublados), de todas maneras, cuando me cercioro de que mi mundo está bien, cuando mi mamá me ha dicho que está bien y que me quiere, ya es de noche, y es momento de recostarme en mi cama, recargando mi cabeza sobre la almohada, y me percato de que toda mi gente ya está ahí, esperándome, también los sentimientos, esos que no alcanzo a distinguir en el mundo real…

PERSPICACIAS

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Sólo Dios puede crear un árbol,
la boca es sólo un pretexto para la angustia
de los gritos muriendo en la garganta;
cuando niños saboreamos nuestros labios
resbalando sobre la pared: la superficie era áspera,
un color espumoso es el placer de la química
y mientras nos perdemos en el placer de la nostalgia
las madres de familia matan cucarachas,
ahora no puedo recordar ese sabor,
era tan suave como una caricia de madera,
como un animal de la estepa
acurrucándose bajo nuestro regazo
justo cuando nos dirigimos a un salón;
hay cortinas largas y manteles lascivos,
el perfume no alcanza a disfrazar los latidos
del piso de parket
denunciando al imbécil,
desvistiendo al insidioso que escupe al ponche
y roba las monedas del anciano ciego
para tirarlas a la alcantarilla.

Juntos vemos salir al sol,
es bonito cuando compruebas
que también morirá,
pues solo nos quedan las palabras
para recordarlo…
¿te gusta acurrucar las piernas
sobre una almohada estampada?

LINDAS CARICATURAS

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Cuando la conversación fluye,
el amor se percibe como contenido,
pero tras la pátina del color,
se vuelve convicción.
Lo mejor es una carita feliz,
sus líneas están a punto de quebrarse
anegadas por la ilusión,
por la posibilidad de tu sonrisa,
porque ese es su destino,
el único impulso
es la felicidad de un instante.

Mi primer beso,
una experiencia tristísima;
los cordones azules se habían destintado.

LA NAVIDAD EN EL AIRE

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Mario

Cuenta mi mamá que en la mañana de mi segunda Navidad yo salí de mi cuarto a revisar el árbol y, al verlo lleno de regalos enormes y coloridos, me regresé disparado a mi cama, dando grandes zancadas; creo que estaba demasiado atónito como para abrir los paquetes y posar para la foto de rigor. Mamá, que se había prometido a sí misma darle a su único hijo una vida mejor que la que ella misma había tenido y que recordaba agobiada frecuentemente por limitaciones económicas, tenía por qué sentirse feliz: comenzaba cumplirse esa promesa.

En algunas Navidades subsecuentes, y por cuestiones del destino o de la suerte, el árbol se cambiaría por la renta de películas para acompañar el jamón que suplía al pavo horneado. Así se pasaba la noche, hasta que llegaba Santa Claus, quien, con el estómago lleno y poniéndose su chal, me lanzaba una mirada soñolienta que me pedía esconderme en el cuarto de mi abuela, desde donde se podía oír el ruido de paquetes siendo colocados en el piso de la sala hasta que se escuchaba el llamado que requería mi presencia para abrir los regalos o, al menos, para recibir un beso y una bolsa de dulces.

En otra ocasión, los acontecimientos que habían amenazado durante todo un año se precipitaron la noche de Navidad. Mi bisabuela moría en el hospital al lado mi abuela, quien llamó para avisarnos su fallecimiento. Aquella noche sólo hubo un árbol que con su alegre decorado se convertía en la única luz para alumbrar la casa. Bajo sus luces titilantes, acurrucados en el sillón, mamá y yo intentábamos juntar nuestros rostros más allá de lo físicamente posible, en un abrazo que debió concentrar el sabor de todos los pavos, dulces y obsequios que suelo desear en ese día.

Al acercarse la Navidad toda la familia se mira a la cara en busca de alguna idea para hacer algo diferente. Pero todos los años nos ocupamos invariablemente de abrazarnos y de levantar nuestros platos servidos con cualquier cosa sabrosa para luego retirarnos a nuestras habitaciones dejando en el aire sonrisas que significan “te quiero”, junto a los aromas dispersos de alguna loción barata recién sacada de una cajita ornamental hecha de madera y adornada con una reproducción borrosa del escudo nacional y con unas letras que conforman la palabra “FRAGIL”, dibujada con plantilla.

Mi mamá y yo acostumbramos comprar comida china para la cena; seguimos rentando películas y pasamos la noche platicando todo lo que nos viene a la mente, en ocasiones comentamos las líneas de estática que delatan la suciedad en los cabezales de mi videocasetera, el tostador que mi tío se ganó en la rifa de una posada luego de que el ganador legítimo no se presentara a reclamarlo o lo seco que está el arroz frito este año. Solemos dormirnos platicando de ese clima tan cálido que entra desde fuera para invadir cada rincón de la casa y de nuestra habitación que parece acentuar la tibieza que nos envuelve durante una noche para evaporarse por la mañana, pero que está ahí durante un instante incalculable que quisiéramos extender por todo un año, para soñar y crear ilusiones entre cariños y sonrisas por el resto de nuestras vidas.

ESTRELLAS

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Mario

Ciertamente, la tarde acababa de imponerse de manera definitiva sobre la alegría del sosiego matinal, apresuré mis pasos rumbo al canapé colocado frente a la ventana, asegurándome de amortiguarlos en la mullida alfombra (las patas del comedor y de los sillones desaparecían entre las gordas hebras prensadas), me recargué a su lado acomodándome entre el cojín de Doraemon y la colcha con dibujitos de Piolín.

-¿Qué pasa, Marianita?

-Nada

-Tu papá me dijo que se encuentra muy preocupado porque estás muy seria y no hablas desde hace días.

-¿Y?

-Y estamos preocupados.

-Bueno, es que, ya sabes, tú también tienes tus días de declive, ¿verdad?, así me siento, sobre todo cuando pienso en cosas que no comprendo; tan solo fíjate en esos pajaritos chiquitos que hay en la calle, son tantos y se me hace que están muy solos, ¿no?

-Las palomas nunca están solas.

-No, las palomas no, me refiero a esos pajaritos color café, chiquitos, hay demasiados en todas partes, pero cuando ves a uno solo de ellos, te das cuenta de que están muy solitos y no hay quien se preocupe por ellos; además, su vida es muy cortita…

-Se llaman chanates, Mari.

Soltó una risa hermosa que rompió majestuosamente cada ornato de cuantos nos rodeaban en aquella salita, sus dientes lucían opacos y adustos, por lo que los consideré perfectamente comunes y vulgares: tal pensamiento me agobió y fue entonces cuando caí en la cuenta de que nada había cambiado a nuestro alrededor.

-No, no, no, solo Diosito sabrá como llamarlos, yo nada más quisiera tocarlos, pero no se dejan.

-¿A ti te gustaría que te acariciaran?, ¿te sientes muy solita?

-Un poco, pero creo que todos estamos solos, en mi caso, pienso que papá suele dejarme sola porque a veces se cansa de mí, es decir, vivimos en una burbujita, ¿verdad?, queriéndonos mucho siempre y tal vez eso lo aburre, además, mi mamá dice que tiene otra hija y que esa sí es normal.

-Uff, ya sabemos que tu mami es muy simpática y hablantina, Mariana.

-Pero papá dice que las otras niñas son más bonitas porque sí se pueden estar quietas.

En su mejilla derecha relampagueó un tic que le fue convulsionando progresivamente todo su rostro con cada acometida; pronto, Tourette se aburrió de su cara y Marianita agitó un brazo, luego una pierna. Cuando se ponía nerviosa o triste empezaba a mover su cabeza de acá para allá, acelerando el ritmo cada vez, hasta entorpecerle el habla.

-A veces, llegamos a sentirnos muy cansadas y decimos cosas en las que no creemos realmente y lastimamos a las personas que…

-Es que… ¡imagínate!, haz de cuenta que tienes un granito de arena en el mero centro de tu cerebro y te empieza a hacer más y más cosquillitas y entonces te desesperas porque quisieras abrirte el cráneo y meterte la mano y abrasarte el cerebro con las uñas pero no puedes, entonces mueves la cabeza y te desesperas porque no sabes a quién dirigirte para que te alivie porque no conoces a nadie a quien le pase lo mismo, así que eso nunca se acaba, ¡nunca!

Se movía de un lado al otro, pero no se animaba a acercarse a mí, al contrario, giró sobre sí misma y quedó de frente a la ventana, seria, tiesa, intentando controlar la rebelión motora que le mortificaba su cuerpecito

-¿Quieres que te cuente un chiste?

-No.

-Resulta que en una familia tenían a un muchachito que nunca había hablado en toda su vida, lo habían llevado con médicos, psicólogos y hasta con curanderos, pero nadie había logrado sacarle palabra alguna, así que todos se hallaban resignados y acostumbrados a su eterno silencio, hasta que una noche, cuando se hallaban cenando, el chico, como si tal cosa, pidió, con voz y dicción perfectas y claras: “Pásenme la sal”; todos se quedaron congelados, sus padres, histéricos, apenas atinaron a preguntarle con estupefacción “¿Por qué no habías hablado antes?”, y el les contestó: “Es que hasta ahora todo había estado bien”, ¿qué te parece?

-Hmm…

Yo hacía esfuerzos por contener una risa estentórea e incontenible, consideraba que ese chiste estaba entre lo mejor de mi raquítico repertorio cómico, pero Mariana no se inquietó siquiera, aún miraba impasible hacía afuera, la noche caía poco a poco y la puerta seguía sin abrirse, solos nosotros dos, sentíamos una curiosa sensación de abandono que encontrábamos soporífera antes que agobiante.

-Papito no llega-me dijo suspirando.

-Seguramente le llegaron muchos clientes, ya sabes que loa ejecutivos de cuenta están siempre ocupados.

-Mamá me dijo que hoy vendría tarde porque tenía una junta en la escuela, con los padres de familia, parece que quieren cambiarla de grupo porque no están conformes con no se qué cosa, pero ella no me importa, la verdad.

-Entiendo.

-Ahora en la mañana les alcance a escuchar decir algo acerca de que hoy terminarían con sus problemas para siempre, pero no entendí de qué se trataba, ¿tú qué piensas?

-Bueno, a mí me parece que ahora también iban a hablar con la persona que quiere comprarles el Pontiac viejo de tu papá, les urge deshacerse de él, ya ves cuantos problemas y gastos les ha generado, sí, eso debió ser.

-Claro-me respondió titubeante.

Algunos departamentos y edificios de oficinas enmarcados por la ventana encendieron sus sistemas de iluminación, lo que, antes que alegrar el interior de la casa, lo ensombreció.

-¿Te fijas?, puedes ver por la ventana las luces de los rascacielos, ellos mismos se ven un poquito como una noche con muchas estrellas, ¿no?

-Pues… sí, así es-una agrura inexplicable me recorrió desde el fondo de mi estómago hasta la garganta.

-Si no me equivoco, cuando era chiquita, siempre que mi papa y mi mama se iban y yo me quedaba sola en mi casa, yo miraba por esta ventana y las estrellitas me jalaban, me sacaban de aquí y yo volaba y recorría todo el cielo.

-Ajá…-me empecé a poner nervioso, aún me pregunto por qué.

-A través de la ventana podía ver la oscuridad de la noche, cuando regresaba de platicar con ellos, con las personas de las estrellitas, y sentía como si estuviera escuchando tu voz otra vez, aunque estuviera sola, y eso era todo lo que resonaba en medio de la quietud.

-Sí, ya desde entonces platicábamos mucho.

-Si mal no recuerdo, la primera vez que platicamos la noche estaba muy estrellada.

-¿En serio?, no lo recuerdo.

-La gente de esas estrellas me quiere mucho, todos los que conocí allá seguramente me recordarán, algún día habrá en que ellos piensen muy especialmente en mí.

-¿Tú piensas mucho en ellos?

Mariana se cubrió el rostro con sus manitas bien apretadas, como intentando impedir que una insondable angustia saliese disparada de algún lugar de sus vívidos recuerdos.

-Me gusta acostarme y pensar que estoy con ellos, sobre todo cuando mi papá se levanta y se va a dormir con mi mamá y me deja encerrada con llave, pienso que de inmediato vienen por mí y jugamos toda la noche.

-Es bonito pensar en eso, te libera de mucha tensión.

-¡Pero es que después sucede de verdad!

-Claro, Mariana, claro, concéntrate en pensar sólo cosas buenas y saldrás adelante.

-La estrella que yo extraño particularmente está muy lejos, esa gente tan bella y amigable y dulce algún día pensará en mí y me recordará con gusto, ¿verdad?

-Así es, tú no te preocupes.

-Me gusta que alguien piense en mí.

-Todos lo hacemos, Marianita.

-No es cierto.

Afuera, el bullicio cesó durante un instante solo para acentuarse escandalosamente poco después, se oyó el ruido de algo que parecía quebrarse y las luces de los rascacielos se pusieron a titilar, yo me había decidido a no dejarme llevar por mis emociones en esa ocasión y, por fortuna, pude mantenerme en mis trece.

-Efectivamente, no es cierto, Mariana, el amor se termina por diversas causas, la gente desaparece, a veces de las maneras más absurdas, pero se esfuma; yo lo haré, tu también, algún día, aunque para eso aún falte muchísimo tiempo, mientras tanto, piensa en ese mundo que hay en ti misma, dentro de tu cabecita hiperactiva, piensa en esas bonitas estrellas que, gracias a Diosito, nunca desaparecerán, créeme.

Se quedó callada por un largo rato. Comunicar una mala noticia, desde mi perspectiva, es una empresa que no cualquiera puede realizar sin resultados lamentables para ambas partes, sigo creyendo que mi función por aquel entonces fue hablarle a Mariana con claridad y dulzura. No sé si lo logré, sin embargo, lo que aún no consigo olvidar, claro, es su reacción. Lindos ojos. Aquel rostro violentado por el impacto debía ser la imagen misma de la purificación por el fuego. Aún hoy no puedo dormir cuando se me aparece en algún punto de la oscuridad de mi cuarto, patrocinado por una noche llena de estrellas.

ESCANDALO EN LA CIUDAD ETERNA

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Mario

Juan VIII, ascendido al trono de Pedro hace dos años apenas, en 855, ha sido un pontífice al que todos los romanos hemos aprendido a apreciar y respetar por su especial preocupación por mantener la vigencia de la Santa Iglesia, a pesar de todos los problemas que provocan aquellos infieles que gobiernan al mundo ejerciendo mala influencia sobre el resto de los siervos de nuestro Padre, pastor firme y seguro de su autoridad resquebrajada en medio de los restos del Imperio, derrumbado hace ya más de cuatrocientos años y cuya sombra no parece tener el brío suficiente para resurgir de entre una materia detrítica inferior a las cenizas.

El pergamino en el que escribo estas líneas ya se está quejando de la aspereza de la pluma y espero, aún así, poder completar este relato peculiar.

El hecho ha sido por demás llamativo, diría que especialmente vergonzoso, porque temo a los efectos de denominarlo “morboso”, ha sucedido en unos momentos en verdad críticos para todos nosotros; corren rumores terribles acerca de que en las Galias llueve sangre, mientras por estos rumbos debemos soportar la vomitiva hediondez de las langostas que, muertas, caen al mar, como en una maldición bíblica en pleno corazón de la fe universal. El pánico ha cundido y hasta el más valiente empieza a saber lo que es el terror anidado en el fondo de las entrañas; y la coronación de Carlomagno, hace varios lustros, anuncia la consumación de los tiempos, en una profecía no atendida hasta hoy, cuando en medio de la catástrofe las multitudes nos congregamos a vitorear al Papa: exigimos que nos tranquilice.

Así, lo seguimos, porque nos dirigimos a su residencia, al otro lado del río Tiber, en una procesión desde la Basílica de San Pedro, donde la comitiva papal se organiza para pasar por un estrecho callejón entre el coliseo y la iglesia de San Clemente, sin embargo, el horror de la colectividad parece cruzar el angostillo con más ligereza que los ciudadanos que la integran, por lo que un enorme contingente queda atorado al frente del séquito pontificio, provocando la pérdida del equilibrio y el tambaleo del Santo Padre, quien tropieza y cae.

El hombre fuerte de nuestra Iglesia está en el suelo y, por momentos, todo el panorama se paraliza alrededor del Papa, y los cardenales más cercanos se disponen a ayudarlo mientras los fieles se vuelven una masa anárquica, confusa y desesperada, al tiempo que los demás obispos y purpurados forman una valla que intenta evitar que, en el histerismo del momento, el pueblo romano dañe más a Su Santidad de lo que legítimamente desearía ayudarlo.

De pronto, entre la mahorrina de sudores, cuerpos y gritos trastornados de la muchedumbre, comienza a oírse el llanto de lo que parece ser un bebé.

Efectivamente, se confirma que se trata de un bebé recién nacido, que petrifica a los cardenales primero y al pueblo entero después, con su vagido atronador, obligando a todos a voltear al centro de la escena y sorprenderse ante un hecho espectacular e inverosímil concentrado en la mancha de sangre en el piso, alrededor de un ensordecedor grito femenino surgido desde el fondo de la garganta del pontífice.

Escándalo en la Ciudad Eterna, la Papisa Juan VIII en su revelación como mujer ante las aglomeraciones aterrorizadas que sostienen el aire a un mismo tiempo, clamando la sangre de la Vicaria de Cristo y de su hijo, cuyos gritos, fundidos a coro con los de su madre son desoídos por todos los concurrentes: tanto campesinos y comerciantes de hoz y morral como príncipes eclesiásticos investidos por la santa dignidad de su purísimo destino, quienes dan muerte a la Jefa de la iglesia y al retoño papal al mismo tiempo.

De regreso por la senda del Tiber, la concurrencia ha alcanzado la suprema y tranquila beatitud de aquel perplejo que siente haber corregido oportunamente un error que había escapado de su vista por una mera obnubilación de los sentidos y del sentido del deber más elemental.

El ser humano desde siempre ha inventado, con esa habilidad tan propia para mentir e hilar intrigas, medios para ocultar la verdad, de ahí que no deberá sorprender a nadie que todo mundo diga, a partir de ahora, que en realidad Benedicto III, el Papa designado por el Cónclave como sucesor de la ahora innombrable soberana, fue quien gobernó la iglesia desde hace dos años. Seguramente piensan que el mundo está lleno de idiotas.

ENDOIMAGEN

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Algo de luz, mucho de sombra,
aquí estoy,
dando vuelta a cada fotografía,
a punto de perderme
en el fondo del pozo,
verde, amarillo, chispas de púrpura,
con miedo de encontrarme
una cosa horrible
entre esos pedazos de papel,
como en la tiniebla del pasillo,
o en la puerta cerrada con pestillo,
o así como en la caída de las hojas,
de las gotas,
de las plumas,
del incensario,
o de las risas
ahogándose en la angostura
de una madrugada promisoria,
que se ilumina por la mañana,
se envilece por la tarde
y desaparece durante la noche,
repitiendo el ciclo
que intentamos capturar
con imágenes idealizadas
en cada neurona,
y que se pervierten
en el mundo de las formas;
el percutor se acciona
y aquí estoy,
contemplando todo lo artificial
de aquello que jamás podrá ser
tan terrible y hermoso
como lo que se parapeta detrás de mis ojos.

EL MILLON

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Mario

Dino, escritor fracasado y jugador empedernido, había descubierto en aquella suite de ese hotel de mala muerte un lugar apacible y agradable para darle rienda suelta a su imaginación; finalmente había encontrado un nicho apartado del mundanal ruido del exterior y de las bacanales antológicas que se celebraban a las afueras de ese hotel de rameras, lugar insospechado en donde terminaría por ver un verdadero santuario para continuar con su novela, su gran ilusión inacabada en la que había trabajado durante la última década, sin salir jamás de la primera pagina.

“La danza de las solteronas”, se llamaría; basada en su infancia, narraría la vida de un niño en la casa de sus 14 tías quedadas, que pasaban todas de las cinco décadas, esto, mientras su madre viajaba por el mundo con su nuevo descubrimiento amoroso: un magnate petrolero que gustaba del placer de la adrenalina corriendo por sus venas cuando realizaba algún desfalco financiero contra alguno de sus adversarios en el negocio y era descubierto por las autoridades internacionales para luego ser obligado a huir del país en el que estuviera infiltrado; jeques, monsieurs inversores de la apertura comercial global o texanos maledicientes, cualquiera podía sufrir una estafa o robo en su negocio por aquel millonario ambicioso que estaba más interesado en mantener su monopolio que en cuidar de su amante, con la que mantenía una relación de mera conveniencia que la proveía de nueva clientela en todo el mundo, seduciendo jefes de estado, emires y primeros ministros, que, cegados por la fogosa conducta de la dama, se deshacían en atenciones, caricias y collares de perlas que ella lucia en cuanta cena o reunión acudiera con una invitación oficial en los lugares más disímiles del orbe, todo esto con la venia silenciosa de las cenizas de su marido, que permanecían inertes bajo la cama de la modesta casa de la que aquella señora había salido para nunca volver.
Sí señor, con esto, Dino lo tenia todo para escribir, mas que una historia cómica sobre los problemas de una infancia traumática, una novela de aventuras e intrigas internacionales al mas puro estilo Raffles o James Bond, pero esto no era lo que tenia contemplado para incluir en su primer libro, que era el que lo haría famoso, porque todos los premios literarios que se pudieran ofrecer en todo el mundo eran solo algunos de los objetivos que Dino tenia planeados para el futuro, incluyendo su posterior retiro a las montañas canadienses para trabajar, ahora sí, en su segundo proyecto literario. Así de altas eran las metas que Dino Barrientos Burruchaga tenia para su futuro de escritor.

Pero lo primero que tenía que hacer era continuar y terminar su novela, así que, luego de darse un baño reenergetizante y de devorar su desayuno continental, se plantó frente a la maquina de escribir portátil que había traspasado tres generaciones de su familia, y comenzó a revisar los papeles en donde tenia todas sus notas de trabajo y la única media pagina que había logrado de su novela en diez años.

Una vez dispuesto todo el material tras un ritual que se venia repitiendo desde el feliz momento en que se decidió a ser escritor, Dino comenzó a teclear, vaciando las notas mentales mas cercanas en su mente para desarrollarlas en el papel mas tarde.

“Pafnuncio vivía tiempos difíciles, sus tías le habían enseñado una disciplina férrea consistente en una obediencia total a sus ordenes, sin importar que tan descocadas fueran estas, así, vivía una existencia apacible y pacifica, salpimentada con las ocurrencias, historias y regaños de su numerosa parentela.”

Así empezaba y, hasta el momento, terminaba, la novela de Dino, esa obra magistral que lo conduciría irremediablemente a la consagración universal, solo que su único defecto era que no la había acabado.

Y para solucionar tan inconveniente situación, Dino puso manos a la obra, comenzó a teclear animadamente en la maquina de escribir, para así continuar con su trabajo, tan postergado durante tanto tiempo…

Han pasado tres horas en las decisiones concernientes al trabajo creativo, Dino no sabe en realidad como va a continuar su novela, puesto que al observar sus antiguas notas de trabajo, le ha venido una oleada de recuerdos tan variados como el de la noche en que su madre volvió a la casa de sus tías a anunciar que había quedado sola de nuevo tras la ejecución de su amasio por una corte marcial en Dien Bien Phu, luego de ser sorprendido por las autoridades de Vietnam del Norte pirateando códigos de la computadora nacional de defensa civil, habito que se le había dado muy bien a aquel ricachon por aquellos tiempos en los que defraudaba a diversas compañías multinacionales, y a comunicar que cobraría una pensión muy jugosa para su manutención y la de su hijo, para después volver a las andadas por el mundo con un japonés octogenario de Chiba-Ken, que se había enriquecido cobrándole a los soldados del emperador por usar un paredón en Saipan para las ejecuciones en masa, Dino también recordaba como aquella pensión del amante petrolero de su madre había sido dilapidada por el vástago único de la dama en los casino y burdeles de moda de Las Vegas sin sentir ningún tipo de culpa, para luego convertirse en el beodo repulsivo que lo había llevado, a sumirse en el agujero mas profundo de los abismos del vicio, y por ultimo, a ese hotel de pirujas en el que no encontraba sosiego para escribir su anhelada novela, pero por supuesto, no incluiría eso en su trabajo.

Y si la infancia es destino, entonces Pafnuncio bien pudo haber sido el embrión del Dino que más de treinta años después se ponía a escribir una novela lúdica y enfadosamente humorística, con chispazos de petardeo bien disimulados en anécdotas que nunca existieron pero que están tan bien escritas que se hacen pasar por verdad.

Y es que el asunto de las identidades personales en la década de los noventa se enfrenta día con día con individuos capaces de convertir cualquier cuartucho de hotel en una morada perfectamente adaptable a sus necesidades creadas pero tan bien adaptadas a su estilo de vida, que se vuelven indispensables.

En un principio, la novela de Dino pudo ser una obra basada en sucesos tan aislados y reales como el del primo que fue ejecutado en Estados Unidos por la supuesta violación de una de sus hermanas, pero que en realidad fue colocado como chivo expiatorio por parte del equipo de campaña de su tío, el verdadero culpable, que por aquel entonces era candidato a Representante, o como le de la tía Doris, que se pintaba el pelo a las tres de la mañana de cada jueves, cuando todo el mundo dormía y no podía notar que su blonda cabellera no era más que una ilusión provocada por el tinte Marca Propia que compraba en el mercado de la esquina de la casa.

Pero no, se necesita un argumento más sólido.

Ya esta por amanecer y Dino teclea animoso en su maquinita, esta ansioso por vaciar sus historias y sus recuerdos en la hoja de papel, sabe que, a como esta observando el desarrollo literario de su novela, bien podrían pasar otros diez años para comenzar la escritura del segundo capitulo, pero Dino ya no tiene tiempo, sabe que la salida bajo fianza de su madre de la cárcel por el asesinato de Wakayama-san es ya un hecho, y que pronto lo ira a buscar para pedirle dinero y así continuar su juerga mundial, y también sabe que, al contarle sobre su vicio de 50,000 dólares diarios en el Caesar´s Palace podría repetirse con toda facilidad aquel episodio en Tokyo que llevaría al anciano militar a la tumba, en el fondo de su piscina palaciega, luego de negarle mas dinero a su dama especial, tras comprobar horrorizado que su cuenta bancaria de Ginebra se encontraba, no en la bóveda privada de aquel hijo del sol, ni en algún banco de las Islas Caimán, sino en los minks de la señora, en sus perfumes de Esteè Lauder y en las servilletas sedosas de Hermès, dejando en la ruina al oriental, Dino también sabia que su madre era capaz de robar, de engañar y hasta de matar con tal de mantener su lujoso estilo de vida, así de fácil, tan fácil como sentarse, escribir cualquier estupidez en la maquina de escribir o empujar una silla de ruedas a una alberca.

Son casi las cinco de la mañana y la Remington esta que echa chispas, Dino esta inspirado, posiblemente por la cercanía de su progenitora, posiblemente porque siente el fin de su carrera malograda de escritor, posiblemente porque presiente que, de alguna forma u otra, su madre sabe donde esta y que esta por sorprenderlo en un hotel de paso haciendo esfuerzos sobrehumanos por hilvanar unas cuantas frases, sin un centavo en la bolsa, por eso, cuando escucha unos fuertes golpes contra la puerta de su cuarto, sabe que bien podría ser, no su madre, sino algún camarero malhumorado o cualquier otro ser humano capaz de semejante acción, pero, en ese instante, Dino pudo sentir correr por sus venas el mismo adrenalinazo que habría sentido cualquier preso entre un millón de los que se ejecutaron durante alguna de las batallas de la Gran Guerra, ya sea en Saipan, en Normandia, en Iwo-Jima o en cualquier otro lugar en donde se cargara un arma en posición amenazante, porque como bien lo dijo Stalin, una muerte humana es una tragedia, un millón de muertes humanas es una estadística.

EL ESCRITOR

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Mario

1
Frente a la hoja

Mohandas Carter se ha dispuesto a escribir un libro, ¿pero de qué?, la pregunta está en el aire y revolotea enfadosamente bajo el falso plafón del techo de la desordenada habitación de este individuo que se ha decidido iniciar la encomiable tarea de escribir, ¿pero qué escribir?, ¿una novela?, ¿un libro de cuentos?, ¿un ensayo?, ¿una obra de teatro?, ¿un recetario?, ¿una historieta?, es difícil saber, con tantas ideas es importante escoger la mejor, ¿pero cual? ¡si todas, irremediablemente, lo llevarán a la fama que precederá a esa gloriosa senda dirigida hacia el Nobel de literatura!, efectivamente, escribir es una empresa difícil, pero Mohandas lo logrará, si, seguro que lo logrará, por una sencilla razón: ahora se ha convertido en escritor.

Desde el glorioso momento en el que quiso escribir un libro y avisó a toda su parentela que se encerraría en su cuarto a escribir o, en el peor de los casos, a esperar que le llegase la inspiración, advirtiéndoles de antemano que no deseaba interrupciones ni ruidos de ningún tipo, Mohandas había separado del cajón barnizado de su escritorio un paquetito de hojas blancas tamaño carta y las había colocado ceremoniosamente bajo la luz del flexo para después arremangarse la camisa y tomar su preciado bolígrafo adornado con la litografía de una bailarina nudista de las épocas del Can-Can parisino de los fabulosos años veinte y plantar su pesado brazo sobre el bonchecito de celulosa procesada adoptando una postura de meditación apropiada para ir desgranando cada una de las opciones literarias que tenía ante sí.

Primero estaba el asunto de la proyección, ¿a quién estaría dirigido su libro debut?, ¿a los niños?, ¿a los adolescentes?, ¿a los adultos?, ¿a los ancianos?, ¿a los amargados?, ¿a los alegres?, ¿a los eruditos?, ¿a los ignorantes?, ¿a los obreros?, ¿a los empresarios?, ¿a los pobres?, ¿a los ricos?, ¿a los gordos?, ¿a los flacos?, ¿a los tranquilos?, ¿a los inquietos?, ¿a los negros?, ¿a los blancos?, ¿a los hombres?, ¿a las mujeres?, ¿a los estudiantes?, ¿a los vagos?, ¿a los deportistas?, ¿o a los intelectuales como él?, es una difícil decisión, de la proyección de su primer libro, y de su asertividad para escogerla, dependerá su éxito y su paso a la historia. Hans Christian Andersen escribía un teatro fuerte, con obras dramáticas e impresionantes, o al menos eso creía el, porque le salían muy infantiles, según le decían, entonces, encontró la posteridad escribiendo cuentos para niños.

La princesa y el guisante, el escritor y su pluma, y Mohandas Carter tenía el porvenir en la mano derecha, aunque de vez en cuando, el destino de la literatura pasaría a su mano izquierda, por culpa del ambidextrismo de su indeciso portador, aun así, solo sería necesario un cambio inocuo de posición. Así pasó su primera hora como escritor establecido, acompañado de una blanquísima centena de hojas de papel, y paseando su impúdica pluma de la diestra a la siniestra y a la visconversa. Entonces, pensaba Mohandas: ¿qué será bueno?, ¿algo que tenga un mensaje?, ¡no!, no va a ser un fabulista, va a ser un novelista contemporáneo, ¿o un cuentista?, ¡tal vez un ensayista!, no, tampoco, ¿o historiador?, ¡Mohandas Carter siempre ha sido bueno aprendiendo fechas!, no, tampoco.

Meditaba entonces, tal vez eso sea bueno, escribir un libro de superación personal, a final de cuentas, los escritores como él, que no tienen ideas, ni creatividad, ni futuro en la literatura, se dedicaban a eso, a escribir, irónicamente, libros de superación personal, pero no, Mohandas Carter, aunque estaba aburrido, sí tenía ideas, sí tenía creatividad y lo demostraría, solo hacía falta una idea, una prodigiosa idea.

2
Un cuento

Entonces, Mohandas Carter elige la primera opción, ¡si!, ¡un cuento!, ¡excelente idea!, al fin y al cabo, el cuento fue el principio de la narrativa, de la literatura, y, ¿por qué no decirlo?, de la historia, ¿cómo no?, si la historia es puro cuento, sí, ya se lo estaba imaginando: ¡Hitler y el comando de los comunistas nazis a bordo de la poderosa nave Goebbelsprise, ataca las baterías antiaéreas instaladas en las bases cubanas del planeta Roosevelt, pero no cuenta con que Luis XVI Montesquieu lo espera con una turba de Ayatollahs armados con misiles de gas mostaza, proporcionados por créditos a cargo de los gobiernos de Saddam Hussein y del archiduque Francisco Fernando, previa firma del Tratado de Brest-Litovsk a bordo del acorazado Missouri, por Mussolini, Colón y Salinas!… así de fácil es escribir.

Era, según se acababa de dar cuenta Mohandas, muy fácil plasmar alguna tontería en el papel, eso era un cuento, pero, ¿le gustaría escribir una tontería?. No, ese, su primer cuento, era una pieza destinada a ser un gran cuento, no una tontería, pero por otra parte, un relato no tiene que ser lógico y serio, entonces, lo ideal sería escribir una historia humorística y fantasiosa, pero siempre conservándose lógica y ordenada, por lo tanto, pensaba, ¡eso no sería un cuento!, pero Mohandas había aprendido religiosamente, así como se aprenden el por favor y el gracias, que si no es una temática libre, entonces es necesario establecer una serie de temáticas preconcebidas para seleccionar la mejor, pero, ¿de donde sacaría algún tema?, la desaparición de un joven en un laberinto metafísico, la muerte de un ex-embajador amargado, las correrías orgiásticas de la hija de un diputado, las oportunidades que se presentan todos los días para hacer montones de dinero, las aventuras que se suceden al dar un paseo nocturno con los perros de Suburbia, las infinitas posibilidades de la vida nocturna, las andanzas de algún chico de Nueva York, o el melancólico testimonio de la esposa de algún famoso escritor que siempre tenía tiempo para divertirse y ser ella misma y así jamás aburrirse, durante los ya lejanos años veinte…todas las historias le parecían largas para ser un cuento.

Todas eran historias que Mohandas Carter, escritor, podía desarrollar al infinito, pero entonces, ya habría que pensar en algo más alto, todas las historias organizadas en su imaginación desde días antes, ahora las encontraba excesivamente largas para compactarlas al pequeño universo cuentístico, tal vez habría que adelantar un poco la carrera de escritor y pasar a lo grande, ¡una novela!, eso sería aceptable, aunque Mohandas lo duda un poco, ¿en verdad quería pasar de cuento a novela sin hacer un ensayo previo?, eso sería como si un bebé empezara a dictar conferencias antes de empezar a hablar, así de ilógico, así de irregular, así de interesante…

3
Una novela

Mohandas Carter, escritor, tiene por qué estar orgulloso, su calidad literaria es tan superior que en este, su primer día de actividades como literato, ya ha pasado por su primer época productiva, correspondiente a la elaboración de cuentos que funcionaban, más que nada, como preparación para proyectos futuros, contando hasta el momento con una producción literaria total de 0 unidades, pero eso, ¿qué importa?, lo importante aquí es el hecho maravilloso de que ahora escribirá una novela, el paso de cuentista a novelista, se ha dado, ¡y en un tiempo record!, un hecho que sin duda amerita una celebración, pero Mohandas no tiene tiempo para celebrar, ahora hay que empezar una novela.

Muy bien, se hará una novela, y nuestro personaje sabe que una novela puede ser de dos tipos: lineal y brechtiana, la primera es la narración de una historia desde el principio, prosiguiendo con el desarrollo y terminando con el final, que puede ser alegre, triste o tranquilamente aburrido, dependiendo del final que el autor quiera darle a su propia vida, y la novela brechtiana, que vendría siendo más identificable en los locos realistas contemporáneos, puede empezar en el final y terminar en el principio, o iniciar en el desarrollo, continuar en el final y terminar en lo que sería la primera línea si se tratara de una novela lineal, entonces, la primera decisión se vuelve una encrucijada: si el escritor se decide por un formato y debe llegar al punto final utilizándolo, renuncia al otro.

Ahora puede escoger dos caminos, sería fácil escribir una historia lineal, entonces, la novela se convertiría en una de tantas, con inicio, continuación y final, pero no, Mohandas no es un escritor del montón, sino un escritor del monte, por lo tanto, está decidido: una novela moderna e introspectiva marcará su debut, bien, ahora lo mero bueno, la decisión final de todo ebanista literario como Mohandas Carter, escritor, para comenzar, ya en forma, su carrera: la elección del tema, de qué hablar, para qué decirlo y cómo decirlo, ¿qué novela puede llegar al público en general?, es muy difícil saberlo, porque cada cabeza es un mundo, todos tenemos diferentes gustos, a cada quien le gusta algo, por eso es que existen novelas de misterio, drama, comedia, terror, humorismo, etc., para cada quien, es por eso que no ha existido una novela universal ni en los principios de la palabra escrita ni actualmente,.

¡Pero Mohandas Carter se encargará de eso!, ahora, sentado frente a sus hojitas de papel, se dispone a lograr ese prodigio, va a escribir una novela para todos, ya que hasta el momento no se ha decidido por nadie a quien dirigirle si creación, entonces escribirá una novela universal, con proyección para todos, y, además brechtiana, como es la vida de todos, o casi todos: disparatada y desastrosa. Entonces ya están decididos el formato y la proyección, pero sigue pendiente el tema, que, efectivamente, debe ser para todos, Mohandas ha divagado demasiado, es necesario resolver eso cuanto antes, un tema universal para una proyección universal, y ese tema será ¡la muerte!, no, ¡la vida!, no, ¡la familia!, no, aunque esos son temas universales que le interesan a todo el mundo, no son, seguramente, el interés último de la literatura de un escritor tan completo como él.

Entonces, ¿qué?, el trabajo no le interesa a todos, el descanso, puede ser pero no todos tienen tiempo de eso últimamente, el arte, también podría ser, pero, ¡uy!, no, eso sería tanto como burlarse de la ignorancia de la gente, entonces, ¿qué?, pues nada, que para un escritor tan magnifico como Mohandas, basta con que logre el entendimiento para sí mismo de esos temas universales, pues no hay razón para que el vulgo espeso tenga acceso a tan profunda información que no podría asimilar en toda su magnitud, por lo tanto, un escritor como este, debe hacer algo a su medida, y no debe andar ensayando con cosas que no están a su nivel, ¡eso es!, ¡hablando del rey de Roma!, ¡eso es lo que hay que hacer!, ¡un ensayo!.

4
Un ensayo

No hay forma de definir la estupefacción de Mohandas Carter ante este nuevo avance en su corta, improductiva, pero brillante carrera de escritor. Había pasado por el cuento y por el intrincado mundo de la novelística, había meditado y discutido consigo mismo todas las opciones para crear lo que se propuso desde el principio de la jornada: escribir un libro, y ahora se encontraba otro peldaño que subir, seguramente igual que los otros, ahora estaba en condiciones de escribir un ensayo, ahora, el gusto es mayor, pues ya había pasado de la fantasía al análisis, y ahora contaba historias verdaderas y profundas.

La literatura ahora sería para Mohandas el espacio idóneo para explotar todo su talento analítico ,entonces, ya no hay razón para esperar más, ¡hay que escribir un ensayo!, y Mr. Carter, animoso, coloca ya la pluma cerca del papel listo para ser mancillado, cuando de pronto, la pregunta lo asalta de nuevo, y ahí está, impune, agresiva, odiosa, ¿de qué escribir el ensayo?, ¿cómo elaborarlo?, ¿cual sería su contenido? ¿de qué?, ¿de política?, ¿de literatura?, ¿de entretenimiento?, ¿de deportes?, ¿sobre el comportamiento humano?, ¿sobre la cultura y las tradiciones?, ¿de didáctica?, ¿de ciencia?, todo es posible, pero nadie, ni siquiera él mismo, domina toda la verdad.

Entonces, no puede seleccionar todo al azar, de tal manera que está obligado a seleccionar un tema, pero, ¿qué tema dominaba?, en la escuela, Mohandas Carter había tenido cierta experiencia dando asesorías a sus compañeros en la clase de Historia Universal, considerándose a sí mismo como un profundo conocedor de el acontecer del mundo durante la Segunda Guerra Mundial, sus héroes y villanos, las historias de aquellos que originaron las ideologías que habrían de batirse en los campos de batalla de la conflagración más sangrienta de todos los tiempos, de la deprimente infancia de Hitler a las aventuras y exilios de Lenin desde el Lago Ginebra hasta la Estación Finlandia, así las cosas, sintiéndose una verdadera autoridad en el tema, ahora Mohandas puede disponerse a escribir tranquilamente un libro de historia de la segunda gran guerra. Voltea de repente al fajito de hojas blancas y le parecen escasas para vaciar su caudal de conocimientos y disertaciones.

En su mente comienza a hilvanar la primera frase del ensayo, algo así como “La Segunda Guerra Mundial representó, al igual que el resto del siglo XX en lo general , una interrupción del curso normal de la historia de la humanidad por toda la serie de cambios, causas y efectos que significó” suena bastante bien, un excelente augurio al principio de un best-seller y, por lo tanto, un vehículo ideal para la consagración de Mohandas Carter, bien, elegido está el tema, y el ensayo de dividirá en “causas”, “desarrollo” y “consecuencias”, del famoso conflicto bélico, entonces, se tratará de una historia lineal, que comienza por el comienzo, continúa por la continuación y finaliza en el final, tal y como sucede en la novela lineal.

Efectivamente, un recuento histórico-cronológico de un evento cualquiera, en este caso, la Segunda Guerra Mundial, tiene que ser, necesariamente, una historia lineal. Pero, ¿qué no era una historia lineal la que Mohandas había rechazado para la que estuvo a punto de ser su novela debut?, y si, efectivamente, hablar de historia es hablar de sucesos, y son, precisamente, sucesos los que conforman las novelas y los cuentos, ¡entonces Mohandas Carter no puede escribir una historia lineal en su ensayo!, ¡pero tampoco una historia en formatos modernistas, porque no podemos pensar que la guerra inicia con el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945, provocando la caída de la bomba atómica y la invasión a Danzig y Pomerania.

Mohandas aparta la pluma de la hoja de papel, antes la había colocado con mucha seguridad, ahora la retira meditabundo, ¿será posible?, un escritor como el no puede andar escribiendo historias del montón, eso era lo que había pactado consigo mismo cuando se decidió a escribir una novela, sin embargo, ésta había dado lugar a otro proyecto más complicado, la estructuración de un ensayo que sería un recuento de la cronología completa de la Segunda Guerra Mundial, que era, por fuerza, y al igual que todos los sucesos de la historia, un acontecimiento con desarrollo lineal, situación que iba en contra de las intenciones literarias de un suceso de las letras contemporáneas como lo es Mohandas Carter.

Prontamente, Mohandas Carter se ha dado cuenta de que toda la historia del mundo no estaba a su nivel, pronto la encuentra simplista al no poder ofrecerle algo que no fuera una cronología lineal entonces se sintió decepcionado y aburrido al darse cuenta de que, en la historia, el suceso A desencadena el suceso B, y que éste, por el solo hecho de ocurrir, propicia el suceso C, que surge, irremediable y rápido, de las características de los anteriores acontecimientos, así las cosas, es imposible escribir un ensayo, no solo de la Segunda Guerra Mundial, sino de cualquier pasaje histórico, entonces, el ensayo no es el camino para un brillante poeta de las estructuras y las temáticas contemporáneas, ¿poeta?.

5
Un poemario

La palabreja retumba en cada rincón de la retorcida mente de Mohandas Carter, quien ya no puede seguir con sus elucubraciones respecto al ensayo, ¿poeta?, y, ¿por qué no?, es decir, seguramente la prosa y la crónica se le habían negado y lo suyo, en verdad, era la poesía, ¡sí!, ¡una excelente idea!, ¡a la luz de una vela apagada, un ciego escribía lo que un mudo le dictaba!, ¡muy bien!, ¡escribir poesía es despertar emociones!, y eso es precisamente lo que Mohandas quiere hacer, despertar emociones, y no lo lograría, seguramente, con un aburrido cuento, una insípida novela o un somnífero ensayo.

En definitiva, todos los demás géneros no cubrían las necesidades artísticas de Mohandas, por ser limitados en fondo y forma, pero la poesía representaba un medio excelente para vaciar todos los sentimientos que trae en la mente y en el corazón, así pues, un poema es la clave, y eso es lo que se hará, desentramará los tejemanejes del corazón humano, descifrará los sueños y las ideas, y todo con un poema que respondería a todos los cuestionamientos universales de la débil mente humana, así de fácil, y lo logrará con unas cuantas simples e inspiradas frases que conmuevan a todos los corazones.

Pero, ¡un momento!, ¡paren las prensas!, ¡aquí pasa algo!, ¡Houston, tenemos un problema!, ¡Mohandas, tenemos un problema!, a ver, con calma, ¡acaso no era un poema lo que el pálido e insignificante joven Chris, tu compañero del cubículo de al lado escribe a escondidas durante la hora de la comida?, ¿y que no se trata de un poemario lo que Laurita, la secretaria del Licenciado Farrow, oculta con tanto celo en el cajón de su escritorio? (Sí, bueno, a decir verdad, tratar de ocupar el tiempo del horario de trabajo distrayéndose con algún hobby es algo muy típico en el mundo de las oficinas burocráticas; si uno pregunta a alguna de las empleadas boquipintadas que en ocasiones suelen atender a las multitudes histéricas entre cada sesión de maquillaje, nos puede responder, si no esta muy atareada soplando a la pintura fresca de la uña del meñique, señalando a aquel señor que está allá, hasta el fondo, entre la mesita de café y la oficina de conserjería, ése que usa brillantina para relamerse el pelo y un saco de rayitas con los codos parchados: “ése escribe poemas”, acentuando la perversidad de las palabras con una leve sonrisita que hará que la quinta capa de make up se le cuartee).

Mohandas Carter, un soltero bilingüe y culto, feliz poseedor de un reluciente título en Historia que socava su miserable y solitaria existencia colgado entre los posters y retratos de su oscura habitación, que ha tenido una evolución sorprendente gracias a su mente brillante de escritor superdotado, el día de hoy parece estar corriendo con suerte: su conciencia lo ha detenido a tiempo y le ha hecho reflexionar en que un escritor de su calidad no tiene por qué rebajarse al nivel de la raspa ignorante con la que debe convivir diariamente en la oficina, por lo tanto, un poema no tiene por qué ser la vía mediante la cual escriba su ópera prima. Es algo muy simple, ¿acaso Mohandas hará algo que hace todo el mundo?, ¿escribir poemas?, ¡no!.

Finalmente, una cosa es cierta: si Mohandas Carter, escritor establecido se rebajara a escribir un libro con un contenido común, como lo hace medio mundo, escribiendo poesía simplista, pueril y con el fin último de distraerse y olvidar la frustrante realidad de saberse encerrado en una oficina de burócratas durante los treinta años más productivos de su vida, su carrera se verá seriamente afectada, y ya no podría escribir un libro histórico, magistral, formidable, como los que solo él sabe escribir, sin que lo persiguiera por siempre, cómo una tira de deudas sin pagar, la sombra ominosa de un mediocre libro que se dejó condenar a un contenido como el que cualquier gaznápiro puede escribir unos cuantos minutos antes de que doña Cholita le sirva el café de la mañana y lo obligue a apartar la libreta para colocar su bebida entre los folios de adeudos expirados y las amarillentas fotos de la familia. No, la poesía no es el camino.

6
Un recetario

La impaciencia, sí, la desesperación ponzoñosa de estar aburrido, también, son temas para Mohandas Carter en estos momentos, sabe que tiene un suceso editorial entre las manos, que tendrán que moverse rápido para poder hacerlo realidad, en tales maquinaciones se encuentra cuando su estómago emite un sonido raro, que no alcanza a identificar, aunque bien se imagina lo que ha de ser, ¡es el gruñido de un estómago hambriento!, Mohandas cae en cuenta de que no ha comido, pero, ¿quién tiene tiempo para comer?, un escritor como éste no puede darse esos lujos superfluos ni perder el tiempo en ello en medio de la elaboración de su histórico debut literario.

Para Mohandas la comida siempre ha sido un objeto de culto y veneración constante, teniendo como centros de peregrinación los distintos restaurantes de la localidad, no por nada, ahora es el orgulloso portador de una prominente barriga que puede presumir soberbiamente, considerándose una eminencia en la materia, y es importante apuntar que Mohandas sabe que quien tenga conocimientos de algo debe compartirlos con quien carezca de ellos, así, el mismo se encuentra en condiciones de compartir conocimientos de gastronomía mundial en un lindo recetario que no tiene que ser una obra ensayística. Mohandas cambiará la Segunda Guerra Mundial por el pay de manzana.

Bien, un recetario es una buena idea, puede empezar con postres, continuar con platos fuertes y terminar con entremeses, ¡excelente!, ¡absolutamente modernista!, al gusto de un renovador literario como Mohandas Carter, escritor, dueño de una panza labrada palmo a palmo en todos los restaurantes de la ciudad, ahora solo hace falta vaciar esta experiencia en el papel; algo de comidas populares, para empezar, una hamburguesa simple, pero, ¿qué contiene la hamburguesa comercial?, ¿esa carne es carne de verdad o es algún producto de soya?, ¿el huevo del desayuno es soya también?, seguramente, no pude existir un huevo tan perfecto y tan amarillo, tiene que ser soya, ¡huevo sintético!.

¡Y la comida china!, ¡esa sí es una fuente inagotable de material fascinante!, desde las carnitas de gato colorado, hasta la sopa de aleta de pollo, ¡todo un reto al paladar del conocedor!, pero el embotamiento extásico del sabor único que brindan las sobras del arroz recalentado y la verdura de la verdura presente en el plato de pato deshuesado no permiten el funcionamiento adecuado del raciocinio, con lo que se cancelan las posibilidades de pensar y analizar antes de meterse a la boca ese pedazo de Foo Young al que se le puede acusar de todo excepto de tener nexos con el huevo, así, es muy difícil establecer un orden como el de un libro de cocina, en el caos total.

No, un recetario tradicional cuyas recetas obedecen un orden lineal no está a la altura de Mohandas Carter, y un recetario crítico, analítico y reflexivo de todas las corrientes gastronómicas de una ciudad cosmopolita no puede considerarse un recetario en forma, sino un bizarro ensayo torpemente estructurado por un gourmet aficionado e inconforme que no puede probar de ninguna manera y por ningún medio, los complots imaginarios que ve en cada plato de arroz frito, en cada hamburguesa o en cada lata de conserva industrial, ¡pero ya hemos quedado de acuerdo en que ensayos no!, no, un recetario no está a la altura de Mohandas Carter, súper escritor inconforme.

7
Una historieta

Mohandas medita unos momentos en esas palabras, ¿súper escritor?, se oye bien, Mohandas Carter, el renovador, pero, ¿de qué manera ejercer esa fuerza si cada alternativa ha resultado improcedente ante la grandeza de su autor?, escribir una historieta acerca de esta jornada también es posible, pero no, no vale la pena, porque aparte, para ser dibujante, hay que tener bastante habilidad, pero Mohsndas agotó su pulsó durante sus infructuosas empresas juveniles en la Marvel, ¿en verdad sería feliz reviviendo viejas costumbres?

Todos los súper héroes ya fueron súper explotados, habría que crear nuevos, pero Mohandas tiene la última opción en lo pretencioso que resultaba su propio nombre: Mohandas Carter. La voluntad y la dignidad del gran redentor de los pobres hindúes, Mohandas Karamchand Gandhi y el presidente que teatralmente y en apariencia, cortó de golpe la expansión imperialista de los Estados Unidos en el cono sur, James “Jimmy” Carter, quien preparara los tinglados para devolverle su canal a Panamá, pero no, tampoco, esta mezcla de virtudes no es viable en un súper héroe convencional, no, una historieta tampoco es el camino.

8
El escritor

Mohandas Carter se ha dispuesto a escribir un libro, pero, ¿de qué?, la pregunta sigue en el aire, y revolotea desesperadamente sobre aquella centena de papel, aún virgen y blanca como la leche y la nieve de coco. Nuestro escritor ha llegado a una conclusión: ¡ha vencido a la literatura!, ni sus colegas Shakespeare y Wilde, ni sus cofrades Cortazar y García Márquez pudieron sortear las dificultades de la literatura con tanta gallardía, con tanta elegancia, ¡y en tan poco tiempo!. Ni un libro escrito, pero, ¿qué importa?, el valor de un escritor magistral como Mohandas no radica en la cantidad sino en la calidad, ¿qué tan excelente será su obra que no es merecida siquiera por el papel?.

El escritor es un maestro de la lengua, pero Mohandas Carter superó sus propias expectativas, no necesita escribir ningún libro para demostrarle al mundo o a sí mismo su lucidez, su excelencia y su dominio sobre cada una de las letras y cada uno de los géneros, ¡así de excelso es!. ¡así de brillante su carrera artística!, pero, pasando al otro lado de la moneda, el vulgo es demasiado ignorante como para comprender a los maestros como él, escritor, así las cosas, resulta imperativo escribir un libro, solo para demostrar que Mohandas existe y para advertirle a los intelectuales y al comité consultivo del Nobel de literatura que va en serio, pero eso será en otra ocasión, porque el hambre se hace presente de nuevo y una tripa ya se comió a la otra.

Entonces, Mohandas Carter, escritor, guarda su preciada pluma, vuelve a encerrar el paquetito de hojas blancas en el cajón barnizado de su escritorio y apaga la luz de su lámpara de trabajo; tal vez mañana haya mejor suerte.

EL BRILLO DEL METAL

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Mario

Entre los muros helados de la sala de mi casa transcurre mi pequeña vida ebria de sonidos desquiciantes en que la música ininteligible se convierte en la única protección contra las cosas que no quiero oír y las personas que no quiero mirar a los ojos, mamá se queja de que mi mirada se pierde por igual en el monitor de la computadora y en el crucifijo decadente que una de mis abuelas puso en el dintel de la puerta de entrada hace unas cuantas décadas y cuyos bordes están totalmente descarapelados, y es que en realidad no hay nada que ver, he aprendido mi vida de memoria, ha llegado la hora de acercarse, desde una prudente distancia, a las de los demás: somos muy afortunados por poseer ventanas, el vidrio es translucido e indiscreto, es una buena protección que da tiempo para armarte con algún objeto contundente mientras el esquizofrénico de la cuadra emprende la carrera hacia mí, harto de que lo mire acariciarse los genitales mientras observe un remolino en el suelo, frente a mi casa; siempre es útil conocer las costumbres de los vecinos, es un buen entretenimiento, con el paso de los años noto su envejecimiento, su tristeza puliendo las arrugas de sus manos y dándole brillo a sus ojeras y labios resecos. Allá van Max y su odiosa mujercita mucho menos alegres que hace un año y el bello cutis de mi vecina Lucía se ha echado a perder con la fabulosa verruga que echa raíces sobre su labio superior y todo eso me hace sentir tan feliz y jovencita que nuevamente agradezco no sé a quién por no haberme dado la costumbre de salir de mi hogar y pasear saludando a los vecinos porque entonces en este momento no estaría aquí contigo sino en cualquier otra parte, en un restaurante con mis amigas (o amigos!) o, aún peor, en alguna casa ajena, y antes de que me diera cuenta, mis manos estarían agrietándose y mi pelo opacándose, cada vez más lacio, hasta aceptar compartir mi cabeza con las primeras canas prematuras. No, eso es imposible, por ello es que estoy aquí, porque quiero que me conserves tal cual siempre que vengas a verme, además, la contaminación se pone peor día con día y no es conveniente que a estas alturas empiece a exponerme a los rayos del sol, vivimos en un lugar caluroso, pero el candor del corazón es lo verdaderamente asfixiante, tengo que caminar mucho para cansarme y hacer que disminuya la excitación que me provoca ver a tanta gente bella pasar frente a mi ventana, esas blusas y camisas con logos de grandes multinacionales me recuerdan el tremendo placer de ver a mis ex-compañeros de la primaria detrás del mostrador de la hamburguesería diez años después y eso para mí es suficiente, el sofoco que sus cuerpos enfundados en esos uniformes vaporosos manchados con grasa vegetal me provocan alcanza a nublarme la razón durante todo el día y cuando los vuelvo a ver (creo que algunas veces llego a mirarlos) vestidos de civiles no los reconozco y ese es un gran aliciente para que mi mundo interior no sufra ningún daño severo. Lo que más me emociona en este mundo son los ancianitos, babeo cuando observo a Don Antonio (o a Don Emigdio, podría ser) arrastrarse por la calle frente a mi banqueta con el periódico bajo el brazo y el filtro ardiente de un Raleigh entre sus deditos arrugados y entonces quisiera salir y secuestrarlo, obsequiárselo al porvenir entre los efluvios amorosos de mi suave aliento y mi excelente café express, porque siempre he pensado que los viejitos (adultos mayores, les llaman en la televisión) se merecen todo lo bueno y las más sinceras atenciones pero, tú sabes, el sol, el viento, en realidad el ambiente se ha vuelto sumamente hostil año con año, las cosas no tienen la misma claridad de antes, eso me impide salir de dulce claustro seguro, hermético, debo mantenerme tal y como me viste la primera vez, refugiándome en la zona más sombreada de la banquita del parque del fraccionamiento, odiaba tanto el metal caliente del asiento, tan luminoso que me pareció que hervía, pero no me atreví a levantarme porque no quería sentir el calor de la naturaleza horadándome las orejas y aquí me tienes y, no me hagas mucho caso, pero una vez, una sola vez, vi a unos gemelitos tomados de la mano caminando perfectamente sincronizados ante mi ventana pero no localizar en el paisaje a sus padres, simplemente pasaron, y yo los vi, con sus cabecitas rubias proyectando el destello dorado del sol de la tarde y se fueron para siempre y supongo que no debo repetirte que no podría haberme asomado a la calle porque ya has entendido que no hay motivo para eso pero, retomando un diálogo que escuché en una película de la que ya no recuerdo a sus protagonistas, podría explicarte aquel acontecimiento diciéndote que son raras las oportunidades de aventurarnos mas allá de nuestra rutina diaria, pues eso depende del buen ánimo de que se disponga, algo ya muy raro en este tiempo de bienestar generalizado y el momento justo en que notamos esa necesidad es cuando el corazón se congestiona y la garganta se cierra ante la sorpresa de sentir cómo se va haciendo insoportable el deseo de no morir jamás.

EFETICHISTA

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Mario

La tensión y el celo se han ido, ahora solo hay esporas flotando en ese calorcito acogedor que hace que las cuatro paredes de concreto se vuelvan de fragante pino y que sientas tu pecho a punto de estallar de regocijo; tu precioso muchachito retoza ágil en el campo de juegos, dando vueltas gozosas alrededor de los demás efebos de marfil turgente. Piernas, agua y pasto, y tu mano certera interviniendo el alegre morral multicolor, tocando, sintiendo, cebándose en fugaces explosiones de placer táctil arrobando cada surco de tus huellas dactilares hasta que la feliz conclusión de tu búsqueda te llena la palma de suaves mixturas de almizcle y menta. Corres. En la soledad de tu habitación te diluyes entre los ángulos refrescantes de su letra “F”, de esa firme parte de su esencia que ahora es la tuya en tanto sientes cómo la torre del templo se yergue maciza, cortando el aire, hasta que tu corazón explota y la bruma cancela al sol.

DESVARIOS MISCELANEOS

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Mario

I.-La última lluvia en la casa

Se presentaba al principio como una molesta gotera que resonaba en los oídos como una tortura incesante que hacía pensar que había llegado para establecerse por siempre la rutina casera, daba la impresión de que, sin importar cuantos soles se desplegaran bajo la comba celeste, siempre encontraría una nube particular de dónde sacar las aguas del hastío y la ansiedad. Frecuentemente subían todos los miembros de la familia a la azotea para tratar de localizar el foco de tan atronador martirio; y un día descubrieron una gotera en el techo abriéndose paso entre el viejo asbesto desgastado, haciéndose poco a poco lo suficientemente poderosa para vencer paulatinamente la estructura del techo sin que nadie lo percibiera hasta que finalmente, en una tarde lamentablemente densa por culpa de un sol indeciso y opaco, terminó por reventar el sobradillo e inundar la casa con todo y habitantes, por primera y única vez, como en un diluvio de poca monta.

II.-Desintegración

Cuando despertó, se volvió hacia la ventana y observó todas las cosas convertirse en una masa de barro pringoso. Saliendo a verificar la panorámica del exterior, pudo percatarse cómo los edificios se tambaleaban tras unos segundos de temblor ondulante y alucinado, que cimbraba todo su imponente volumen. Después, dirigió su mirada al piso intentando distinguir cualquier vibración sospechosa, desde un zapateo particularmente fuerte hasta el nacimiento de un sismo de magnitudes colosales: nada. La gente caminaba y realizaba sus actividades de manera regular, como si nada estuviese sucediendo, sin inmutarse, paseando, trabajando, a veces corriendo; de pronto, todo ello le pareció la escenificación de un paisaje asaz grotesco, magnificado con cada cosa y cada ser conforme deambulaba por la ciudad, contemplando horrorizado a los edificios desintegrándose y reintegrándose, hasta que él mismo se desintegró.

III.-El velorio

Fue largo el proceso de embalsamamiento, monótono y rutinario pero, al final, el cadáver quedó listo para su presentación, con todo boato y elegancia, en el pomposo circo social de las exequias de rigor para aquellos cuerpos tan bellamente adornados para su lucimiento eterno en las entrañas de la tierra. Pero en el momento de su colocación en el estuche, y de su mismísima entrada triunfal a la capilla, se pudo sentir un cambio significativo en el ambiente, otrora relajado y levísimamente bullicioso. Todos los presentes tuvieron la sensación de estarse careando con la personalidad afectada y adusta del ahora occiso; es increíble lo que una persona habilidosa puede hacer con varios kilos de maquillaje y la disposición de la materia vieja, correosa y tradicionalmente malhumorada como la de este hombre que había sabido transmitir su sombrío estado de ánimo de la vida a la tumba, no sin antes mostrarse marchito ante los ojos atentos de sus deudos.

DESDE EL OSCURO LABERINTO

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Mario

I

Pero, ¿por qué se acaba de estrellar Martín de la Concha?, ¡si hace tan sólo un par de horas estuvo departiendo tranquilamente con Amparito!, ¿no es injusto que aquel paro cardiaco, tan inminente desde hacía tiempo, lo alcanzara justamente en la carretera?, sí, pero el corazón es traicionero, sobre todo si es de Martín de la Concha, ¡mira que sacar todo el dinero del banco para luego huir a la frontera!, si, ese era un plan mezquino, pero funcional y práctico, después de brindar gozosamente con su esposa y una copa de cognac adulterado, la conciencia dicta una orden, que en esta ocasión ha sido la de escapar, junto a su pequeño helecho y sus últimos diez mil dólares.

II

-¿Cómo que no puedo pasar?, ¡traigo prisa!-. Le grita desesperado Martín de la Concha al agente que realiza un retén cerca del lugar donde su Grand Marquis 1992 se ha estrellado contra un árbol; el tránsito no se percata sus gemidos, es obvio, los muertos no hablan ni son escuchados; parece que no hay duda, Martín de la Concha está muerto, pero, ¿por qué?, ¿no ha sido él la persona más buena y decente que podía ser?, ¿no hacía visitas a los orfelinatos durante la navidad?, ¿no pagaba a tiempo sus impuestos?, ¿no les regalaba una botella de brandy a los empleados de limpia cada año nuevo?, sea como sea, ahora todo ha quedado atrás.

III

Martín de la Concha gustaba de cuidar plantas, todos los días se levanataba y se dirigía a su helecho, le limpiaba las hojas y le quitaba el polvo a su maceta. Sí, como padre era sobreprotector, “el que no tenga hijos, que tenga plantas”, decía, y es por eso que para esa huída se había llevado a su chiquirrinín, (¡chiquirrinín!, ¡chiquirrinín!, ¿quieres más agua, chiquirrinín?), esa planta que su esposa odiaba tanto; por eso lo había invitado a comer, por eso le había preparado esa copa de cognac sospechosamente turbio, con la cual poder llevar a cabo la ejecución de esa idea con la que ella, Amparito de de la Concha, había despertado por la mañana (si no mato al helecho, mato a Martín).

IV

Entre los restos mortales e incomibles de ese delicioso filete mignon y los exóticos aromas de las digestiones difíciles, Amparo y Martín levantaron esa tarde sendas copas de cognac y se desearon salud, en un momento en que se ocultan los intereses que hay detrás de la cordialidad; Martín no sabe cómo decirle a su esposa que se ha enamorado de otro helecho y quiere llevarlo a casa; Amparo no sabe como decirle a su maridín que está preocupada porque esa tarde lo va a matar porque simplemente ya no lo aguanta ni a él ni a su terregoso hijo, y ha olvidado cual de las dos copas contiene el cianuro potásico; pero, en fín, hay momentos en los que sólo se puede reir y decir ¡Salud!.

V

Vale la pena mencionar aquel momento glorioso en que ambos, como en sus buenos tiempos, volvieron a jurarse amor para toda la vida para después saborear placenteramente de los soberbios platillos servidos. Amparo observa el juego que hace la garganta de Martín cuando traga el contenido de su cáliz, porque con su maridito fuera de circulación podrá tomar el dinero del seguro y disfrutar de sus anheladas vacaciones en la Costa Azul, finalmente, cuando vuelve a dirigirle la mirada a Martín, éste coloca su copa vacía en la mesa, junto a su plato.

VI

Entonces, analiza el fondo de su copa y se preocpua al observar fríamente los restos del líquido, el extraño gusto amargo que paladea y la sensación de que Martín ha escapado por la puerta de sevicio que se encuentra al lado de los baños del restaurante con la intención firme de desaparecer cuanto antes, le hace pensar que tal vez algo ha fallado en su plan.

VII

Como que había observado las intenciones de su mujer desde un principio, así de seguro estaba de lo que podría haber pasado esa tarde, había visto la malicia bailar en las pupilas de Amparito, por eso decidió ir al baño un momento, para tranquilizarse, para aclarar las ideas, entonces, en el camino, a través de las ventanas del corredor turquesa de la sala de los sanitarios, vio su vehículo, brindándose a su perplejo propietario desde el estacionamiento, ofreciéndole la oportunidad de huir y salvarse, junto con su helecho, por supuesto, de aquella bestia, de esa arpía psicópata en que se acababa de convertir su esposa, por lo que decidió seguir sus instintos: salió por la puerta de servicio, montó su automóvil, fue a su casa, recogió a su única razón para vivir, fue al cajero y tomó carretera.

VIII

Con su preciado y clorofílico acompañante en el asiento de al lado, Martín de la Concha, parte rumbo a un destino desconocido, pero que espera que sea lejano y seguro, para así comenzar una nueva vida llena de oportunidades, satisfacciones y helechos, sí señor, la fortuna lo ha colocado en un punto central, y sería imperdonable desaprovechar la oportunidad, en ese preciso y mágico momento, por la carretera y dirigiendo su bólido ’92 hacia la libertad, un árbol no parece tener gran importancia, y menos para un hombre que es tan libre que puede darse el lujo de desobedecer reglas de tránsito elementales y salirse la carretera en medio de un infarto masivo.

IX

-¡Martín!, ¡oye!, ¡vamos, despierta!, ¡tenemos que movernos muy rápido para poder alejarnos cuánto podamos!, ¡mira, hasta la policía acaba de llegar!, ¡en serio que tus distracciones no pueden dejar nada bueno!-exhorta Martín de la Concha al Martín de la Concha que se halla boca abajo, sobre el volante de su auto; las cosas son ahora muy distintas, los espiritus condenados no tienen oportunidad de salvación y, aunque Martín es un buen hombre que siempre visita los orfanatos haciendo obras de caridad cuando puede, paga puntualmente sus impuestos y provee generosamente de su dotación navideña de brandy a los recogedores de basura, se ha olvidado de lo más importante: ¡no le ha puesto agua a su chiquirrinín!.

Podemos decir que, simplemente, ha cometido uno de los peores crímenes que un padre puede cometer contra su hijo, la negligencia a ese extremo puede y debe castigarse ejemplarmente, pero ahora ya no importa, también diremos que las prisas en esta ocasión se explican por el temor que inspira la certeza de que la vida corre peligro, el hombre que dijo, para excusar la estrechez insólita de su uretra que quién no tenga hijos, mejor que tenga plantas, ha faltado (y lo hará por los siglos de los siglos) a su responsabilidad como padre de esa pobre plantita a la que ha secuestrado como parte de un ominoso plan para huir sin huella, es por eso que ahora, al morir, se ha quedado atorado en esa terrible duda, ¿a dónde ir?.

X

Martín de la Concha Honrubia, licenciado en Derecho y defensor de la vida de las plantas, existe, aunque ya no sin el envoltorio del cuerpo material, en medio de la vida y de la muerte, sin saber qué es peor, si haber trastocado su existencia y su destino al huir del lugar donde su esposa perecería lastimosamente entre la frustración inconmensurable que sólo provoca un intento malogrado de homicidio, o haber sacado, sin darle de comer a su hermoso helecho de la casa donde había vivido tantos años venerándolo, para después olvidarse de la trastornada Amparito que en estos momentos habría estar seguramente, carcomiendose por el odio, la impotencia y la copa de cognac que definitivamente le ha sentado mal.

Tal vez ambas cosas sean igualmente graves, pero ahora, ese oscuro laberinto ético de contradicciones, indecisoines y desesperación se encuentra resumido ante los ojos de Martín de la Concha en la inexpugnable soledad de la carretera larga y sinuosa en la que se encuentra, destruido, paralizado y rodeado por paramédicos y policías ineptos, porque, a la muerte del mundo de la materia tal como lo conocemos, solo puede seguir el desasosiego del que se sabe pérdido en la confusión para toda la eternidad.

CUANDO SE ACABE EL TIEMPO

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Mario

1

Me levantan a las seis de la mañana en punto, tras una sarta interminable de irritantes arengas como ¡Mariana, levántate que ya es tarde!, me despabilo y acabo de comprender que ha empezado un día más de escuela, a donde, he de aclarar, no voy, me llevan.

Salgo de la cama, bostezo y el tufo pestilente de los gérmenes acumulados durante la noche sale disparado omnidireccionalmente, trato de que esto no ocurra, tapándome la boca con las manos, pero mis esfuerzos resultan infructuosos, mi mamá se da cuenta y me manda al baño a lavarme.

Después de desahogar mi vejiga y de limpiar mis dientes careados, tengo oportunidad de tomar una siesta de diez segundos sobre las toallas pachoncitas y así no sentir el frío estrujante del azulejo en el cachete, como otras veces me ha sucedido, que es cuando paso media hora estornudando, sin embargo, muy pronto debo abrir los ojos hasta donde las lagañas me lo permiten y salir a cambiarme, pues mamá grita mucho, demasiado para mi gusto, y es que somos tan diferentes… ya nos han dicho en varias ocasiones que no nos parecemos en nada y ella misma me comenta que podría jurar que no soy su hija de no haberme observado cuando me parió.
Entonces salgo del baño y en mi cuarto, sobre la mesita, me espera una charola con agua, café, pan tostado y cereal, son las seis con diez, mamá enciende la televisión y la pedestre voz del conductor del noticiario matutino, acompañada de una música repelente que me taladra los oídos, inunda la habitación, mi mamá no alcanza a entender, mientras sube el volumen hasta unos cuantos puntos antes del nivel máximo, que a estas horas de la mañana no tolero ni siquiera el viento que se cuela por los agujeros del marco de la ventana, es como si todas las sensaciones me llegaran magnificadas por la modorra que me permite apenas mover lentamente mi mano para alcanzar la taza de café.

Me da mucho asco desayunar, al menos tan temprano, generalmente me como un pastelito o una fruta al mediodía, mamá tampoco acepta eso, y por tal motivo me sirve un desayuno rebosante de sabrosas viandas que comería gustosa si fueran las diez de la noche, pero que en este momento simplemente no puedo disfrutar, es como si mi estómago decidiera no abrir sus puertas en este ingente horario, pero no le queda más que aceptar resignado lo poco que alcanzo a tragar antes que mamá empiece a gritar histérica, clamando porque me ponga los calcetines.

Me gustan esas calcetas largas y sueltas que me llegarían a la rodilla si no fueran tan cómodamente flojas, son calientitas en invierno y se vuelven frescas y confortables en los días de calor, el resto de mi uniforme es simplón y nunca me ha gustado, pero siento que lo odio cuando debo levantarme a ponérmelo en menos de un minuto porque de nuevo se me hace tarde y mi mamá no deja de patear la puerta de la sala para darle acompañamiento a sus berreos de inconformidad, pues faltan quince minutos para que den las siete y yo ni siquiera me he puesto los zapatos.
Y cuando salimos de casa y me acomodo en el asiento del carro, estoy tiritando, aunque afuera el sol brilla con una intensidad calcinante y el vecino pasa trotando vestido con una playera de manga corta y unos shorts que me hielan las piernas con tan solo mirarlos, ¡qué difícil es hacer las cosas cuando una no tiene ganas de nada más que quedarse bajo dos cobijas hasta la tarde sin que nadie le interrumpa el sueño!, pero parte de la disciplina tal y como la entienden los directivos de las escuelas parece ser la de pasar diariamente por el suplicio de ese frío mañanero que llega hasta le medula mientras va congelando los huesos.

En el camino trato de pensar en algo estimulante que pudiera ocurrir en el día para despertar un poco e ilusionarme por llegar a la escuela, pero no lo logro, solo recuerdo que debo entregar un obtuso ensayo sobre las drogas en la clase de Orientación Educativa, donde ahora están manejando contenidos programáticos que se dirigen a sus alumnos menos iluminados, para que no se quiebren mucho la cabeza tratando de presentar trabajos sobre temas de actualidad o por lo menos, levemente originales.

Llegamos a la escuela, me despido de mi mamá, me bajo del carro y cruzo la puerta principal, paso por la dirección y voy caminando sobre las canchas deportivas cuando de improviso siento que alguien me detiene con un apretón en la cintura.

-¿A dónde cree que va, señorita?-Me grita el prefecto, mientras me encamina de vuelta sobre mis pasos hasta la oficina de la directora donde me sienta en una silla del escritorio para luego retirarse dando un portazo y dejarme sola a la espera de alguien con autoridad venga a recriminarme por mi mala, irresponsable, poco cooperativa y asocial conducta, reflejada en los escritos liberaloides que he tenido el desacierto de publicar en el periódico escolar en ocasiones y más frecuentemente en el tablón de mensajes.

Los siguientes diez minutos los paso en total soledad, el silencio es abrumador y acaba por cansarme, aunque no tanto como la efusiva llegada del profesor Antonio, orientador escolar, quien no parece traer intenciones de aplicarme algún correctivo.

-¡Mariana!, ¿cómo estás?, por favor discúlpame por el recibimiento que te han dado, pero es que hemos tenido algunos problemas con los directivos con varias de las cosas que has escrito, pero no te preocupes, lo que pasa es que estos imbéciles no comprenden tu esencia-Me dice, mientras acaricia el pelo sobre mi hombro y toma mi mano para levantarme de la silla.

-Me parece que comparto su opinión-Digo por decir.

-Jajaja, bien, ahora apúrate que hay muchas cosas que hacer, vámonos antes de que llegue alguien.

Salimos apresuradamente, encuentro desconcertante que mi trabajo sea requerido tan temprano por el profesor, de ahí que para sacar platica, pregunto:

-¿A dónde vamos?

-¿A dónde crees?, a mi oficina, ni más ni menos, tenemos muchas cosas de qué platicar-Responde agitado el profesor Antonio.

-Pero, ¿no voy a entrar a mis clases de hoy?

-No tenemos tiempo para pequeñeces.

Entramos al Departamento de Orientación, en su cubículo se pueden observar carteles informativos sobre el SIDA, las drogas, el aborto, etcétera, lo de siempre; mientras los miro, el profesor Antonio, va esquivando con movimientos cadenciosos los papeles tirados en el piso hasta sentarse ceremoniosamente en su silla.

-Bueno, estuve leyendo tus artículos sobre el gobierno y las mafias infiltradas en él, y también eso que escribes acerca de que en la cafetería usan vísceras de desecho para preparar los antojitos, son interesantes, aunque estarían mucho mejor si le bajaras un poquito al tono crítico que les impregnas.

-¿Qué quiere decir con eso?-Pregunto dando un brinco, finalmente, ya estoy despertando.

-Lo que quiero decir es que uses tu mente para otras cosas, que escribas tus pensamientos sobre otros temas menos dañinos para la sensibilidad de algunos, empezando por los profesores de aquí.

Lo miro con seriedad, y aunque no me sorprende la poca sutileza de su censura, comienza a aburrirme la falta de habilidad con la que él y otros de mis maestros conducen esos reproches plagados de argumentos que se caen como parches mal pegados.

-Quiero que escribas algo sobre las drogas, un ensayo aparte del que te encargué en clase, en el que plasmes las verdaderas ideas que manejas sobre el tema de las adicciones en general, dando algunas aportaciones personales sobre cual es la manera más eficaz de hacer que la juventud se aleje de ellas-Dice el profesor Antonio, descubriendo sus intenciones.

-Lo siento, maestro, pero yo nunca he escrito nada sobre las drogas, y lo que le traigo es sólo una investigación, la verdad es que ni me interesa-Contesto, esperando dar por terminada la charla.

De pronto, observo que el rostro del profesor comienza a enrojecerse de ira, creo que podría freírse un huevo en su calva mientras se observan sus ojos desorbitados.

-¡Escúchame, estúpida!, no voy a permitir que me salgas con esa basura, yo soy el que ha disuadido a todos los malditos directivos para que no te expulsen por las idioteces que has escrito contra ellos y te dieran una segunda oportunidad, ¡por mí es que sigues en esta escuela!, si por los maestros fuera, desde hace mucho que te hubieran echado a patadas por rebelde y subversiva, ¡me debes una y ahora me la voy a cobrar!

Me quedo quieta, es algo impresionante, jamás había presenciado a ningún profesor y menos a este, tan molesto, me parece algo inaudito, todo lo que ha dicho es ofensivo, pero bien cierto, y no me queda más que doblegarme.

-Está bien, señor.

-Muy bien, hay un simposium de Orientación Educativa en Tecate, dentro de una semana y tu vas a ir, y no me vayas a decir que no, porque ya sabes a lo que te atienes.

-De acuerdo, ¿para cuando quiere el trabajo?-Pregunto con la mirada gacha.

-Para mañana mismo, sin falta, Mariana-Contesta el profesor Antonio mientras saca un cigarro.

-Para mañana lo tendrá-Finalizo, sigo mirando al suelo.

-Correcto, ahora, ¡largo!, tienes el día libre, vete a hacer esa ponencia, ¡tres cuartillas, portada, introducción, desarrollo, conclusión, propuestas y bibliografía, doble espacio, a computadora!-El maestro enciende otro cigarro con la punta del anterior, que apenas se ha consumido hasta la mitad cuando lo magulla en el cenicero.

Salgo de la oficina con la mente en blanco, finalmente, no es él la primera ni la última persona a quien veo gritar con esa fuerza histriónica, parece que he olvidado las escenas de mi mamá cuando me nalguea y me jala de un pie para hacer que me levante todas las mañanas.

Llamo por teléfono a casa, mamá se sorprende porque le hable tan temprano.

-¿Qué pasa, Mariana?-Pregunta azorada.

-Ven por mí, te explico en el camino.

Cuelgo el auricular, me coloco frente a la puerta y aspiro el polvillo que emana del suelo de terracería, y cuando veo llegar el carro de mi mamá me parece tan reconfortante que relajo todos mis músculos.

-Ahora sí que me fastidiaron-Comento en cuanto abordo el auto y le beso la mejilla a mamá.

-¿Y ahora qué pasó?.

-El profesor de Orientación Educativa me ordenó que escribiera un trabajo sobre las drogas para mañana, y yo tenía planes para mañana-Chillo con la esperanza inconsciente de que mamá baje a reclamarle al profesor por su abuso, como en mis buenos tiempos de alumna de primaria, cuando ella pertenecía a la mesa directiva y me libraba de hacer tareas o ejercicios que no me gustaban con una simple conversación con mi maestra.

Aunque lo anterior se lo digo, por supuesto, sin tocar de ninguna manera el tema del berrinche del profesor, ni de mi inminente expulsión de la escuela por mis insolentes ataques contra los profesores.

Después, entro a mi cuarto y me siento en mi escritorio dispuesta a escribir un nuevo trabajo, aunque pasan horas y no me llega ninguna idea interesante con la cual presentar nada, lo que es desesperante, sobre todo para alguien que esta acostumbrada a presentar sus opiniones tal como son, y la actual situación me lleva entonces al extremo de reciclar un antiguo trabajo sobre las tribus suburbanas y su adicción a los inhalantes…

¡Voilá!, tengo ahora la ponencia lista para engargolar.

Así las cosas, tan fáciles y tan afortunadamente simples, solo resta mostrarle el ensayo al profesor Antonio, para que con su venia se me permita por parte de la dirección asistir a uno más de esos eventos en los que los participantes, como los panelistas de Cristina, llegan al salón, hablan, discuten, se destrozan y se van con todos sus problemas agravados a la enésima potencia, pero con el dulce o amargo sabor de la victoria o derrota intelectual en el paladar.

2

Al día siguiente, muy oronda, paso directamente a Orientación y al cubículo del profesor Antonio, de verdad que me muero por enseñarle mi trabajo, así que entro y mi recibimiento es un poco diferente al del día anterior.

-¿Quién te dio permiso de entrar aquí?-Grita el profesor, furioso.

Su imagen es igual a la que tanto me impresionó en nuestra conversación anterior, el círculo de su pelona se pone tan rojo que parece la mecha de una estufa.

-Eh, maestro, aquí le traigo la ponencia que me pidió.

Entonces, el semblante del profesor se transforma radicalmente, el rostro enfurecido se torna en una cándida sonrisa hipócrita.

-¡Ah, perfecto, muy bien, Marianita!, ya era hora de que me hicieras caso y utilizaras tu cacumen para algo constructivo…-Exclama el maestro mientras me arrebata las cuartillas para leerlas y dar rápidamente su veredicto-…hmm, me parece que este es el mismo trabajo que presentaste hace poco, te reprobaría y te mandaría expulsar por este embuste, pero la verdad es que ya no hay tiempo para hacer cambio y si no presento ninguna ponencia a los directivos del Colegio, podrían descontarme una parte de la quincena.

-¿Y eso qué significa entonces?-Pregunto inocentemente.

-¡Que estás dentro, mocosa!, pero una cosa sí te voy a decir: estás en la cuerda floja, si lo creo conveniente, puedo mover todo para que te echen inmediatamente de aquí, pero si te portas bien, yo me portaré bien.

Mientras dice esto, se levanta de su asiento, se dirige hacia mí y pone sus manos sobre mis hombros, la escena me parece ridícula y grotesca y por un momento me recuerda esos comerciales televisivos en los que se conminaba a los niños a rechazar cualquier propuesta indecorosa diciéndole “no” al adulto que se acercara a ellos y después correr y contar el suceso a quien más confianza le tuvieran.

¡Qué fácil era decir “no” en esos comerciales!, todo era cuestión de apegarse al libreto, pero en la vida real, en mi caso, específicamente, por lo general no hay manera de aplicar ningún tipo de diplomacia, pues eso equivaldría a rechazar la oportunidad de quedarme en la escuela.

Los ojos del profesor se ven amenazantes, hay algo en ellos que no me gusta, nunca me ha gustado, aunque no alcanzo a distinguir qué es.

-Si maestro, como usted diga-Respondo, aún sin creer que me encuentro en esa situación.

-Bien, si quieres, puedes tomarte el día libre, y mañana vemos lo del concurso, preciosa-Comenta, meloso, el profesor Antonio.

-Hasta mañana, maestro.

Salgo de su oficina y se repite el mismo cuento, llamo a mi mamá, que se queda azorada por mi temprana salida de la escuela, llega por mí y esta vez no hace ninguna pregunta.

Llegamos a casa y sin decir media palabra, me retiro a mi cuarto, donde me subo a la cama y pienso en lo que ha pasado.

¿Qué quiso decir con eso de “preciosa”?…

Es realmente increible que ocurran estas cosas, por supuesto, no me queda más que seguirle el juego al maestro, cualquiera que sea, aunque no deja de incomodarme esa sensación de estar fichada y no poder acudir a nadie para platicar lo que me pasa, ya no digamos, para denunciarlo, llegado el momento, ni a los directivos, que me detestan, ni a mis profesores, que no me soportan, ni a mi mamá, que no tiene una idea de cómo es mi vida en la escuela, ni a mis amigas, que no tengo.

Después, por la mañana, entro a la escuela, cruzo los campos de basquetbol y, de improviso, siento que alguien me toma de la espalda y comienza a manosearme muy ligeramente por los costados, aunque sé desde el primer momento de quién se trata, se puede decir que por instinto volteo y preparo todas mis fuerzas para lanzarle un fenomenal sopapo al pícaro atrevido que ha osado tocarme.

Pero nada, tal y como mis presentimientos me lo indican, se trata del profesor Antonio, quien ahora me dedica una mirada más que feroz, como si quisiera devorarme y saborear mis carnes con solo sus ojos.

-Mañana, a las tres cincuenta de la madrugada, te quiero aquí puntualita, ¿me entendiste?

Y ahí estoy, en la madrugada, esperando a que llegue el profesor Antonio, congelándome a la puerta del camión, siento los mocos como estalactitas asomando por las fosas nasales, traigo las uñas moradas y mi mandíbula no deja de trastabillar; de repente lo veo venir, se le nota molesto y es que no es para menos, levantarse a estas horas no algo para un para un haragán como él.

Entro en el camión y noto en el fondo a mi amiga Laura, quien parece que participa con el otro orientador, me apresuro a sentarme a su lado, cuando el profesor Antonio me jala y me lleva al asiento de su lado.

-¡Tú te vas conmigo el resto del viaje!, ¿de acuerdo?-Me grita.

Asiento tímidamente con la cabeza, no tengo ganas de ponerme a discutir ni con él ni con nadie.
Entonces ahí voy yo, algo adormilada, junto a un cerdo gaznápiro de cien kilos, de los cuales, por lo menos cincuenta son de puro ego; creo que es terrible la forma en que se han ido dando las cosas, ahora que lo pienso mejor.

Entramos en la carretera cuando, de improviso, el profesor Antonio se queda dormido, y, al despuntar el alba, me duermo yo también.

Siempre tengo el mismo sueño, mi mamá y yo en una de aquellas terrazas como las que tienen esos jubilados ricos en Malibú, tomando el brunch al mediodía: unas lascas de salmón ahumado, un aderezo de salsa tártara, una baguette para preparar sandwiches, acompañándolo todo con una copa de vino blanco; las dos, vestidas con unas cómodas blusas de algodón y pantalones frescos para pasar los atardeceres calurosos, aunque nunca son realmente calurosos, simplemente son templados como el agua de la piscina que tenemos frente a nosotras, coronando el paisaje de un día con vistas luminosas y perfectas, como en las películas Technicolor de las que mi abuela hablaba con tanto ánimo desde que era joven.

Luego, un ligero cosquilleo en mi pecho me despierta y me encuentro conque el profesor ha colocado su mano bajo mi suéter y, más pronto que inmediatamente, me la quito, cuidándome de no proferir ninguna maldición entre dientes, me parece increible que esto esté sucediendo, aunque de cierta manera, me lo esperaba.

Luego de pasar La Rumorosa, entramos a Tecate, el profesor Antonio comienza a cabecear, ya está despertando, se coloca sus lentes, voltea a verme, se muestra perturbado y yo sólo alcanzo a decirle ¡Hola!

-¿Ya llegamos?-Pregunta vacilante.

-Casi, ya estamos en Tecate, en unos minutos más llegaremos a la escuela.

Mientas, el camión se adentra en al zona urbana, al momento de bajar el maestro me toma de la cintura, y no alcanzo a decir palabra, parece que finalmente me he adecuado al papel que desempeño en esta ocasión.

3

El alumnado se deja ir como estampida al interior de la escuela, yo por mi parte, entro acosada por las manos del profesor Antonio que recorren discretamente mi baja espalda, detrás de nosotros, está Elliot, un compañero con el que rara vez hablo pero que siguió atentamente nuestros movimientos en el camión y que, en su afán de llegar a tiempo al salón audiovisual avanza rápidamente, a pesar de su evidente sobrepeso, empujándonos al maestro y a mí, con lo que nos hace tambalear.

Como pudimos, recobramos el equilibrio y lo primero que veo al erguirme es al profesor Antonio histérico, que no tiene el menor empacho en gritarle agresivamente a Elliot.

-¡Ten cuidado, idiota, fíjate por dónde caminas!

Elliot pone los ojos como platos, no dice nada y se va.

-Profesor, no le grite así, no tuvo la culpa de nada-Abogo, para tratar de hacerle comprender que lo ocurrido es una nadería.

-¡Tú no me vas a decir lo que tengo que hacer!, ¡yo le grito a quien quiera, cuando quiera!, ¿me entendiste?, ¿o qué?, ¿por qué lo defiendes tanto, eh?-Me pregunta maliciosamente-¡Anda, camina!-Y vuelve a colocarme su mano en mis posaderas, contengo la respiración.

En el lobby del auditorio, nos registramos en la lista de participantes, y pasamos a sentarnos en nuestras butacas, es ahí donde se escucha una música suave, pero no tanto como los asientos, que son deliciosamente cómodos, aún y cuando sé que ahí está el profesor comienzo a sentir cierta somnolencia en la que permanezco hasta que oigo mi nombre completo por el altavoz, es hora de leer mi ponencia.

Subo al podio y la leo.

Al final, los jueces no están muy convencidos, el profesor Antonio lanza lumbre por los ojos y Elliot me nota preocupada; pasa el rato y se dan a conocer los primeros lugares en los que, como lo imagino, no estoy incluida.

Tras el evento participamos de una pequeña comida para romper el hielo, voy por un sandwich y tengo oportunidad de charlar un rato con Laura y Elliot, quien ofrece disculpas y se retira al sanitario; mientras, busco con la mirada al profesor Antonio y no lo veo, ahora sí estoy preocupada.

Al caer la noche, salimos del auditorio, Laura es tan amena cuando quiere que me ha hecho olvidar a todos los demás, hasta que, junto a una jardinera, me encuentro con los lentes de carey destrozados del profesor Antonio, voy a tomarlos cuando Elliot me chifla, el camión ha encendido el motor y antes de pensar nada, me subo y tomo mi asiento, sin la presencia del profesor puedo finalmente notar la belleza del paisaje nocturno de la zona rural desde la ventanilla.

Entonces, a pregunta expresa de la profesora Conchita, de Matemáticas, Elliot contesta:

-El profesor Antonio volverá a Mexicali, en el auto del Director General, podemos irnos-Dice, y me guiña un ojo mientras el autobús se pone en marcha.

Entonces, recargo mi cara en la ventana, mis ojos miran hacia un punto perdido en la nada y me pregunto: cuando se acabe el tiempo, ¿qué pasará con gente como el profesor Antonio, que no alcance a arrepentirse de sus errores?, creo que nada que podamos imaginar.

Epílogo

Realmente no sé si a alguien le interese lo que pudiera contar, mi mundo es tan pequeñito que podría platicártelo en un una sola carta, pero lo haría con gusto, en serio, valerme de otros para compartir lo que hay en mí, desde mi entorno diario hasta episodios de mi vida que creía olvidados, fue motivo de mucha reflexión y discusión conmigo misma, no quiero importunar a nadie con mis asuntos, que tal vez no interesen tanto como los de un estudiante exitoso, los de un atleta consumado o los de una rubia, pero son tan míos que siento que cada día que pasa es irrepetible pero al mismo tiempo permanente y constante en mi existencia, algunos le llaman rutina, para mí solo representa la vida que disfruto siempre, por ello quisiera dar una notita alegre a todo esto, ya que lo único que puedo hacer es comentar sobre lo que soy, quiero decir que me considero feliz, no sé si mi vida sea peculiar, como dicen algunos, o monótona, como aseguran otros, mientras averiguo, solo me queda pedirte que seas tan feliz como puedas y como gustes, yo por ejemplo, soy feliz cuando me encuentro algo bueno en la tele, cuando salgo con mi mamá a cualquier lado, cuando papá vuelve de viaje y me lleva a comer, cuando por la mañana despierto y veo a Kiki, un hermoso delfín de peluche con el que duermo, cuando me gusta una canción y mi mente no deja de repetirla durante días, cuando me como un cono de nieve de pistache que mamá me compró a escondidas en la tienda y con el que me sorprende cuando termino de comer todos esos asquerosos brócolis…en fin, hay muchas maneras de ser feliz, y yo comento esto porque creo que tengo algo más para platicar aparte de esta historia que no me parece ni bonita ni fea, sino una de tantas que pasan todos los días, sin que por ello debamos renunciar a nuestros sueños y momentos de alegría, ni mucho menos a las cosas que nos gustan, a mí me gusta escuchar el walkman a todo volumen, caminar con los pies descalzos, comer muchos dulces, dormir hasta muy tarde, leer algún libro interesante, salir a pasear y simplemente mirar todo lo que me encuentro, tratando de encontrar la razón por la que cada cosa está ahí precisamente y muchas cosas más, no me gusta usar ropa muy cara ni muy barata, me preocupo por limpiarme el ombligo y detrás de las orejas, también me fascinan los perfumes, aunque, bueno, no me dejan usarlos, pero me gusta el de Vanilla fields, y además me gustaría algún día viajar a alguna linda islita de Oceanía…como sea, esta es la clase de cosas a las que me refiero cuando digo que tengo mucho por decir, todos tenemos mucho por decir, hasta aquella persona que menos chiste tenga a primera vista y que nos podemos encontrar en las calles de cualquier ciudad, nos reserva una historia maravillosa que espera impaciente a ser contada, eso es un hecho, te lo aseguro, y yo, en lo personal, espero llegar a contar, en un futuro, una historia más alegre, más entretenida y más feliz, ¡espero poder hacerlo!

Con cariño,

Mariana Batiz

CHOCOLATITOS

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Mario

Desde que a mi pequeña Lili le vino ese ataque de agorafobia que la sumió en el fondo de su habitación sin permitirle asomarse siquiera a la polvosa ventana de la sala, las cosas se han simplificado muchísimo; ella se ha dejado de preocupar por estupideces como salir a dar un paseo, ir a la escuela, hablar con gente y todo eso, sencillamente no quiere ver a nadie que no sea su lindo hermanito, y en cuanto a mí, nada más fácil que trabajar aquí, desde mi NT Workstation, se trata de una oportunidad que no puedo desaprovechar; he de decir que en varias ocasiones se me ha presentado la coincidencia de estar trabajando con fractales cuando Lili me llama porque se le ha antojado un sandwich de mermelada de durazno y crema de cacahuate, y siempre que intento organizar mis ficheros de álgebra booleana, mi niña tiene la ocurrencia de preferir bollitos de canela en vez de los horrorosos huevos cocidos o el tocino frito que a veces preparo intentando economizar tiempo y esfuerzo.

No la culpo, ella es la reina de esta casa; bueno, es mi princesa, la palabra tiene connotaciones tiernas y me gusta casi tanto como mi hermanita en su mameluco tumbada sobre la cama mientras devora su tercer platito de nieve de vainilla con chocolate fundido antes de dormir; la arropo, la acurruco apretándola contra mi pecho y dejo que se acomode gozosamente entre el calor de mi cuerpo y el de los cobertores y le recuerdo una vez más que no hay absolutamente nada allá afuera, cruzando la puerta de la sala, que ella no ha visto abrirse ni cerrarse desde hace ya bastante tiempo. En su cerebrito, nuestra casa gira y gira en el vacío, siendo el único punto del universo desierto donde se genera energía, la energía de nuestro amor, como la del Principito para con su rosa, Lili siempre me recuerda esa historia cuando hablamos de nosotros, es su libro favorito, lo ha leído algo así como dos docenas de veces mientras se despacha una bolsa de chocolatitos Hershey’s Fun Size que le alcanza para terminar con las aventuras del pequeño príncipe para seguir después con alguno de sus viejos cómics de La Pequeña Lulú, que nunca concluye, pues para entonces Morfeo la acaricia suavemente y se queda dormidita, a mi amorosa disposición.

Ahora le preparo su Nesquik con todo el amor del mundo, como siempre, mi nena goza de un sueño pesado y suele dormirse profundamente mientras el chocolate con leche fermenta en su pancita; ya es tarde y en unos momentos correré a arrullarla y darle su biberón, sí, ya sé que a su edad es ridículo seguirle dando mamila, a ella, que en tan sólo un par de años estará a punto de convertirse en toda una adolescente, sin embargo, yo le consiento eso y más, muchísimo más, porque si no, ¿para qué es el amor?, ¿para qué la abnegación de un hermano mayor con un frágil corazón que amenaza con explotar de amor con cada balbuceo y cariñito que su bebé le hace?

Primero vierto la leche (deslactosada, fina, Parmalat, faltaría más…) en el tazón con motivos de Bugs Bunny que tanto le gusta a mi bebita y la pruebo, la cato sumergiendo media cara en ella y enloqueciendo de ternura cuando visualizo a Lili entre su olor y textura fresca e inmaculada, intento asimilarla abriendo la boca y recorriendo con mi lengua la superficie, abriendo surcos de amor en el líquido prístino y creando pequeñas olas de devoción que chocan contra los bordes del tazoncito.
Y mi Lili está allí, salta de mi mente al cucharón rebosante de chocolate en polvo que saco con sumo cuidado del envase mientras tarareo Twinkle little star para luego metérmelo a la boca y retenerlo ahí unos momentos, disfrutando los espasmos de alegría y fraternal satisfacción con que mi cerebro en revolución asimila las imágenes de mi chiquita deleitándose con su chocolate con leche o chapoteando feliz bajo la ducha. Mi instinto de protección se ha aguzado últimamente, ahora pongo atención a todas las señales del camino, a cada persona, objeto o animalito, a la naturaleza entera, que es totalmente resignificada por mi Lili oliendo una bella florecita, mi Lili cantando, comiéndose una naranjita, admirando el atardecer que juguetea con las sombras de nuestras persianas, diciendo mi nombre, o simplemente quejándose del clima artificial que no está lo suficientemente confortable; incluso me he vuelto irremediablemente sensible en extremo; alguna vez pateé a un gatito, no consigo recordar por qué, ahora preferiría romperme la nariz contra la pared antes de lastimarlo, pues se lo llevaría corriendo a mi beba (a mi Lili, mi Lili preciosa, me mataría antes de hacerle el menor daño) aunque, en realidad, ya no veo muchos gatitos, mejor dicho, no he visto ya a ninguno, ni tampoco he podido concentrarme en otra cosas que se encuentran más allá de mi diaria rutina y que, en mi opinión, ya no conservan magia alguna, como si Lili hubiera (que lo ha hecho) absorbido toda la belleza y el encanto que adornaban a este mundo; aunque ella también es una linda estrellita que brilla con luz propia, alumbrando mi alma con el solecito refulgente y candoroso que lleva en su interior.

Me inclino para que mis labios toquen ligeramente la superficie de la leche y voy descargando poco a poco el polvito permitiendo que se integre con lentitud hasta el fondo Del recipiente hasta diluirlo con mis dedos, agitando con rapidez hasta que obtengo un líquido de apetitosa tonalidad café, rompo con mi lengua algunas de las burbujitas resultantes en plan juguetón y vacío el contenido del tazón en la mamila de mi preciosa, que justo en este instante dormita ladeada sobre su Snoopy de peluche y con seguridad empieza a impacientarse porque aún no llego a abrazarla y darle su cenita.

Disculpen mi abuso del diminutivo, no puedo evitarlo, me gustaría tanto que ustedes pudieran hacerse una idea de lo que siento, de las cosas tan bonitas que he vivido junto a mi terroncito de azúcar en este tiempo, quizá si en sus corazones anidara fugazmente el gozo que compartimos Lili y yo cuando jugamos a la casita bajo las cobijas, cuando la baño y la visto, cuando vemos las caricaturas o tan sólo cuando me entra esa sabrosa desesperación que ya conozco tan bien y que me obliga a correr hacia ella y llenarla de besitos mientras se muere de risa, serían capaces de perdonarme este sacarinoso recuento de nimiedades que ahora les platico para entretenerme en algo mientras preparo la cena de mi amor; he pensado que también debería comer algo más, no creo que la lechita sea suficiente para mi bebé, así que le serviré una empanadita de manzana Mrs. Reed’s, que me trae siempre a la mente la ocasión en que Lili despanzurró un panecito similar y se puso a jugar, divertidísima, con el relleno, ¡deberían haberla visto!, tengo una foto preciosa que logré tomarle justo cuando se untaba la mermelada en su carita, fue fantástico, aunque ahora sí me gustaría que se la comiera toda, pues no puedo permitir que en ningún momento su barriguita se ponga a rugir de hambre. Lo único en lo que puedo pensar es en ella, en su sonrisa, que se me ofrece limpia, feliz, en el preciso momento en que el resto de las cosas, (la gente, el mundo) pierde todo su valor.

Saco la empanada de su envoltorio, en la forma de su cubierta de glaseado alcanzo a descifrar las manitas de mi bomboncito; extendidas como cuando me pide un apapacho, de la misma manera noto que el bizcocho tiene la forma que Lili toma al quedarse dormida, hecha un ovillo sobrecogedoramente delicado y conmovedor, como los buenos sueños que nos hacen levantarnos felices y reconciliados con la vida, de inmediato me llevo el pan a la boca, besándolo tiernamente al tiempo que saco la lengua para humedecerlo completamente con mi saliva arrobada por la belleza suprema que suele encontrarse en los seres mas pequeños y débiles. No me explico qué buena acción pude haber hecho en esta vida o en otra para merecer una sola de las sonrisas que mi hermanita me dedica cada mañana cuando se despierta segura, protegida, prisionera entre mis brazos; yo estoy permanentemente en deuda con mi cielito, los programadores y, en general, las personas que trabajamos con computadoras tenemos fama de ser solitarias, pero Lili nunca me ha hecho sentir solo, jamás, cuando despierta, sus risas me hacen regresar a este mundo con la mayor alegría y, cuando me quedo en la PC hasta tarde, me entero de que ha despertado al escuchar su llanto y sus lamentos porque no estoy con ella.

Ese es tan solo un fragmento de nuestra vida diaria, me encantaría contarles de cómo las horas se nos van como agua siempre que nos ponemos a jugar con sus peluchitos (que están desplegados por decenas por toda su habitación) e inventamos mil historias con esos desenlaces felices que a mi nena le gustan tanto como los disquitos de cuarenta y cinco revoluciones que pone en su tocadiscos Fisher-Price y que escuchamos abrazados, tirados sobre la alfombra del cuarto. Siento que de un momento a otro voy a escuchar ese gritito con el que me llama desesperadamente cada vez que deja de detectar mis movimientos y no es capaz de deducir mi ubicación, así que acomodo la empanada y el biberón en una charolita con estampados del Pato Donald, desprendo una tachuela de la pizarra de corcho que está junto a la estufa y con firmeza me hago una incisión en mi pulgar izquierdo, abro la teterita de mi cielo y dejo caer varias gotas de sangre en el chocolate, vuelvo a colocar el tapón y agito el frasco con todas mis fuerzas para dejarlo de nuevo sobre la bandeja, la felicidad que invade cada palmo de mi cuerpo en estos momentos es absoluta, créanme. Estoy consciente de que algún día moriré, todos nos vamos a morir, para eso nacimos, ¿no?, pero entonces, ¿qué pasaría con Lili?, se quedaría solita en este mundo, en esta casa, sin nadie capaz de comprenderla y a merced de los zoquetes que tenemos por familia o de esos amargosos trabajadores sociales que pretenden encausar las vidas de los demás sin antes haber arreglado las suyas propias, es por ello que he pasado tantas noches en duermevela con mi solecito roncando sobre mi pecho, pensando en lo conveniente que seria que, llegado el momento (y es un hecho que me llegará primero a mí) nos fuéramos juntitos, dormidos para siempre en un cálido arrumaco, tal y como el amanecer nos encuentra siempre que intentamos pasar la madrugada entera viendo películas; creo que sería lo mejor, con todo, ceder a esta fantasía que me parece una manifestación rotunda de mi egoísmo: Lili tiene que hacer su vida, aunque yo me empeñe en mostrarle que en realidad no existe nada más allá de mí mismo y de las paredes de esta casa, cubiertas casi en su totalidad de posters y chacharitas gráficas recortadas de periódicos y revistas que a Lili le parecen simplemente adorables, cada pared y cada insólito recoveco en la sala, el baño, la cocina, el sótano, la covacha y, desde luego, las habitaciones, están tapizados de imágenes graciosas y agradables que ella misma ha seleccionado para colocar en cada lugar según su humor y las expectativas que tiene acerca de la satisfacción que un bonito sol dibujado descuidadamente al centro de un anuncio de leche en polvo podría generarle al lado de la benévola fotografía de un tarro de miel en forma de osito, todo pegado bajo el dintel de la puerta del baño y de frente a la entrada de su cuarto. Podría citar cientos de ejemplos como este, pero solo diré que, en mi humilde opinión, Lili debería dedicarse al diseño de interiores cuando sea grande, y es que algo de talento debe haber en el hecho de que ciertos tonos rojizos y amarillos dominen la sala en tanto que dulces chispazos azulados hagan más agradable el camino del pasillo a su habitación, como resultado de la simple mezcla aleatoria de recortes que a mi Lili le gustan y forman, en su conjunto, un mosaico de bellas paletas de color uniforme y que por sí solas pueden tener distintos efectos en el estado de ánimo de quien las mire.

-No quiero salir…

Así fue como empezó todo; ha pasado ya tiempo y mi bebé sigue donde mismo, en su cama, apretujada entre una docena de almohadas y abrazada de su peluche; así es como la encuentro ahora, sus cachetitos sonrojados y la sonrisa radiante, cuando acomodo la charola en el buró y hago maniobras con los dos inmensos cobertores San Marcos que nos protegen cada noche del gélido aliento del mundo cruel y conservan el calor de nuestros corazones henchidos.

-¿Va a haber abrazo?

Lili me extiende sus bracitos mientras se acerca a mí con una prisa gozosa, yo no tengo más opción que apretarla con toda la fuerza de mi pasión filial.

-Beso…

Y entonces coloco mi cabeza frente a la suya y le lleno la carita de besos recién salidos del rincón más candoroso de mi corazón, de mordisquitos felices impulsados por el inocente embriagamiento de mi sangre contaminada, sí, pero pletórica en cada glóbulo de un amor infinito, inalcanzable, arrasador y poderoso como el que no es conocido por nadie y ya no se podrá conocer jamás en este mundo, en esta vida. Lili y yo somos un lazo cósmico.

-Toma, nena-le acerco su mamila y, al mirar a Lili beber de ella siento un repentino vértigo que se adueña de mi pecho y de mi boca de la que apenas alcanzan a salir dos palabras ahogadas:-Te amo.

Un lugar común: si nos dieran un centavo por cada cariño, cada arrumaco y cada palabra de amor, viviríamos como hacendados terratenientes del siglo XVIII, desayunaríamos finas lascas de pechuga de emú al triple burro, merendaríamos exquisito caviar beluga recién traído de Vermont apurando el refresco de Noni en nuestras copas de cristal de Bohemia, estrenaríamos televisión con DVD integrado cada vez que ésta presentara la más leve línea de estática e incluso en este momento estaríamos dándonos besitos en nuestra Suite Imperial en el Hotel Maxim’s de la 28 Rue de Censier 5ª., Paris, Francia (Tel.- 00-33-33-1-331-16-15, nueve mil dólares la noche), comiendo rollitos de besugo y picando bizcochitos suizos de postre.
Pero el amor es limpio, libre, gratuito e inacabable, ¿cómo no hervir de dicha cuando mi bebé se acomoda en mi regazo y me mira como el sacerdote shinto que, al oficiar, mira a su espejo con la plena seguridad de que ahí se concentra toda la divinidad?, ¿cómo no desear autoinmolarse (yo, miserable y mundano pecador) ante la visión purísima y sacralísima de la niña que pacífica y deliciosamente acomoda la chupeta de la mamila en su boquita?.

-Me quieres mucho, ¿verdad?

-Sí bebita, más que a mi vida.

-Hmm…¿qué tanto?

Coloco con firmeza mi dedo índice izquierdo sobre su pechito y, deslizándolo lentamente, poco menos de un centímetro, le digo:

-De aquí hasta aquí.

-Oh…¡qué poquito!-Mi beba aparta su mamila y hace un puchero, como no le contesto nada más, sus ojitos empiezan a brillar.

-De aquí hasta aquí, nena, sí, ¡pero cruzando todo el universo!

Lili, mi Lili, lanza un pequeño chillido, un alboroto emocionado, y me abraza otra vez, ahora presionando mucho más mi cuello, asfixiándome, pero yo no me quejo, no soy nadie para decirle una sola palabra en tono imperativo, eso sería una ingratitud imperdonable hacia mi nenita, con esto quiero decir que jamás me he atrevido a ponerle límites con respecto a cualquier cosa, una niña buena, un angelito que se ha caído de su particular nubecita, no necesita reglas ni castigos ni amenazas, pues no conoce las formas del mal ni las posibilidades del odio. Cuando mi nena se tranquiliza, me pregunta:

-¿Mañana va a venir el señor bonito?

-Sí, pequeña.

El repartidor de agua; hombre de poco más de sesenta años, canoso por completo, jovial y de modos jocundos, alegre y robusto, la única persona del mundo exterior que es aceptada en esta casa, porque mi niña encuentra sencillamente irresistible que la cargue y le diga cariños y mimos con ese lenguaje arcaico y encantador de los señores mayores.

-Pero para que lo veas mañana tempranito, debes dormir, amor, ¿qué tal si nos acomodamos así, a gusto y nos dormimos abrazaditos?

-¡Sí!, ¡así me gusta!-Lili apura su biberón, eructa satisfecha y con una discreta delicadeza que apenas me permite percibir la reverberación en su gargantita, arroja la tetera sobre el buró (vacía, sin una gota de chocolate, Lili y yo, yo y Lili, uno sólo, solo un lazo, de aquí hasta el final de nuestros días), se vuelve hacia mí, parece que esta noche ha desairado la empanadita de manzana y a mí ni se me ocurre sugerirle que le dé tan siquiera una probadita, y me abraza, hundiendo su cabecita en el cuenco acogedor que forman mis brazos entrelazados, sujetándola amorosamente.

-Te amo, bebé…

-Te amo, hermanito-

Apago la lamparita, nos damos más besitos y todavía mas cariñitos y juntos entramos a esa zona límbica que precede al sueño armonioso y profundo mientras allá afuera, en la calle, un malviviente malnacido le revienta la cabeza contra el pavimento a un señor bonito para robarle un billete de veinte pesos.

AL COBIJO DEL CREPUSCULO

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Mario

Durante una tarde caliente, producto de los inmisericordes rayos de un sol canicular, un barco soviético del cual me tomaré la libertad de omitir el nombre, se hunde en el Océano Índico.

Es el año de 1950, en el mes de agosto; el barco, quizás por una falla mecánica, se hunde entre las aguas. Los más de 300 pasajeros que iban a bordo, mueren ahogados.

Horas más tarde, un náufrago, solo uno, abandona la nave en una lanchita de emergencia. Comienza así el paseo de este hombre por el océano. Solo. Con apenas unas cuantas raciones de comida y una pistola de luces de bengala con una sola carga.

DÍA 1

Con tan sólo seis raciones de comida, el náufrago pasa la tarde acostado en la lancha, entre dormido y despierto.

DÍA 3

Come su primer bocado, bromea sobre su deseo de fumar pegando los dedos índice y medio de su mano izquierda sobre sus labios, una y otra vez, durante varios minutos. Comienza a marcar los días transcurridos en la cubierta de la lancha; ya son tres palitos, tres días en la más absoluta soledad.

DÍA 6

Con la desesperación carcomiéndole las entrañas, en una situación como esta, cualquier persona se encontraría en la desazón total, en el límite mismo de la locura, mas no este hombre. Sus constantes miradas hacia el firmamento diáfano de esta tarde son desconcertantes, inquietantes, ¿qué estará viendo?, ¿por qué siempre mira fijamente al sol?, ¿qué busca encontrar en el cielo?. Son cuestiones que no se pueden contestar, tan solo deducir con una mentalidad teocéntrica, infiriendo que nuestro náufrago, con gesto de tranquilidad, reza y pide a la providencia que lo lleve por fin a tierra para terminar con el suplicio de estar a la deriva en un extensísimo y desesperante mar.

DÍA 10

Este infortunado tiene un contenedor de agua. Probablemente estando vacío o por guardar agua lo suficientemente contaminada para ser imbebible, lo arroja por la cubierta, dirige su vista hacia su comida. Ya no tiene agua.

DÍA 22

El hombre come su penúltima ración de alimento, ahora sólo queda una pequeña bolsita que seguramente no le alcanzará para satisfacer su apetito por un día más. Pero no está preocupado.

DÍA 40

Resulta increíble que un ser humano pueda pasar sin comer dieciocho días sin que ello logre minar sus bríos; pero esta es la situación de este individuo. Aunque aún le quedan viandas para un día, hace ya rato que no las toca. ¿Qué fuerzas misteriosas lo mantienen aún con vida, animoso y tranquilo?. ¿Qué es lo que sigue esperando ver en el cielo?. ¿Qué le inspira a guardar durante tanto tiempo una actitud meditabunda?.

DÍA 42

El náufrago sigue donde mismo, no se ha movido un centímetro de su posición. De repente, se alcanza a ver en el horizonte un barco que podría ser su salvación.

Aún cuenta con la pistola de bengalas; disparándola en dirección al barco, éste podría dirigirse hacia la lanchita y rescatarlo.

Pero no, el hombre, todavía con mucha fuerza y sin ningún viso de cansancio o descuido en su rostro fino y limpio, toma la pistola y dispara lejos, muy lejos de la nave. Ahora ya no tiene salvación ni esperanzas de rescate.

Hacia el crepúsculo, y de la manera más inesperada, se distingue una luz en el cielo, encandilante y poderosa que no proviene del sol, pues este se encuentra en el punto contrario del horizonte.

El náufrago brinca eufórico, desdobla una lona que protegía la lancha a bordo del barco, y la coloca sobre la cubierta, como queriendo mostrar algo escrito en ella. Acto seguido, se lanza al mar y desaparece en el horizonte.

Días después, la lancha apareció en las costas de la isla de Madagascar, dentro de ella, un pequeño cinematógrafo portátil de cuya cinta se extrajo el presente relato, y la pequeña lona; en la cual se puede leer un mensaje con la tinta corrida:

“Todo aquel que lo ha visto no puede volver, es el…”

Lo demás, se borró para siempre.

ACRILICO

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Mario

Cuando se nubla me parece ver más claramente el estado de la construcción, los señores de la compañía que renta la maquinaria se orinan en las bugambilias de mis vecinos, los jubilados apestosos que coleccionan pajaritos que pasan el día admirando sus alitas en la comodidad de sus jaulas reforzadas; esa imagen me es suficiente para acomodarme la almohada al otro lado de mi cama y conciliar el sueño por tres horas más. Sin embargo, al despertar, el sol ya ha salido y se puede apreciar el olor del mediodía. Hay algo en el ambiente que no se anima a concluir su proceso de putrefacción, el sofoco preponderante en la indecisión del clima vuelve a arrojar luz sobre las cosas viejas que no terminan de morir y las revelaciones nuevas que no acaban de nacer. Considero varias posibilidades para fundamentar el desorden reinante en la energía:

1.- El señor Torres, uno de los vecinos cuyas casas colindan con la construcción, se levanta todas las mañanas a las cinco de la madrugada para comprar una dona y un vaso de café en el Minimercado y luego se dirige al escaparate de Auel’s y charlar con un maniquí especialmente comprensivo que siempre está disponible para consolar su insatisfacción; todo el mundo desea cosas, empieza a codiciar en el momento más feliz y menos propicio; la dicha genera esa cálida sensación de que puede terminar en cualquier momento y es preciso mover cielo y asfalto para extender su duración al extremo, y este maniquí femenino cuenta con dos vástagos atléticos en quienes se materializa la ambición del señor Torres de ejercer alguna autoridad paternal: guiños inquisidores, preguntas capciosas, quizás alguna recomendación para no mostrarse tímidos ante la tiesa actitud de las chicas del escaparate del departamento de ropa interior para dama y antes de que suenen las ocho ya está de regreso en su casa, listo para dormir otra media hora.

2.- A la señorita Solís no le sentó nada bien el matrimonio, su dote consistente en los diez mil pesos que quedaron del premio gordo que su padre se ganó cuando era pequeña se diluyeron entre los sedimentos de varias botellas de cognac Napoleón y los bordes olorosos de todos los vasos de ron Antillano añejo: su maridín ronca ahora el que bien podría ser su último sueño y ella sale al punto de las siete de la mañana a comprar Lotería Instantánea al Microfeed y antes de que transcurran quince minutos los boletos raspados y frenéticamente rotos y doblados descansan en el bote de basura del baño mientras la pareja respira acompasadamente en la cama.

3.- Don Lorenzo no se ha podido recuperar del sopor con que le ha obsequiado cierta novela cuyas más de ochocientas páginas intentan abordar todos los géneros narrativos en un sólo día, algunos taladros y martillazos a las cinco y media de la mañana lo distraen, se levanta y al asomarse a la ventana observa los bloques de concreto levantar una nube de polvo grande, envolvente, y cuando abre el cancel y apunta su Smith & Wesson a la cabeza de uno de los albañiles cree sentir la inspiración suficiente para desentrañar de varios plumazos los misterios de las Obras Maestras e inmediatamente después vuelve a cerrar la escotilla de una cápsula de súbito silencio y se sube a la cama a saborear el enredo absurdo, exigente, de la Gran Literatura.

4.- El joven Eugenio ha pasado toda la noche diseñando una bonita burbuja de acrílico para su flamingo artificial, ha leído en GQ una estúpida estadística que afirma que en Estados Unidos hay más flamingos de plástico que de verdad y ha procedido a hacerse del suyo. Su cuarto está más completo y feliz con esta nueva compañía para sus rinocerontes, hipopótamos, cebras, jirafas, dodos, pelícanos, monos, camellos, mariposas, pingüinos, osos, ballenas, chimpancés, lámparas de halógeno, botellas de Coca-Cola de todo el mundo, figuras de acción de Lara Croft, Margaret Thatcher, Audrey Hepburn, Diana la Cazadora, Dora la Exploradora, Hillary Clinton, Linda Lovelace, Condoleeza Rice, Karen Carpenter, Patty Hearst, Christina Aguilera, Monica Lewinsky (esa perra…), Camilla Parker-Bowles, Morticia Adams, Dolores O’ Riordan, Geri Halliwell y Barbara Bush, una modesta colección de teléfonos de disco y relojes cucú de imitación, hamburguesas y rollos de sushi falsos, patitos para bañera, alcancías con forma de nave espacial, reproducciones a escala de la familia Osbourne, una réplica del Oscar de Haing S. Ngor, una vitrina con figuritas de novios de pastel de bodas, algunas enormes estructuras informes de Lego, un par de esas bolas número ocho que adivinan el futuro, una docena de frisbees y varios cartuchos del Sega Master System. El plástico retiene el olor y el calor como una alegoría de la vida dentro de la habitación, resguarda la humedad de los enigmas que se han perdido en el asiento trasero del auto familiar, era le época en que muchos jóvenes como yo, porque Eugenio aún era muy pequeño, se imaginaban que habrían de suicidarse una vez terminada la preparatoria para así nunca asemejarse a esos despreciables adultos de metabolismo retardado, sin ser conscientes nunca de que el futuro más incómodo podría alcanzarlos de un momento a otro (entre los quince metros que separan a mi habitación del piso o en el ínfimo, eterno, espacio entre una potente roca y la desprevenida nuca); muchas cosas de antaño eran mejores que otras tantas cosas de su época anterior que en su momento fue superior a la que le antecedió que en algún punto y sólo en unos pocos aspectos sería idéntica a la que estamos viviendo, como en una aburrida maldición cíclica.

5.- La casa que fue derrumbada para iniciar los trabajos del restaurante de comida brasileña enclavado en el corazón del fraccionamiento pertenecía a un anciano que se despierta sobresaltado a las ocho y diez en su cuarto del asilo justo cuando su viejo perro pasea alrededor de la retroexcavadora.

En mi buró hay un frasco con suficiente morfina para matar a una pareja de caballos hermosos. Si tan sólo pudiera tomarlo, si acaso lograra abrirlo se detonarían en mí demasiados recuerdos como para dejarle lugar a la nostalgia. El nuevo edificio, con todo y sus sugerentes palapas, no estará terminado hasta el año próximo y la junta vecinal ya se encuentra preparando una queja enérgica al Ayuntamiento. Mi cama es una prisión casi tan celosa como aquella cuna en la que cada noche me paraba y agitaba mis bracitos arengando a todos los engendros del Heroico Sindicato de Demonios Domesticados que cada noche se reunía en asamblea plenaria a mi alrededor; ya desde entonces lograba quedarme paralizado por horas y fingir que dormía; por desgracia, en la actualidad el sol ha perdido su capacidad de romper el hechizo con sus primeros rayos y yo debo permanecer en la misma posición y si los vecinos supieran que he aprendido a descifrar sus vidas a partir de la intensidad y condición de sus pisadas tal vez me harían la caridad de venir en turba a por mí y llevarme a otros aposentos muy distintos, donde la profunda definición de la luz o, en su caso, de la oscuridad, me permita volar, nadar en el espacio perfecto, en la densidad milimétrica de mi fantasía. Lo estoy imaginando, sólo la fantasía sobrevive y los ladrillos vuelan y se rompen sobre el carrito rojo de gravilla y herramientas.

Cuando todos se resignaron a que yo conservaba intacto mi sentido de la realidad, aceptaron cerrar la puerta y dejarme a solas con mi cerebro, durante algún tiempo me traían álbumes con recortes de periódicos a todas luces manipulados, eran claras las manchas de impresión de los encabezados espurios y la pésima ortografía de los artículos caseros que con optimismo me habían preparado y que jamás me convencieron de nada. La energía es fuerte y atrayente y la velocidad es el placer de los imbéciles, pies sucios aprietan el acelerador hasta el fondo y todos cooperan para crearme esta realidad alterna, las buenas noticias se matizan con mi observación fatalista y recuerdo muy bien aquella nota en rojo: “Muere nenita atropellada”. El salvaje que conducía la camioneta blindada de la compañía de transporte de valores se había doblado de asco esa mañana al contemplar una patita de cucaracha flotando en su plato de pozole recalentado y, más tarde el tráfico era insoportable, mucho calor es peligroso para los niños pequeños, la chiquilla no habría sido tan temeraria ni traviesa, simplemente creería haber visto al otro lado de la calle a un gatito muy parecido al suyo, pero mas gordito y abrazable; ciertamente, todo es eventual, lo puedo ver tan claro como el fulgor de estas hojas blancas o el sabroso brillo de las envolturas de los pastelillos con crema.

Alguien más ha muerto, lo sé por la manera en que el cielo se ha despejado, la puerta lleva días sin abrirse y la producción de esa extraña mezcla de jugo de naranja y leche se ha reducido seguramente a causa de tanta luz que anuncia la venida de una era de convención y contrición, se antoja difícil aceptar algo diferente, yo lo noto porque llevo mucho tiempo aquí, pero la mayoría de la gente no lo percibe conscientemente y por eso continúa a la búsqueda de un sentido para sus vidas que les haga mas llevaderas las horas de trabajo.

En la casa al final de la calle, el joven padre desiste de corregir ejemplarmente con el cinto a su hijo rebelde y lo toma en volandas para estrellarlo contra la pared. Es hora de alcanzar la iluminación.

December 29, 2005

Juan Ramón Agúndez Vargas (monchie)

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Nació el 10 de marzo de 1981, en Mexicali, Baja California, México.
Desde pequeño mostró una atracción hacia las historias absurdas, a la edad de 8 años escribió su primer cuento titulado “El camello y el ovni” fascinando a sus maestros y compañeros, en ese relato se alcanzaba a vislumbrar su primer obsesión en la vida: la muerte, aunque de una manera ingenua e inconcebible.

Fue un lector ávido, pero tenia otras fascinaciones: los videojuegos y la Tv. , Creció en habitaciones pequeñas y en leve aislamiento, tuvo incursiones en otros ámbitos artísticos como la pintura y la música, así como el manejo de marionetas y hasta fungió como mimo un tiempo, también lo sedujo la comedia, sus amigos dicen que tiene cierto sentido del humor atrofiado e iluso, de una manera genial y apasionante. Aunque su carácter parezca a simple vista apacible y sombrío, finge estar siempre actuando como un personaje virtual que sólo observa.

Su adolescencia fue triste, llena de pesimismo, adoraba las comedias, porque ahí se encontraba todo lo que no podía existir en la vida real, igual que los melodramas o las animaciones, llenos de una compleja conjunción de simbolismos e ideas sobre estilos de vida ajenos a nosotros.

Apartado de toda tendencia actual, aborrece la literatura fronteriza, y en general cualquier tipo de segregación; suele jugar a menudo con cosas sencillas que perturban a la gente común, como la religión o la sexualidad, haciendo un collage de medios para lograrlo, con un discurso, cuento, manera de vestir o con una simple frase en la camiseta; a veces ni siquiera lo hace para demostrar algo, sino por pura diversión, como un niño que juega con la mente de los adultos para que le compren lo que quiera.

En la época actual, bendecido por la poesía y el cuento; busca unir la musicalidad teatral del absurdo con la ingenuidad y plasticidad de la comedia dramática, él junto a su amigo Mario Bogarín, han formado un Taller Underground de Cuento Experimental, y un movimiento bautizado como “Los Britneyks”, plagado de alusiones pop y un sentido actual de la tragedia; así mismo ha logrado crear su propio genero literario dentro de este grupo, llamado “Marmalade Poetry”, concebido por él como: “Un universo genocida de sangre como jalea que nos asfixia con la tensión de un niño con una crisis de asma y la imposibilidad de procesar la lactosa”.

Ha sido publicado en diversas revistas y ha ganado premios universitarios, actualmente es Lic. en Cs. de la Comunicación y se dedica de cuerpo y alma a la literatura que es una buena alternativa al suicidio.

Marmalade Poetry

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Manifiesto incompleto

1. Lo más importante sobre todas las cosas es el titulo, más aún que el contenido.

2. Todo es mentira, a veces ni eso es realmente seguro.

3. Bello e ingenuo, sin limitantes, maximalista.

4. Las cosas estúpidas son las más intelectuales, un intelectual también es un idiota.

5. Escribir para sanar a la gente.

6. Se puede escribir sobre cualquier cosa, por cualquier medio, en cualquier forma y sin compromiso con nadie.

7. Utilizar el mayor numero clichés posibles y las cosas más vulgares para convertirlas en poesía.

8. Literatura en infinidad de niveles.

9. Los genios y los charlatanes tienen el mismo valor o carencia de él.

10. Todo es absolutamente honesto, bello y único.

11. Desprovisto de la seriedad pretenciosa de los intelectuales, cargado de colores, inmensamente triste sin esperanza, profundo y decadente.

12. Revolver el cerebro, dejar una sensación latente imposible de racionalizar, algo gracioso y horrible en una misma frase.

13. Dejar caducar las situaciones, fragmentar escenarios y mezclar personajes improbables.

14. Terminar cuando se quiera, aun sin un desenlace.

15. No es necesario tener un argumento.

16. Hacer las cosas cada vez menos creíbles.

17. Desconcertar siempre y cada que se tenga oportunidad.
18. Buscar el juego de palabras de manera natural.

19. Lenguaje científico como adorno.

20. Cambiar siempre, de manera constante y abrupta.

Incompleto…

Yuki monogatari

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Monchie

-Sólo estamos en ventanas opuestas a la muerte-

Yuki tenía los ojos siempre observando hacía las estrellas, aún en mi cuarto ella continuaba con la mirada en el cielo. Decidí hacer un hoyo en el techo, para que Yuki contemplara el universo en toda ocasión.
Yuki era tan feliz, con su pequeñita boca y sus ojos circundantes, sus orejitas anchas y su estomago en el suelo…

Yuki tenía las pupilas tan grandes por la mañana; perseguía a la luna diurna y se tomaba todas mis pastillas, hasta que, agotada se tiraba boca-abajo y vomitaba mi alfombra de cristal cortado.

Yuki tenía la piel muy blanca y suave, a menudo se le podía confundir con un barquillo de helado o una patata pálida…

*El lago es brumoso, y en los confines del sueño profundo se arrastra la espuma negra, como queriendo arrancar las entrañas de un infante… y ese infante yace en nuestros ojos.

1961,Okushiri. De la boca de Yuki jamás surgió una palabra, sus dedos estaban tan hinchados de tanto golpear las piedras; por el pequeño bosque salíamos a recolectar bambú, y Yuki sonreía serenamente.

La nieve caía de día y Yuki separaba sus labios donde apenas cabía un pequeño bocado; era tan encantadora con su sombrerito de paja y su collar de almendras… Se tiraba en mi estomago y volteaba su rostro hacía mi, me observaba; ponía sus ojos en mí por horas, y yo no podía apartar los míos de ella.

Yume. Cuando Yuki era más joven solía correr por todos lados, cortando soles y remendando lunas, no quería regresar a casa…

Cuando murió su lengua por ingerir salmonella ella lloro días enteros, hasta que la cera formo pequeños lagos en la ciudad…

Yuki tenía un diminuto piano llamado Yume, tocaba todas las tardes a la orilla de una roca, sus dedos humeantes se elevaban entre las notas grises y a través de sus labios rotos… Por las noches, también, desde su balcón; Yuki soñaba en el secreto distante, en como escapar más lento cada vez…

*Todo objeto poseía alma, pero Yuki ya no deseaba un cuerpo; sólo buscaba una aguja y un hilo envenenado… No había una razón para justificar su angustiosa mirada, pero desde el desván, Yuki saboreaba las enormes nubes, que reflejaban luz en una noche sombría…

^Líneas blancas, largas latitudes^

Yuki me provocaba tantas sonrisas y me hacia bailar, lento-rápido… tocaba el piano y sonreía, nunca perdía la esperanza de sus ojos-espirales. Jamás perdió la calma de sus dedos-tintineantes.
Haru. No olvides las palabras que emergen en la juventud, el tiempo de ningún modo las regresara.

Haru, un oso panda de peluche, acompañaba a Yuki, y desde su cama observaban las estrellas en el agujero del techo. Haru también tenía los ojos hinchados como Yuki, y era tan inexpresivo y tierno como un algodón azucarado de vainilla.

Yuki llevaba a Haru siempre en su espalda, amarrado delicadamente con una soga… En su morral, guardaba la espada que su papá le había dejado antes de morir (todavía se encontraba empapada de sangre). Se colocaba un gorro hecho de rosetas de maíz (para nunca tener pesadillas y se ponía un saco (con hombreras) azul…

Yuki pensaba que Yume era un piano mágico, y que con cada nota haría latir el corazón de los afligidos; y así era, pues en mis largas caminatas, lo único que separaba las lágrimas de mis pies, eran sus dulces melodías.

Yuki pasaba horas conversando en silencio con Haru, y este mantenía siempre su boca chiquita y sus oídos atentos. Los espíritus danzaban alrededor del resplandor de los ojos de Yuki, ella tomaba té verde muy lentamente, en una taza que llevaba pintadas una bellotas; era el momento de abandonar el cuerpo y viajar a través de las estrellas…

Yuki se encontraba tirada en la cama, con la mirada en las figuras, pero eso que se encontraba ahí era sólo su cuerpo; ella se hallaba recostada en el estomago de Haru, tocando a Yume; en las estrellas… dando esperanza a la humanidad: haciendo latir sus corazones.

EL RETRATO DE DORIAN GREENDAY

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Monchie

Invade mis flemas, pestañea inestable,

Siento que la existencia se remite a unos cuantos conceptos básicos alejados del conocimiento aprendido y que se asemejan más a…

Regreso a clases.

Me propago propiamente a la luz verde emergente en ti,

Eres relativa y no creo en el espacio-tiempo;

Aspecto de la silueta atenta pero la marca de tu blusa me vuelve loco de amor.

Reflexiva inexpresiva preparada para vaciarse ante mí
y olvidarse de esa parte que le regale y que ya se comió,

ardiendo le fluyo los intestinos pesticidas paranoicos patrocinados y en cinescopio abrelatas y un recuerdo vulgar, todos merecemos una oportunidad, pero no pueden surgir esperanzas de las entrañas extraterrestres, y no sigo palpitando por ancas de rana en el cielo con un ritual suicida porque queda por contar algunas reencarnaciones más frustrantes.

El vaso esta medio vacío o medio lleno de sangre que mis pasitas en tu casa me llenan de lágrimas con cascaroncitos de huevos que tu temblaste para no verte.

El portal seco cubriendo el codo acomodado en sus ojos media vuelta risa que calla el frío en madrugada con Listerine.

Las violetas violentas inocente no eres tu pero me destrozas con la tiña de tus dedos cognitivos, en la secuela las manos hipnotizan un sábado para que la mañana dure el doble de espejos acurrucados y furiosos, con un plástico para cubrir la lluvia, el zapato brilloso sobre la avenida Stykkishulmur en la que sólo se llega por Jeep, la seda en tus oídos antes de robarte tu primera vez en este hospital para enfermos terminales, las zanahorias nunca tuvieron tu sonrisa.

Terminal de autobuses sin reloj,

El café con ciruelas se asimila en la muela, el tabique dislocado, sinusitis del alma,

Hay cristalitos de luna en tu nariz, extraes sensualidad del piso y el vestido que camina en la neblina con llagas en tu cuello bajo el lago en que flotan los cuerpos de tus padres y el mundo es tuyo porque me besas justo antes de expirar.

Las manos se hunden con secuencia por que son maniáticas y me reflejo en tu anemia acurrucada y enigmática, la morfina con galletitas crackets de sutileza en espacios para dar testimonio, estaré contigo, aquí, mientras la memoria persista, porque no existe amor desperdiciado cuando se ama en silencio, cuando compras tenis Nike, compras muerte.

YO GEISHA

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Monchie

Geisha tenía los pies sobre las piernas siempre abultados como esmalte en botox, se le amontonaban los párpados cuando el vivido sombrío brillo de la almohada la despertaba; su compañero de cuarto Hikikomori era un fanático de The Rocky Horror Picture Show, todas las mañanas encerrado en su cuarto el muchacho se vestía del color de la luna pintada de negro y colocaba sus latigazos en Geisha, ella chillaba arrastrando su lengua varios kilómetros hasta que entraba en un estado de locura temporal en el que bailaba el baile del sapo y después trataba de electrocutarse con un sacacorchos. Despertaba desnuda con cerezas en el ombligo, furiosa y exhausta, como un avestruz en pánico satánico frente a un transexual.

Bushi llego en un coche esa noche y toco a la puerta de Geisha, ella se encontraba sentada en un banquillo con los pies colgando y su rostro pálido frente al refrigerador, a lo lejos invito a pasar a Bushi, este se deslizó lentamente verde lidio con el vomito fluyente del perro pequeño que emanaba alaridos estéticos y se hicieron amigos; Lentamente la tarde paso muy rápido, Geisha ordeno una pizza de sushi y sake con Coca-Cola de dieta, palillos chinos con forma de espárragos que se le atoraron en la zona crepuscular.

Geisha tenía una lonchera de Marc Bolan que ato a una cometa para pasar muy transparente en la mirada latente de Bushi, era tarde y la noche fue un curita que los revolcó sobre sus vientres.

Parte previa.

Utilizo una palabra poco apropiada, subyacer el intento por ser consistente, capitalizar entrecortar o volar, cada tiña teñida por un (violento) X (una sensación).

Odio pretender que sospecho pero alterno membreto una membrana y me hundo precioso.

Succiono monóxido destrozo perpetuo.

Camisetas mormadas, silueta absorbo ominoso oscilante, era Venus pensando en mí. Cada objeto caducado casual.

Geisha fue a empeñar sus libros más preciados, en la casa de empeño le dieron el 5% del valor real por cada libro con un 14% de intereses por semana entre el 26% de impuestos por derechos de autor, Geisha se sometió a lo más bajo a lo que podía prestarse una japonesa, permitió que un estadounidense publicara una biografía alterada de ella titulada: “El código Geisha, memoria de mis putas asiáticas”.

Geisha una vez le dijo a Bushi: Tu corazón es como un crisantemo que se eleva en Chicago por aliento de Buda con una cachucha este domingo que viene con los pies descalzos en un deslizador como un santuario eterno.

Bushi le respondió a Geisha: Tu delicada boca es del color de 17 estudiantes de primaria ensartadas por la vagina con un gancho para la ropa y sumergidas en el esperma de un elefante chamuscado jugando Playstation One.

Un poema recortado del periódico.

He desarrollado algún tipo de repulsión hacia los detalles pequeños, el sólo hecho de escribir una nota en una servilleta me causa vomito impulsivo, doy vueltas al átomo simulando una circuncisión con la figura que derrama el champagne, llamar a tu puerta me causa tos, la aversión hacia las cuentas bancarias del tatami radioactivo.

Una a una tus bocas desparraman sus caricias, ya no me importan pero las necesito, los leves estímulos que aguardan encharcados son unísonos, lejanos.

Geisha y Bushi salieron a pasear en la noche agujereada,
no hacia frío pero tenían los brazos congelados,
no tenían miradas y existían distantes,
no volteaban porque atrás todo era nada y cada silueta retorciéndose-palpitando como una píldora en ácidos gástricos era olvidada, decían palabras, pero eran en japonés y no importaban mucho; la boca les sabía a una mezcla de quesos, sal yodada, suero de leche, sólidos de mantequilla, especias, glutamato monosódico, tomate en polvo, harina de trigo, maltodextrina y chile jalapeño.

Geisha construyo un robot gigante para enfrentarse a la mantis religiosa mecánica de 10 metros, Bushi pereció en la construcción de este peligroso artefacto.

Geisha lo sabía todo pero era muy obesa y por eso se deprimía, se práctico una liposucción fallida y desde entonces tuvo la firme convicción de que el resto de la humanidad tenía que pagar por su fealdad.

Geisha mando una carta a la revista “Geisha y novelas” que decía:
Hola soy Geisha, de 23 años, mi pregunta es ¿Sigo siendo virgen aun cuando me cogieron 3 tipos por el culo al mismo tiempo que le mamaba la verga a 2 hombres y a un caballo cuando una muchacha me orinaba después de hacerle una puñeta rusa a un hermafrodita que se vino en mis senos a la vez que se cagaba sobre mi durante el asesinato de un niño de 3 años?, saludines, ah, y por cierto, me encanta su sección de gastronomía.

Estaba tan poco inspirado cuando escribí esto.

Pezones fucsia pulmones permanentes, todos los niños apestan a vomito, semi-inconscientes y fascinantes, colocar droga en donde debería haber un alma, saturar y suturar a los Rolling Stones, a los lados masking-tape toda la noche por la nariz un dedo humeante y al olvido lo poco que hay que perder escoger un conjunto adecuado y abandonar el lugar, cruzando el lago apresurado ahí no estoy yo pero tampoco es lindo, desde muy lejos el escenario se torno en blanco y negro con excepción de todo aquel color; dicen que el karma se acrecienta y no perdona, pero sea una cruz o un viejo helado con sirope de chocolate greco-latino el día es hermoso con toda aquella vainilla tatuada en el volante de un helicóptero 1942 algo regordete y con finas uñas de aquel estoperol, cuando te sonaste todo ese fluido rojo se esparció en la bañera y no hay nadie con quien platicar.

Si nos casamos correremos el riesgo de una fisión nuclear en la cocina, el refrigerador es una gota gigante en forma de jengibre uniforme, no he descansado desde que me envenene hace un mes, pero tampoco comprare todo lo que sale en televisión.

Me quedo mudo ante la cama en la que yaces blanquecina sonrojada, he traído algo un poco más divertido que un juguete y me siento entusiasmado con la idea de hacer algo este sábado, nos cenaremos a tus gatos y después fotografiaremos a tu ano pero estoy listo para el amor, cierra nuestros ojos y créeme… eres la mejor.

Fin

Hacia un país de suicidas.

BONO, EL IRLANDÉS ERRANTE

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Monchie

“El Pop es todo y nada a la vez”.
-Oscar Wilde-

Piolín obedece al mandato divino.

Todo lo Amarillo carecía de estilo, el insecticida estaba en oferta y no pude resistir comprar mil galones de mil mililitros y prenderles fuego dentro de la cocina, la mucosa rugosa, los niños con quemaduras de tercer grado, unos diez muertos, los perros chihuahuas ilesos y a las cucarachas ni siquiera les hizo cosquillas, me volví auxiliar contable. Silvia, Silverio, Silvina, Silvio, Silver, Silvano, Silvilla, Silvana, Silvestre y Silvaco quedaron a mi cuidado, Silvia tenia 10 años y Silvaco 1, eran unos hijos de puta, literalmente.
Había cajones verdes y cofres rosas, un poco de liquido amniótico, el calendario de gatito acorralado, un canario pardo angosto.

¿Por qué es tan cruel el amor?

Aquel día en que los Monkees tocaron en mi ciudad fue el momento más hermoso de mi existencia, verlos así con sus caritas arrugadas y un Mohawk que desafiaba la gravedad fue en realidad un tanto excitante, yo quisiera llegar a ser tan viejo y poco talentoso como ellos para que en mis ojos azules se sienta el viento brotando de mi corazón, aquella ocasión me puse a escuchar sólo canciones de amor, desde love is in the air hasta love will tear us apart, mi alma era un submarino con la cabina incendiándose y faltaba mucho para llegar a ese lugar donde hacen churritos de harina revueltos con tejuino y sangre de comida china, había Reggae en el ambiente pero también olía a mierda, todos sonrieron cuando les cante a capella “y porque me ha de importar… si en este mundo traidor… lo que sobran son mujeres”.

Dios es grande y no hay edad para que te de cáncer.

Michael Douglas filmo una pequeña escena con utensilios clandestinos cuando le broto sangre del pecho a su doble, insignificante fulgor del espacio entre los dedos cayendo el dolor abstraído.

Primero los dientes y después los parientes.

Nicole soñaba con ser modelo de calendario para taller mecánico, emanaba vulgaridad como pasta dental de un dólar, vivía en la habitación No 8 (cuarto sencillo y sin baño) de un hotel más allá de lo barato, hacía trazos en la pared imitando estilos estilizados de vida.
Llega tarde y vete a tiempo.

Su primera experiencia sexual fue con un gato que le pertenecía al vecino, no fue tan romántico como ella pensaba que sería, pero si había una fuente y la luna iluminaba sus orgasmos, entonces Nancy vio que brillando en sus hombros el alcohol tomaba otras dimensiones y esa noche sería la mejor en muchos años, sentía que le faltaba algo, y si, le faltaban sus pechos que perdió en un concierto de Sigur Ros, las tablaturas en inglés, sus amigos del Kinder muertos en Vietnam, las revistas le llamaban sobre un cambio de canal, el mundo le iluminaba como una tienda exotérica, había que llamar y pedir una consulta pero a la hora de pagar todo se convertiría en una fantasía mortal.

Domingo sangriento de Irlanda, el día que Bono lloró.

La camilla estaba empolvada, olía a algo viejo que siempre se hecha a perder, Visitor decía que las faltas de ortografía eran permitidas, a lo que los psicólogos dijeron: “El cuadro psicológico del paciente indica que su neurosis es causada por una retro-proyección en pantalla Imax este martes es 2X1 a estudiantes y personas de la tercera edad en todas las funciones de nuestra muestra alternativa internacional de Tamaulipas, no se va a curar nunca, sería mejor aumentar la medicación y exiliarlo en una isla sexy de días nublados y gente aislada con perlas de Éter”.

Las calcetas agridulces no van en los pies.

El nuevo alumno era la sensación, las mujeres se derretían por su extraño acento y grácil figura, djinskibjornchommmmmmmmmmp era del lado oscuro de la luna, tenía tentáculos verdes en su sexo y 3 pezones con pelos en sus brazos, las mujeres lubricaban cuando djinskibjornchommmmmmmmmmp les decía frases terriblemente inteligentes como: “fuchyuchooooooohhhmmmmmmmmmmp” o “tienes lumbrecchumxpxmmmmmmmmp”, djinskibjornchommmmmmmmmmp era dueño un extraordinario sentido del arte y era sobre todo culto, como todos los extranjeros, por no decir de sus hermosos ojos ensoñadores, de vez en cuando djinskibjornchommmmmmmmmmp les enseñaba a sus admiradoras palabras en su idioma que habían pasado de generación en generación y que eran sólo reveladas a los seres más inteligentes del universo para hacer el bien, como “U2” que significaba “fuimos mierda y en mierda nos convertiremos”.

Djinskibjornchommmmmmmmmmp se convirtió en trovador espacial, admiraba al Che Guevara y a Ana Guevara, a Amanda Miguel y a Miguel y Miguel, pero no a Luis Miguel, leía “El Capital” de Marx, pero aún no se podía aprender las capitales de todo su país, veía todo lo que se relacionara con el comunismo como “Star Wars” o “Xena, la princesa comunista lesbiana fetichista”, lloro el día que murió John Lennon y nunca supero la muerte del poeta, pensaba que los “Neoliberales” surgieron a partir de Matrix, escribió la biografía “Héroes” sobre la vida del Tío Gamboin y Paul Mc Cartney, Silvio Rodríguez lo invito a tocar canciones de Guns N´ Roses, como ultimo recurso trato de volver comunistas a los africanos, pero no sólo de pan vive el hombre, organizo un ejercito de robots con cerebro de cachoras para celebrar su suicidio que haría conmover a todo el planeta, primero recorrería los países en nombre del amor y tocaría los corazones de las personas que les gustara bailar Reggaeton sangriento con mascaras de hormiga saludando con la mano y una bonita sonrisa achicharrada, después los convencería de unirse a la “Fraternidad del Comunismo Común Comunista” (antes Ku Kux Klan), tallar sus propias lápidas y cantar canciones de Abba (con mensajes subliminales), y al final hacer una parrillada, y así la tierra sería conocida como “El planeta rojo” (ahora habría que destruir a Marte para evitar una demanda).

Djinskibjornchommmmmmmmmmp murió de Sida dos días después de conocer a Bono.

Fin

MOTH

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Monchie

PAGINA 1.

WILLIAM ALEXANDER en 1974. Mousse y zapatillas rojas.

W.A. trabajaba en una carnicería de NY. , se reunían tantas conversaciones como homosexuales dibujando políticos dentro de un cepillo de dientes mágico.

A sus 18 años W.A. llevaba en su boca un lunar que ardía tan joven, y las campanas pacientemente se mantenían tan unidas a la sombra.

Suavemente al oído una mariposa le cantaba (todas esas cosas tan maravillosas que no existen en ningún idioma).

W.A. apagó el cigarro, inevitable murmullo, un broche de cabello en la pantalla amarilla, es un poste de luz mercurial, es una lágrima en su cara, sólo 18 años y no existe vida en sus ojos.

PAGINA 2.

El vendedor de alfombras, veneno y linternas tocaba a la casa de KRISTEN DRUG, ella se colocaba cucarachas en sus sueños y se ponía una bola rosa en vez de su ojo izquierdo (que perdió en una guerra de cerezas artificiales).

K.D. en noviembre, era una niña tan horrible, tenia alas de mosca en sus rodillas que la hacían flotar hacia la alcantarilla, piensa en la cosa más fea que hayas visto multiplícala por 3 y te dará como resultado K.D. masticando una goma de borrar agrietada.

K.D. era como un súcubo enano en una bicicleta, tan gentil como el amanecer, de manos suizas añiles, parecía un mono alemán.

Los papás de K.D. la enviaron a estudiar al extranjero, se subió a un barco que se asemejaba a un zapato.

PAGINA 3.

K.D. pensaba que a medianoche todos los demonios flotaban en el mar… y no estaba equivocada, pasadas las doce un niño azul llego a ella, y le dijo:

¿Tienes algo para mi?, dímelo, ¿Tienes algo para mi?, he estado esperando a que llegaras a mi desde 1974 y sólo apareces sin una palabra para mi.

K.D. se peinaba con cepillos de arcoiris y retazos de estrella, el planeta era una oruga y el universo un ave hambrienta… K.D. esperaba, tocando el arpa al viento, llovía confeti, y en sus dedos había tanta fuerza. Los espíritus esperaban, se mantenían, quietos en fuego y hielo.
Conteniéndose K.D. saltó al cielo pero sólo pudo encontrar al mar, hundiéndose a destiempo.

PAGINA 4.

Un domingo de diciembre en 1989, YUKIO SUPERNOVA viajaba en motocicleta por las montañas, el día era de caramelo y había tanto color en el camino.

Y.S. Paro a quitar la nieve del camino, de pronto una sombra salto sobre él y lo sumergió en sus dientes, la sangre era cristal y sus ojos permanecieron inmensos… Era un gato rojo de garras estridentes, le dijo: Hoy pequeño niño amarillo seré amable contigo, porque hoy criatura, morirás… de la forma más dulce, de la manera más suave , me acompañaras.

¿En verdad?, ¿Podría pedir una ultima cosa?, por favor, dijo Y.S.

Por supuesto dijo el gato.

Dame unas cuantas monedas, un Pegaso armado, cuchillos puntiagudos para atravesar mis pulmones y no pueda gritar al morir. Sabes, antes, cuando esto no paraba, cuando los ruidos de la noche no eran tocados por la luz artificial, yo era verde, y era feliz, miraba la leche de la galaxia derramándose en los planetas y como los tenedores flotaban en el cielo y nadie se asustaba, podía moverme con tanta libertad, nada era confuso y me alimentaba de la radio que bailaba junto a mi, no había nada que temer, y yo esperaba en una silla a que mamá y papá regresaran de las montañas cargados de abrazos y besos, las partículas esmeralda de las estrellas me cubrían y yo sonreía, estaba perdiendo la cordura y cada vez más verde caía, me enterraban y me desenterraban, ese simpático sonido en la sala del hospital, y continuaba esperando… a veces aparecía una niña, otras veces sólo unos cuantos ojos y dientes… Ya no sentía nada, llego una luz y se me acerco, me dijo:

“ESTOY FELIZ POR SER VERDE ESTA NOCHE Y PERMANECER A TU LADO”.

Fin

LA PATÉTICA HISTORIA DE UN NEO-HIPPIE ENAMORADO

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Monchie

En la esquina misma donde encontré tu lunar atorado, desmantelado y entristecido; donde mi hogar ya no existía… estabas ahí de nuevo, con tus pupilas tan estrechas y la mirada contrafija en contrapicada.

Ayer no tuve deseos ni agallas para irte a buscar en los anillos de saturno, suficientemente osado era ya, mantener tu recuerdo sin estallar en partículas milimétricas de cloroformo… dormí en el pasto de la casa de mi prima, a veces me agrada que algún insecto me masturbe, alguna mantis religiosa o una cucaracha enorme, da igual… a veces empiezo a perder la fe, pero volteo al cielo y veo un pequeñito reflejo: cercano, disforme y barato. Y me acerco a la iglesia (encontrare mi redención de muchas maneras: viendo películas pornográficas en nochebuena). Ahí me cuentan que dios esta en todas partes, que no debo temer, que tenga fe; y que sobre todo me fije bien alrededor, pues dios puede estar en la primer persona que me tope… todo eso me llena de tanta esperanza.

Ese día peleamos, tu querías asesinar algunos de tus compañeros de clase, yo solo deseaba dormir un poco más… organizaste una manifestación para rociar irakis con goma de mascar. Simplemente me abandonaste ese día, yo sabia que solo era un pretexto para irte a follar con tu compañero de cuarto, pero te deje ir, te amaba mucho, en demasía.

Esa noche salí a pasear por la ciudad, metí mi cabeza en un cesto de basura y comencé a gritar y sonreír, aventándome contra el piso, sólo quería fingir mi muerte, pero aún es difícil para mi fingir que tengo una vida… Encontré una prostituta, lo adecuadamente económica como para pasar toda la noche con ella; fingimos desearnos mucho a la luz del foco intermitente y la Tv por cable, el vino tinto hacia la diferencia entre una patética noche tímida y un poco de cariño inducido. Matamos el tiempo haciendo piruetas y besándonos los cuellos arrugados, mientras mis manos temblaban al sentirme solo. Terminamos, yo ya no la deseaba; se paro y descubrí un rostro parecido al tuyo, aunque mucho más comprensivo y dócil.

Me dijo: ve y ama, niño existencialista y sentimental; deja de rociar la cama con tus lágrimas y visita a tu amada, que te espera con un vestido inglés y un labial púrpura. Esa prostituta tuvo que ser dios, no encuentro otra explicación, de tan divino tacto y acertada intuición; esa noche folle con dios en distintas posiciones y situaciones, fue notable el gozo divino y la sabiduría perfecta, era un niño puro como un artefacto silencioso, devorador de encías mohosas.

Salí corriendo a buscarte, las calles inundadas y los semáforos apagados, estabas en una esquina tocando la mandolina, con tan bello rostro palpable y manos sencillas, eras tanta miel en chapopote. Con esos ojos tan claros y tu sola caricia, haces que olvide todas las situaciones sin redenciones… sople tu ceniza en un cerezo olvidado, mientras me arropabas con viejas revistas de videojuegos.

Unos instantes nos mantuvimos enlazados en una simetría de cristal, sin querer me tome todo lo que escondías en el cajón; te di la mano un par de veces sin sentir nada en especial, pero después… en una pequeña mirada tratando de ocultar ternura, nos abrazamos por 72 horas seguidas.

Tus calcetines de bastón de caramelo verde con blanco, tu peinado maltratado, tus delgados zapatitos dispuestos a huir en todo momento, la sonrisa de una multi-homicida, los aretes de luna menguante, la camisa holgada que guardas desde 1989, tu tatuaje bobo y azul… Trabajabas en la joyería de tu Tía María, donde comíamos a las 10:27 am, cuando la tienda se encontraba vacía; me servias un poco de té verde y me dabas en la boca un trozo de pan. En tu cumpleaños te regale un collar de ciruelas y un cuadro de media estrella chueca.

En marzo, desayunábamos temprano, te veía regularmente y cada instante a tu lado era falta de respiración, cuando te acercabas no podía parar de observarte, llevábamos enrejados en el pecho y dagas en la espalda, amanecíamos retorcidos en el suelo de algún almacén, nos amábamos tanto; y en ese pausado instante empezó la 56va Guerra mundial (cuya sede era España, y la mascota era un perro de tres patas con un ojo triturado), y como dicen: En el país de los ciegos el mudo es el Rey… Así que tuve que huir del país, a otro donde el gobierno fuera lo suficientemente cobarde como para declararse neutral, termine en Estados Unidos, ahí no había mucho de que preocuparse, sólo trabajar duro y honradamente… El mundo era tan hermoso y se caía a pedazos, tu te habías alistado en el escuadrón aéreo, eras una kamikaze de primer nivel, nunca fallabas el objetivo, te decían la piloto fantasma, no titubeabas en dejar caer tu avión sobre algún grupo de jazzistas o algún cantante ochentero.

La Guerra termino y te hiciste adicta al sexo oral, los abrigos de delfín y las pestañas de cucaracha. Ya solo tenias un brazo y media pierna, pero igual no teníamos problemas para hacer el amor… parecías una actriz francesa o sueca, con dientes de vinil y la lengua triturada, cantabas cada que escuchabas un funeral, y me decías frente a la puerta que siempre me ibas a amar. Yo te creí, como suelen creer lo niños irlandeses de sangre amarilla; y de pronto, en una tonta ocasión, te encontré con un fajo absurdo de ciegos y locos, y te dije que te odiaba, que te alejaras, donde el arcoiris fuera bombón de azúcar. Te tire al piso y deje caer mi sombrero; me marche pataleando y estrujando la mirada…

Me volví adicto a las zanahorias y los caramelos, rente un pequeño cuarto hecho de cascaron de huevo, las sandalias de mi sobrina Miette me sermoneaban a diario, yo ignoraba el paradero de mis labios mordidos, no sentía dolor en un costado de mi abdomen… recordaba tu figura andrógina y tu corazón desdichado, donde en Portugal cierta ocasión huimos del gobierno por robar calcetas de Disney y fabricar drogas baratas.

Fui al laboratorio a practicar con las ratas, les vendí la idea de consumir queso con lithium, yo continuaba llorando y besando mi brazo; comenzó a llover y las campanas de Septiembre cayeron como nieve de limón con caramelo. Me quede a dormir en un bar Holandés, le había llamado a tu Papá toda la noche, para decirle que eras una golfa y que habías follado con mi lagartija en ocasiones varias; a tu hermana le dije que la ultrajaría si la encontrara ahora mismo por el parque. Grite por dos días enteros y me quede viendo una ventana toda la noche, lo vidrios empañados y aterciopelados tomaban mi rostro y lo calcinaban. Comencé a vender objetos viejos en las plazas, llene de cinta adhesiva mis tenis rojos y me deje el cabello largo (más aún), adorne mis pantalones con estrellas y forme constelaciones, puse en mi frente una luna atravesando mis cejas, y me tatué tu mirada entre mis dientes.

Te vi cruzar la calle con tu pantalón de luciérnagas plateadas, dilataste el encuentro hasta la esquina donde tocaban los músicos desacomodados, centelle tu brazo y charlamos.

Me contaste que te habías hecho lesbiana, cristiana y vegetariana… yo sabía que mentías pues llevabas una hamburguesa doble en tu mano… Te mire tanto, nos quedamos ahí intactos, sin una palabra emergiendo de nuestras bocas, pasaron días, décadas, épocas y tendencias, ideologías y tempestades; toda la humanidad pereció al cabo de un siglo, pero nosotros aun nos encontrábamos inertes, con la mirada fija; se destruyo la tierra, la galaxia, el universo… y nosotros aun nos manteníamos observando. Al cabo de millones de años por fin te atreviste a decir algo, dijiste: Ya no te amo…

…Y la vida volvió a surgir en el universo…

La ninfomana casta

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Monchie

+_+ En el techo de un bar caen dos navajas teñidas de azúcar; los primeros rayos del sol ciñen las sombras extraviadas, el viento conjura las nubes eternas en desdicha ascendente *.*

Si yo hubiera partido de su lado Ella se hubiera quedado sola (si tan sólo pudiera sacarle una sonrisa pequeña); Pero soy tan bobo, demasiado discreto… Cuando murió su madre, ni siquiera me pare en el velatorio (no soy poseedor de tanto valor), Ella no fue sensata conmigo, en seguida me ignoro.

Ella esta ahora mismo con los ojos cerrados y el televisor encendido, llorando espaciosa y sórdidamente, y me opaca tanto sufrimiento.

A veces traigo unos cuantos chocolates y caramelos, pero Ella sólo los amontona en una canasta; Me gustaba cuando en sus días jóvenes me horneaba pasteles, y se ponía a imitar el canto de los delfines…

Ella no me permite poner música en la casa, cuando escucha algo similar a una melodía se pone histérica, y con sus ojos gitanos alterados, comienza a gritar entre pupilas dilatadas ilimitadamente.

-Quiero una estrella perfecta- me dijo Ella alguna vez…

Pero todos sabemos bien que eso es imposible, pues las estrellas siempre tienen imperfecciones y por lo tanto arden…

-Entonces yo también quiero arder- me dijo, tratando de sonreír un poco.

Ella era la monja más puta del monasterio, pero aun así trataba en lo posible de permanecer virgen, se masturbaba 32 veces al día, con la foto de algún apóstol o actor de cine europeo. Ella usaba medias negras y un escote pronunciado, escondía lápices de labios en el recipiente de las limosnas, y se afeitaba la entrepierna con una navaja de dos filos; tenia el estomago tan tierno y pequeño. Ella poseía todo tipo de vibradores y juguetes sexuales, videocasetes pornográficos, revistas científicas y una antología de Federico García Lorca.

Ella asistía todos lo viernes a observar orgías, pero no participaba (ya que ella estaba completamente segura de su vocación de monja), se guardaba completamente para el señor; Ella me decía que el señor sería el único hombre que la podría complacer sexualmente, pues le había contado que dios estaba en un estado de gozo eterno; y por lo tanto Ella debía alcanzar ese nivel… se entrenaba a diario, a solas practicaba hasta que sus ojos emblanquecían…

Un caracol diminuto era su boca, solía ser tan linda cuando llamaba a mi puerta y fingía no conocerme… entonces me perseguía por toda la casa, y me decía que me odiaba y que me amaba con la misma intensidad con la que el planeta rota. Y mi alma quedo rota cuando Ella se metió al monasterio, pero yo siempre la apoye en sus decisiones, nunca la juzgue ni lo hago hoy.

Cuando sus Padres recién la concibieron decidieron ponerle de nombre “alcantarilla”, pero el vago del pueblo sugirió el nombre de “Ella”, y así se quedo, Ella era una dulce bebé pelirroja… cuando Ella era pequeñita adoraba a Frank Sinatra, ahí fue cuando empezó a masturbarse y a soñar con el día en que lograría el orgasmo perfecto… conforme crecía se dio cuenta que no lo conseguiría con ningún ser humano (y mucho menos con animales o plantas); Primero pensó en que su primer amante debía ser Jesús, pues era muy practico de amar: era popular, guapo, pankillo, y además era imposible de que olvidara su fecha de cumpleaños… pero al entrar en la adolescencia, le llego la etapa en que le empezaron a gustar los hombres más maduros; y en ese momento conoció al padre de Jesús, que tenía mucha más clase y estilo (y una gran influencia en el mundo, que era lo que más le agradaba a Ella). Y ese fue el momento en el que Ella decidió quedarse virgen y entregarse sólo al señor.

Yo la conocí un poco antes de que tomara esa decisión; éramos tan jóvenes y locos, escuchábamos música todo el día y leíamos a Goethe y a Poe, mientras Ella pelaba naranjas y gatos.

Ella me decía que le encantaban mis ojos grises como escarabajos cósmicos, y me besaba en todo momento, siempre lloraba, siempre me amaba… le gustaba mucho mi barba y mi cabello largo, Ella tenía un aire gótico y orejas nórdicas, los domingos paseábamos por el puente de agua y el molino de tuna, sus labios sabían a helado de arcoiris, tenía tanta mantequilla en la mirada, tantas aceitunas en el corazón… Y en un tambaleo me abandono… no tuve valor de seguirla, me mantuve al ras del cielo.

Al cabo de los años Ella regreso, me pidió que la recibiera, que no tenía nada ni a nadie, que por piedad no la abandonara; y que por favor no la cuestionara sobre su vida anterior… yo la amaba mucho y la odiaba medianamente, así que no la pude dejar sola…

-Quiero ser un cometa- me dijo Ella cierta ocasión…

Pero todos sabemos que los cometas tarde o temprano se extinguen…

-Entonces yo también me extinguire- me dijo Ella.

En la televisión el Vaticano anuncio que dios había muerto, a Ella la buscaban por homicidio imprudencial; Ella nunca lo negó… yo siempre la quise, y nunca la pude dejar; Una noche Ella me confeso que ella aún era virgen, que ella era “la virgen”, y que dios nunca quiso tener relaciones con ella, y por lo tanto mando de intermediario al espíritu santo; Ella al darse cuenta de esto hirió profundamente al espíritu santo con un rifle, y apuñalo a dios en el corazón… salió huyendo del cielo y se interno en el bosque… y el destino la trajo a mi lado…

-¿Sabes qué?, quisiera ser la luna- me dijo Ella cierta vez…

Pero todos sabemos que la luna sólo quiere estar junto al mar…

-Entonces quiero que tu seas el mar- termino ella.

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KAMUI Y LOS POETAS MALDITOS (70% DE DESCUENTO)

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Monchie

*Estrella de David: 70% de descuento.

*Sexo seguro: 70% de descuento.

*Alma humana en buen estado: 70% de descuento.

*Chloe al filo del crepúsculo con sus pechos en rutina con la savia en la sabana y una sonrisa inocente: 70% de descuento.

*Beso tras beso en el baño a las 2 de la mañana con las pupilas exaltadas y desesperadas el bello rimel derramado en la pared con la tristeza en el pecho donde la ceniza oculta tu nombre en un papel: 70% de descuento.

*Compendio de libros malos con prólogos mediocres con el rostro artificial de los poetas malditos (sí, malditos pues nadie compra sus libros: dato sacado de e-books) : 70% de descuento.

*Encerrado en el cuartito donde las nubes se hunden en un dolor de cabeza escuchando melodías misóginas y melancólicas líricas sobre lo que NO es el amor: 70% de descuento.

Kamui nació en la sombra del milenio y aun antes de nacer vivió en las tinieblas, no tenía camino que seguir, no pertenecía a ninguna generación, estaba atrapado solo en la post-modernidad. La lluvia no tiene lugar en el sitio donde el pensamiento vive aislado de todo movimiento histórico empapado de sangre y con las criticas de los que no poseen honor, más las almas tiradas en el fondo de los árboles sumergidos en el estanque sin arcoiris quisieran ser estrellas de rock: pero mis queridos amigos “el rock esta muerto”, se suicido hace ya varios años.

Y con la sonrisa de geek hasta las mangas de su suéter de leñador, Kamui pasa corriendo y saluda a sus vecinas que nunca le practicaran sexo oral por más que él quiera. Llega a la biblioteca y busca a la pequeña hilera de autores ingleses del siglo XIX, conversa y conversa con sus tenis Converse pero la estrella sólo da vueltas y vueltas en un libro de Voltaire de la segunda hilera del estante 23.
Kamui compra una veladora roja flotante, y se apaga todo alrededor… pero Chloe no logra escapar de la fotografía en la pared; las cucarachas se agarran de los ojos de Kamui y los separan sin movimiento, y el dolor no puede evitar la estrepitosa caída el imperceptible fragmento interior.

*Kamui y Fallen se van un día y escapan al ritmo del más delicioso punk interpretando el cover de Frank Sinatra: Fly me to the moon…

Kamui y Fallen son unos vividores y pueden sobrevivir en cualquier calle con estrella propia, beben toda la noche en un horrible bar de dueños coreanos. A la mañana siguiente piden asilo en una iglesia, buscan vivir los más cómodamente fingiendo fe y devoción.

Rápidamente se insertan en un grupo religioso, y apoyándose en su titulo de bachillerato contable, Kamui y Fallen se quedan a cargo de la contaduría… Todo el dinero va a prostitutas, drogas armas y a pagar la renta del internet. Al darse cuenta de esto, el padre Redmoon conjura a los espíritus habitantes del botadero lunar. Elegantemente planea la muerte de Kamui y Fallen, empuña su espada de plata y se dispone a buscarlos. Al encontrarlos Kamui Y Fallen Imploran misericordia; Redmoon entonces los maldice a ser de su vida la más pura entrega al arte. Kamui siente ansías de escribir poesía y Fallen anticipa dentro de él la necesidad de tocar algún instrumento musical.

Sin querer, Kamui y Fallen terminaran en la plaza del centro cultural.

Todo parecía tan bien, pero el precio de los artistas es siempre el sufrimiento.

Kamui vivía del recuerdo de Chloe, pero nada existía más que su etéreo rostro desdibujado en una servilleta de restaurante de comida rápida. V no tenía sentimentalismos, lo que sentía sólo era y debía ser real. Y por lo tanto no había pretextos más que ocultar sus lágrimas en el cuello de tortuga verde de su surrealista soledad.

Kamui era mucho menos atractivo que Fallen, de hecho Kamui no era atractivo en lo más mínimo; pero poseía un alma atractiva, hermosa sin igual: triste y bella.

*Si te pierdes a ti mismo, flotas sin sentido y pierdes tus alas negras: te quedas sin nada.

Fallen evitaba perderse, pero estaba al filo… había tenido tres bandas de rock fallidas, y estaba tirado en el suelo llorando y volando en vomito, y todo fue tan esplendoroso.

La huida no nos hizo felices. Sabíamos ( y por anticipado) que nuestras vidas están huecas, que sólo hay que rellenarlas con cosas huecas para sobrellevarlas.

Y yo creía un poco (…sólo un poco…) pero me deje arrastrar.
Chloe ya no estaba aquí, Fallen en poco tiempo también desistiría. Yo, para mí era imposible abandonar este cuerpo, no pertenezco a otro sitio.

*Y Chloe tocó las manos de Kamui y lo elevo entre los campos de Cambridge, se miraban en una forma bellamente asimétrica y por ultimo Chloe solo dijo:

-***-

*Y soltó a Kamui sobre un río infestado de la nada…

• Kamui sobrevivió.

JOY IRISH ♣

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Monchie

*1* Habitación de joy:

Paredes negras, techo nebuloso. Un agujero pequeño (en donde debería haber una ventana). Ojos rojos, verdes y púrpuras. Osos, conejos y ventiladores de peluche. Bocinas grises y estrellas engomadas. Un auto, dos figurillas, un cenicero con puro falso, una mariquita y un rubí (todo sobre un televisor monoaural). Una videocasetera descompuesta (utilizada como mesita). Una casa de campaña para niños (cubriendo la computadora). Una botella de sangre y dos aspirinas. Discos, libros y películas en el cajón secreto. Tres controles diferentes (uno para la televisión, otro para la videocasetera y el ultimo para mandar mísiles a Japón). Una cámara de 8mm dentro de un saco de cemento. Un espejo violeta desquebrajado y decenas de vestidos antiguos.

*2* Joy no busca más en mis ojos:

[Joy de fulminantes verdes y cubierta roja]
-Piensa en verde-, -piensa en verde-, -piensa en verde-
Faldas y blusas –amanecer distante-
Joy no encuentra nada en mi tacto (no como solía hacerlo antes), si me tiendo en sus rodillas apenas y lo nota.

El césped no es suficientemente seguro para mis pies solitarios, unas ramas amontonadas y algunas catarinas dentro de esta flor estrella.
Joy nunca fue una infanta bonita, pero si era un tanto peculiar su aspecto: dedos chatos y nariz respingada, ojos semirasgados y hombros delicados, boca sonriente donde no existía la razón…

-Si tan siquiera pudiera ver la tierra desde el espacio-

-¿Cuál es el punto?-

-¿Cuál es el punto de esta conversación?-

-Abre tus ojos y no grites, apaga la luz, el dolor no existe, trata de decir algo, ¿podrías guardar los secretos de mis sueños?, no digas otra vez las mismas cosas, yo también cometo errores, ¿si tu país escuchara tus replicas no existirían motivos para tener más fe?… ¿cuál es la fantasía que siempre has escondido?, ¿Entiendes?…

-A veces te extraño cuando veo las 4 copias fotostáticas de tus fantásticas fotografías… simulan la ventana de tu casa ¿sabias?. En una eres rubia, a la izquierda morena, por debajo pelirroja y al lado estas calva. Extraño tanto tu cabello, es todo lo que quería y adoraba, y ahora todo es triste.

*3* Dulce, dulce Joy (donde el fulgor no nació):

Decir que Joy era linda sería poco, Joy era tan dulce como su corazón de goma de mascar…

Y por lo tanto su corazón ya estaba bastante masticado, como su sofisticado espíritu desdichado.

+-+-+-+ La moto de mis vecinos se ha vuelto loca por la primavera, y al primer vehículo con dos ruedas que reconoce se le tiende encima –ha derramado toda su gasolina en la llanta trasera de la bicicleta de Joy- (tendrá que ir caminando al colegio).

Joy nació princesa, nunca supo de que, pero siempre ostentaba ese titulo… tenía en la cabeza una corona de aros de cebolla y cacahuates, portaba un vestido (largo… tan largo…) que tomaba el color del cielo (así como su estado de animo, si llovía también lloraba y si nevaba este mismo se elevaba entre las nubes hasta que Joy se ponía morada y ya no respiraba) .

Joy intentaba derribar los satélites Rusos que se situaban alrededor de su hogar, primero trato de prenderles fuego con un atomizador y algunos fósforos (pero de nada sirvió), después construyo un invernadero de plástico suizo (y se olvido de los satélites).

Joy tenía un sillón de elástico (relleno de chocolate blanco) y un cajón (de cajeta) para poner sus pies… Nunca le faltaba nada, ni el vino rojo ni las palabras tristes; la locura dormía en sus párpados y escribía en tinta gris: “Te sigo observando desde la luna, siempre”.

*4* Muerte turquesa (Joy nunca salto del espejo)

Joy intentaba ducharse esa mañana …

-Piensa en verde-, -piensa en verde-, -piensa en verde-

Desayunó comida enlatada (como de costumbre) y se bebió una jarra de antiácido…

El vecino de Joy, “Jay” estaba muy afligido porque ese día no pudo ver a Joy desnuda en su habitación; y tuvo que esperar hasta la madrugada para masturbarse…

Si Joy tenía un problema, acudía a pedir consuelo al trébol Rosado de siete hojas; Joy tuvo esa ocasión un problema y acudió en busca de su ayuda, para su mala suerte sólo se encontraba su hermano menor el trébol turquesa de seis hojas… Joy le dijo que tenía un problema: Cada que trataba de hacer el amor, su amante le pedía que lo hicieran en un submarino parisino… El trébol turquesa de seis hojas le aconsejo que buscara más amigos y rentaran un submarino nuclear en algún lugar. Y así lo hizo Joy…

Al cabo de diez días Joy y sus amigos (incluyendo a su amante) partieron hacía aguas internacionales en un submarino azul…

Todo fue una enorme orgía submarina, Joy lo disfruto tanto, que no tardo en darle las gracias al trébol turquesa de seis hojas…
Joy buscaba repetir su hazaña ahora en el espacio, se llevo a sus amigos de nuevo y a su (nuevo) amante…

Ya en el espacio buscaron un planeta perfecto, rojo con negro, y aterrizaron… Joy tomo anticonceptivos y su (nuevo) amante y sus amigos se pusieron preservativos…

Apenas salieron al planeta y…

-Piensa en verde-, -piensa en verde-, -piensa en verde-
Sus cuerpos pedían satisfacción pero la gravedad los despedazo…

*Joy deseaba tanto formar una banda de Rock, saltar a través del espejo y convivir con las estrellas… ahora puede conversar con ellas tanto como le plazca (-con todas a la vez-).

A LAS 5 Y ¼ EN EL JARDÍN DE LOS MUERTOS

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Jack, Mortorius y Axel son tres estudiantes que habitan juntos un pequeño espacio, sencillo y libre de contaminación por radiación… Rentan la casa del velador del cementerio, la cual se encuentra junto a las lapidas de los tres diputados más corruptos en la historia del país, quienes fueron castrados (y cuyos órganos sexuales estuvieron en subasta el sexenio pasado) y sumergidos en una piscina de semen y sangre.

Jack, de 21 años, es asesino a sueldo, (cuyo empleo es sólo para sustentar sus estudios y pequeños vicios) puede ser una persona agradable, calculador y frío; no ama a nadie ni nada (con excepción del vino tinto y el queso fino). No parece tener otro sustento de vida, aun así es un joven dedicado a las artes y las ciencias, además de un total adicto al sexo fácil.

Axel, de 18 años, busca siempre un pretexto suficientemente surrealista como para justificar sus deseos de morir; se siente desligado de este mundo, no entra siquiera al plano espiritual, sólo busca desvanecerse, volverse una sustancia tan pretenciosamente pura como para no existir…

Mortorius, de 21 años, sólo observa, analiza y consuela con la mirada; ama tanto que no se puede apartar del dolor, ha caído tantas veces, ha abrazado a la belleza en tantas formas, y ha sido devorado por la soledad toda su vida. Para morir sólo bastaría con acabar con su fe en la humanidad y en la resurrección del amor.

*Jack flota a veces por el corredor, trata de abrir la puerta de la entrada, pero sus compañeros la tienen atrincherada; lo único que puede hacer es darse de golpes toda la noche.

Por la mañana la tristeza acompaña las nubes de Febrero, 3 nuevos huéspedes vagan por el cementerio, parecieran vivos aun, (o muy bien maquillados) llevan sus mochilas al hombro y se aventuran entre las lapidas y cruces variadas; cortan una flor y hacen un ritual de olvido…

Por la tarde asisten a sus clases: Jack estudia arte y música, Axel Literatura y poesía, y Mortorius filosofía y letras inglesas…

Sus vidas aunque ligadas a la belleza, tienen un gran vacío; algunas veces parecen no poder volar entre las nubes y las estrellas, y aunque podrían vivir lo mismo en mil ocasiones, pretenden tornarse fríos para congelar su sangre cohabitante de sentimientos enfermos.

Al atardecer regresan a su hogar (su verdadero hogar) y cada quien toma una rodaja de luna roja, y se guardan un poco en el bolsillo izquierdo del pantalón.

/Los lapsos en el espacio son vueltas incesantes, donde la única conciencia es la que se queda aparte/

\Las flores en el cementerio son tan hermosas y coloridas que enraízan inexactamente las camas del subsuelo\

Podría no haber pasado nada con Jack, Mortorius y Axel; podrían haber vivido lo mismo hasta el día de su muerte, y todo seria como si tan sólo hubieran cambiado de habitaciones (a unas que estuvieran bajo el nivel del mar). Pero todo lo que brota del alma humana suele ser tan dañino, tan doloroso; como si nuestra alma fuera una navaja de dos filos y pidiéramos amor a gritos…

**Axel escapa de madrugada para patear perros y maullar como gato, se sienta bajo un árbol y contempla las estrellas, desearía devorarse alguna y vomitarla sobre un tranvía.

Después de dormir por tres días, las tres copas rotas derraman miradas en instantes pasajeros, envuelven sus bocas enteras en papel aluminio, como plateado instinto y simple matiz de expresionismo francés.

Una tarde de domingo Axel se enamoro, fue la primera vez que pudo encerrar el egoísmo que llevaba alimentando desde hace tantos años, y convertirlo en un egoísmo compartido… Ella se llamaba Salamandra Mandrágora, era tan blanca como la luna vista desde Marte, tan hermosa como un rocío matutino de mermelada de menta, y tan suave y simple como una enfermedad mortal… Y sobre todo, lo más importante: ella se encontraba totalmente enamorada de él; tanto así que en sólo 3 días fabrico un palacio lunar a escala, con tres simples plumas de ganso y dos ojos de conejo albino. Todo era tan perfecto, como la total perfección del dolor y la angustia de las grandes perdidas.

***Mortorius se levanta de la cama con los ojos cerrados, camina sólo cuando se siente seguro; se queda dando vueltas en circulo junto a las palomas, y cuando estas se echan a volar, él regresa a su nido y les revienta el vientre a sus retoños…

Jack galopa a toda prisa en su corcel aguamarina, suspira y tira una piedra lunar en cada esquina del boulevard, el descanso es necesario en una mente tan ocupada… Todo desaparece, el contraste es serio, el tiempo agotado.

Salamandra Mandrágora se detiene desnuda, mientras las dulces garras de Axel se encajan en su rostro, salpican el vestido de ella y logra degustar un poco de sangre con su tensa lengua; el amor fluye como tersas gotas matutinas… Axel se queda solo en la casa, 15 minutos en pleno aislamiento son suficientes para desistir~~~~~~~~~~

El amor es una estatua de polietileno en vidrios acuosos… Axel cita a Salamandra Mandrágora en el cementerio, por la tarde; ella lleva una rosa de plata y una pluma negra…

Mortorius y Jack, no llegan a cenar…

Salamandra mandrágora llega tarde a la cita…

En el lugar, sólo hay, música y risas…

|Ella camina reservadamente entre los arbustos, mueve algunas ramas, coloca algunas flores, y se echa al suelo: la lapida de Axel se encuentra enmohecida desde hace ya varios años…|

December 24, 2005

WHITE LINE/WHITE HEEL

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Monchie

“Prefiero que me metan un chingazo a quedarme callada”
-Jean D´arc-

Resistol 5000 en un saco revestido de megalitos

Es la pequeña parte. La loseta recorre el pasillo, una hilera delgada-fría y ácida en paneles, una bolsa de bombones adherida al espejo, la sección es lamida y retorcida como carne fresca en el agua y después trituramos los bracitos aún inertes incapaces de interceder, pinzas para sacar hielo y luego la aguja con una sustancia espesa para colapsar el interior, el resto es sólo esperar, comer algunas frituras y escuchar la radio.

Winnie The Pooh salta a la televisión con un nuevo serial policiaco llamado: D.E.P.R.E.S.S.= Departamento Especial de Policías Responsables de Esparcir el Simi Socialismo. Julee Cruise lo calificó como “visualmente excitante, y con esto quiero decir explícitamente porno”, Annie Lennox lo declaro como “la primera épica de aventuras sexy con policías que no son sexys”; Y por ultimo Patti Smith lo anuncio como “un monologo con personajes inolvidables, por cierto no sé de donde salió el nombre porque no aparece ningún maldito policía en toda la serie y es mi imaginación o se repite la misma escena una y otra vez”.

Broche era una estudiante de Odontología, tenia una tremenda obsesión por los dientes, de noche Broche se afilaba los colmillos y por la mañana presumía ser la nieta de Bela Lugosi; Broche dormía sobre una almohada gigante con la cara de Lou Reed que su abuelo había comprado durante la Segunda Guerra Mundial. Broche tenia un coche que era un Vocho del año 68, durante su recorrido a la escuela Broche llamaba por teléfono, se maquillaba, jugaba Nintendo y tomaba una siesta; Broche era en realidad el diminutivo de Brosela, pero ella prefería ser llamada Broche como aquella antigua diosa griega de la cocaína.

Broche afilaba lápices HB mientras bailaba sobre papel mache que sus amigos habían traído del Barrio Chino bajo el metro del centro interestatal, sus amigos eran una mezcla de Robin Hood rojo con Cosmonautas de juguete, Broche nunca usaba Lipstick porque le resecaba el alma, viajaba a las fiestas donde las hamburguesas se servían en conos de nieve con una lagartija en la parte superior.
Broche era de descendencia ascendente decadente, se sentía afortunada de llevar una boa de plumas rosa con corcholatas de refresco de los años 20, los autos siempre le pitaban y ella rastreaba llamadas desde un retrete publico encima del puente, lo que más le gustaba eran los aretes, coleccionaba cajas enteras de estos accesorios, unos de lo más lujosos y otros de lo más excéntricos.
Cierta ocasión su amiga Christine le obsequio un arete para la nariz con la forma de un cementerio maldito; Broche no le dio mucha importancia a la figura y se lo coloco gesticulando con breve elegancia, el arete embono perfecto en la nariz casi como si hubiera sido creado para ella.

Tres visita a siete, por supuesto no hubo nada sexual, no hablaron de religión ni de política, ni trataron temas del amor; Esa misma noche el Papa le hizo sexo oral al Presidente de los Estados Unidos, en la cena de San Valentín.

Broche fue a visitar a “Doña Comadrona”, la vecina indeseable que tenía 3 hijas solteronas: “Borona”, “Morona” y “Morusa”; Doña Comadrona le dijo a Broche que en ese momento estaba leyendo un libro maravilloso llamado “Sopa de coditos para el alma del vampiro”, mientras sus 3 hijas leían la revista “15-39”, donde había tips para pasar el examen a la universidad y así agarrar marido o por lo menos quedar embarazadas.

De repente el arete de Broche comenzó a moverse y se escuchaban chillidos horrendos e incomprensibles de su interior, al principio Broche pensó que se trataba de un nuevo truco publicitario de Radiohead, pero no, era el arete que había cobrado vida propia al ponerse en contacto con la sangre de Broche mediante un encantamiento indio; Broche comenzó a gritar y se compro unas papitas de chamoy con crema agria bajas en grasa con 30% gratis y una figura de Pelé escondida dentro.

Broche decía “Nunca confíes en nadie mayor de 100 años”; Esa mañana fue a visitar a su amiga negra “Groupie Wholberg”que era una combinación entre: Billie Holiday, Buddy Holly, Halle Berry, Chuck Berry, Barry White y Bryan Ferry. Groupie tocaba en el piano una canción Glam sentimentaloide que hablaba de dos pepinos homosexuales que se drogaban con Benzoato de Sodio en una orgía de caramelos; y Groupie comenzó a llorar todo un río, el arete de Broche empezó a hablar y dijo: “Broche, tienes que matar, quítale los órganos a los ricos para dárselos a los pobres…”

Broche se resistía al hipnótico mandato de su arete, pero éste le llevaba una enorme ventaja, el infame arete había leído una reseña de “Introducción al psicoanálisis, de Freud”, condensado de Reader´s Digest; y el libro “Nietzsche para ciegos”, con 334 pies de pagina, próximamente disponible en sistema Braile.

Broche bailaba entre sus dos perros deformes, el lector de DVD marcaba el inicio de una película de los hermanos Almada, Broche estaba muy deprimida, juntaba pastillas caducadas y las molía en un bulbo de la TV. junto a la habitación principal, a veces le tocaba una emoción pequeña y se levantaba, iba al baño y abría todas las pastas dentales, tenia que parar ese deseo de ir cada vez más lento y hacia abajo como un figurín mecánico cuya cuerda se va agotando y ya nadie presta atención; El arete de Broche había cobrado conciencia de su existencia, Broche lo llamo “Ian Curtis Cobain Vicious”, cariñosamente apodado “Curt”, nadie sabría el destino al que estaría sometido este ahora ser pensante adjunto a la nariz de una jovencita.
Broche se puso su camiseta de guerra de las bandas “Pink Floyd VS. El Recodo”, y se dispuso a traerle comida a Curt, este se quedo en casa escuchando un disco de José José en la grabadora que tenía marca de horno de microondas; Broche manejaba muy rápido por la calle cuando escucho el grito de Curt desde el segundo piso; En el momento en que broche entro al baño ahí se encontraba él, oxidado y con marcas de navaja cerca de sus partes vitales, con unas ultimas palabras Curt le dijo a Broche: “Nunca confíes en la joyería de plata”.

Las cenizas de Curt se esparcieron en las aguas embotelladas, como él lo hubiese deseado.

Fin

PD. : Recuerda, la literatura es la alternativa al suicidio.

UTARE F. SON (Una Historia Glam)

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Monchie

-U-

Utare, el frío se descompone y se antepone a una silueta inconsciente, ausencia de todo deseo, intermitencia del sonido la voz ha muerto, blanca esperma en gravedad cero resbalando por la espina dorsal, preservativos en la secadora y un rumbo inadecuado por la ladera espacial.

-U2-

Trato de poner mis manos suavemente para que no se lastimen, pero tienen tantas imperfecciones que prefiero usar guantes de goma cada que tengo que drenar a alguien, todo esta tan húmedo y continuo unos cuantos centímetro más, alguien canta muy dulcemente en la habitación continua, es una ocasión especial, usare el traje azul para recorrer los alrededores, zapatos relucientes y mis rizos hidratados, el láser esta descompuesto y llevas esos ojos apocalípticos siguiéndome en todo momento, un sueño imposible.

-U ZERO-

Carrusel trigonométrico, todo va tan rápido y Utare apenas tiene 25 siglos de edad, cuando pierde el rumbo sabe que el amor lo puede salvar, 1977-2999, nostalgia de fin del mundo, los delfines se alborotan, del cielo brota un rábano y parte a la ciudad en 37 pedacitos, Utare desprotegido toma a sus 12 amadas y su mayordomo, suben a su nave llamada “Marb Rekots” y se alinean a otra galaxia.

El mayordomo se cuelga de una soga, en el tocadiscos suena el LP de “El idiota”, de Iggy Pop.

Mientras tanto, en una galaxia lejana, un cazador llamado “Deer Rats” mira al cielo con celeridad, de su boca se articulan las más complicadas palabras de dolor con un tono armónico, hasta ese momento Deer era totalmente heterosexual, ese mismo día Utare arribo a esa galaxia.

Las mejores intenciones en el momento incorrecto.

La ciudad vivía en contraparte, en la nebulosa se vierte una caricia, alambres secos cristales y tizas, un girasol inerte rodeando como satélite, lluvia interna e hileras inconsistentes de amnesia.

Deer recorre el planeta, luz lo cautiva, Utare arriba en la nave sombría, luna maestra cubriendo las veredas…

Bengalas en vagones de tren, la vía gira en el contorno del agua; Deer escribió un relato de lo más subversivo y genial sobre su encuentro con Utare, la critica lo catalogo de “pornográfico” y fue llamado a juicio, el escrito titulaba: “Date una vuelta por mi lado salvaje, puta alienígena”.

Deer y Utare se volvieron buenos amigos y rentaron una casa junto al mar, era una primavera hermosa y llena de vida, Utare le confeso a Deer su terrible secreto” era músico de Rock, al parecer el peor de todos, no tenía el más mínimo talento o carisma; Deer arreglo todo para que tuviera por lo menos un hit en la radio, este se llamo “Píntamelo de negro, puta alienígena”, el publico adolescente reacciono muy bien, pronto Utare tenía groupies a las que le chupaba la sangre pop, al final nadie las reclamaba y pasaban a la fosa común.

Eran días de dicha y sana diversión, pequeñas orgías y leche con malvaviscos, desde que llegamos al mundo empezamos a llenarnos de mierda, un cúmulo de estrellas pudriéndose en el supermercado, disparando en medio de nuestros ojos y ni siquiera nos inmutamos, fingimos olvidar y ser otras personas, gente sin remordimientos.

Mutilación, desmembramiento y detergente liquido.

Utare perdió su mano izquierda en un concierto, Deer le dono la suya incondicionalmente, tomo una pequeña navaja e hizo un corte de 10 cm. Un tanto profundo y después como abrelatas rodeo su muñeca, el dolor era ineficaz y poco afligido Deer le entrego su mano como señal de su lealtad, a Utare no le importo.

Ese día se fueron a tomar unas fotos, como de costumbre Utare no salió en la foto, y era de esperarse nunca tuvo carisma el pobre chico.

Deer se volvió oficial de policía estelar, inquebrantable y honesto, rápidamente fue el mejor en su tipo, por otra parte Utare fue seducido por las secretas y oscuras artes de la piratería de DVD´s de Universal Pictures; en cuestión de meses fue el amo de la mafia de piratería estelar, su maldad no conocía limites, era despreciable.

Mientras tanto el bueno de Deer apoyaba a su comunidad, iba a las kermesses de la iglesia y velaba por nuestra seguridad, hasta que un día se dio cuenta de la vida secreta de Utare, esa ocasión se juraron odio eterno, y Utare le devolvió su mano a Deer, ambos tenían el corazón roto.

Macaroni espacial, trajes ajustados y algunas ardillas anorgasmicas.
Saliva y enredaderas, el ambiente recluido, todos somos la groupie untada en el pan tostado del vacío existencial.

Hubo una batalla intensa entre la noble causa de Deer y la vergonzosa deshonra de Utare, la batalla duro 7 años, las compañías fílmicas quedaron en bancarrota y hubo millones de muertos, se recluyo en campos de concentración a todo aquel que tuviera un quemador en su casa, nadie era confiable, todos eran unos potenciales piratas; al final unos cuantos rebeldes huyeron en naves espaciales hacia otro rumbo de la galaxia, Utare los lideraba a todos, él y sus detestables secuaces se apoderaron el flujo aéreo por otros 7 años, y ya no sólo se dedicaban a la piratería de películas, sino que también quemaban música grupera, el futuro parecía gris para este joven rincón del universo.

Al fin, nuestro valiente héroe Deer se encontró de frente con el gañan de Utare, aconteció una gran pelea de la que no entrare en detalles, al final, a un lado de algún risco peligroso se realizo el ultimo golpe, Deer estuvo a un paso de tirar a Utare hasta un agujero negro, algunas fuentes dicen que Utare dijo arrepentirse por ser una criatura tan repugnante, a lo que Deer le respondió: “Hay mucha gente despreciable en el mundo, no te sientas especial”.

En un ultimo suspiro Utare confeso a Deer que cuando era más joven bailo “Boogie Wonderland” para la televisión, eso explica perfectamente el oscuro destino al que estaba determinado.


Fin

DI NO A LA PIRATERÍA ESPACIAL.

Umberto Eco & the Bunnymen

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Monchie

“El arte es el único lugar en el que podemos estrellar nuestro avión y salir ilesos”.
-Brian Eno-

El desencanto de la juventud sónica.

Nacen pandas mutantes con el cuerpo de Osama Bin Laden.

Un cristo hecho de mierda derrama lágrimas de verdad.

Un grillo salva a un niño de la pubertad.

Anciano de 112 años demanda a Microsoft por hechicería.

Las mujeres son 98% más propensas a ser unas putas.

Nuevo proyecto del gobierno “Abortos por mamadas” todo un éxito.

Aparecen niños muertos en un bar gay, todos salieron ilesos.

El genoma humano es un bodrio inventado por la televisión, vea los detalles en Internet.

Fatal incidente entre pandillas termino en parrillada.

Los videojuegos son abortivos, asegura la casa blanca.

“Adolescentes adictos a la coprofilía” darán un concierto en Nueva York.

Un fantasma pelea por la custodia de su hijo muerto.

Gemelos separados al nacer plagian la misma novela.

Supervivientes del Titanic candidatos a tripular el Apolo 13.

Se le facilitaran películas pornográficas a niños de bajos recursos.

Su novia resulto ser un calcetín.

“Un kilo de piedras”, nuevo programa de nutrición en África.

Chucky sacara otra secuela: El abuelito de chucky.

Se llevaran computadoras a todos los niños que perdieron a su familia tras el tsunami.

Dejar de fumar causa homosexualidad en los adolescentes.

Carlos Cuauhtemóc Sánchez nuevo premio Nobel y nominado al Oscar.

Baudelaire era adicto al messenger, afirman sus amistades.

Vocalista de “Jaguares” muere por sobredosis de vitaminas.

Esta en pleno auge en Hollywood la virginidad.

Ser senil y estar a la moda ya no esta peleado.

Negros racistas asesinados por japoneses xenofóbicos.

Parámetros musicales bajos.

Derecho inalienable a ser alien.

Derecho a la intolerancia a la lactosa.

Derecho a ser zurdo.

Derecho a procesar el procesador que más nos satisfaga.

Derecho a los masajes subliminales.

Derecho a la libertad de sex boutiques.

Derecho a matar testigos de Jehová.

Derecho a mantenerse joven por siempre.

Derecho a las masacres moderadas.

Derecho a la libertad de parafilias.

Derecho a visitas conyugales con la virgen de Guadalupe.

Derecho a la salud menstrual.

Derecho a matar Judíos.

Derecho al maltrato físico de las formulas químicas.


Paulina Plastilina.

Un muñeco de peluche simbiótico.

Cien gramos de heroína en pasta de dientes.

Un cereal de bomba atómica.

Goma de mascar sabor coito interrumpido.

Casa de campaña de la noche de los muertos vivientes.

Pistolas de agua rellenas de ácido undecilénico.

Las nuevas muñecas lesbianas con guantes de látex y dedos flexibles.

Un par de calcetines con la sangre aún húmeda.

Un micro-hornito con micro-orgasmo.

Kit de herramientas vudú para pequeñas niñas rencorosas.

Penes de gomita de 12 pulgadas.

La Ouija Disney con cupones de descuento.

Una bicicleta con la forma de Franz Kafka.

Toallas femeninas minis con dibujitos de Teletubies.

Apio sepia.

Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, generalmente muy estúpida.

Todo arte es al mismo tiempo simple y superficial.

La esperanza muere al ultimo, pero el cuerpo se pudre primero.

A veces la realidad supera a la fisión nuclear.

Lo que no te mata te chinga.

Siempre supe que es mejor cuando hay que hablar de dos empezar por el 69.

No es casualidad que tierra rime con Ely Guerra.

Todo lo que sube tiene que bajar, si no estas embarazada.

Vaginoplastia circunstancial.

Mary Shelley fui la groupie más famosa del siglo XIX.

Jaime Sabines publico su obra ininterrumpidamente por 7 años en el libro vaquero.

Sor Juana fue el primer travestí intelectual.

García Lorca le escribió varias canciones al Lupillo Rivera.

Simone de Beauvoir preparaba un excelente café.

Mario Benedetti es el verdadero padre del chavo del ocho.

Elena Poniatowska es la reina del Reggaeton.

Juan Rulfo es el amo del cyberpunk.

10 clichés que odio de ti.

Odio que te vengas en mi boca cuando me esta cogiendo otro tipo.

Odio que la plasticidad de tu mirar se confunda con la alquimia de tu ser.

Odio que tengas una hermana gemela más bonita que tú.

Odio que me engañes con la quintaesencia del verbo.

Odio que uses menos maquillaje que yo.

Odio que me ames más que a la vida en Marte.

Odio que tus piernas se marquen en mi televisor.

Odio que la luna sea más grande que tu cabeza.

Odio cambiarle los pañales a tus gatos.

Pero más odio tu maldito afán de seguir vaciándote a mi lado.

Fin.

Taxidermist driver

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Monchie

One. Vaciamos el cuerpo, los párpados tajados, se extrae el liquido seminal y por primera vez en televisión abierta mostraremos la violación de una niña de 3 años, rogamos a nuestro teleauditorio que no intente esto en casa, estos actos son realizados por profesionales desquiciados y totalmente drogados avalados por la secretaria de salud; Gracias a nuestros patrocinadores “La bodega de niños huérfanos, fragmentados y despojados de su capacidad de percibir S.A. DE C.V.”, la niña es empalada por un miembro parcialmente erecto, pero ya dentro este se desarrolla completamente, el individuo forcejea ante la niña apacible, breves suspiros, flemas rojas recorriendo la cabina telefónica (se le dan instrucciones a la niña de que debe mostrar cierta resistencia a las embestidas del individuo para que resulte creíble a nuestro publico), la niña se queja y comienza a llorar, el individuo se excita y arremete con más fuerza, el sudor flota ante los cuerpos corroídos por los píxeles, la niña comienza a sangrar de entre las piernas, el individuo se excita aun más, en la pantalla del televisor se muestran dos recuadros, en uno sale la cara de la pequeña y debajo el nombre de “Bambi”, en la otra pantalla aparece el rostro del individuo y en la parte inferior el nombre de “Jack the rapist”, el individuo se pone de pie en su totalidad y comienza a venirse entre los ojos, la boca y los cabellos de la niña, esta empieza a vomitar y el individuo toma el vomito con sus manos y se lo da de comer de nuevo a la niña al mismo tiempo que él prueba un poco, al final la golpea al estilo de las películas Hollywoodenses, cortan la toma, todos ríen, la niña se limpia el cuerpo y el individuo abraza a la pequeñita, al final se beben una soda en la cafetería del Canal. En un lapso, el individuo le toma la mano a la niña en señal de amistad, la niña lo demanda por la cantidad de 20 millones de dólares, por acoso sexual.

Two. Elijo la vida loca.

Centro térmico.
Minuciosidad ergonómica.
Doctor pediatra.
Niño platino.
Cenicienta eléctrica.
Prostíbulo preescolar.
Gris neutro.
Abstracción abdominal.
Fisura exponencial.

Three. Existe el cosmos y dentro el centro de nuestra nulidad.

Casper Ovale acomoda unos libros en el estante, su camisa esta abotonada hasta el cuello y lleva una corbata con rombos a medio nudo, tiene el cabello totalmente blanco como el centro de sus dientes y sus labios rojos atorados en el reflejo de los pendientes de su oreja izquierda. Conversa con su mayordomo:

Mayordomo: Somos el resultado de nuestro desvarío.
Casper Ovale: Más bien, somos el resultado de “nuestro” desvarío.
Mayordomo: Es lo mismo, amo.
Casper Ovale: Estas despedido, maldito latino.
Mayordomo: Permanecerá siempre en mi corazón, joven amo.
Casper Ovale: Yo jamás olvidare aquella noche loca, ni tu suave y mágica virilidad.
Mayordomo: Me halaga amo, usted tiene los glúteos de un Aristócrata.
Casper Ovale: Espera… me quedare con tu pene en señal de amistad.
Mayordomo: Pero amo… esta bien, sólo pido un ultimo deseo.
Casper Ovale: Dímelo, te será concedido de inmediato.
Mayordomo: Espere hasta que me cure de Sida para que me lo corte.

Buscamos la risa barata, lágrimas económicas.
-Bahía e-bay-

Four. El tostador era una navaja antes de dar las buenas noches, y aunque me sentía triste sonreía ante el teléfono…

La multitud aclamaba al grupo de moda, eran 5 muchachos talentosos, cada uno experto en su ramo: Eric Clapton en la guitarra, Brian Eno en los teclados, Roger Waters en el uculele, Bob Dylan en los coros, y Justin Tinkerbell en la voz, bajo, arpa, cello, saxofón, harmónica, xilófono, sintetizador, laptop, sistemas análogos, batería y piano de juguete.

En el 2001 lanzaron su primer disco titulado “MMI (Melodías para Muchachas Impresionables) una odisea musical”; la critica fue diversa, desde los que decían que era una mierda, hasta los que coincidían que era una mierda pretenciosa. Fue entonces cuando el productor decidió colocar otro integrante al grupo: “Pocky Palitroque”, un perro soprano procedente de los desiertos del Japón, quien añadiría un toque “Avant-Garde” a la agrupación.

3 días después vetaron a la banda por las perdidas millonarias que había provocado a la compañía discográfica, vagaron por meses pidiendo una oportunidad en otras disqueras, desde algunas compañías satánicas hasta la indeseable Decca Records.

El grupo termino por desintegrarse, sólo Justin Tinkerbell y Pocky Palitroque decidieron seguir juntos por un extraño e indescriptible lazo que los unía íntimamente. Aquí es donde acontece la parte más interesante del relato.

Fin.

Sushi Roll Suicide

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Monchie

Tristeza en un jabón.

El viento desiste y las sombras revisten los detalles del valle aleatorio, un disparo engomado penetra con bondad en mi sueño, sino viviera en la locura eterna apenas resistiría el sonido del piano roto.

Los guantes blancos ajustados a mis dedos, un vestido muy elegante, el peinado recogido y unos lentes de Hola Gatita; algunos cabellos verdes son inhalados por un niño, no llevo aretes porque nunca cicatrizo, anillos de caramelo y tatuajes tóxicos, refresco sabor uva de 5 galones, puedo correr siempre como un cristal hasta que me doy cuenta de que ya no estoy; regalos sin abrir y esas paletas gigantes hechas de leche caducada hace ya 5 años.

Botón verde = chillido, botón rojo = llanto, palanca amarilla = alegría, cruz invertida = plástico, nube fucsia = acceso denegado, ausencia de color = universo.

Risas estranguladas, a esa edad poseía una genialidad expectorante y una memoria pornográfica, piernas pálidas y una laptop.

-Es difícil no enamorarte de alguien que te preste tanta atención-

Palomitas cristalizadas, el océano pacifico no quería detenerse, lucia bien desde el vigésimo séptimo piso, una almohada colgada y un chico con pene de 40 cm. (No sé la equivalencia en pulgadas) se miraba bien y un par de años mayor que yo, pretendí ser ordinaria y graciosa pero en cuanto tuve oportunidad le arrebaté su utilidad, después no pare de llorar como si todo esto importara de verdad.

Tocaba el piano y me atornillé la voz.

Crecí en un hogar medio burgués, en una casa grande y hueca llena de ratoneras, mi posesión más grande fueron unos zapatos verdes (que contrastaban con mi vida gris), esa boca pequeña que no conoció el azúcar, mis clases de pintura comenzaban a las 11 am., después teoría de la música y al final mi recorrido hacia el gran estudio, había un piano monumental, me recostaba y colocaba mi cabeza en las teclas, cerraba los ojos y me envolvía en un dulce canto infantil, no escuchaba más que mi voz y el eco que generaba en la habitación, me acomodaba y comenzaba a tocar; obsidianas y palomas se estrellaban en el cristal, las paredes se llenaban de sangre roja, azul y amarilla, mientras mi voz era más suave menos esperanza había a mi alrededor.

Escondía mi cara y nunca me cortaba las uñas, el universo se iba a colapsar y no había nada que nadie pudiera hacer, no dejaba de pensar en frases que había escuchado de mis padres o de la Tv. : el bien siempre triunfa sobre el mal, la esperanza muere al ultimo, siempre resurgiremos de nuestras cenizas, dios ha muerto, nunca confíes en nadie mayor de 30 años, Moscú no cree en lágrimas, el muro nunca caerá, el sushi es venenoso.

Había sucedido un torneo de pianistas en mi ciudad, todos luchábamos para ver quien iba a representar a nuestro país en “El encuentro mundial de pianistas telekineticos A.C.”, al final teníamos que batirnos en duelo para ganar el honor de usar el “piano d´or”, con el que trataríamos de salvar al universo que se iba a colapsar, no tuve problemas en ganarles a todos.

Tenia dos padres pianistas: una cuarentona frustrada que daba clases de piano en una escuela y se las chupaba a los alumnos, y un judío horrendo que sobrevivió al holocausto con la sola magia de su música; esos dos me inspiraron tanto y decidí que el único medio efectivo de autoflagelación era convertirme también en pianista.
Fui conocida como “la hija del pianista”, con tal estigma tuve que chupársela a muchos chicos para que dejaran de molestar, y las chicas no dieron mayor problema.

Los sueños no escuchan a los muertos.

Me empaño sin emoción, tecleo y rechino en algunos sonidos, sombras pegajosas lagos desteñidos, me encuentro en una esfera cargada de cianuro y tus manos me enferman, nado entre dos paredes y respiro a destiempo, sentada por la luna arrojada y cubierta de silicona corrosiva, agujas de seguridad inseguras, tus labios han descendido para siempre.

En las esquinas los vagabundos gritan que el universo se va a colapsar, pero todos sabemos que el universo siempre ha estado jodido.

Me inclinan en la cápsula, en el cristal sólo cabemos el piano d´or y yo, no se necesita nada más, los científicos saben que es una misión suicida, mi patrocinador en una cadena de rollos de sushi, por lo tanto no sufro penurias por hambre, hay un millón de cápsulas con sushi deshidratado, también llevo algunos consoladores de pilas industriales y una moto Harley Davidson.

Cuando me aburro toco la harmónica o me pongo a ver Tv. Por cable en mi pantalla de 700 pulgadas, mi esteréo sólo sintoniza el A.M. (sería mejor estar muerto), en el horno cocino un pastel de sandía, me acerco al objetivo, preparo el piano d´or y marco la ruta.

Las naciones pelean, los seres humanos no saben como lidiar con su naturaleza, las industrias nos acaban, nuestros vicios nos corrompen, dios debe de estar revolcándose en su tumba por nuestro comportamiento, el amor nos abandona, somos el desperdicio de la creación, las contracciones de las estrellas y el sangrado del alma, tal vez pasen muchos años hasta que nos demos cuenta que en nosotros esta el cambio, nosotros podemos salvar al universo, con nuestra fe y esperanza, ya no nos queda mucho tiempo, una canción puede cambiar al universo, nuestro propio universo, si todos unimos nuestros corazones al tocar el piano d´or podremos desquebrajar la oscuridad que nos aqueja.

Ese mismo día morí, intoxicada por el sushi de mala calidad, el piano d´or se destruyo ya que sus partes eran coreanas y estaba ensamblado en Honduras. Los científicos dijeron que el universo se iba a colapsar inevitablemente en 100 millones de años.

Fin

Suicidio Colectivo Nortec

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Monchie

Líneas ascendentes (se han ido), me detengo y sostengo al mar en una cuchara, una corbata eléctrica (contiene un fantasma) y ensalada inglesa, los grilletes no cesaran… no

*Edward y Allen viajaban en un globo que no volaba alto, era un artefacto parecido a un carrito de supermercado (pero más azul), cada quien tomo una nota musical y planeo su muerte:

dward quería que pasara cuando estuviera dormido, para que su hermana no notara que sus ojos cambiaban de color en cada resplandor de momentos, la luna sería amable pero sólo a cambio de sus pantunflas de latón, él abriría sus brazos como un camaleón recibiría una suave y certera caricia cegadora.

Allen quería que pasara cuando fuera aún muy joven, para que sucediera rápido y conservará siempre la emoción, del hogar con 3 paredes y un pasillo corredor en la copa de un árbol maravilloso en medio de la ciudad, deseaba un toque en la espalda y un tenue sutil brillo naranja.

Delfines con semillitas eléctricas sienten el aire pesado como si estuviéramos perdidos, pero entre más sumergidos el pataleo constante (palabra+idea=ultramarina), tengo el presentimiento de que estallaré antes de evocar la luz del día.

Marie Kellie Jai Kee tenía que decidir antes que nosotros, era una decisión sencilla que nos hundiría a todos; Johny Long Lee sólo necesitaba un disparo privado y la bendición del cielo que lo aguardaba al final de la jornada; William Snake Ed miraba a distancia la persistencia de los enamorados que se irían cuando el pequeño reloj del comedor se convierta en rosas para el perro muerto de la gaveta del corredor donde de niños jugaban sin esperar al otro día (y ahora ese día faltaría).

M.K.J.K. y J.L.L. se pararon frente a W.S.E. con las manos desnudas y el corazón frío, dijeron palabras que sujetaron a la noche con cierta culpa, pero el agua se mantenía en calma, se tomaron de la mano y los ojos bellos como cristales empañados nunca se encontraron, ahora el silencio era el arma más mortal y su alma se distanciaba en el metal:

Los dedos a dos centímetros de la mejilla titubeante, ni un sonido, algo se extrae del interior pero nada parece pasar, hay muchos pasillos y tantas escaleras, sólo basta un roce imperceptible pero ya no hay sensación, arrollado en las rodillas, uñas arrugadas a las pestañas y… nada fue planeado, solamente sucedió.

Un pequeño resplandor y la noche nos cubrió.

Fin

So Naïve (Una historia Zen)

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Monchie

“Dentro de 50 años, el dinero no tendrá valor. No habrá fronteras ni banderas, porque esas ideas no le gustan a la gente joven, son conceptos muy viejos que exterminaron a muchos indios. Entraremos en una dimensión de mayor dignidad, igualdad y conciencia. Las personas se darán cuenta de que lo mejor de la vida, está fuera del marco de juzgar, sentir vergüenza o culpa… o condenar a los demás”
-Carlos Santana-

Ridley Scott dirigía su nueva película “El Loro”, donde una siniestra ave muere encerrada en el excusado de un baño publico, y cuyo espíritu maligno obliga a las personas (amantes de los musicales) a sacar una copia del nuevo disco de Sarah Brightman y colocarlo en el esteréo de una pobre víctima, en un plazo máximo de una semana, sino el macabro Loro liberaría al fantasma de Cher en traje transparente, que nuestro débil corazón no soportaría… El dialogo de la película era más o menos así:

*Mujer frígida: Mi fantasía intima, ahí les paso el dato por si tengo algún fan, es ir a Canadá y hacerlo en un igloo, con el piso cubierto de pieles y velas alrededor, a la vez que dos televisores están encendidos, en uno que pasen la película de Amores perros y en el otro Titanic, ahhhh y con música de Enya y una pizza de repollo.

*El Loro: Eee, eee, El Loro, El Loro, Sarah Brightman, Sarah Brightman, cumple la profecía, cumple la profecía.
La película presumía de ser la más aterradora de todos los tiempos, en ella se trataban temas de existencialismo, metafísica y religiones orientales, al mismo tiempo que Ozzy Osbourne explicaba sobre un recuadro los detalles fundamentales de la trama.

“El Loro” llegó a ser tan popular que las imitaciones no se hicieron esperar, pronto salió un film llamado “El Cuervo”, que había plagiado totalmente el estilo gótico y surrealista del primero, fue una vergüenza para la industria cinematográfica. Ese año un Re-make puertorriqueño de “El Loro” gano el premio Oscar en 11 categorías, incluyendo “Mejores zapatos” y “Mejor canción de Ricky Martin”.

Los intelectuales de todo nuestro país debatían sobre la importancia de “El Loro” en la sociedad actual, plagada de melancolía y un robotizado estilo de vida, “El Loro’ era la clave de nuestra existencia, el eslabón perdido entre experiencia y juventud.

Win Wenders compró los derechos de “El Loro” y lanzó una nueva línea de pantimedias, cuya campaña protagonizó Trent Reznor y Belinda, realizó una miniserie y un par de Comics (que Stan Lee apadrinó), todo el maldito país estaba invadido por “El Loro”,
“El Loro” se convirtió en una leyenda urbana, decían que si repetías 3 veces “El Loro” en el espejo, saltaba Cher desnuda y te cortaba los genitales; rápidamente el tema de “El Loro” paso desapercibido, y nadie volvió a hablar de él.

-No te preocupes, estás muerto-

Un párrafo del diario decía: Prohíben banquetes a la japonesa: sobre chicas desnudas. Las jóvenes permanecían tendidas boca abajo “tranquilamente” mientras los clientes comían siguiendo una “antigua tradición japonesa”.

El sushi se servía sobre los cuerpos desnudos de las universitarias, su flujo vaginal se utilizaba como dip para sus aperitivos, en la entrada del lugar decía: Leche tibia gratis, todo lo que pueda comer por un dólar. A raíz de esto la secretaria de alimentos prohibió cualquier tipo de desnudez con fines alimenticios y de entretenimiento.

-Burbujas de Kool-Aid coaguladas sobre comida china barata del subterráneo-

“Era pequeña pero igual me excitaba, todavía no aprendía a hablar y ya hacía un maravilloso sexo oral”, decía la nueva campaña de pañales So Naïve, que fanfarroneaba con la frase: si absorbe todo el esperma, que no absorberá.

Los bebés de este milenio habían aprendido a ir al baño desde recién nacidos, gracias a un programa infantil de Tv. , las industrias pañaleras tuvieron que convertirse en genocidas para subsistir, pero gracias al más reciente acuerdo de paz celebrado en Viena, las compañías de pañales tenían autorizado poner droga en los materiales usados para fabricar sus productos, y así continuar ofertando artículos de la misma calidad pero más adictivos y confortables.

*El líquido era morado y brotaba de entre las piernas, una llaga profunda preexistía en el retrovisor de la marquesina, si el grito era dorado y fumigaba hasta quebrar 216 huesos perforando algunos órganos no-vitales, es doloroso al principio pero después te mueres, y ya sólo hay música electrónica. El beat de Betty Loop por siempre.
Cuando era bebé tenía un amigo llamado René, robábamos pañales de LSD que mi vecina Peggy colgaba en su tendedero, cuando cumplí un año y medio ya había probado pañales con: morfina, bencedrina, mescalina, toracina, reserpina y tolserol.

Nuestro dealer “Gonzo”, un chico de 5 años, había sido adicto a los pañales de Heroína desde los dos meses de edad, la droga lo estaba acabando en verdad, su piel tenía cierto tono azul cándido y su nariz (donde aplicaba sus inyecciones) mostraba alguna reacción secundaria a su adicción, una especie de inflamación sobresaliente. Otro caso era “Ruffo” (el negro del grupo), asociaba su adicción a los pañales de metanfetaminas con canciones de: Pet Shop Boys, Erasure, Duran Duran y New Order; Su estado mental era un completo misterio, sus amigos sólo sabían que le gustaba la música de maricas y la ropa Gap, una vez lo sorprendieron tocando una canción de Elton John en el baño (por eso de la acústica), nunca volvió a ser el mismo.

Cierta ocasión René tuvo una sobredosis de talco para pompis rosaditas, no lo soporto, ese día murió un poco de mí también, pero en fin…

Por esas fechas nació mi hermanita “B.J.”, mamá murió colgada del cable de Tv. En el quinto piso, papá suplanto a mamá en todos los aspectos: Cocinaba, lavaba, limpiaba y hasta amamantaba a B.J., papá consentía muchísimo a mi hermanita, termino comprándole esa nueva línea de Barbies que menstruaban 5 días al mes, en el anuncio del producto decía: con 5% de menstruación real en cada flujo diario, accesorios no incluidos.

Yo estuve en rehabilitación, usaba calzoncillos entrenadores con pseudoefedrina, en el centro de adicciones estaba el dibujo de un dinosaurio que decía “Dino a las drogas”, yo me cague en mi madre esos días, vomito tras vomito cargado de sangre y sustancias alucinógenas, curas y choques eléctricos, perdí algunos dientes de leche en el proceso, nunca volví a ser el mismo.

El gobierno prohibió a la compañía So Naïve fabricar más pañales con droga para bebés; optaron por fabricar pañales con droga para animales, los efectos de la adicción y carencia fueron letales, pasaron los meses y miles de animales Junkies rondaban las calles en búsqueda de un trozo de pañal; el gobierno puso en rehabilitación a los animales y le prohibió a la compañía So Naïve fabricar pañales con droga para animales, así que So Naïve decidió darle un giro a su carrera y se convirtió en lo que hoy conocemos como Televisa.

Fin.

SHINTOWN

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Monchie

En religión el porvenir esta detrás de nosotros.
En Arte, el presente es eterno.

-Okakura Kakuzo/El libro del Té-

*El Vaticano, 12 de diciembre de 1972.

El ejercito japonés ha ocupado las principales localidades del Vaticano y ha tomado como rehén al Papa Roach III, un clima de terror se ha sembrado en todas las naciones católicas del mundo. Lo que se ha denominado como “La división Shinto”, un grupo selecto de soldados al servicio de la Diosa Amaterasu Omikami, cuyo único fin es traer paz a la nueva orden mundial; dispondrá el futuro de la fe de millones de personas.

*México, 25 de diciembre de 1972.

La virgen de Guadalupe ha mandado un comando especializado para combatir a la división shinto, las ordenes son muy claras: “matar a todo infiel”.

*Japón, 01 de enero de 1973.

Múltiples atentados han acontecido en la capital, los habitantes de las costas han sido atacados por un tsunami, al parecer creado de manera artificial por los seguidores de la virgen de Guadalupe, reina el caos y la hecatombe en el país.

*El Vaticano, 06 de enero de 1973.

Como un último movimiento de las fuerzas católicas del país, el frente integrado por: la virgen de Guadalupe, el niño Dios, los tres reyes magos; han arribado al Vaticano para destruir de una vez por todas a las fuerzas de Japón.

Algo inesperado sucede, al parecer un grupo de kamikazes se lanza sobre el Vaticano y destruye todo a su alrededor, sobrevivientes: cero.

*Japón, 21 de marzo de 1973.

Continúan los atentados en todo el país, pero estos cobran mayor fuerza tras la muerte de los líderes católicos de México.

Una bomba atómica cae en Tokio y acaba con la mayoría de sus pobladores; varios monjes shintoistas se reúnen con la Diosa Amaterasu Omikami para decidir el ataque contra los mexicanos.
*México, 10 de mayo de 1973.

Los Rolling Stones tocan desde un globo sobre la ciudad de México; un ataque inesperado por parte de los japoneses somete a la población, la sabia y misericordiosa Amaterasu Omikami les da la opción a los mexicanos de unirse a su religión o morir (o irse a vivir a Perú); los mexicanos finalmente aceptan rendirse y tomar esta religión ajena a ellos (otra vez).

*México, 16 de septiembre de 1973.

David Bowie da un concierto para celebrar el día shinto, es asesinado por un fanático del Tri al confundirlo con Chela Lora.

Japón ha fundado una escuela para enseñar a la población las verdades del shinto, se ha puesto un cartel en cada poste del país que dice:

A todos los habitantes del país, se ha decretado por voto divino que cada uno de ustedes debe tomar instrucción shintoísta en la capital de su nación (ahora llamada Shintown), ahí un nuevo grupo de monjes canalizados por nuestra suprema deidad Amaterasu Omikami los someterán y cuidarán de ustedes, la asistencia no es opcional (si no asisten se les asesinará con honor), como ofrenda a nuestra diosa cada familia deberá llevar una hija blanca de entre 16 y 21 años, virgen (de preferencia) y de garganta profunda (si no la traen se les asesinará sin honor).

Esperamos su asistencia y con un cordial saludo nos despedimos.
-Comité de reclutamiento suicida-

*Shintown (antes México), 20 de noviembre de 1973.

John Lennon canta en el metro, nadie lo reconoce.

Comienzan las brigadas de shintomatización, el país empieza a tener una superpoblación de árboles, plantas, animales, rocas y deidades.
Mientras tanto, el ejercito japonés recluta los mayores de 13 años para su ejercito suicida, al parecer las secretas intenciones de este organismo es volver a atacar a Pearl Harbor y poner bombas atómicas en Hollywood y Disneyworld.

*Shintown (antes Mexico), 28 de diciembre de 1996.

Marilyn Manson toca en el palacio shinto de los deportes, muchos estudiantes se vuelven locos y comienzan a matar a sus compañeros, claramente influenciados por la siniestra letra del cantante(y no me refiero a la caligrafía).

Se nombra a Fujimori como nuevo emperador de Shintown; como primer orden decide la creación de escuelas de adiestramiento suicida, las 20,000 personas que habitan actualmente en el país no oponen resistencia.

*Shintown (antes México), 15 de mayo de 2003.

El 98.79% de la población ha perecido, ya sea por los ataques suicidas, o los rituales suicidas, o tendencias suicidas de la población.
Las canciones más sonadas en la radio son: Rock & roll suicide, my death, I hate myself and I want to die, Snow White suicide, The night that Minnie Timperley died, Who killed Mr. Moonlight?, Bela Lugosi´s dead, y Aserejé.

El emperador al darse cuenta de las bajas en la población, decide crear el comité de adiestramiento suicida de animales, árboles, plantas, rocas y deidades.

*Shintown (antes México), 12 de octubre de 2003.

El país queda desierto, el emperador alienta a los sobrevivientes a llevar la filosofía shinto a todo el mundo; el emperador es tragado por un Godzilla mexicano; lo que queda de la población de la antigua Shintown logra sacar a la religión shinto del país, confiados en poder ejercer sus propias tradiciones otra vez y mantener su identidad, se preparan para Halloween, habrá muchos dulces en puerta.

Fin

SAMURAI OF LOVE

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Monchie

“He descubierto que la senda del Samurai es la muerte. Ante el dilema de vivir o morir; decídete de inmediato simple y llanamente por la muerte”
-Jocho Yamamoto-

ANULA LA LUNA.

El cuarto funesto inocente y romántico, cena y teatro, 1/3 de sonrisa escalpelo en tu mucosa, Vino a la luz de las ratas y admirando la bella noche platinada (he perdido un souvenir); Dicen que un diplomático le disparo en la yema de los dedos, nada especial
–sacrificio en combate-, todo lo demás era falta de encanto, despedir las piernas alertas agrias, caer en el gran muffin de aceitunas mutantes del parque municipal.

Dulce, dulce podrido agrietado.

El insecto dormía de manera repulsiva sobre la palanqueta de un muerto, ha sido este mismo quien lo ha escogido, para esta noche.

ANDREA CALAMARO Y DR. CRUZ ROJAS.

1. No soy yo.

Apeirofobia: Miedo al infinito.

2. Debería haber una cura.

Arachibutyrofobia: Miedo a la mantequilla de cacahuete que se pega al paladar

3. El espejo a través de Alicia.

Asymmetrifobia: Miedo a las cosas asimétricas

4. Ya no es insípida.

Deipnofobia: Miedo a las conversaciones de sobremesa y a la cena.

5. La comida china es para realizar los anhelos de la gente.

Anablefobia: Miedo a mirar para arriba.

6. A mí me gusta vivir de noche.

Eosofobia: Miedo al amanecer

7. Ayer.

Hippopotomonstrosesquippedaliofobia: Miedo a palabras largas

8. ¿Quién es el chico?.

Sinistrofobia: Miedo a las cosas izquierdas.

9. Si te violo asiente con las piernas.

Geliofobia: Miedo a la risa.

10. Estas ovulando, no mueres.

Amaxofobia: Miedo a montar en un coche.

11. Hazte la prueba del VIH.

Aphenphosmfobia: Miedo al tacto.

12. Me gusta saludar con la mano derecha.

Apotemnofobia: Miedo a personas con amputaciones.

13. La comida Japonesa tiene demasiado recelo.

Atomosofobia: Miedo a las explosiones atómicas.

MUY A LA MODA PARA UNA NOCHE COOL.

Ella tenía tetas épicas.

Me pongo mi delgado polvo facial, abotono mi blusa azul, en otoño sueño llegar arriba donde ya sólo puedes bajar, mis labios con ceniza brillante quietecita y mutuante, acordes de esos que se tiñen con las líneas eléctricas de un foco incrustado, leve bocado de yogurt caducado hace 5 años, tranquilo y hundido en el paralelismo de los nervios subyacentes, el cabello flota dentro de la bañera pistache y se lleva una pestaña postiza, tengo las piernas muy pálidas y delgadas plagadas de narcolepsia y mis ojos profundos se desprenden en 8 partes cada vez más palpitantes, unos dedos que me ahogan en cada movimiento lento.

TOMATOCHI.

Todas las estrellas se han caído de mi cara, matemáticamente toco mi cuello, el colchón esta en el piso, Mirada distraída retraída, retrocedo bajo el cesto del centro como la teoría del caos estoy fuera.

Las figuras son poco confiables en espirales confidenciales soy el mismo resplandor desviado, rasgueo para sentir que estoy proyectado y percibo un toque romántico en un agujero de tu nariz, deben ser unos 17 pero podrían ser 19, articuló desarticuladamente media letra, una w a la mitad.

Desplegó 5 líneas blancas en los anteojos mientras flashea un poco de tu esmalte en mi pantalla, llevas un botón de televisor antiguo como anillo y bebes ½ litro de agua de la llave, recluida.

DOO/WOP VS. HIP-HOP.

David Boogie y Snoop Duckk, dentro de un Roadtrip.

Frasco con cinco cifras,
Delete all,
Bella viscosidad satelital,
Trenzas de ultraluna nuclear,
Largo tiempo para descartar homicidio imprudencial,
Bailarín cósmico orinándose los zapatos,
La forma instantánea sentimental lamentable y sutil.


CUJIN, EL CACHORRO ASESINO

Fox-Trot don´t stop. Alien.

Las siguientes líneas llenas de detalles para los fans, a mediodía a medioevo, camino a Sacramento, California, despegue de una rueda y un efecto no deseado, mi mano atrapada en un tubo de escape.

Cuando llegue el ayer…

Continué pintando unos nabos, un ciempiés y tres batracios, aun no alcanzaba el matiz dorado de los días pasados, era una piña que se me atoro en la traquea y desistió con pretensión, silbando y recorriendo a gatas el lugar sin gafas con el cuerpo completamente mutilado, vodka, y después a la mitad de la estructura se mantuvo bailando sin parar en el hilo de una araña que brotaba entre dos agujas e iluminaba el lugar con 2 erres, el instante en el estanque y un poquito de vomito mantuvieron hueco el ambiente, hasta la mañana siguiente.

Fin

RUPELSTINSKINSOPRANOBOSSANOVANGELA

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Monchie

La cabeza era redonda con espejos en la solapa, callada voz subterránea atorada en los cabellos, dedos de botón con 10 cm.

De grosor, la boca atenuaba el roce del rotor que destrozaba sus labios.

Rupelstinskinsopranobossanovangela vivía en la esquina de un Cabaret, a la edad de 10 años compuso su primer canción en piano, le llamo:

El Rupelstinskinsopranobossanovangela preludio sinfónico bohemio Hip Hop R&B; fue un fracaso comercial, ninguna disquera creyó en ella, y entonces Rupelstinskinsopranobossanovangela abandono la música. Los días pre-adolescentes fueron duros, cuando R… tuvo su primera regla no fue como la de todas las demás niñas, R… tuvo un flujo sanguíneo de un litro parcialmente coagulado y un sangrado incesante durante diez días, decían los sabios del recinto que “ella poseía un espíritu perverso que deseaba ser liberado”, R… permaneció encerrada en el cuarto de baño hasta que dejo de sangrar. Después todo fue peor, el siguiente mes, R… no presento la regla, pero en cambio tuvo un vomito incontrolable que la mantuvo en cama; algunos monjes la alimentaban con orquídeas y jazmines, pero R… vomitaba solamente ratas y tréboles sin parar, R… corría de un lado a otro mientras la noche se mantenía nublada y el piso se conservaba intacto, sin rastro alguno del desastre que emergía de su boca.

Al día siguiente un pequeño koala arribo al recinto, decía tener la cura para cualquier mal provocado por un demonio, los monjes apresurados lo llevaron a la habitación de R… Ahí estaba ella media deshilachada con su cara sonriente y el vomito recorriéndole el vientre; el koala sacó un antiquísimo jarrón de su morral y lo colocó dentro de un tazón situado a la orilla de la cama de R… Ella estaba tirada en el centro con las piernas en forma de Z escuchando a Blondie comiendo un melón, el koala cerró los ojos y mantuvo un mantra, separo su respiración durante 87 minutos y se atrevió finalmente a despejar su mirada, dijo:

Eso que mantiene atada a esta pequeña es algo perverso y delicado, es un hinchazón aletargado de su débil corazón, algo impuro ha entrado en su sutil emerger, ¡Que el cielo se apiade de nosotros si “eso” llega a manifestarse en su totalidad a través de ella!…

El koala brindó a R… un sorbo de la cristalina bebida sustraída del jarrón, colocó sus dedos entre las cejas de la infantil cara despreocupada de R… Esta se desprendió de la sabana enmarañada en la cama, dio dos vueltas y media antes de pararse y devorar al koala.

5 años después R… compró su primer auto, era pequeñito dislocado y anticuado pero llevaba unos dados en forma de Z a cada lado, el radio era una Barbie gigante con un delantal. A sus 18 años R… había estado ocultando sus orígenes cuidadosamente, vivía en una ciudad tosca y fulminante, breve y caprichosa, ahí ella se dedicaba a vender teléfonos celulares de casa en casa, cuando de vez en cuando algunos vecinos maliciosos le incendiaban la cabellera con un fósforo azul de un metro, y ella sólo se sentaba en el jardín a rezar un poco,
“Llegara el día en que de tu boca penderá la ceniza luminosa ventilada”…

Un día después (perdido), la sombra que chispaba de sus espinas se colocaba en la esquina, una imagen rasposa que musitaba, R… se preparaba para desistir de la tenue tortura que la haría descender.
Siempre que R… veía un koala se movía algo en su interior, cada disco en la Sinfonola era una profecía: “La niña de los cabellos de granola nos liberara…”

R… fue esa tarde a pasear al parque, había nubes descendiendo al césped y ella ascendía sin pies…

La noche fue violeta esa vez, no hubo un disturbio que mantuviera la calma, las estrellas brotaron de 3 en tres y cayeron agotadas, la noche más corta del invierno (tan sólo duro tres horas).

Fin.

Pink is Fine (Un drama pop)

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Monchie

“Las mujeres serán los nuevos Elvis. Es la única dirección hacia la que puede ir el rock and roll. Las únicas personas que pueden expresar algo nuevo en el rock son las chicas y los gays”.
-Debbie Harry-

Nacieron con pasión por la moda.

Mátame y cuando muera tendré bebés.
Sácame los ojos y cuando te vea serán las 9:50.
Déjame nadar y callar porque mi cuerpo esta desierto y te advierto que de niño no sabia mentir y no recuerdo sentirme imbecil.
Dame diciembre lejos de mí ingenuamente no me digas adiós quisiera rapear en 1974 para no alejarme.
Suéltame y cuando regrese tendré empleo y una casita de cartón en mi rostro ya no habrá vida pero no podrás parar el sueño de hacerme un hueco en los nudillos un martes que la estación se acabe con una amapola frotando mis dedos ya no estoy en mí porque estoy en ti y tu no estas nunca has estado aquí estoy pero no hay silencio no hay nada vuelvo del parque a dos cuadras de un lugar que esta muy lejos el perro me saluda y mi sombra retumba ahora soy de madera y estoy en la escalera soy un piano tocando una mala canción soy un zapato nuevo que nunca compran, y creo que esto puede cambiar con unas cuantas líneas:

Nunca dar nada por nada.
Nunca dar todo por nada.
Nunca dar nada por todo.

Cada noche siento esta falta de sentimiento y estoy revolviendo alcohol con medicamento donde se encuentran las calabazas falsas con el centro, confiaría en ti pero no estoy seguro de que sea conveniente por lo menos hasta que recupere el color sumergido en el mar tal vez fluir.
Star maps. He parado en la puerta sin mesa y vertiginoso en sopa de almeja viajo en semicírculos triglicéridos algo paso pero jamás me di cuenta.
Déjame tomar tu mano y llevarte al sótano, he cortado el teléfono y vamos a flotar en fluidos hasta que los tipos de la tienda dejen de observarnos para saturarse y que simplemente se compliquen con algo divertido como de domingo, música ochentera en tu hombro como una película porno y no olvides las luces bajas para no dañar los labios, he sentido por años que siempre podría pero no puedo, NO, NO, NO, SI. SI, SI, SI, NO.
Debe ser la estructura definitiva, magnetismo vegetal, desde la invención del sonido no quiero escuchar nada nada nada, ¿Hasta donde?. Hasta el ojo. Un poco más profundo y estará bien, pero tengo sed, no puedo dormir, sueño con una supermodelo llevando dos carritos de supermercado que me mira pero no la entiendo, habla como en la televisión, jamás termine el colegio pero eso no me vuelve fuera de –focus- era rubia de cejas negras y entrepierna roja, me sostiene en el sillón y veo alrededor, hay cuchillos y uno me hace desear estar rebanado para el show, pero nunca he sido bueno con las manos, me levanta y mis pies no dejan de moverse, no hay música pero no puedo parar, y desisto.

Es sólo un espejo sin memoria.
Las primeras ropas son más rápido pero las ultimas son más (rellene este espacio).
Y estás tan delgada como piloncillo, todas mis amigas se divierten como gatitas en pimienta, un acercamiento romántico que se esparce en el retrovisor, si continuas así la combinación de químicos en mi cerebro será mortal, celebremos y esperemos que la lluvia destroce el techo y la pintura cubra nuestras almohadas, no necesitas tacones cuando el dolor es demasiado, ni siquiera un disgusto inexpresivo porque no te estoy mirando, no es un error es algo inesperadamente artístico.
FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA.

Lima letrina.
Es demasiado polémico para ser un químico que arranca la grasa de nuestro cuerpo y la encapsula en breves existencias, poliéster eterno estéticamente inaceptable testicularmente húmedo e inapelable, el slogan de un gag como jingle.
Gel para esterilizar, moldear, escupir o fijar. Matar. No deja residuos. No es grasoso. No contiene alcohol. No. Ideal para todo tipo de cabello. Todo.
INSTRUCCIONES: Aplique una cantidad (mil pesos) de gel en la palma (29) de su mano. Frótelo con ambas manos y distribúyalo (a sus vecinos) sobre el cabello ligeramente húmedo (estimular) y limpio. Deje el estilo que desee (cualquiera) ya sea con los dedos (no recomendable), peine (no recomendable) o cepillo (no recomendable) y déjelo secar. Ninguno.
FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA.

-Serie cancelada-

FIN.

No es otro tonto poema de putas

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Monchie

Suscita una mirada romántica
Volante acelerante
Hélices desconcertantes antesala
Dientes azules extraídos con pinzas
Electromagnéticas

Quita esa lasagna de tu cara
Me siento como el único ser torcido
A tu lado.

Pantalones con tocino
Karaoke afroantillano.
De tu boca un tanque de gas
Violetas de dedos violentos
Tan pequeñita acorralada
Jazz que no cesara en la sala…
Que no creemos y los gestos de cirugía tan libre que nos atrapa y si miras en el puro centro eso que tembloroso no eres tu pero lo has perdido sobre la lengua enrollada y escabullida helada de la húmeda pulcritud insensata que nos permite una señal risueña de lo que nos ha hecho caer para ya sólo no bajar más al interior.

Triptongo premura.

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Monchie

1. La juventud es la única enfermedad que se cura con la penicilina.

El bosque te esta mirando Miranda porque llevas un anciano nadando en tu interior; Nacerá por cesárea cuando tengamos noción de que no es una masa molesta que fluye en alcohol.

Todo a su tiempo…

Frente a tu virginidad de reciclaje han pasado demasiados pares de zapatos, tus ojos purpúreos no miran a la gente, no miran, no soy.
Apenas tienes edad para procrear, el médico dice que una mujer que ha llegado a los once años sin hijos no es una mujer completa.

No podría decir nada, espero no murmures en la nostalgia de tu senectud, yo aún puedo saborear tu vasto olor a muerte que ahora se ha esfumado.

Miranda aguarda, cada vez con menos miedo reverbera inconexa, cien manos en cada 10 gramos, una aguja por cada porción, los latidos de su corazón se estabilizan, nació con la sabiduría de un cometa que no puede mantener su consistencia.

2. Muñeca exquisita con el cuerpo de Chavela Vargas.

Miranda intergaláctica como una goma láser soviética, puede tocar tus dedos como una actriz gorda de los años 30, no ha pisado la cocina por más rubéola que la ponga a correr,
–Nunca se es demasiado seria y jamás se odia lo suficiente-; Esta aquí pero no ahora, el dolor vuelve pero no le toca, es barbacoa adorable en una bolsa.

En los primeros años de su vida Miranda estaba enamorada de Bing Crosby, acariciaba sus arrugas con un dolor de estomago que le recorría sus falsos dientes; Su madre le conectaba un tubo en el recto buscando su amor, pero Miranda era demasiado gelatinosa y se empapaba de sangre, tenía un aire glorioso en cada una de sus canas y el calcio ya no estaba, bastaba decir cualquier cosa para que la olvidara, cada cumpleaños en retroceso era una nueva era.

3. Nosotros creemos en este amor senil.

Miranda tenía 80 años cuando llegaron los años 80, participó en un par de películas pornográficas de bajo presupuesto, a Miranda le gustaban los penes grandes con escasas verrugas y le encantaba apretarlos y morderlos hasta sacarle el poco semen que poseían, se masturbaba con videos Beta y usaba un peinado como abuelita de Madonna, Miranda era perversa y perezosa como una princesa con cabellos de luna embarrados de bluecheese.

El primer beso de Miranda se llevo a cabo en el asilo, fue apasionado y con tintes sexuales, el afortunado era un magnate de Londres que tuvo un mal día con el marcapasos…

Prueba un poco y haz el test, pero no voltees esta vez, suelta las píldoras y aguanta la respiración, sostén la silla de ruedas y rueda rotando en cada una de las piedras en tus riñones, ten un buen día pero no lo suficiente, lento y radial como un gato espacial, todos mantuvimos la cordura alguna vez pero hoy estas acabada, cuando el dolor no duele es que estas pisando el cable telefónico, envuélvete en una cápsula y mírame en la burbuja.

4. Gerber ultraverde y libido accidentado.

Miranda miro con placer y se dio un baño de Frappé con caramelo, admirando cada poro abierto de las 32 cirugías reconstructivas de colón, las uñas como mariposas se le enterraron en las sandalias, y cada caminata era delicada y abandonada como aire en una jeringa.
Nadie respondió a distancia en esta ocasión, no hubo un hipervínculo que nos mostrara un desfasamiento, era demasiado joven para recordar su llegada al mundo, sólo sabe (por su madre) que se le fracturaron algunos huesos al nacer, pero las perdidas son aceptables; Tenía los ojos grises más hermosos que las sobras del cielo podían ofrecer, eran encantadores y hasta podían mirar un poco en calidad de diptongos.

Hacer el amor es delicioso (las hormonas se encuentran perdidas y se remplazan con mayonesa), elevando y conservando la sonrisa lisa lucida desperdiciando el tiempo, cuando eres un juguete no consigues nada y todo se muestra sin decir una palabra, cera depilatoria decolorante edulcorado suavizante agonizando.

5. Adicción a la putrefacción.

Miranda consumía pastillas para mantenerse vieja, aunque tenía ya 11 años parecía de 20, muy pronto llego a mezclar tal cantidad de sustancias que su cuerpo estaba hecho un asco rejuvenecido.

Se sometió a una cirugía estética experimental que la dejo con un aspecto de enferma terminal, de repente fue popular de nuevo y se llevo a la cama a cuanto anciano quiso, empezó a experimentar con laxantes ilegales y antidepresivos sabor mora azul, compró bastones al ultimo grito de la moda y un cómodo cubierto de oro y forrado de diamantes. Miranda comenzó a ser portada de las revistas más prestigiosas a nivel internacional, usando prendas atrevidas y sensuales que dejaban poco a la imaginación, fue ahí donde Miranda se enamoro de uno de sus bailarines, el cual después de una noche fogosa de febrero la preñó.

Miranda comenzó a perder los efectos de la cirugía de una forma desastrosa, en unas pocas semanas volvió a tener el espantoso aspecto de una puberta, no había manera de ocultar el embarazo, y Miranda comenzaba a sentir que algo hacia berrinches en su interior con una sutil dulzura, el padre de la criatura huyo en cuanto supo la noticia.

6. Demasiado joven para vivir.

Matriz vamos a la iglesia con Miranda, es momento de rezar como en una pelea gay de artes marciales, aquí vienen los barcos de vapor, Miranda tenía una excéntrica colección de fotos de Fito el feto encontrado en Finlandia, y que supuestamente era nuestro eslabón perdido; mientras afilaba algunos lápices Miranda miraba con terror que su juventud se acercaba y que pronto sería tan espeluznante como Fito, recordaba las historias de la Biblia y se creía una virgen María moderna con celular y Converse de Paquita la del barrio.

Al final, irremediablemente solitarios y pequeños, confusos por el liquido amniótico, regresaremos al flujo y reconstruiremos el cordón umbilical, dentro buscaremos una eternidad en la cual diluirnos, nos convertiremos en cualquier cosa y flotaremos en todo lugar, seremos bebes pero continuaremos siendo viejos, en un agujero la pared nos contraerá, quedaran sólo fragmentos y sangre cuando los ojos paren de mirar y lentamente dormiremos como cada pedazo que ha sido extraído, nos mantendremos felices e inertes, y ahí estarás tú.

Fin

My Alchemist Romance

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Monchie

Revista: “Chicas de hoy”.
Especial: Neorrealismo italiano.
Regalo: ¡Dispositivo intrauterino!, Aprende a usarlo.
Tips: ¿Es tu primera vez por detrás?, Lubricante y práctica tus aliados.
Especial: Chicos que parecen chicas que les gustan chicas que parecen chicos.
*Conquístalo según el tamaño de las ampollas de sus testículos.
*¿Tu boca y su pene son compatibles?
*¿Se masturba pensando en ti?
Tests:
*¿Eres fascista?
*¿Te gusta mamarle la panocha a tus amigas?
*¿Qué tanto sabes sobre André Breton?
*¿Qué ropa llevar a tu primera orgía?
Superconcurso:
Conoce a tu estrella porno favorita gay o transexual en un recorrido falso por su hogar.
Notas:
*Kalimba está insoportable levedad del ser.
*Jesucristo otro adepto al budismo.
*¿Por qué nos gusta tanto la verga?
*¿Cómo ligarte una enfermedad venérea?
Verdadero o falso:
*El mayor sueño de Dan Brown es terminar la secundaria.
*González Iñarritu es el Federico Fellini de nuestros tiempos.
*Sacaran videojuego de Ana Frank y 50 cent.
*Uff 2.0 se llamara ahora Uff 3.1416.
Look de infarto:
Mariana Levy lució ayer un vestido escotado parcialmente inmovilizado, sin lugar a dudas una chica gótica tal vez inspirada en las tenebrosas letras de Good Charlotte.

3 cosas que me han mantenido vivo durante todo este tiempo:

1. Oxigeno.
2. Órganos vitales.
3. Espíritu.

Feliz cumpleaños mañana.

Tengo fe en ti, eres tan agradable, hueles a cebolla mentolada, mi habitación esta debajo de la tuya, si te entierran puedes vivir a mi lado, comeremos sopas de vaso con mostaza como cuando teníamos 15 y nos escondíamos de Mr. T. (porque era un maldito negro inmundo), haremos una piyamada como aquella en la que saliste embarazada pero esta vez si limpiare la sangre una y otra vez hasta que salga la mancha y te daré un autógrafo para que quites la demanda.

Tienes el estomago de jalea y puedes detectar los mensajes ocultos de la Torah, viviríamos felices en Alaska, el refrigerador carnívoro patilla prístina, si el norte fuera Dakota del sur.

Sentí el fulgor, vimos una película muda en surround, me sentí aliviado de que te hayas olvidado de mí.

Quisiera atravesar el astro en una transferencia como tu introdujiste una cuchilla en mi inocencia, interrumpiste mi interior cuando sentiste el peligro, camine fuera apenas conservando la estabilidad, te desintegraste en círculos corrosivos en el aire lípido, pero ya te encontrabas hablando bajo, cada vez más compacto miraste que me consumía en espasmos, en una esquina liquide la parte que el invierno adentró en pequeñas grietas.

Dead or alive airlines.

Cándida liquida tiene los brazos completamente vacíos enormes plegadizos, sus botines de rompecabezas con 500 piezas de látex, un corazón de volver al futuro, y no es todo pero si es la única que se da la vuelta 171º para almorzar amordazada y es tan pequeña que sus huesos son enormes pero no hay mucho porque luchar, cae desnuda sobre arena y yo la observo por días esperando liberar la distancia entre mis dientes y recuperar la movilidad de mis cabellos, parece que hace calor pero es que ya no tengo nada, ella produce una risa temblorosa y yo estoy transparente, mi voz es rasposa bailo para mi mismo en la ausencia del tuxedo azul un sábado conduciendo en el asiento me atoro en una mina de cereza, cualquier referencia impersonal me hunde, puedo creer y parar porque la impresión se repite para otra ocasión, una densa capa en la multitud causa repugnancia pero yo la recibo porque ya no espero nada; Ella ya llegó con el ego emancipado, es un cilantro que me da sus manos para amarme secarme por teléfono, soy el escaso emocional que pone play en el ocaso matinal para detenerle antes de que llegue a mí.

Esperándote dentro de mis audífonos.

Era como un pastel congelado con las uñas arrastrándose, respirando y atragantándose de explosiones rítmicas conoidales.

No lo entendí hasta que fue demasiado temprano, me pinte muy profundo bajo la luna y los cosméticos se abrían de par en par, labios muy rojos y sombras azules (como mesera de restaurant de comida china), el rimel era barato. Antes la gente vivía más feliz porque moría al nacer. Al amanecer veo mi rostro en el océano y viene hacía mí por un instante distante que recorre corriente esta conversación ya diluida: cásate conmigo en navidad, pero no quiero llegar a diciembre, este fin de semana tomaremos el vuelo hacia otro lugar, no quiero hallar algo que me recuerde que no conservo recuerdos, aterriza en mí aunque no sea seguro, no presiento que sobrevivas porque estoy consciente que eres de otra época.

Yo y yo, tu y yo, tu. Todo ha fallado.

Fin.

December 23, 2005

Music for the muses

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Monchie

Música para terroristas.

La solución a la precaución es mantenerse confundido, ojos como los tuyos se encuentran en los costales, todos en el fondo estamos en lo alto, meditación en suspenso, sedado con un poco de licor en los labios soy y nunca seré tuyo.

Una postal de Robin Williams de tu viaje al Congo (sin suficientes sellos), hay una descripción exacta de mi estado emocional en mi pagina web, veo brillar mis pestañas de colores transparentes y relucientes con una o dos caries, exagero, en realidad tengo cáncer. La risa es la mejor medicina similar, trato de dormir todo el día para no esperar nada, como música ambient recorriéndome y decepcionándome en la dirección errónea, elección eléctrica, enfermeras encantadoras con medicamentos desvanecedores.

La gente viene a mí, empapada de flúor, pero nadie me recuerda porque no aparezco en las revistas, mis pantaletas se sienten tan sucias y no puedo ni hacer una llamada, mis testículos están inflamados y las líneas que transportan mi torrente sanguíneo quedaron saturadas, gracias a dios es viernes.

Música para autobuses.

¿Cómo duermes?, me pregunto la muchacha del chat, tuve una pequeña erección frente al monitor, le dije: “Duermo como dios me trajo al mundo…”, con la piel morada cubierta de sangre y el cordón umbilical rodeándome el cuello.

Sugar Rosa observaba helada implorando desde su cantimplora de la época victoriana, dijo que mi nombre le sonaba como a una película fallida de Akira Kurosawa , yo estaba medio dormido con miedo culpable recogiendo basura con un destapador, en mi pueblo es tradición matar a la madre de un geek, porque el mal es generacional y la semilla maldita la portan las mujeres, que le voy a hacer soy sólo un hombre contra el mundo, soy un videocasete europeo.

Los aretes se emponzoñaron y estallaron en las orejas dejando hematomas empaquetados en oscuridad podrida, corrí por un cuchillo a la cocina para reventar las pequeñas venas que obstruían nuestro romance, café con techo y pay de sexo, limones atrofiados reventados de Special K.

Música para maricas.

Me rodeo en efecto siempre (ebullición) latente, almuerzo semidesnudo asesinato a sangre tibia, dejar pasar para ver hasta donde se puede atascar, me miran como pequeñas flechas en el cielo, anular la visión teclear la ranura obstrucción, una cadena enlazada por un desenlace.

Quise innovar la literatura colocándole leche, sin darme cuenta que era intolerante a la lactosa, mate a la letra.

Temp tenía los ojos maricas pestañas tostadas labios israelitas, se puso bajo el ventilador y sufrió un ataque epiléptico, en ese momento se dio cuenta que podía bailar.

El virus tenía temple en las manos de Temp con un cigarro en cada bolsillo de pantalón cargo, destapo (filtrándose [aislante]) un litro de cascarones de foca, complicado y descalcificado daba la vuelta a esos vinilos invertidos con velocidad atrofiada, en ese momento todos se alteraron como mísiles nucleares y comenzaron a asirse del suelo o plataforma en la que sus débiles cuerpos monitoreaban cada movimiento tántrico bomba plástica niños melancólicos.

Música para coágulos.

Camp era el novio de Temp, se conocieron en un campamento de verano temporal para locas y otras minorías étnicas, no se llevaron bien hasta que Temp le metió a Camp su pequeño miembro en el culo una noche maravillosa en la que el viento soplaba enorme y todos tenían un peinado espléndido; por cierto era la primera vez que Temp había besado a alguien, antes de eso practico con sanguijuelas hasta que le dejaron los labios de un morado electrónico.

Camp tocaba a la puerta de Temp, siempre dulce y triste, era la primera vez que veía a alguien masturbarse con tal celeridad por medio de un destapacaños, el secreto es no tener miedo y olvidar todo lo que has aprendido, después de eso es fabuloso y con suerte te trozas un par de venas y sangras como mujerzuela; han removido cada fruta de la mesa por el temor de que Temp las haya utilizado, hay un aspecto preocupante en las huellas digitales, en 4 horas habrán huido en búsqueda del amor, si tan sólo pudieran despegarse de ese utensilio doble.

Música para extraterrestres.

Pimp encontró a Temp y a Camp en una kermesse preescolar.
Cada que hacemos el amor es como un contrato de 1 mes para estar juntos, reconozco esa sensación de facilidad motora próximamente desaparecerá incondicionalmente, definitivo como un remix solitario en el desván estoy condensado.

Los jeans cayeron en la barra de sushi con una puntería envidiable, unos pequeños y otros del tamaño de una vaca, oscilaban en la transición de una intersección ocular, todos a la cadera y superadheridos, de construcción pluricolor agridulces y encantadores.

Pimp fluía en desgarradores tonos agresivos pero no caminaba, se disparaba en los dientes para rebobinar su cinta magnetizada, era una sangre tosca y fascinante de tintes navideños que flotaba alegre dentro de su boca, una época especial, como la fatal estándar ebullición de un urólogo hurgando en su ano con los dedos plastificados recorriéndole las terminales nerviosas que despiertan gloriosas al tacto unísono de transmisión en comunión con el incontinente colectivo, bailando en un intercalado ritmo repetitivo y sinuoso.

Música para fotografías en movimiento.

Dump descubrió a Pimp, Temp y Camp durante un concierto de Robert Fripp.

El cuarto era del tamaño de una caja de zapatos con dos rutas a escoger, la pintura se desprendía de las paredes sin distancia, los rizos dorados de Dump se rehidrataban con una formula especial que miraba desde todas partes; Salida al club en motoneta cuádruple con asiento reclinables, algunas veces en el cielo pero casi siempre en los brazos de alguien mayor, de niño Dump soñaba a color y en mono, ahora traía una falda larguísima y teñida de verde hiperbólico, su corte de cabello era espectacular como sacado de la revista “alarma”, era un querubín rozando las ansias del pecad, traía 100 dlls. En los bolsillos conduciendo su motonetas con varias palancas de velocidades; Pimp, Temp y Camp no se movían, sus ojos chispaban alegría, se iban quitando la ropa en instantes torpes y desequilibrados, Dump bajo a comprar comida, volvió al auto (él mismo ya no llevaba camisa y sus tatuajes recorrían su torso), la música de “los muecas” sonó con tal violencia que descubrió los instintos primitivos de los pasajeros, esa noche hubo más esperma del que algún ser humano hubiera podido soportar.

Fin

MALACO

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Monchie

Malaco observa, la mirada pigmentosa y la boca en blanco, sentado sobre la cama por encima de la media luz, espera…

Su hermana comatosa en la otra hilera de la cama, desnuda y sonriente (siempre) la luna desciende en la cortina de terciopelo, una fracción transparente (comúnmente llamada inocencia, pero no es nada más que estupidez), la sabana se adhiere a él por encima del cuello y tiembla, siempre ha sido así, desde pequeño, un escalofrió lo rodea y lo mantiene con los ojos abiertos, esperando.

Malaco, con el cabello corto y dientes estrechos, de estatura promedio, compra su ropa en Wal-Mart, siempre toma agua embotellada, habla tres idiomas (todos ellos mal), asiste a la preparatoria y no es un alumno de lo más brillante, tiene una novia que carece de vida social y es medianamente hermosa, posee un perro San Bernando llamado ”Mozart”, juega Videojuegos en la esquina de su casa, lee los libros que anuncian en televisión, sus amigos son igual más aburridos que él.

Su novia nunca sonríe, ella le dice que él debe sonreír por los dos, Malaco sonríe como idiota la mayoría de las veces, pero hay ocasiones en que parece apartarse del mundo, se queda quieto y distante, disperso y sumergido en lo claro de sus ojos, luce como otra persona, infinitamente más triste, con venas aterradas en su rostro, es como si viera la vida sin ningún filtro en el vacío de su cristalina alma.

Malaco escucha un chasquido en la puerta, se mantiene en el sueño pero se detiene desprendido de la cama y sujeto al techo; Dicen los niños que la mamá de Malaco murió en el parto, y que tiempo después pereció de dolor su papá, marcando a Malaco con una profunda maldición, silenciosa e hiriente, que poco a poco lo alejaría de la vida; para su suerte todo lo que dicen los niños es mentira.

Malaco se coloca su piyama ensangrentada y se prepara para dormir, apaga las luces (verde, roja, azul y amarilla), pone un tono en el teléfono, se deshace de su reloj y cartera, apaga la televisión.

Del cuarto desciende una luz plasmática semiescuálida que se aprehende a la sabana de Malaco, la escarlata imagen a través de las fisuras milimétricas es ininteligible y bosqueja una figura que causa una mezcla de ternura y mórbido terror…

Malaco dormita, entre las hienas y el grito de los convalecientes, empuja la aguja y agrieta sus poros cubiertos y dañados, una señora sin piernas da a luz en una botella de cloro, animales sin huesos con chillidos estáticos que amamantan de mayonesa una pistola, Tom Jones cantando sobre un montón de mierda y de repente ya no se puede diferenciar una cosa de otra, algunas fechas saltan en siluetas como poesía muerta, en 1984 viviremos en cubetas de helado biónico controlado por la radio, las estrellas aun están arriba con la luz cubriendo nuestros más secretos sueños.

Malaco es un insecto, la ciudad celestial con una perturbadora visión de juventud corrompida, es la continuación de una cándida historia de litros y litros de desperdicio vociferante, escucha… El piso esta cubierto de tinta carmesí, posesión sobre trajes de poliéster mostaza y paisajes aglutinados, doble violación en la calle ultraje; amor a primera susceptibilidad.

Malaco despierta de 20 sueños continuos, aún es de noche y su hermana esta empapada de sudor, se sobregira y recuesta a un costado, los pulmones brotan de vez en vez; en el vecindario no respetan mucho a la familia de Malaco, les tienen una especie de “resentimiento”, por así decirlo, algo hay en ellos que no encaja con el resto de los lugareños, como si secretaran desconfianza al contacto, a final de cuentas son tonterías de personas sin algo mejor que hacer.

La cara de Malaco sonríe sin razón, se dirige a la cocina como todas las noches y coloca una nueva bolsa en la heladera, se lava las manos y se da un baño, música electrónica y cigarrillos eléctricos de azúcar, marca un numero y después cuelga, su novia casi nunca duerme, prefiere tomarse fotos junto al horno de microondas, lee 3 libros en una noche y los olvida al día siguiente, es frígida y por eso menstrua 25 días al mes.

La cama de Malaco es muy pequeña, negra de sabanas rojas, nunca deja que nadie eche un vistazo por debajo de ella, su hermana siempre duerme ahí con su sonrisa cítrica, la mayoría de las veces la ignoran, aun ante sus recurrentes espasmos.

Es muy noche, el esteréo se ha configurado, simultáneamente el televisor se enciende, lágrimas doradas descienden en la loseta azul lapislázuli; una chica llamada “Zinfandel” toca a la puerta, llueve tanto y no me importa, la pequeña esta empapada y hecha una belleza adolescente, tiene un rehilete en el cabello y tiras de LSD en su saco, un guante y un trébol en los zapatos, emana tanta dulzura aún pura en sus impulsos, en realidad no me importa pero la dejo pasar, le doy una bata seca y colocó sus ropas en un gancho; ella me agradece con sus ojos grandes superficialmente sumergidos y con una sonrisa submarina elástica, y siento algo un poco más alejado de la indiferencia.

Zinfandel duerme en el cuarto de Malaco, su hermana no se encuentra (un hecho notable), la pequeña trata de conciliar el sueño en ese estrecho mueble, está tan agotada y triste que posee una insensibilidad tremenda.

Nos mudamos a Plaza Sésamo hace más de dos años, desde el primer día sentí un ambiente siniestro alrededor, nunca acabé por acostumbrarme al lugar.

Mi hermana se ha mantenido en estado de coma durante 5 años, pero en cuanto llegamos aquí empezó a sonreír como estúpida.

Zinfandel tiene una extraña sensación, el silencio no es conciliador, la pequeña se levanta y enciende las luces roja y amarilla, centra su mirada en la sabana que cae de la cama, alcanza a observar algo, remueve la sabana y contempla (nadie estaba preparado para esto):
Son los restos de un pájaro gigante amarillo y un monstruo peludo rojo.

Zinfandel no reacciona.

Fin

LAS ESTÚPIDAS SECUENCIAS ROMÁNTICAS DE KEANU REEVES

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Monchie

Éramos muy pequeños cuando la luna se convirtió en un resorte; la tarde no fluía porque nos encontrábamos en casa viendo la televisión, frente al aire acondicionado y en el piso un puñado de palomitas con sangre.

A veces me tiraba en la banqueta y cerraba los ojos, los perros me ladraban y algunos vecinos se acercaban para ver si me encontraba muerto: A los 10 años quería ser mimo, mago y comediante, a final de cuentas no me convertiría ni siquiera en político.

En mi escuela representamos la obra de los 3 Mosqueteros: Nieve era Athos, Renoir era Portos, Nemec era Aramis, y yo (Fritz) era D´Artagnan; La premiere fue un fracaso y suspendieron toda actividad artística en la escuela. Nieve, Renoir y yo nos juntábamos todos los días a la 1:37 pm para recorrer 300 cuadras hasta nuestros hogares; El recorrido en ocasiones era aburrido, pero otras veces nos pasaban cosas extraordinarias que nos hacían crecer y cambiar para siempre nuestra manera de pensar, por motivos de espacio no contaré ninguna de estas aventuras.

A los 17años la vida me parecía un tenedor eléctrico, me habían diagnosticado una extraña enfermedad llamada “Dislexia Léxica” que afectaba mi manera de hablar y solía crear un lenguaje diferente al de los adultos, esto no me trajo grandes problemas hasta que sucedió la catástrofe, lo inevitable, difícilmente podría revivir esos recuerdos, y no lo haré.

Viví gran parte de mi juventud seducido por las armas, su poder me hipnotizaba; cada domingo salía con mis amigos a pasear por los parques y fingíamos que le volábamos la cabeza a algún anciano o a una niñita virginal, o cualquier cosa que tuviera 4 patas y se arrastrara.

Nieve, Renoir y Nemec compraron esas nuevas estampitas del Che Guevara que se pegaban en tu lengua y hacían una fiesta en tu cabeza, el ácido activaba una parte del cerebro que hacia que te revolcaras de placer y sintieras ansias ultraviolentas-satánicas y dionisiacas; Por supuesto ni Nieve, Renoir o Nemec las probaron, y yo ni siquiera supe de su existencia.

Una noche, a los 21 años, trajeron a la casa un tanque de gas gigante, repletó de propano, la manguera estaba un tanto gastada y yo le puse un poco de cinta aislante, el plan era dormir ahora y temprano por la mañana arreglar el tanque de gas, dejándolo con un máximo de seguridad.

Esa noche hizo mucho viento, el noticiero había dicho que probablemente habría una tormenta eléctrica, para mi mala suerte yo no vi el noticiero esa noche.

Para la mañana siguiente el mundo ya no existiría. Un meteorito atravesó la tierra y nos sumergió en un agujero de recuerdos inconexos y poco precisos, llenos de huecos e incoherencias, que sólo nos frustrarían, pues ninguno tenia desenlace.

-De un acuerdo a un pacto hay mil muertos de diferencia-

Ver y escuchar el llanto de Nieve era como presenciar el fin del mundo, las paredes tenían agujeros de colores que de vez en vez se rellenaban con queso Cheddar; Nieve era pequeña pero usaba zapatos de un metro de altura, casi siempre se ponía 3 pestañas postizas en cada ojo y desde arriba parecía un repollo de 17 años, una ocasión nos besamos, ella usaba falda muy corta y yo unos lentes de tercera dimensión para ver la película de Microespias 3D, tan sólo alcance a ver sus rodillas que se balanceaban hacía mi, y cuando desperté su labial indeleble había desaparecido.

Renoir y Nemec fueron arrestados por posesión satánica y otros cargos menores; Nieve y yo fuimos a recorrer el bosque esa tarde que el cielo era de césped y las aves estaban muertas sobre una rebanada de pizza, nos subimos a un banano que daba cacahuetes y contemplamos las cortinas moleculares que se fragmentan al terminar la estación.

Eran las 9 pm el sol pálido-azul estaba en la parte más lejana de mi corazón, Nieve pintaba bellotas en un rollo de papel higiénico acolchonado, yo la observaba asustado como una zanahoria puede contemplar un rábano, y cantaba una canción muy quedito a las plantas que no podían acompañarme desde el jardín.

La peste empezó a azotar al país, por suerte sólo atacaba a los negros, latinos, orientales, pobres, homosexuales, zurdos, patanes, ventrílocuos y cantantes de los 80. Uno a uno nuestros amigos empezaron a desaparecer, pusimos una estrellita en el pasillo con cada nombre de los que se iban yendo, lo llamamos “El pasillo de los caídos y pobres diablos”; Nieve enfermó, trate tantas veces de convencerla de que no cantará esos covers de Cyndi Lauper, pero jamás me hizo caso. Los días eran cada vez más tristes, con mi sombrilla amarilla-rota salía a buscar billetes perdidos en las calles, llovía casi siempre y lloraba mucho, la gente no me volteaba a ver, era como si metidos en sus propias penas hubieran olvidado que yo soy el protagonista de esta historia.

Yo no encontraba la salida, hacía mucho frío en mi boca, las pantimedias me apretaban y cada vez usaba maquillaje más barato, el silencio se negaba a ser mi confidente, pero siempre pensaba en Nieve, la pequeñísima.

Hubo una temporada en que el dolor era tanto que sólo podía usar falda larga y dormir bajo la cama, adoptamos un perrito llamado Cirilo Citrus que nos robaba la comida y después nos amenazaba con abandonarnos si lo delatábamos con la perrera; yo sentía que la vida ya no importaba y que el espejo mostraría mi interior como realmente era, yo tenía muchos sueños, pero el sueño me vencería y me convertiría en alimento de ángeles…

Era febrero. Las nubes ya no brillaban como antes, Nieve había empeorado su condición mientras mi amor crecía por ella, yo ya no tenía fuerzas para ir a buscar billetes perdidos por las calles, mi espíritu se quebrantaba y mis reflejos eran cada vez más inútiles…
Nieve murió. Yo caí en un estado inmóvil, ese día compre un arma de fuego y me fui al bosque donde habíamos pasado momentos tan maravillosos, todo fue muy doloroso y yo ya no pude soportar, coloqué el arma en mi boca, solté el seguro y me dispuse a disparar, sin posibilidad de falla alguna, todos mis sueños estaban rotos.

En ese momento el perrito llamado Cirilo Citrus se apareció frente a mi, sutilmente me convenció de no suicidarme, con argumentos sólidos y concisos, a los que no pude objetarles nada; Cirilo Citrus llevo el cuerpo de Nieve a una roca y con los poderes de los espíritus del bosque revivió a mi amada, Cirilo Citrus, Nieve y yo decidimos comenzar una nueva vida en una casita de campo, sembrando y cosechando nuestra propia comida y fabricando nuestra propia ropa, la paz y la felicidad llenaban nuestras vidas, y yo apenas tenia 21 años.

Fin

Job y Jacob. PASTELITOS BÍBLICOS

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Monchie

Verás que fácil nos vamos a hundir en el suelo.

Coágulo holográfico perros que defecan y fornican en el sillón principal de la salita de estar, siento que puedo morder para alargar parecer perecer, si me canonizan tendré mi propio videojuego, atraer a la gente dejarlas sin centro para cuando sea requerido chillar pausadamente, cada silaba rodeara en saltos la parcialidad del escape.

El botón va abajo y absorbe la totalidad de la onda radial molecular que al final insiste consecuente en una cristalizada crisálida inmaterial, la mamá de Andrea palindrome fumaba bisturís observando comics con su instinto de picnic y no parpadeaba porque sus pestañas tenían un nombre escrito como arañas cada tercer o cuarto mes que ella realizaba una mamada extraordinaria con la cual terminaba empapada hasta los dientes como diosa futurista de palillos fluorescentes.

El hotel es al 2x1, cada quien tomara una habitación alejada, y cuando nos sintamos solos robaremos un cenicero, al momento de dormir no dejaremos que toda esa pornografía nos consuma, el minibar es un instrumento hexagonal que procura reducir las ansias de separar piel por metal, es como bailar en un atascadero de vomito haciéndole el amor a tu cepillo de dientes, y es tan hermosa pero con el tiempo parecerá mierda y será espléndida, no hay nada que se pueda salvar porque eres tan fácil de ver y yo te veo.
Espero en el sink con un extracto de la poca sustancia que transpiras, me corte el cabello cuando cayo el muro de Berlín y ahora es gris como el abuelo de piolín bajo los anteojos de la luna mañana por la noche.

Voy a salir conduciendo hacia mí.

Andrea Palindrome tenía los cabellos como estrella alborotada, era una chica bella con peinado monstruoso embarrada en sus pantimedias de G.I Joe.

Todas esas cremas francesas y chocolate con arena pegadas en la alacena hacen parecer un cuervo incidental, su vestidito se atasco al intentar una puñeta rusa con 135º de dificultad, parecía un ángel robot travestí hasta que recurrió al ropaje bíblico amontonado del otoño pasado que los infomerciales habían colocado en su closet, ahora sólo esperaba por un idiota como tú para llegara mí y yo ni siquiera estaba poniendo atención.

Ese día yo no la vi pero sé que en un momento se inflo tanto que dejo de tener contacto visual con su nariz, las burbujitas se colapsaron tan calmadamente que saltaron del lenguaje común y ahora no expresan absolutamente nada, como un reflujo interior expuesto a tejidos adiposos, miré hacia los zapatos y algo desapareció para siempre.

Cuando el tinte falla acude a la expectación, acto fallido despréndete.

Fin.

Frida I’m in love

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Monchie

Es muy tarde, ya lo sé, llevo arena entre los dedos de los pies que me he trozado con unas tijeras, espero un poco más pero hace tanto calor, las sombras se esparcen en mis ojos y quisiera lucir mejor para tu madrastra, no soy tu novia pero espero serlo el siguiente mes, no podría dormir sabiendo que me imaginas desnuda por favor ponme una piyama blanco y negro, me acosté con tu hermano sólo una vez y es porque me confundió con un travestí durante un vuelo espacial, te juro que el yogurt de fresa acabo con mi fijación anal, vamos al supermercado y paremos en uno de esos bares que abren a media luz, pidamos agua mineral con vodka y bailemos con la rockola apagada, me gusta cantarte cosas estúpidas al oído porque sé que no las entiendes, pequeñas tonadas rosas te ponen morada la mirada trastornada.

Ahora estoy vacía fue un accidente vomite las escaleras boca arriba y coloque un LP de Marianne Faithful cuando era bonita y hoy puse seguro a mi familia pero continua mi migraña, soy una chica violenta, no violeta.

Baje al pueblo en una roca y en su interior había queso fundido pero estaba podrido y los gusanos se amontonaban dentro hasta que 1 a 1 se fue destrozando y dando espacio para que se hiciera de noche, era viernes, un invierno.

Me gustan las garrafas de plástico, podría clavar mis uñas y dejar agujeros sangrantes que duraran miles de años pero no puedo chillar porque ya no son los 70´s y ya no esta de moda, quisiera usar tu collar, no follar.

Esa tonada extraña e ingenua de tus dientes horribles para quitarme las pecas me pincho entre sueños pero el concierto esta agotado, antes de que se me cayera el cabello no te extrañaba hoy eres tan acústico y menos que una ventana atorada, eras de los 60´s pero lucias como de los 80´s (terrible).

Cállate, esa sonrisa se cayo hace tanto tiempo y en tu habitación que solía ser grenetina es hoy una montaña solitaria y tu perdido sin fe en stuck-motion fluyen tus lágrimas, es tan difícil-libre para desperdiciar.

Me llene de jalea las botas, las nubes verdes me amaron porque las troce con tenedores y yo creo en ti, pon una canción en el tostador, remendé tu cabecita con romanticismo del siglo XIX, en la cima del limonero-palomas-terciopelo-gomitas-ositos-frutitas (fusión nasal).
La noche un hacha subterránea cuando te conocí desconocí la luz que inmunda colisiono mi pornografía, me abrazaste drogada y yo no te solté, la señal roja arrojaba chispazos de sangre molesta no-tibia pero me enamore de no-esencia inocente.

Reptil cada vez árbol de navidad empinado en desacuerdo, I shot Andy García, empanadas drenando el apartamento capirotada de cadáveres un pequeño beso pretencioso.

Hoy seré un atún por ti.

Eres una luneta empachada, pusiste los dedos en los agujeros repletos y en silencio cerraste los ojos pero mirando dentro y a través de mí una promesa que nos mantendrá unidos en cada caja de Corn Flakes, dentro hay movimiento acuático pero todo esta desecho, subiendo en espiral.

Sucedió hace poco, al salir de clases, estabas en un salón jugando contigo mismo, te llame de entre la ventana y pusiste cara de chicharo, intente reírme pero sabes que no sé hacerlo, te lleve a casa y era 1982, médicamente me diagnosticaron poco estable para darte un presente en navidad, hace tiempo que intente ver tu pene pero es tan pequeño y lo ocultas muy bien, hay 2 cabellos que caen entre tus labios cuando los pintas de azul, los hoyuelos me persiguen 30 segundos y desisten, quiero tu anillo supernova multiregión, la cocina chiquita te aprisiona no importa que tan estúpido seas.

Hay una fiesta en mi rata, me asustan los fuegos artificiales soplar o succionar un gatito eres el que pone la luna en cada chispar y es que yo soy tuya.

Me contemplaste escasamente y en mi VCR sentí que atrape tu alma (hiciste el puchero metálico), acaso tienes arcoiris en el culo o es que estoy enamorada, había mentitas de LSD adornando el pasillo y bordado en tu saco estaba un kanji antiguo que decía “Microprocesador”, el control remoto tenía pasta dental y te abrace porque estalle en tu rostro lágrimas acribillantes y me tomaste tan dulce que un nugget atravesó un sintetizador en mi corazón con toda la cursilería de la TV.

En la noche hay un propósito como someterse a vender cada multiplicidad agotada de tu sustancia al sonar de un estanque con la mano izquierda pinchada en snowboarding te anticipa la absorción que plasma tu esperma que congelado es gris pero tu ya no eres nada, te amo.

Cuando me tienes sujeta siento que puedo soltar este pesado cuerpo y hundirme en los parámetros de tu cuello para crecer dentro de ti y volverte pedazos, porque te pertenezco y me haces flotar.

Los neones fríos junto a mi brazo tu saco cuadras arriba, siento el calor de un pequeño rincón Bossanova, llevo un gorro y tu me miras emponzoñado tan hondamente que sacas todo lo que hay en mí, es lo más profundo que he llegado sin ahogarme.

Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin. Fin.
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FEY NO MORE

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Monchie

El control análogo gris en gravedad cero, el esperma flotando ininteligible salpicando estrellas alrededor (mientras la ciudad se encuentra dormida y en otros lugares muerta), humo que se filtra a 14,000. millas de la estratosfera, la pared reflejando el eco de los delfines.

El niño con los guantes de latex negro y un látigo hecho en Corea del Sur, la niña atada con cabellos vudú y cuerdas de guitarra fucsia (de falda corta y sin ropa interior). Miel un poco de caramelo caliente, animales ponzoñosos y vertiginosos, hielo seco y un aplicador, una engrapadora, ambientación de cassettes de 8 tracks feat. Bob Dylan e hijo, gritos gritos muchos gritos ninguna sonrisa, placer por siempre (o por un solo día), ensalada de niños descalzos con lepra espacial y escorbuto morrón pigmentado, un globo para mezclar (éxtasis) y quitarles la cabecita con un cuchillo, drenar la sangre en el retrete, agregar sal al gusto y dejar cocer un par de días.
Parafina: sustancia sólida, blanca, insoluble en el agua, que se extrae de los aceites de petróleo. (Tomado del diccionario básico escolar Plus Larousse).

Mimo parasimpático: láser, célula fotoeléctrica, prisma, lente, bobina, lente de convergencia, imán.

Antes de que la radio muriera la música era muy oscura, Björk no era adorada e imitada por todas esas niñas sin aspiraciones, de hecho Björk ni siquiera existía, es una época olvidada por nuestra generación, todo pasó una vez que me dolía la cabeza y en mis ojos una luna se derramaba, corrí al cuarto en estado tenebroso y quería decir algo pero alguna cosa me detuvo: “la radio ha muerto, decía en la televisión”.

Bailaba bailaba trataba pero el piso estaba muy pegajoso, levantaba mis labios poquito para que vieran mis estupendos dientes pero a nadie le importa eso, el lugar estaba bonito y yo suponía que se iba a poner mejor, un aro de cebolla luminoso gigante y serpentinas blanco y negro, chicas hermosas de vestidos horribles, de hecho había dos que me interesaban, una era parecida a Paris Hilton pero sin los labios carcomidos por el esperma, y la otra era como Hillary Duff sin la estúpida mueca pretenciosa de haber vivido mucho y estar cansada de hacerlo, ya que a sus 17 años (casi 18) le ha pasado cualquier cantidad de cosas y ha sufrido como ninguna otra estrella pop del momento.

Sería bueno hablarles, se que tal vez tenga el doble de su edad pero según las encuestas de CNN a las mujeres les gustan los hombres mayores y con experiencia sexual (de esto último poseo bastantes conquistas, todas ellas por una extraña coincidencia se llaman Manuela), escuché en Fashion TV que una modelo tiene mas posibilidades de acostarse con un desconocido que con un artista famoso; sería bueno hablarles, pero y si se trata de un par de hermafroditas, no estoy listo para esas cosas aún, no por el momento, una vez vi a una chica que le hacia un blowjob a otra chica y fue realmente desagradable, aunque si he de confesarlo la chica con pene no era para nada fea, y si me propusiera cortarse el pene para salir conmigo lo haría sin dudarlo. Me gustaría que este par de chicas tuvieran nombres exóticos, algo así como Paris y Hillary, no no no, mejor algo como ¨Zoofi¨ y ¨Necri¨, me gustaría que supieran hacer papas fritas pero mas me gustaría que supieran hacer aros de cebolla, si tuviéramos suerte pondríamos un negocio de hamburguesas y me las follaría en la cocina y tal vez hasta invitarían alguna amiga; una vez llamé a la línea amigo pero por equivocación marqué a la línea psíquica y ahí me dieron el numero para la línea gay y era una mierda, me contestó un judío hijo de puta con voz sensual que me sedujo, salimos un par de veces pero no fue nada especial, prefiero mil veces a este par de chicas que al judío hijo de puta aquel, quizás y con un poco de suerte lleven nuestra historia a Telemundo y nos volvamos famosos en el mercado latino de Estados Unidos, pero eso sería vender mi alma a un precio módico.

Fui por fin con las muchachas, -lo siento, somos lesbianas-, me dijeron; y se fueron con un tipo fortachón. Salí de aquel lugar por la parte de atrás que da a un callejón, detrás de un bote de basura gigante se escuchaban voces en inglés que decían: ¡oh Paris!, ¡oh Hillary!, no paren, así nenas.

El metro pasa hasta las dos de la mañana.

*Lo malo de ser escritor en la era del video es que te aburres demasiado rápido de escribir sobre un tema y lo dejas a medias…

Fin

Final alternativo: Estaba leyendo y meditando sobre los grandes y sagrados libros del Zen, cuando un cotorro tocó mi puerta, entró y se posó en la foto 8x8 de mi amada, dijo:
Fey no more

Y nada más.

(Derechos en trámite)

EQUUS REMIX 1989

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Monchie

EQUUS REMIX 1989

*Camille era rubia y con muchas pecas en el rostro, amaba ver Discovery Channel.
**Faith era morena y muy blanca, nunca miro MTV.
***Fate era afroamericana y tenía unos ojos pequeños, le gustaba mucho la pornografía.

Me ahogue y sabía nadar muy bien.

Camille había recibido la noticia por la mañana, ella amaba a su madre…

Camille fue directamente a su dormitorio, yacía muerta apenas hacia unos minutos.

Camille no pudo llorar.

Fate se hallaba en la sesión de fotos, todo en el estudio era o muy artístico o demasiado alternativo, “porno surrealista” decía el fotógrafo… Fate creía fielmente eso.

Faith no hablaba bien francés y se sentía muy mal ese día, dejo Inglaterra para dejarse morir… usaba una falda a cuadros roja con blanco.

Esa noche Camille, Fate y Faith se conocieron en un bar…

Sonaba una canción desoladora en la rockola, Camille parecía un niño con el cabello tan corto, usaba un saco negro con botones rojos y zapatos verdes…

“El amor perdido, todos los días lo busco… todos los días…” sonaba en el ambiente.

Camille tenía 18 y fumaba mucho, Faith 19 y era cocainómana, Fate 17 y era adicta al rock de los 50´s.

Camille lucia tan triste y frágil, hacía el amor por 50 francos y un beso. Tenía tanto polvo en las orejas y huía y huía…

Camille, Fate y Faith salieron a la parte trasera del bar… Camille parecía un niño asustado con el cabello tan corto y despeinado. Fate y Faith empezaron a besarse, Camille miraba a la luna y no alcanzaba a distinguir a Júpiter, sus ojos eran tan franceses, desmesuradamente bellos.

El padre de Camille nunca la abrazó… Hope, su antiguo novio la llevaba continuamente al cine, hasta que murió ahogado en su propio vomito.

El cielo de Paris es muy azul, y de noche todo brilla artificialmente.
La madre de Camille era muy bella… el agua de París era tan limpia, Camille tocaba todo el tiempo la guitarra, sólo sabía 3 notas y cantaba: “El mar de París es tan triste, las personas nunca trabajan y su sangre roja se derrama en gritos a través de mí…”.

Camille fue a una tienda de discos en la plaza de París, Suicide, el encargado, le recomendó un disco de pop francés; Camille fue esa tarde a ver una película Serie B.

Fate y Faith amanecieron muertas en la bañera.

Camille compró un disco sólo por una cancón, y la canción verseaba: “Lastimosamente se posa la estrella congelada en mis hombros, y yo te amo querida, ¿Podrías beberte los accesorios para el auto?, el sonido de la desilusión”.

Camille quería matar a alguien en la silla eléctrica, y parecía un niño con el cabello tan corto; esa noche Camille encontró que su vida había sido una total perdida de tiempo… Camille tenía el corazón de cristal.

Esa navidad le regalaron un disco acústico de un grupo danés, Camille puso una linda canción que decía: “A la orilla de los planetas, el universo emerge en mí, latitudes tan extensas que prefiero hacer un video casero de rosetas de maíz con miel…”.

Camille se tiño el cabello de verde, se dedico a vender latas gigantes de refrescos… la vecina tenia poderes mentales.

Camille apoyaba a la cruz roja alemana, su cuarto le parecía tan inquieto esa mañana, “los latinos son raros”, comentó…

Esa mañana hubo una tormenta de nieve, Camille se puso una gabardina naranja y se colgó de la torre Eiffel…

“La torre Eiffel, eso es un cliché”, comentó un niño francotirador.

-Ahora todos los infantes saben usar Internet, no habrá más suicidios en Paris-

Fin

Ellipsis Epilepsies

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-Música Accidental-

Era uno de esos programas universitarios de televisión por cable, el tipo pestilente de sonrisa artificial latente sacaba una tarjeta y preguntaba al estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela:

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente
: Te daré los ingredientes del siguiente producto y tu tendrás que adivinar de cual se trata, comencemos con “Agua desmineralizada, Petrolato, Glicerina, PEG-40 Estereato, Estearet-2, Palmitato de Octilo, Trietanolamina, Estearato de Glicol, Dimeticona, Estearato de Glicerilo/PEG-100 Estearato, Alcohol Cetilico, Imidazolidinil Urea, Carbomer, Metilparabeno, EDTA Tetrasódico, Fragancia, Acetato de Tocoferilo, Palmitato de Retinilo, Rojo No. 4 (FD y C) “.

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: Me podría repetir la pregunta por favor.

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente: Tienes 15 segundos para responder.

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: ¿Empieza con consonante o vocal?

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente: Te quedan 10 segundos.

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: ¿Tu personaje es Enrique?

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente
: 5 segundos.

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: ¿Qué es Oceanía?

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente: 4, 3, 2…

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: Ya sé, fue el mayordomo, en la cocina, con el hacha.

*Tipo pestilente de sonrisa artificial latente: Eres un idiota.

*Estudiante de ojos serenos y un grano de elote atorado en la muela: Lo sé, estudio en el politécnico.

-Anestesia Interrumpida-

Leopoldo Morrison era el líder (maniaco depresivo) del conjunto norteño llamado “Los Tigres del Polo Norte”, toda su música estaba rodeada por un halo de oscuridad reflejado en la manera de tocar el acordeón y el bajo sexto, su vestuario inspirado en las películas “El Topo y naranja Mecánica”, y por las letras de las canciones que parecían haberse gestado en el mismísimo infierno norteño, especialmente sus dos primeros éxitos: “La Puerta Afroamericana” y “Los Mojados Endiablados”.

Pero Leopoldo Morrison era un alma atormentada por el mezcal y el tequila (en ese orden), aunque su grupo era muy respetado en la escena musical, él quería que “Los Tigres del Polo Norte” trascendieran como el grupo norteño mas oscuro de los años ochenta, algo siniestro planearía seguramente nuestro protagonista.

Leopoldo Morrison tenía una novia fatal llamada Leopoldina Morrisette, que trabajaba dando shows en los palenques, juntos interpretaban una versión campirana de “I got you babe” que hubiera erizado los cabellos se Sonny y Cher (y digo hubiera, porque no creo que ellos la vean alguna vez).

Leopoldo y Leopoldina eran una pareja violenta, en el escenario eran pura adrenalina; pero Leopoldo no necesitaba a Leopoldina, no, si en realidad quería sobresalir en el mundo norteño underground.

Leopoldo Morrison conoció a Leonardo Morrissey y a Leonel Morris, juntos formaron una banda llamada “El Recover”, donde Leopoldo Morrison le había quitado a la música norteña todo rastro de anarquía y en su lugar la dispuso de una profunda autodestrucción melódica, tololoche y acordeón, así como de ridículos pasos al estilo Cocodrilo Dundee.

En 1986 sacaron su disco “Leopoldiggy Tololochestrella y las Aceitunas del Martes”, que era un álbum conceptual, Leopoldiggy era en realidad el alter-ego de Leopoldo, un judío espacial con flequillo y cigarrillos cubanos.

Ese mismo año el sencillo “El cabrón de cabrones de las estrellas y tu puta madre también” tomo por sorpresa las listas de popularidad de todas las rancherías del país, la letra de la canción decía:
Intro: Tengo 3 animales, el panda, la rana y el coyote cojo; pa´ver quien me los quiere comprar, somos probes como lo fue Juan Grabiel, y no sabemos nada del mentado hip-hop, leemos a Jean Paul Sartre pa´pasar el rato, algunas veces quisiera morir, porque me corroe el deseo de ser…

Coro: El cabrón de cabrones de las estrellas y tu puta madre también (se repite 20 veces)

Y tu puta madre también…

Lalalaalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalala
lalalalalalalalalalalala

Yeah.

Leopoldo no miraba la hora de desaparecer de este mundo, las densas atmósferas que figuraban en el entorno armónico de sus letras mostraban su alma trastornada y un profundo sentido poético fatalista, era sin duda un visionario.

Supondríamos que debido al estado emocional de Leopoldo Morrison este terminaría por suicidarse, pero no lo hizo.

-Estupidez Artificial-

Nadie podía morir en la villa. Cuando fui a visitar a mi Papá resultó que se había ido con el papá del papá del papá del papá de su esposa No. 32, así que fui al hotel donde vivían mis 54 hermanos y sus 334 hijos, ahí vimos un documental de Time-Life sobre el experimento realizado hace 500 años en el que se creo una raza de híbridos entre Highlander y conejos en celo; el resultado fue la villa más aglomerada de nuestro planeta. Recientemente el gobierno había decidido por nuestra propia seguridad, aislarnos del resto del país y quitarnos a nuestras mujeres (excepto una, la esposa No. 32 de mi papá), como lo intuirán la situación era algo tensa.

Una distorsión sofocante distracción inequívoca destrucción palpitante, tintas artificiales en una aguja (alargado sufrimiento), caja con mil agujeros diminutos, la oscuridad quema dejando entrar el grito exterior…

Por la plaza me toca el acento francés del café con el Corn flakes, he aprendido tanto de filosofía en las instrucciones para uso de mi pasta dental, debe ser una señal porque los helicópteros están cayendo y el agua comienza a agriarse.

Las emociones cesan, comida elástica, 758, 352 dientes que alimentar en la mesa hexagonal un sándwich de 10 mts. , sino existe el suicidio por lo menos lo haremos de la manera más dolorosa posible, miradas pequeñitas y afecto lisiado, el Jingle del comercial de una cabeza cortada que baja por las escaleras y anuncia salchichas enlatadas para los que nunca conocerán el temor.

-Atracción Fetal-

El encargado de la tienda de discos ponía los carteles de los nuevos servicios que ofrecía su local, en este orden:

Anticonceptivos, abortos, asesoría legal, suicidios, superación personal, servicios funerarios, globos y cigarrillos.

El chico tenía pecas que recorrían 7 millas en su nariz, usaba el peor peinado del mundo y poseía la dentadura más estrepitosa desde la película de Tiburón 3. Aun así el chico se esforzaba por agradar a los clientes, usaba colonia de ajo con videojuegos “Calvin Clon” que había comprado en el departamento de 99¢, su voz era calmada y sosa como la de un gato a punto de ser atropellado y siempre daba las gracias encogiéndose en hombros con una sonrisa hepática.

Por las noches el chico soñaba con ser cineasta, pensaba en las peores tramas y los diálogos más estúpidos sobre temas trilladísimos y supercursis, con un buen Soundtrack. El chico había conseguido el trabajo de encargado de la tienda de discos para hacer contactos, aun así nadie lo volteaba a ver, ninguna persona tenía intenciones de cruzar más de 3 palabras con él; ponía su grabadora de mp3 y escuchaba a Buddy Holly por el resto del día.

Una tarde un importante productor de Nueva York llego a la tienda de discos, el estúpido encargado lo reconoció de inmediato y lo abordo tal como una colegiala se entregaría a una estrella pop, cuando terminaron, el chico le mostró al productor el guión de una película que él había estado realizando durante toda su vida, esta titulaba: “La película que no debe nacer”; a él le pareció que el guión era una porquería, pero que tenía buen Soundtrack, algo de esto podría funcionar.

Empezaron la grabación en un pueblito de Nebraska, la historia giraba en torno al encargado de una tienda de discos que de pronto adquiría los poderes del arcoiris y que tenía la responsabilidad de usar para el bien, pero que poseía un malvado hermanastro que buscaba llevarlo al lado “oscurito” y robarle su inocencia, por cierto era un musical, fue grabado en 8mm y aparecían en su mayoría actores coreanos totalmente desconocidos.

Un día después del estreno, la critica definía a la película como “Una pequeña obra maestra que bien pudo haberse hecho con el culo”…
El chico no volvió a ver una oportunidad igual y se conformo con tener una sólida carrera como critico de Arte para un diario vespertino.

*Moraleja:

Si algo te es muy difícil de realizar,
o alguna cosa te parece imposible de lograr,
Mejor mátate.
***************************************************

FIN

Dos chicos de cuidado perdidos en Nueva York

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Monchie

Nueva York es un pequeño cubo dentífrico de solapas anchas y cejas teñidas.

Pedro Paramount camina entre diez edificios estrechos, algunas líneas recorren sus brazos en forma de siete y desaparecen, el cielo es un buque orbitando sus ojos, un teléfono suena emulando el rasgueo de una silla de metal, una y otra vez hasta que al fin contesta.

Robo de identidad: una trampa cibernética.

Bob Ross voltea a la pantalla, rizos espeluznantes terapéuticos, un animalito brota de su bolsillo, detrás la pared en blanco, Mirada plástica satelital.

Llamada perdida, mensaje de voz: los jóvenes hechiceros que vienen de intercambio a la ciudad han llegado, que el cielo nos ampare.

*Sony Audiovox procedente de Inglaterra, viene de una familia acomodada de hechiceros y fabricantes de ceniceros, su padre antes de casarse con la madre de Sony fue novio de Cher (eso puede sonar aterrador), el más grande sueño de Sony Audiovox es pegarle una patada en el culo a Harry Potter.

*Emerson Hitachi procedente de Japón tiene una ascendencia muy peculiar, su papá es un músico experimental retirado y su mamá es un travestí de 2 metros con poderes mágicos, Emerson Hitachi tiene la habilidad especial de adivinar desde el principio el final de las películas de M. Night Shyamalan.

Sony tiene un diseñador de imagen y postura, posee una manera diferente de agradarle a las personas en cada ocasión, cuando acude a las calles hediondas y putrefactas la música lo atiborra y elimina su pulso, las puertas de un motel le cierran el paso y siente el ardor tembloroso en las venas.

Emerson tiene caramelos en lugar de uñas y pide un deseo (quiero ser un zapato), la buena fortuna se apoderara de él, como moose de chocolate clavado en una varilla (desde el comienzo), zapatillas estereoscópicas luminiscentes, sostiene la mirada obscena en el ventanal.

Hechizos, flujo vaginal y karaoke.

Liso muy quieto, no encuentro una forma adecuada de limpiar el piso, cada día se empapa más, ella bajo la silla observa con una sonrisa espectral blanca magistral, y siento (asco) que esto podría terminar si pudiera abrir mis pestañas un centímetro más.

No, la sangre no funciona, se ha ido lejos la conmoción, una cinta en el esteréo retrocede se ajusta y explota, una extracción robótica en el corazón, el más profundo cliché del siglo XXI.

Descansen Sony y Emerson, esperen la transmisión a primera hora, una delgada excitación una pequeña venganza, el lugar será el mismo que la noche anterior, pasillos de luz ultravioleta y cercas de malla reforzada con acero y lunetas.

Ella vino hacia mí y me mostró que era la hora.

Sony y Emerson se encienden un cigarrillo halado mentolado ultralight sin filtro, un llamado destruye la expresión.

Emerson dice: me siento como el juego de Mario Bros. , cuando pasas las misiones sin ninguna emoción, recolectando monedas y hongos, acostándote con princesas de dudosa procedencia, con un hermano homosexual y bulímico, metido en un tubo todo el día convertido en un cerdo.

Sony escucha a Linkin Park en el tocadiscos de papá, se prende, realmente se prende con el pegajoso ritmo, Linkin Park es más poderoso que cualquier droga patentada.

Canicas rebosantes de Fitoplancton.

Sony y Emerson llegan a la Facultad de magia de la Universidad chicana de Nueva York (la mejor después de Miami), Sony se siente diva y Emerson solamente saluda, la niebla los acompaña, pequeños murmullos resuenan en la sala, la figura esterilizada casi convertida en momia, conectada a ductos para succionar su mierda y darle de comer alimentos deshidratados, la línea verde como reflujo prostático, la pierna convertida en una masa hueca rugosa y repelente, viaje al centro de la luna, un lindo recorrido por la putrefacción.

Para entrar a la Facultad de magia tienen que hacer muestra de su más grande habilidad, Sony hace crecer a Emerson una hernia gigante a un costado, todos aplauden y rechiflan; Emerson le extrae los testículos a Sony con sus polvos mágicos, los demás sonríen y les dan una acogedora bienvenida.

Rápidamente Sony y Emerson se vuelven los más populares del lugar, Sony se consigue una novia cubana de buen ver, y Emerson se encuentra un “amigo” Francés de acento delicioso; toman clases, se divierten, tienen ligeras aventuras, y jamás arruinan su vida practicando la magia negra y encerrando a sus compañeros en el gimnasio (durante un baile) para despedazarlos en una tortuosa masacre de ira y venganza perpetuada por una misteriosa mujer de aspecto europeo-occidental.

Fin.

Cutter: El chico con alma de metal (Versión 0)

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Monchie

Siento la tragedia en mis ojos, puedo inhalar su expresión, el mundo azul de sus labios, si pudiera escapar de ese semblante, la estrella empieza a caer y envuelve el cielo sin hacer ruido…

Es el latir de la ciudad, sus zapatos no tienen sonido, alrededor como si se pudiera tomar alguna figura blanca o negra todo descendió.

Empalmo mis manos y salgo de ahí, trato trato trato, pero lejos de llegar a algún lado solo logro atravesarme un ojo con una navaja, y cuando la sangre empieza a descender por mi boca y mi cuello, y llega a mi alma, dentro no hay donde mirar, todo se halla en el interior. Como si pudiera flotar me elevo entre los alambres con las manos apagadas y ya la sangre no fluye y el corazón no late…

Continuo balanceándome, sé que no hay donde llegar, no hay siquiera una gota en las calles.

Las gafas rojas, un ave muerta en la puerta del almacén, una chaqueta negra, dos monedas fuera de circulación, una cicatriz en la cara que parece volar, unas delgadas pupilas, los labios brotan muy suaves, y el pelo en un estanque, los dedos tiemblan chuecos parecen querer expandirse y alcanzar…
Quisiera sentir el miedo para poder entender, quisiera saltar tan dentro y ocultarme, extenderme tanto que no sepas dónde acaban mis manos…

*Cuando las lagrimas fluyen y no podemos escondernos, nos aferramos tanto y el amor espera.

Fin

December 18, 2005

Courtney Love Will Tear Us Apart

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Monchie

En el iris crispado un silencio impotente e indetectable, de segunda mano, rodeando su boca una dona forzada al azulejo un mensaje aprisionado por una lengua virgen, es la locura de sus dedos que tienen ponzoñas rosadas y agridulces, en un bote ha drenado algunos oleos y roto 2 pinceles con los que pintaba galletitas en su cumpleaños, ella asociaba la tonalidad de los piercings con el dolor que le provocaban las despedidas, tenía alergia por Bob Dylan y se ponía roja como tomate tímido y sola volaba sus tenis como hélices para destapar y volar escapando rápido de esta tierra que cubierta con cinta adhesiva le provocaba el deseo de matarse 3 veces antes de trozarse el cuello y besar el monitor; a las 4 de la mañana encendía la radio en el nivel más bajo, volteaba a la ventana y se arrancaba un poco de su cabello, escondía las llaves en su sostén y se sentaba en la tina del baño mientras tostaba un par de panes.

En la mañana se le aclaraba la cara, habían pasado 5 años desde la ultima vez que intento salir al mundo exterior, el señor de los helados la espiaba desnuda y se masturbaba con una paleta de Bob Esponja que ella misma terminaba comprando, un día ella decidió huir.

El sol desprendía un sólido gélido acto de amor en contra de ella que ponía sus piecitos en una lata gigante y saltaba la cerca electrificada, desde ese momento su cabello cambio y quedo al estilo de Robert Smith, en la calle ella se puso tan delgada que su cara se convirtió en una pasa, quietecita en una esquina quería ser tan linda como Cristina Aguilera brillando como un cerillo encima del excusado toda la noche, y como se encendía su rostro cuando le practicaban sexo anal, ella se sentía en un cuento de hadas (especialmente cuando le metieron un candelero y una taza parlante en el culo), llovía a diario pero a ella le nevaba, ponía sus deditos en la entrepierna de los perros para mantenerse calientita, se encontraba tan lejos de casa, la Cocaína se le estaba agotando y ya sólo le quedaban 10 kilos, siempre existía la posibilidad del trafico de órganos o de la prostitución transgénica, pero se hacía de noche y ella se arrinconaba en el techo de la suite presidencial en uno de los hoteles Hilton.

Ella pedía que se apagaran las luces y sonara el celular para no sentirse sola, estaba saturada de esperma pero esta era una ocasión especial, iba a ser violada por 6 diferentes segregaciones raciales y había pasado toda la tarde arreglándose, ella se encontraba de buen humor porque le había llegado la regla después de 27 meses, los coágulos y el vino tinto regurgitaban la incestuosa adicción que le succionaba el sentido común, estaba conectada a un cigarrillo cuando lo vio a él, era tan parecido a su madre que ella no se pudo resistir y se enamoro, esa misma noche ella le corto los genitales y tiro su cadáver en un canal, y después se fue conduciendo 7 días seguidos hacía la costa.

El sleeping bag cubría el universo y la poseía en piruetas elásticas de mantequilla y mayonesa, era tan atlética y esquelética que no le respondían las piernas, se chutaba heroína con jeringas de Johnny Depp, cierta ocasión acudió a la audición para la obra de teatro “El hombre elefante” (versión Disney) y le dijeron que era demasiado bonita para hacer el papel protagónico, así que se dedico a lavar los retretes con el vestido de una princesa que el director le obsequio después de destrozarle la vagina con una navaja roja, ella también se enamoro de él, así que por la noche le trozo la cabeza con un machete rosa fucsia, ¡Oh! el amor se sentía como el roció de la flores en verano, pero era invierno.

En la preparatoria ella se sentaba en el barandal y se ponía el suéter sobre los labios, cerraba los ojos y se sentía desaparecer, nunca se sintió sola porque estaba destrozada y nadie le importaba, ceñía la mirada en las estrellas y las amaba tanto porque aun al estar tan lejos la podían reconfortar, ella soñaba que su muerte sería parecida a la de una estrella, tan estrepitosa y hermosa que todos sus órganos explotarían con la sonrisa tonta y solapada de quien se entrega a la eternidad.

Tenía la voz rasposa pero feliz, tejía como las arañas y asesinó a su padre al nacer, su corazón fue tan grande que no lo resistió, desde que llego al mundo ella fue la más ultrajada, daba carcajadas de dolor y ponía brincos en el trampolín con las canciones que hablaban de suicidios masivos cantadas por los pitufos e Iggy Pop, siempre le sangraba un ojo pero nunca la nariz, era una niña sana para tener Anthrax decían los médicos, y si lo era, casi ni se retorcía y sonreía muy bonito, como un ángel enamorado.

En su juventud, ella tenía los gustos estéticos de una prostituta, por así decirlo, y es que un día vio un video de Siouxie & the Banshees y pensó que era la persona más horrible que jamás hubiera visto, y ella se odiaba tanto que empezó a atentar contra su apariencia (que era todo lo que tenía), vio un documental sobre Egipto y compro pornografía asiática, se mando hacer un pene de platico para adherirlo a su pantaleta y usarlo en su novio, era ecologista nunca usaba condones o los pedía prestados (en su defecto los compartía entre varias personas), era tan popular en el pequeño colegio privado, en menos de un año todos los alumnos y alumnas se la habían cogido, y con el tiempo hasta los maestros, personal administrativo Y de limpieza, cuando la transfirieron a la escuela publica tuvo que volver a fabricarse su reputación.

Cierto día le llego una carta a su casillero que decía: “Quiero ser tu amigo pero duerme conmigo por favor, no imaginas como me muero por atravesar la ranura de la puerta y tocar tus piernas, dos horas antes no me hubiera atrevido a escribirte esto pero un capitulo de los Caballeros del Zodiaco me dio el valor, antes era mujer pero ahora seré un hombre por ti, no me preguntes nada tan sólo piensa que el destino quiso que hurgara entre tus pastillas anticonceptivas para enamorarme de ti”

Ella no le presto atención alguna a la carta, pero recibió otra que decía: “Tienes 7 días para responderme la carta anterior antes de que se dañe la capa de ozono, sabes, en la noche sueño con exterminar a la raza humana y he pensado muy seriamente que me gustaría vivir contigo para siempre en un pueblecito destrozado por una bomba nuclear, para que nuestros hijos mutantes tengan relaciones y muten aún más para que un día tengan el valor de votar en las elecciones”

Esta vez ella le respondió, con algo así como: “Querido jovencito desconocido, me gustaría mucho que te fueras a la verga, un día me encantaría conocerte para saber que clase de estúpido puede escribir con tantas faltas de ortografía, con cariño me despido, idiota”.

El jovencito le puso un pequeño recado en su auto que decía: “Mi amada Sheccid, quisiera plagiar un poema para obsequiártelo, desearía ser como uno de esos amantes de película soft-porn para meterte la verga sin que la lente capte la penetración, pero soy sólo un chico, si pudiéramos ser como Romeo y Juliana, te amo tanto, solamente existe una salida”

Se pusieron de moda los recaditos por toda la escuela así que ella empezó a consumir ácido para celebrar que sus calcetines combinaban con el cadáver podrido del chico que se colgó desnudo en el baño con un recado escrito en el cuerpo que decía: “Tan sólo tenía 17 años, hace 4 años, y hoy quisiera decirle a mi Princesa que revise la transfusión de sangre que recibió ayer porque estaba infectada con VIH, estoy contento porque al fin podrá realizar el sueño de su vida y ser una estrella de rock famosa”.

Fin.

Brian Emo

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Monchie

El 90% de la mierda es arte.

No sé bien cómo recibir el dolor, venas conjunciones un sentido amplio cuando la música nos remite a lugares y situaciones inesperadas y distanciadas del make up de nuestras emociones.

Fluido flemático de ampliación pálida en una gama de insecticida innato, yo ya no era una substancia era un devenir hermoso.

Hoy es la gran fiesta en las calles.

“El cielo me consiguió una cita pero yo estaba desnudo en ese momento”, versaba la canción que escuchaba en ese instante; me colocaba las calcetas de lobotomía adolescente y me tiraba en la alfombra de vomito fluorescente, había lunetas microcósmicas en el techo forrados de cacahuetes monocromáticos, me veía solo en la cámara S-VHS y su pantalla de plasma con tan sólo 5 pulgadas, mi dedo hiriente se adhería al estante, fuego-plantago en una bolsa de té que atragantaba una época en la que el dinero no importaba mucho, melodías baratas en mi cabeza me hundían en caramelo sangrante.

La cursilería es la droga más adictiva.

Me dijo: Me llamo Melissa, pero hay quien me dice melosa; y me orine en ella, había tanta esperanza en sus cabellos húmedos mientras le quemaba el pecho con un cigarrillo, hasta hoy no he podido olvidar el brillo de sus ojos y su manera lenta y chillante de morir, dicen que fue mi primer amor, un verano de 1987 en Malasia.

Dos días antes, cuando la conocí, dentro de un bar italiano, puse una canción que decía: “Sé escribir en Chino y en Inglés, hasta un poco de Español, también conozco las tipografías de cajero, 900+900=1800.” En cuanto la vi quede rendido ante su hermosa voz de iguana, me contó que vivía en los autobuses, era más barato que pagar un hotel o tocar la guitarra en Mad TV; ella canto sólo para mi, me presto su vestido y me puse a bailar tap con la melancolía de un ser solitario que mendiga amor por unas manos temblorosas, esa sonrisa paralítica y ojos momificados; al día siguiente se estreno una versión temprana de “Volver al Futuro”, donde Alvin y las Ardillas tocaban covers de Joy Division y Bauhaus, nunca hubo más felicidad que a la luz del frío invierno a 60 mph debajo de la tierra.

12:20 am, “No es una mentira, es una metáfora”, decía mi madre cuando negaba nuestro origen irlandés, yo prefería comer bambú que hacerle frente a mi generación, cuando me ponía sentimental robaba frases del Corn Flakes que después hallaría en poemarios de Benedetti, quería ser la reina del baile, el centro de atención, la de los zapatos rojos sin ropa interior; anacrónica y sintetizada con un curita en el párpado, me inyectaba jalea de fresa y mayonesa, hasta que me volví intolerante a la lactosa, me puse delgada como un rábano bulímico.

El espejo era una ampolla, me acostumbre a llevar una espada en el bolso por si los 4 jinetes del Apocalipsis se aparecían, al final fui un agujero del tamaño de un estadio de fútbol, colágeno mal derretido.

Coleccione los 37, 429 B-sides de los Beatles, sólo por curiosidad, siempre he pensado que son una mierda.

No creo que lo entiendas, por que me tiembla el cuerpo cada que toco tus manos, suspiro en tu oído y susurro una canción de moda hasta que sonríes frígida y virginal como un pay de frambuesa, conservo tu fotografía en mi cartera, sé que el mundo esta en nuestra contra, pero mientras estemos cerca uno del otro estaremos a salvo; Shakespeare estaría orgulloso de nosotros (y más porque al final estaremos muertos), aunque preferiría un desenlace más al estilo de Stephen King, lleno de giros inesperados, acertijos, simbolismos evidentes, humor, y la esperanza más artificial que pueda existir.

Ultimo e-mail de nuestro protagonista:

Para cuando leas esto estaré ausente, mi cuerpo se encontrara ahí pero jamás te responderá, algunos le llaman “muerte cerebral”, yo la definiría como “escape del alma”, quisiera que un día me siguieras, pero sabes que dentro de la Gaia nos encontraremos mil veces, de una manera cada vez más violenta, tal como una vez te cante al oído:

“Bill Clinton llevara a la humanidad hasta su destrucción”.

Fin

Billy Ipod (La sociedad de los poetas travesties)

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Monchie

Billy Ipod tomaba 2 ranuras de silicón y las fundía en un megaplancton, con los restos de la radioactividad fabricaba pedacitos de metal para rellenar niños-gelatina, un día despertó sin cerebro pero sabia que eso no le preocupaba mucho como la vez que amaneció dentro de una bañera con un riñón desaparecido, al día siguiente puso anuncios de su riñón en las tapas de leche empaquetada en un cartoncito de 1 litro. Nunca dio con él, así que se coloco un destapacorchos y se cosió la herida con plastilina, al día siguiente tuvo una infección sexual y se coloco un poco de miel en el prepucio y todo su pené comenzó a arder porque abejas gigante provenientes de Egipto lo comenzaron a picar, el dolor aunque intenso no fue significativo hasta que el medico cirujano tuvo que amputar su miembro gangrenado y oloroso parcialmente verdoso y bañado en pus, Billy Ipod no fue consciente de su halo incandescente que abandonaba hacia su esterilidad. Tiempo después Billy Ipod se implanto un bate de béisbol en su región sexual, las maestras de kinder se sonrojaban al ver su pené siempre erecto y de semejante tamaño, el problema fue cuando una maestra le trato de hacer sexo oral, el artificio le atravesó la nuca y el cuerpo de la mujer quedo colgado algunos centímetros del suelo por escasos 12 minutos, Billy Ipod escondió el cadáver en la alacena rosa donde se esparcía el vomito premenstrual de su madre, ahí estuvo oculto varios meses hasta que la peste y los gusanos de 2 metros invadieron el inmueble, Billy Ipod quemo la casa y se vistió de gala para su graduación de la Normal, llevaba puesto un vestido de piel larguísimo de un fucsia gaucho intraestelar, pero también unos zapatos extraordinarios que no se arrastraban pero chillaban como gato atropellado en el freeway, todo era perfecto hasta su sonrisa, como la brisa que le oxigenaba el flequillo y sus cejas grises como cándido canguro de octubre, esa noche el amor fluyo junto al rocío de la lluvia de estrellas, era como pizcar frijoles con los ojos, el hermoso sentimiento que le hizo arrancarse los dedos de dos en dos.

Todos somos ficción pura.

Fin.